Diez razones para visitar Aruba
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Diez razones para visitar Aruba

Autoproclamada La Isla Feliz, el país caribeño recibe unos 12 mil turistas argentinos al año. Por su cercanía a Miami, es una opción de descanso paradisíaca para ponerle el broche de oro a la maratón de compras.

Por Joaquín Garau 04 de Octubre 2013




Si por un millón de dólares debe responder dónde está la isla de Aruba, ¿qué diría? Sabe que queda por el Caribe, que hace calor y que, si le dicen que ganó un viaje hacia esos pagos, lo primero que pondrá en la valija será el traje de baño, el bronceador y las ojotas. También sabe que el agua es transparente y que seguro beberá un trago rosado, con una banderita y un sorbete como decoración. Pero también deberá correr hacia la computadora y googlear a la isla para descubrir que se encuentra en la línea denominada el ABC del Caribe (Aruba, Bonaire y Curaçao) y que Oranjestad es su capital. Después comenzará a trabajar en su cabeza el vago conocimiento que tiene sobre ella y presumirá una serie de ideas que, para su sorpresa, están lejanas a la realidad.

Su eslogan One happy island le promete al turista una estadía libre de problemas como las lluvias, el idioma o qué comer. Porque más allá de las cadenas de comida rápida y los lugares comunes que ofrece cualquier destino, la isla de Aruba –que presume ser la más segura del Caribe– oculta secretos y mitos que, a la hora de viajar, merecen ser derrumbados para hacer de la estadía un momento de completo rélax. Libre de huracanes y tornados –un fenómeno a considerar a la hora de hacer el check-in–, y con un pasado pintado de naranja, el calor no da el brazo a torcer y todos los días pueden ser de playa con arena azucarada a sus pies.

Nada picante
Si bien muchos hoteles incluyen propuestas gastronómicas y las suman al paquete de gastos, existen alternativas puertas afuera, además de la comida al paso. Los restaurantes suelen manejar menús de entre u$s 30 y u$s 50 por persona. Hay que tener en cuenta que la mayoría requiere reserva y responde al horario de cena de América del Norte (entre las 20 y las 22). La carta suele estar dominada por los pescados y mariscos, una propuesta lógica si se tiene en cuenta que es una isla. Sin embargo, sus dimensiones –180 kilómetros de largo por 9 kilómetros de ancho– y su clima caluroso atentan contra la producción local de la mayoría de los productos, por lo que las importaciones son prácticamente totales, con excepción de la cerveza Balashi, un orgullo de los arubeños.

ARUBA CLASE
Aruba. A nueve horas de avión desde la Argentina, el viaje requiere una escala obligatoria. Foto: Gobierno de Aruba.

No es necesario pedir que las salsas picantes sean traídas aparte del plato principal, ya que es común que el mozo lleve por separado los condimentos: en algunos casos pueden ser bastante fuertes, por lo que es mejor andar con cuidado a la hora de probar. Mientras tanto, quien quiera sentarse y relajarse encontrará tres opciones a tener en cuenta: Papiamento, Pinchos y El faro blanco.

Papiamento está ubicado cerca de Palm Beach, al noroeste de la isla: con el estilo de una mansión de tiempos de la colonia, fotografías sepia en las paredes, sillones tapizados con motivos primaverales y la posibilidad de comer alrededor de una piscina sobre la que flotan las flores perdidas del jardín, el restaurante se muestra como una gran posibilidad para pasar un momento íntimo y tranquilo.

Pinchos es, en tanto, una gran opción para los enamorados: próximo a Bardeen Baai, en el suroeste de la isla, se sitúa sobre un pequeño muelle y se puede ver el anochecer a la luz de las velas mientras se degusta una amplia carta de mariscos. Por su parte, El faro blanco se sitúa junto al gran lighthouse que vigila el norte de la isla: su especialidad es la comida italiana. Si bien su emplazamiento en la altura lo convierte en un exclusivo mirador, la llegada debe hacerse con vehículo propio.

Do you speak papiamento?
Es común creer que el idioma más hablado en Aruba es el inglés. Sin embargo, los visitantes se encuentran con un curioso remedo de la torre de Babel.

Porque aquí conviven una gran cantidad de lenguas, a tal punto que es común que un arubiano hable más de una, incluso hasta cuatro. Si bien el holandés –enseñado en las escuelas– y el papiamento –nacido del español y el portugués, más palabras en francés, holandés e inglés– son las lenguas oficiales, muchos ciudadanos también hablan inglés como consecuencia de la gran cantidad de turistas de los Estados Unidos.

El español proviene de la influencia de Colombia, Venezuela y Costa Rica, desde donde se reciben olas migratorias de trabajadores requeridos por la industria del turismo. El holandés se debe al hecho de haber sido colonia de ese reino europeo: de hecho, es el requisito para el acceso al pasaporte naranja.

Ida y vuelta
Caminar 10 cuadras por Aruba puede convertirse, gracias al sofocante calor, en el equivalente a mil. Además, las calles no son amigables para el peatón ya que en muchos puntos de cruce no hay semáforos y, en otros, la vereda es inexistente.

El taxi es un escape rápido y accesible: entre u$s 6 y u$s 12 si se va desde los hoteles a Oranjestad, u$s 20 si se desea ir hasta el aeropuerto (no es obligatorio darle propina al conductor, aunque quienes lo hacen suelen dejar entre el 10 y el 15 por ciento del valor del viaje).

Los aventureros podrán tomarse el Aruba Bus que, por u$s 2,5 por pasajero, permite movilizarse por la isla (el pasaje puede pagarse con billetes y el vuelto puede ser tanto en dólares como en florines). Algunos hoteles ofrecen un servicio de bicicletas: si bien las calles tienen delimitada una bicisenda, no es uno de los medios de transporte más utilizados –y quizás, ni siquiera recomendables– para una travesía diferente.

Quien se anime, podrá alquilar un automóvil –se maneja por la izquierda– por u$s 40 por día, aunque deberá procurar que tenga GPS ya que muchas calles no tienen nombre. Además, claro, habrá que ir atento al cruce espontáneo de los peatones.

Tiempo de excursiones
Las playas son la justificación más rotunda de qué está haciendo uno en Aruba. Vale decir que no hay tiburones en sus aguas, aunque sí innumerables peces de colores y pelícanos intentado hacerse con su presa. También hay que destacar que no se suelen ver guardavidas cuidando la bahía pero, al no haber correntadas, el peligro es ínfimo.

aruba arbol típico claseA nadar. Todos los días invitan al turista a la playa. Foto: Gobierno de Aruba.

Una mañana de snorkel es una gran oportunidad para ver la magia del mundo marino entre los corales. Por u$s 65 per cápita, los aventureros podrán embarcarse en un catamarán y adentrarse en el mar de Aruba. La excursión tiene tres paradas: la primera permite hacer snorkel y ver un barco de la Segunda Guerra Mundial hundido por su capitán para que no cayera en manos holandesas (es el único en el mundo que puede verse sin necesidad de bucear); luego, el catamarán llega hasta la zona de corales para apreciar la fauna y flora submarina; y finalmente se acerca bastante a la orilla para que los turistas puedan nadar en esas aguas transparentes. 

Quienes deseen hacer un break gatronómico al mediodía, podrán acercarse al pintoresco y octogenario Charlie’s Bar. Sólo abierto de día (de noche cierra para evitar confusiones con los otros bares nocturnos de la zona) y a contramano para el turista (ya que se encuentra en el noreste de la isla, en el barrio de San Nicolás) tiene una consigna para sus visitantes: todo aquel que se sienta a comer, además de pagar, deja algo que lleva consigo. Así, todo el lugar está decorado con botellas, veladores, cartas, patentes de auto, máquinas de escribir... Por su parte, los amantes del golf podrán ir a probar su puntería en el campo de 18 hoyos que ofrece el complejo Tierra del Sol o apuntar a los 9 hoyos del Divi Village Hotel.
Mientras tanto, el Parque Nacional Arikok recibe 135 mil turistas al año: ir temprano por la mañana, ya que luego el calor se desploma sobre las cabezas.

El Divi Divi, el árbol emblema de Aruba, siempre crece torcido por los fuertes vientos.

 

Pasado real
Si bien la creencia popular indica que Aruba es parte de las Antillas Holandesas, eso pertenece al pasado. Más aún: la gran cantidad de lenguas que conviven en este territorio caribeño no es fruto de la casualidad. La isla fue descubierta por los españoles en 1499, pero fue considerada inútil debido a su tierra poco fértil. En 1869 se instalaron los holandeses y agruparon a Aruba, Bonaire y Curaçao en las llamadas Antillas Holandesas, dependientes de la reina de Holanda. La fiebre del oro en 1824 (el nombre Aruba deriva de la frase “oro hubo”) y el boom de la industria petrolera en 1920 hicieron que el mundo posara los ojos en ella. Y si bien aquí ya no se refina petróleo –dejó de hacerse el año pasado–, todavía puede verse la monumental planta en Baby Beach.

Fue en enero de 1986 cuando Aruba se separó de las Antillas Holandesas para convertirse en un territorio autónomo del reino de los Países Bajos: ahora tiene su propio gobernador, designado por el monarca holandés, y un primer ministro elegido por el Parlamento. Así, una curiosidad envuelve a la política local: los partidos están identificados por colores, y cada habitante de la isla cuelga de la puerta de su casa o negocio una bandera del color del partido con el que se siente identificado.

Welcome Argentina
El argentino, según los datos de la Autoridad de Turismo de Aruba, permanece en la isla un promedio de 8,4 noches y un 59 por ciento repite el destino. De todas formas, nuestro país aporta sólo 12 mil turistas al año, lejos de los estadounidenses, quienes lideran el podio con un 60 % de las visitas. Luego rankean los venezolanos, cuya cercanía con la isla (media hora de vuelo) les da la mejor excusa para visitarla.

Las grandes oleadas de turistas –1,5 millón al año– no son casualidad: además de contar con sus paisajes naturales, Aruba está a dos horas de Miami, convirtiéndola en un puente ideal para quienes deseen disfrutar unos días del Caribe antes o después de desembarcar en los Estados Unidos.

Los cruceros, mientras tanto, son la estrella de la isla: unos 350 arriban cada año, llevando 900 mil turistas a las playas y shoppings arubianos. La mejor temporada para disfrutar la isla es entre el 15 de diciembre y el 15 de abril, en coincidencia con la época de los coloridos carnavales. De todas formas, la temperatura promedio de 28 grados y la baja probabilidad de lluvia invitan a pasar en cualquier momento del año por estas playas.

No va más
Los amantes de las compras están de parabienes en Aruba. La libertad a la hora de importar permitió que las marcas de primera línea de tecnología, indumentaria y productos suntuarios llegaran y se instalaran tanto en la calle principal (llamada... Avenida Principal, sin mucho más misterio) como así también en los cuatro shoppings que tiene la isla, tres de ellos ubicados cerca de Palm Beach. De todas formas, si es que usted estaba pensando en aprovechar la estadía para comprarse un iPhone, tenga en cuenta que, aunque estén habilitadas las importaciones, sólo los lugares con permiso pueden vender los gadgets tecnológicos.

aruba Architecture058Paseo. Quien desee hacer un break de la playa, podrá disfrutar el paseo de compras de Aruba. Foto: Gobierno de Aruba.

Por la noche, quien quiera probar suerte podrá disfrutar de 11 casinos con ruletas, máquinas tragamonedas y bingos. El primero en abrir sus puertas fue el Caribbean Hotel & Casino, en 1959, y desde entonces la fiebre por ganar dinero en una noche de diversión se contagió. The Occidental Grand Aruba, Hyatt Regency, Westin Aruba, Holiday Inn, Renaissance, Radisson, Alhambra Casino y Marriott ofrecen la suerte como plato fuerte, además de shows en vivo y la posibilidad de comer no muy lejos del paño y los dados.

Escala obligada
La influencia holandesa se puede ver en la cartelería urbana, en los nombres de los negocios y hasta en los apellidos de sus habitantes. La prueba más elocuente de su pasado como colonia holandesa es su aeropuerto, bautizado Aeropuerto Internacional Reina Beatrix. Remodelado tras una inversión de u$s 67 millones, es el punto de llegada –y también de la triste partida– hacia el hogar. Sin embargo, el arribo requiere de una escala obligada en Panamá, Bogotá o incluso Miami.

Quienes partan desde la Argentina demorarán 9 horas en aterrizar en Aruba. No hay que dejar de considerar que las filas para ser revisados por el personal de aduanas suelen ser largas y, en el caso de Bogotá, particularmente exigentes con los pasajeros.
Atención, que para dejar la isla hay que pagar.

Sucede que rige un impuesto de u$s 33,5 para salidas internacionales y de u$s 36,75 en caso de poner rumbo hacia los Estados Unidos. De todas formas, eso no detiene a los turistas y, menos a los arubianos, cuyo destino predilecto para descansar es Orlando.

All Inclusive
En algún lugar hay que dormir. Las playas con la luna como una perla brillante parecen una opción tentadora, más si se tiene en cuenta que prácticamente el mar no crece de noche. Pero lo mejor es contar con una habitación. Y, en Aruba, camas sobran. Concretamente, hay 8 mil plazas disponibles, y el nivel de reserva promedia el 50 % durante todo el año. Y si bien predomina el formato all inclusive –es el más elegido por los argentinos–, el gobierno de Aruba intenta promover que el turista salga de los complejos y recorra por sí mismo la isla. Con un promedio de u$s 200 por persona en un hotel cinco estrellas de base doble, Aruba se ofrece como una posibilidad para los recién casados y las parejas que buscan descansar del ajetreo urbano.

Backstage de la isla feliz
Ningún país está exento de esos secretos cuyo descubrimiento hacen más divertida la estadía. Y Aruba no es la excepción. Una de sus curiosidades es que las boas se pusieron de moda en la isla como mascotas. Sin embargo, quienes las abandonaron o aquellas que huyeron convirtieron a la especie en una verdadera plaga, lo cual explica que sea el único país en el mundo que tiene permitido cazarlas. Otra interesante situación se vive con su árbol emblema, el divi divi: símbolo nacional presente en todas las fotografías, jamás crece derecho sino inclinado debido a los fuertes vientos. Otro dato interesante es que la refinería comenzó a operar en 1924 y, durante la Segunda Guerra Mundial, llegó a proveer del 60 % del combustible al bando aliado, razón por la cual la isla fue el único país atacado del oeste durante el conflicto. ¿Última curiosidad? En Aruba no hay diarios ni sábados ni domingos: durante la semana se editan en inglés, español, papiamento e, incluso, algunos incluyen páginas escritas en mandarín debido a la inmigración china que hay en la isla.



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