En la década K, el lujo hizo las valijas
Lifestyle

En la década K, el lujo hizo las valijas

Por Andrea del Rio 05 de Junio 2013




Hace exactamente 10 años nacía Clase Ejecutiva, la primera (y todavía única) lifestyle magazine de un diario argentino. Un 23 de mayo de 2003 llegó a los kioscos la nueva apuesta editorial de El Cronista Comercial, concebida como un producto editorial de alta gama con una doble misión: promover una lectura distendida sobre temas de actualidad y ocio y ser un manual de consumo sibarita y tendencias cosmopolitas. 


Andrea Columna
A modo de declaración de principios, debutamos con Eduardo Costantini como entrevistado de tapa. ¿Las razones? Era un paradigma del self-made man: había edificado un imperio financiero e inmobiliario y se había convertido en uno de los hombres más ricos del país. Pero había decidido que no era suficiente. Y en septiembre de 2001, 9 días después de los atentados contra las Torres Gemelas en Nueva York, y apenas tres meses antes de la debacle político-económica local, había inaugurado el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba). Ni el cambio de paradigma que el 11-S supuso en el equilibrio geopolítico internacional ni la más profunda crisis financiera y de representatividad registrada desde el regreso de la democracia impactaron en su objetivo: abrir al público las puertas de la multimillonaria colección de arte argentino y regional que había iniciado en 1979.

El resto de los artículos de aquella primera edición también contribuyeron a sentar las bases de la identidad de Clase: viajes exclusivos, gadgets sofisticados, sabores exóticos y tendencias premium configuraban la nueva hoja de ruta en un escenario de repunte donde ya se hacían notar los espíritus ávidos por cobrarse una revancha con los placeres de la vida tras los pesares de la devaluación.

Pero... exactamente dos días después del debut en sociedad de Clase Ejecutiva, Néstor Kirchner asumió como presidente. Entre las muchas frases programáticas de aquel discurso pronunciado en el Congreso, el exgobernador santacruceño sentenció: “Se trata de cambiar, no de destruir”. Durante un tiempo, conceptos como lujo, alta gama y buen vivir volvieron a poblar mentes, corazones, billeteras y titulares gracias al viento de cola externo que apuntaló la reactivación del consumo interno.

Pero, dos quinquenios más tarde, la gestión K, convertida en cosmovisión, se llevó por delante al segmento del lujo en el país. La política de restricción a las importaciones fue el tiro de gracia para las luxury brands globales que, en estampida, pusieron el candado a sus operaciones locales: Polo Ralph Lauren, Escada, Fendi, Calvin Klein, Armani, Kenzo, Cartier e Yves Saint Laurent dijeron adiós.

Para quienes crecimos profesionalmente acompañando la evolución local del sector, la señal definitiva de que una era había concluido fue el cierre, en septiembre pasado, de la emblemática tienda de Louis Vuitton en la confluencia de avenida Alvear y Ayacucho. La flagship brand del conglomerado mundial LVMH, que había desembarcado en la Argentina en 1995, ocupaba esa encumbrada esquina desde 2004 y, en términos materiales y simbólicos, representaba la máxima expresión del posicionamiento de Buenos Aires como una de las capitales del lujo en la región.

Hoy, una sombra de abierta sospecha y franco combate se cierne sobre todo lo relacionado con el universo lifestyle. Y atributos como distinción, exclusividad, glamour, elegancia, refinamiento, exquisitez y estatus se demonizan, como si fueran el equivalente semántico de ostentación, desigualdad, exhibicionismo, inequidad, soberbia y egoísmo.

El libro Deluxe: cuando el lujo perdió su esplendor, de Dana Thomas, una de las gurúes más prestigiosas de la industria, es una profunda investigación sobre los orígenes, transformación y desafíos de un mercado cuyos productos y servicios apelan a algunas de las más básicas pulsiones humanas: la búsqueda de belleza, confort, identidad. Sería bueno que propios y ajenos consiguieran un ejemplar y comprobaran que lo que nos hace sentir diferentes, en el fondo, nos iguala.



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