El desafío de Máxima: ser una reina que siente
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El desafío de Máxima: ser una reina que siente

La argentinidad, al trono. Una experta en ceremonial y protocolo analiza cómo hizo una experta en finanzas nacida en Buenos Aires para conquistar a un heredero real europeo.

Por Edith Cortelezzi 30 de Abril 2013




Durante siglos, a los miembros de la realeza se les prohibió demostrar sus sentimientos, como si hacerlo fuera señal de debilidad o falta de cultura. Quién no recuerda a los hijos de Diana de Gales, la princesa de Gran Bretaña fallecida en un accidente automovilístico en 1997, caminando tras su féretro, apenas niños, con sus rostros impasibles.

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Saludo real. Guillermo y Máxima, tras la coronación, saludan a la multitud.

Máxima rompió esa regla: durante su boda, se permitió verter algunas lágrimas. El resultado fue que ese desliz protocolar, al igual que todos los que comete, suelen jugar a su favor: la humanizan. Como cuando se la ve algo despeinada porque está al aire libre jugando con sus hijas o haciendo caminatas. O cuando lleva su falda un par de centímetros por encima de la rodilla, ligeramente más corta de lo permitido, también lo hace con gracia: es joven y sus piernas son elegantes.

Sin embargo, cada vez que el mundo la mira, no se equivoca: viste acorde para cada ocasión, saluda siempre como corresponde –como cuando realizó una ligera reverencia ante el papa, algo que pocos supieron hacer– y sabe destacarse sin opacar a Guillermo. En su nuevo rol de reina, más allá de la historia romántica detrás de la plebeya que accede a un trono, se incrementarán sus obligaciones, tanto las que debe desarrollar en solitario como las que le corresponden como consorte.

No será un trabajo fácil: deberá considerar en todo momento el lugar que ocupa, representar a su país y cumplir con las expectativas que la Casa Real y el pueblo holandés, al que sin dudas supo conquistar, depositaron en ella.

En el ámbito del protocolo y el ceremonial, existen algunas preguntas eternas: ¿la elegancia se hace o es un don con el que se nace? ¿Es posible aprender buenos modales siendo adultos o es imprescindible comenzar con la formación desde pequeños?En ambos casos, Máxima nos da la respuesta tan ansiada: es el perfecto ejemplo de que, estudiando y escuchando a los maestros, se llega muy lejos. Tan lejos como para alcanzar los sueños.

*La autora es experta en ceremonial y protocolo, autora de Buenos modales, buenos negocios (Sudamericana)



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