El año sabático, ¿una pausa posible?
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El año sabático, ¿una pausa posible?

Por decisión propia, o empujados por las circunstancias, muchos ejecutivos deciden parar y darse un tiempo para viajar, capacitarse o encarar proyectos postergados. Los que se tomaron un tiempo personal cuentan cómo lo hicieron... Y cómo siguieron sus carreras después.

Por Gabriela Ensinck 16 de Septiembre 2013




Luego de trabajar 8 años en corporaciones tecnológicas, Natalia Franulic (35), decidió que había llegado el momento de tomarse una pausa. A comienzos de 2012 renunció a un cargo gerencial en Intel Argentina para volver a su país, Bolivia, y replantearse su carrera. “Llegué a un punto en que estaba súper satisfecha en lo profesional, pero no tenía calidad de vida”, confiesa la actual gerenta comercial de Xeriph Brasil, compañía de libros electrónicos recientemente adquirida por Editorial Abril. “Necesitaba volver a mi casa y reconectarme con la familia, que es lo primero que una sacrifica cuando tiene que trabajar duro, porque es lo más fácil y en definitiva, ellos siempre van a estar”. Fraulic se recibió de ingeniera comercial en la Universidad Bolivariana de Cochabamba en 2003. De allí viajó a Miami, donde fue contratada por la compañía Star Computer.

Luego pasó a Intel, donde rápidamente hizo carrera y fue designada Country Manager para abrir el mercado de Bolivia en 2008. En 2010 se trasladó a Buenos Aires “con el reto de lograr buenos resultados en un mercado ya en marcha”, cuenta. Así pasaron casi dos años de trabajo intenso. En un momento, Fraulic quiso bajar un cambio y mirar otras alternativas a su alrededor: “Lo planteé abiertamente en la compañía y les ofrecí entrenar a otra persona para que cumpliera mi función”, relata. Así, renunció, tomó sus ahorros, y “en lugar de invertirlos en un departamento o un auto, volví a mi país y me propuse conocerlo, porque había lugares, como el salar de Uyuni, en los que nunca había estado”.

El año y un mes sabático de Natalia Fraulic puede dividirse en dos: “La primera parte la dediqué a estar en Bolivia con mi familia y amigos de la infancia, y la segunda a viajar un poco por la región. Había trabajado sin parar desde que me recibí y en un momento sentí vértigo: ¿qué hago, cuándo vuelvo, cómo vuelvo? Recorriendo Brasil me di cuenta de que quería vivir un tiempo allí. Empecé a asesorar a una empresa boliviana que quería instalarse en este mercado. Luego apliqué para mi actual puesto de desarrolladora de nuevos negocios y aquí estoy, lista para otros desafíos”, afirma.

Un plan de carrera no lineal
Aunque es fuerte el mandato social de “estudiar, trabajar, asentarse, seguir trabajando y recién al jubilarse disfrutar del tiempo libre”, algunos deciden quebrarlo. Hacer un corte en la carrera, para replantearla o cambiar de rumbo, es cada vez más frecuente. “La gente antes quería plata. Ahora quiere tiempo para sí misma”, dice Paula Molinari, socia de la consultora laboral Whalecom y autora de varios libros sobre gestión del talento. “Algunas empresas entienden esta tendencia y ofrecen a ejecutivos o empleados con alto potencial la posibilidad de tomarse un tiempo, entre 3 y 6 meses, para proyectos personales”. Para los plazos más extendidos, de un año o dos, los ejecutivos suelen negociar una licencia sin goce de sueldo: “Liberando a las personas por un tiempo, paradójicamente, se logra mayor compromiso”, afirma la consultora en Recursos Humanos.

Lino Cataruzzi copiaA veces, las circunstancias ayudan a tomar la decisión. “En 2002 el país estaba parado. Eso me empujó a irme a España y hacer un posgrado”, cuenta Raúl Amigo, docente universitario, y fundador de la agencia de márketing online La Línea. Amigo venía de trabajar en una empresa de telecomunicaciones de la que se retiró para fundar su primera compañía online, que debió cerrar por la crisis socioeconómica. “Obtuve una beca de la Universitat LIeida en Cataluña, y me fui. Volví en 2003 con los contactos para crear lo que hoy es La Línea”, cuenta. “Romper con la inercia de la vida corporativa y lanzarte a emprender exige dar un paso al costado y ver las cosas desde otro lugar. A partir de esa experiencia de ir y volver se me abrió una perspectiva de lo que sería mi carrera los 10 años siguientes: si antes había trabajado en una corporación regional, ahora me regionalizaría yo. Constantemente viajo a dar clases y conferencias o a visitar clientes. Hoy tengo una segunda casa en Colombia, donde paso la mitad del año”.

Lino Cattaruzzi (40), CEO de Google Argentina, se confiesa un ferviente promotor del año sabático. Al revisar su carrera, es fácil imaginar una trayectoria lineal escalando posiciones en empresas tecnológicas. Sin embargo, su currículum tiene algunas sorpresas, como el puesto de cocinero en un restaurante parisino, donde se desempeñó entre la presidencia de Aol Latinoamérica y su ingreso al gigante de los buscadores online. “Fue algo que siempre quise hacer, y me di el gusto porque me encanta cocinar”, confiesa hoy, desde su oficina en Puerto Madero.

“Después de un ciclo laboral de mucho estrés, tras la venta de AOL, los accionistas me propusieron seguir en el negocio, pero yo quería viajar y estudiar cocina. Así que a comienzos de 2007 me fui a España, y de ahí a París, porque quería aprender francés. Así terminé trabajando en el restaurante de la que hoy es mi esposa. La conocí cuando fui a cenar con una amiga, y la dueña del local nos pidió disculpas por la demora, ya que no tenía chef”, recuerda.

Esto le dio pie a Cattaruzzi para ofrecerle sus servicios en la cocina y la gestión del negocio. “Le anoté mi celular en una servilleta y me llamó”, dice, jurando que lo hizo sin una segunda intención. Lo cierto es que pasó 8 meses en el restaurante y, como fruto de esa relación al principio sólo laboral, terminó casándose y teniendo dos hijos. “Cuando el restaurante estuvo encaminado, viajamos un poco y en 2008, como cualquier hijo de vecino, apliqué para un puesto regional de Google en Irlanda”. Desde allí, a comienzos de este año volvió a la Argentina. “El año sabático me sirvió para revalidar lo que quería hacer. Lo planeé pensando dónde quería viajar y qué cosas quería hacer, pero me dejé un espacio para adaptarme a lo que el año me planteara. Fue un tiempo en que crecí mucho. Me tomaría otro período así, claro que ahora con familia e hijos tengo que planificarlo más”.

Estrés y después 
El estresazo posterior a varios meses de intenso rodaje fue la excusa para que Mariano Rolfo (42) se tomara unas largas vacaciones. Su productora, Smiling Cosmos, había trabajado para la campaña del partido ganador de las presidenciales de 2011. A fines de ese año, Rolfo decidió desconectarse entre montañas, meditación y viñedos en un spa de Cafayate (Salta). De allí se fue a Colombia –donde había vivido entre los 20 y los 24– y siguió hacia Perú, México y Estados Unidos durante casi un año. “Cada tanto volvía una semana a Buenos Aires y volaba de nuevo. Me generaba un poco de ansiedad no estar al tanto del negocio, pero cuando vi que seguía todo encaminado, empecé a disfrutar”, confiesa.

mARIANA CERNELLO
Para este emprendedor, una de las claves es tener confianza y un equipo en quien delegar lo operativo para sólo concentrarse en lo estratégico. “Me di cuenta que el año sabático es una inversión. Mi trabajo tiene que ver con la creatividad, y viajar y estar en contacto con gente diferente te abre la cabeza. Así, terminás generando ideas y relaciones que luego aplicás al negocio. Da un poco de miedo soltar lo que tenés. Si estás anclado por tu casa, tu familia y tu perro, no podés dejar todo para tomarte un año sabático... Tenés que esperar a la jubilación. Pero decidí no seguir esa regla: me cayó la ficha hace unos años, cuando me fui de vacaciones a un crucero y el dueño del barco me ofreció trabajar ahí. No lo hice porque tenía que volver para estudiar y trabajar... Hoy pienso distinto. Y ya estoy planeando mi próximo período sabático: en una isla de Tailandia sin wi-fi”, promete.

“Para mí era impensable tomarme un año sabático porque desde los 17 años no puedo estar sin trabajar”, plantea Mariana Cernello (37), exejecutiva de un laboratorio internacional y actual emprendedora. “Pero tuve un pico de estrés que me costó una cirugía. En ese momento decidí que tenía que cortar para empezar otra vez”, cuenta quien estudió coaching ontológico en la Universidad de Palo Alto (California) y trabajó más de 10 años en laboratorios oftalmológicos. “Cuando anuncié mi renuncia, en la empresa no lo podían creer. Y una de la competencia me ofreció un sueldo mayor para contratarme. Pero yo no buscaba más plata... ¡Si no tenía tiempo para gastarla!”. A comienzos del año pasado, Cernello y su pareja –que dejó su puesto en una agencia de márketing– decidieron emprender un viaje a Cerdeña y dedicarse a vender ropa en la playa.

“Hice una feria de garage. Vendí todos mis trajes, zapatos, carteras y nos fuimos con los ahorros y una mochila cada uno. Recorrimos en moto el sur de Italia y, cuando se venció la visa, nos volvimos. Queríamos viajar otra temporada más a España, pero la situación se puso muy dura y en el aeropuerto nos advirtieron que nos iban a deportar. Es muy loco, porque unos años atrás había visto, en las vacaciones, cómo la policía corría a los vendedores inmigrantes en las playas, y ahora era yo la que había sido corrida”, confiesa. Antes de renunciar al laboratorio, Cernello se puso a estudiar pastelería “para tener un oficio que me sirviera para trabajar de modo independiente y en cualquier lugar del mundo”, explica. De regreso en Buenos Aires, la pareja proyectó su propio emprendimiento ya que ninguno de los dos quiso volver a trabajar en relación de dependencia. “Estamos armando Michi Cucu y Michi Cake, una marca de pastelería y de ropa”, adelanta.

El año sabático me sirvió para revalidar lo que quería hacer. Lino Cattaruzzi, CEO de Google Argentina


“Me tomé un año sabático a propuesta de mis socios”, dice con voz distendida, y sin un dejo de culpa Esteban Brenman (39), emprendedor serial y socio de Endeavor, fundador de Decidir.com, Dos Monos, Guía Oleo y Cualquier Verdura, entre otras compañías. “Se me planteó la disyuntiva de empezar algo nuevo o tomarme un tiempo. Otras veces no podía por temas económicos, personales o porque había capitalizado una empresa y los nuevos socios esperaban que la siguiera manejando un tiempo. Esta vez decidí tomar distancia para pensar antes de seguir haciendo por inercia”, afirma.

Al organizar su sabático, Esteban tuvo que negociar en dos frentes: con sus socios, y con su esposa e hijas. “Mi mujer se puso contenta, y de hecho ahora estamos restaurando muebles y haciendo cosas juntos. Mi hija mayor, de 7 años, se preocupó un poco. Me preguntó cómo íbamos a pagar la cuota del colegio... Le dije que tenía ahorros y se tranquilizó. Ahora está feliz porque la voy a buscar siempre al colegio, y le cuenta a todo el mundo que su papá no está trabajando. La mayoría de las personas no llega a fin de mes, y por eso no puede ni plantearse esta opción. Pero también hay gente que podría vivir sin trabajar y se la pasa doblando el lomo como sus abuelos que vinieron de la guerra. Es más fácil tomarte un sabático cuando estás sin laburo o te echaron. Lo difícil es parar sabiendo que podés seguir”. Un viaje a Rusia (del que acaba de volver), una pila de libros para leer, otro para escribir, dormir la siesta y trabajar (por placer) con su hermana y su esposa en el taller de carpintería son los planes de este emprendedor tecnológico para su tiempo off. “Cuando termine, volveré a hacer cosas productivas, pero por ahora me concentro en disfrutar... y revisar la culpa en terapia”.

Una práctica ancestral
*El año sabático es una tradición de origen bíblico. Proviene de la cultura hebrea que acostumbraba, luego de 6 años de cosechas, dejar descansar la tierra durante un año para mejorarla.

*Es una práctica frecuente en algunas universidades prestigiosas, que releva a los docentes de dictar clases durante un año para dedicarlo a la investigación. Al cabo del mismo, generalmente deben presentar un libro o trabajo de tesis.

*Sólo el 1 % de los que están pensando dejar su empleo lo harían para tomarse un año sabático, según una encuesta a 3 mil profesionales de Trabajando.com. Pero un 14 % dejaría de trabajar para realizar una capacitación.

*La crisis de la mitad de la carrera –cuando los profesionales llevan entre 8 y 15 años trabajando y no encuentran posibilidades de crecimiento o están desmotivados– es un buen momento para tomarse un sabático, recomiendan Andrés Hatum y Rodolfo Rivarola, autores de La carrera profesional (Editorial Gránica)

*En industrias de alta demanda laboral, como las tecnológicas, las empresas ofrecen a ejecutivos y empleados con alto potencial y cierta trayectoria en la compañía la posibilidad de tomarse entre tres y 6 meses pagos para sí mismos.

Celebrities en modo off
Marcelo Tinelli, Mirtha Legrand, Susana Giménez y Nicolás Repetto son algunos famosos que supieron cambiar pantallas y reflectores por viajes y descanso durante un buen tiempo. Susana Giménez se tomó un sabático en 2012. Mirtha Legrand hizo lo propio también el año pasado con sus tradicionales almuerzos, que acaba de retomar pero en formato semanal. Nicolás Repetto se tomó varios sabáticos en su carrera, el último de ellos en 2003. Y, tras casi 20 años ininterrumpidos de televisión, Marcelo Tinelli está disfrutando su pausa posible esta temporada.



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