El rol de las escaleras en las oficinas
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El rol de las escaleras en las oficinas

Los escalones sirven para realizar ejercicio, evitar conversaciones engorrosas en el ascensor y son un refugio del chisme laboral.

Por Lucy Kellaway 18 de Noviembre 2013

 


Si más personas usaran las escaleras, nos quitarían un escondite en la oficina

De niña vivía en una casa estrecha con cinco pisos. Pasé la mitad de mi juventud corriendo escaleras arriba y abajo, y desde entonces he sido una devota de usar las escaleras.

El único lugar donde no uso las escaleras – a menos que suba sólo un piso – es en la oficina. Uno diría que esto es porque estoy demasiado ocupada subiendo la escalera virtual del éxito y no me queda fuerza para la real, pero en realidad es porque las largas horas que paso sentada en frente de una pantalla agotan mi deseo de gastar energía alguna.

escaleras

No obstante, hace un par de semanas, animada por una amistad, comencé a subir los 80 escalones a la cafetería de la oficina, haciendo el viaje varias veces al día en busca de café, Maltesers [chocolates] y Coca de dieta.

Esto me ha recompensado de varias maneras. Primero, es generalmente más rápido: 55 segundos comparado con los 70 en el elevador, asumiendo un par de paradas en el camino. Segundo, me deja sintiéndome agradablemente satisfecha conmigo misma. Tercero, es una forma menos estresante de tener encuentros casuales con mis colegas. En el elevador uno se ve obligado a tener una conversación tensa, mientras que en las escaleras uno sonríe y sigue su camino. Los más importante de todo, lo saca a uno de su letargo.

He aquí, por fin, algo que es bueno para uno sin las desventajas de la mayoría de las cosas saludables. No sabe mal, no requiere ropa especial; no es inconveniente, caro o aburrido; y no requiere ninguna habilidad o valentía.

Sin embargo, a pesar de estas impresionantes ventajas, las escaleras en las oficinas casi siempre están vacías de transeúntes. En vez, se usan principalmente como el equivalente corporativo de un escondite, un lugar para llamar al banco, gritarle al contratista o intercambiar chismes ultra secretos.

La semana pasada se lanzó una iniciativa apoyada por el gobierno del Reino Unido, diseñada para conseguir que todo el mundo use las escaleras. En su página web hay afiches que se pueden descargar diciéndole al personal cuantas calorías quemarían si evitaran el elevador, al igual que una aplicación para teléfonos móviles que convierte subir las escaleras en una especie de juego de computadora.

Aunque soy una conversa evangélica de subir las escaleras en la oficina, no estoy tan segura. Para empezar, el nombre – “StepJockey” – es totalmente incorrecto. Un jockey es alguien que monta, mientras que alguien que usa las escaleras hace lo opuesto. Y es demasiado rebuscado para algo tan sencillo como ir de un piso a otro como Dios, seguramente, manda.

Peor aún, el punto sobre las calorías es apenas convincente. Subo cuatro pisos a la cafetería (15 calorías quemadas) para comprarme un café con leche (200 calorías) y Maltesers (180 calorías). Las cifras son tan deprimentes que es mejor ni pensar en ellas. Y en cuanto a la aplicación para hacer un juego de subir escaleras – no puedo imaginar que alcanzará gran popularidad. (Aunque mi historial en esta materia no es perfecto: la primera vez que vi un mensaje de texto pensé que tampoco llegaría a popularizarse.)

Lo más fundamental es que no está claro si las compañías deberían indicarnos cómo se va de un piso a otro. Me siento ligeramente opuesta a que mi departamento de Recursos Humanos se convierta en mi niñera, aunque esto se debe a que no confío en que lo van a hacer bien. Si yo pensara que sería tan capaz como Mary Poppins (quien resolvió el problema de las escaleras deslizándose hacia arriba por el balaustre) me entregaría de buen ánimo. Pero como no es así, prefiero cuidarme a mí misma.

No obstante, la semana pasada decidí jugar a ser niñera de mis colegas y descargué los afiches y los pegué al lado de cada elevador. Aguardé a que dos jóvenes leyeran el afiche – que afirmaba que se quemaban siete veces más calorías usando las escaleras en vez del elevador. Uno comenzó a argumentar que la cifra era demasiado baja – y lo seguía disputando cuando se cerraron las puertas del elevador detrás de él.

Cuando llegó la tarde, sin embargo, pensé que las escaleras posiblemente estaban un poco más llenas. Habían dos hombres subiendo juntos, uno subiendo dos escalones a la vez y hablando mientras lo hacía. Claramente, hay juegos de poder reales que se pueden llevar a cabo en las escaleras – además de los electrónicos.

Pero al final del día una niñera más importante había decidido que sabía más que yo y había quitado la mayoría de mis afiches. Lo cual no importa ya que eran un poco débiles en realidad. Si las compañías verdaderamente quieren que la gente use las escaleras, se necesita una estrategia más efectiva que jugar a ser niñera – por ejemplo, cancelar la mitad de los elevadores, forzando a los que están en buena condición física a caminar.

El único ajuste que se necesitaría sería encontrar otro escondite. Cualquier lugar puede ser mejor: las escaleras son un auditorio natural, por lo cual el mejor chisme y las diatribas furiosas con el plomero se pueden escuchar a varios pisos de distancia.


(c) 2013 The Financial Times Ltd.



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