Diego Peretti:
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Diego Peretti: "No se puede gobernar un país en estado de locura"

Es el actor más carismático y versátil de su generación. Se hizo popular con éxitos televisivos como Poliladron, Culpables, Los Simuladores y En terapia. Su mirada crítica de los medios, la política y la cultura lo posiciona como un referente en tiempos de polarización ideológica de la colonia artística.

Por Alejandra Canosa 25 de Septiembre 2013



La escena transcurre en un pintoresco bar de Las Cañitas. Como era de esperar, Diego Peretti llega puntual a la cita con Clase Ejecutiva. Vestido con ropa informal y lentes oscuros, se acerca a la barra, saluda al dueño del bar, repara en la madera con que están hechas las mesitas nuevas, pide un cortado y, con absoluta tranquilidad, se predispone a la charla. Su presente laboral es altamente satisfactorio, empezando por El placard, adaptación de la comedia cinematográfica francesa de Francis Veber, que se estrenó hace semanas en el Teatro Lola Membrives con un elenco de lujo (Osvaldo Santoro, Alejandro Awada) y dirección de Lía Jelín.

“Estamos muy contentos porque es una obra que tiene buena respuesta de los espectadores, se ríen mucho. Me llegó la propuesta por parte de Valeria Lorca, quien también forma parte del elenco, y apenas la leí me puse en contacto con Lino Patalano, el productor. Es la adaptación de la película que en su momento protagonizó Gerard Depardieu, una comedia dramática, disparatada, a la que tuvimos que encontrarle los tonos justos”, detalla, para anticipar la probabilidad de que hagan temporada en Mar del Plata. También acaba de llegar a los cines Wakolda, tercera película de la directora Lucía Puenzo, donde Peretti comparte protagónico con Natalia Oreiro: relata el encuentro de una jovencita argentina con un extranjero que es, en realidad, el criminal nazi Josef Menguele, conocido por sus experimentos con humanos en Auschwitz y quien, luego de huir de Europa, vivió en la impunidad en Sudamérica.


Acción. Wakolda, una película junto a Natalia Oreiro, es su último trabajo para la pantalla grande.

Psiquiatra por formación, Peretti ejerció esa profesión durante algunos años, al mismo tiempo que actuaba en Poliladron: recuerda que los pacientes, al sentirse más liberados, le pedían que les firmara las recetas como el Tarta, su popular personaje en la tira.

Al poco tiempo, colgó el guardapolvo blanco para dedicarse full time a su carrera como actor. Hizo papeles jugados, cosechó algunos premios y en los últimos dos años se puso en la piel de Guillermo Montes, el terapeuta del ciclo En terapia, que se emitió por la tevé pública en formato diario. “Es una muy buena adaptación que hizo Alejandro Maci del original israelí, más algunas cosas que tomó de la versión emitida por HBO, con un elenco extraordinario y en coproducción entre el canal público y Dori Media Group”. Programa complejo e interesante que cautivó al público que se analiza habitualmente y despertó curiosidad en otros para pedir entrevista de admisión.

El ruido de las reparaciones callejeras se hace notar. Es una buena oportunidad para cambiar de mesa y hablar un poquito de cómo ve la ciudad de Buenos Aires: “Se me hace difícil opinar porque no trabajo en la comisión interna de un ferrocarril ni en la imprenta de un periódico. Yo me levanto, voy a trabajar y lo que me llega es la información de los diarios. Veo que hay una gran preocupación por arreglar las calles y también por mejorar el tránsito, que creo que es una asignatura pendiente. La bicisenda me resulta cómoda para ir al teatro, porque voy derecho por la calle Gorriti y llego al centro muy rápido. Es cuestión de costumbre: cuando estuve en Valencia reparé en que todos la usan porque es muy funcional”.

diego perettiTe conozco. Peretti dijo presente en éxitos televisivos como Poliladron, Culpables y Los Simuladores, entre otros tantos. Foto: Clase Ejecutiva.

¿Y en el área de cultura?
No me llegan buenas noticias ni del Centro Cultural San Martín ni del Nacional Cervantes. Se que están trabajando mucho, pero que no alcanza. Ideológicamente no concuerdo: soy médico psiquiatra, trabajé en guardias de hospitales, hice residencias con psicólogos, algunos eran psiquiatras orgánicos, otros psicólogos lacanianos, discursos totalmente diferentes, pero cuando caía un paciente a la guardia lo asistíamos con una medicación para calmarlo y después evaluábamos el tratamiento. Cuando te hablo de ideología no hablo de calles, ni de si el Parlamento hiciera una rosca política... Te hablo de un pensamiento de derecha liberal frente a un pensamiento como el mío, que es más sensible socialmente.

Mucha polémica se generó en la mesa de Mirtha Legrand cuando el periodista Nelson Castro insinuó que la presidenta Cristina Kirchner padecería síndrome de Hubris...
Sí, sí... Me pareció una estupidez que se hable de locura porque no podría gobernar un país en ese estado. Hay que tener mucho cuidado con lo que se dice: cuando uno habla de locura puede ser locura de amor, loco lindo, loco romántico. Pero cuando se distorsiona la palabra se hace un conflicto de eso. Como psiquiatra puedo distinguir muchas neurosis en el mundo periodístico, artístico y político, con rasgos obsesivos, psicóticos incluso, como en la entrega de los Martín Fierro.


Polémica. En la mesa de Mirtha Legrand, Diego Peretti se cruzó con Nelson Castro por la salud de la Presidenta.

¿Se refiere al discurso de Jorge Lanata?
Dejémoslo ahí... De su signo político ganó Marcelo Longobardi, que estuvo perfecto, igual que Magdalena Ruiz Guiñazú. Pero Lanata me pareció un desubicado incluyéndonos a todos en su teoría de la grieta que hay en la Argentina. No le creo nada: me pareció manipulador de la audiencia, cínico, ordinario, egocéntrico y poco sutil. Más allá de eso, me gustó que la entrega se haya hecho en el Teatro Colón porque las transmisiones con cena son una berretada monumental.

Pocos saben que tiene una amistad de juventud con Gabriela Michetti, exvicejefa de gobierno porteño...
Nos conocimos en un viaje, cuando yo regresaba con tres amigos de esquiar en San Martín de Los Andes. Como la espera del tren fue eterna nos hicimos amigos ahí. Su carácter era bien militante de parroquia, una topadora, linda, atractiva, avasallante... Un amigo mío la llamó al día siguiente para invitarla a salir. Yo era militante del Partido Intransigente y discutíamos de política, porque ella tenía mucha vocación. Después dejamos de vernos. Me enteré del accidente que sufrió... Y alguna vez me vino a ver al teatro.

¿Qué opinión tiene de la disputa entre el Gobierno y el Grupo Clarín?
Hay una lucha de poder enorme. Y la pelea está contaminada. Uno tendrá más razón que otro, pero así no avanza. Y agota. Quisiera que funcionara la ley de medios, que fuera igualitaria y no que se haya establecido sólo para vencer a un diario, a un monopolio. La ley de medios es muy valiosa y, si está empantanada, habría que expandirla para que fluya otra cosa, porque la pelea está centrada ahí y eso la vuelve en contra. Está todo empantanado y supeditado a si se gana o no; entonces, si hay un fallo adverso de la Corte, toda la ley de medios queda paralizada y afectada. Pasan los gobiernos y queda de arrastre. Es una pérdida de oportunidad, como cuando en los divorcios se empacan en demostrarle al otro quién la tiene más larga y después dicen: “¡Uy, perdí 6 años de mi vida!”, caen en esa trampa.  

Como psiquiatra puedo distinguir muchas neurosis en el mundo periodístico, artístico y político, con rasgos obsesivos, psicóticos incluso, como en la entrega de los Martín Fierro. Diego Peretti


¿Cómo analiza la performance de Sergio Massa como candidato en las primarias?
¡Qué sé yo!! (levanta el ceño, con un gesto de resignación) No soy político, soy actor. A mí, de Massa me llegan las entrevistas, los comentarios en los medios, las fotos. Pero la política no es un entretenimiento. Entonces, lo único que puedo hacer es opinar por intuición, y no se si eso tiene valor. Sí tiene valor lo que Massa hizo en Tigre, aunque no soy especialista, no tengo idea. Pero Martín Insaurralde me parece un militante más puro. A pesar de eso, nunca estuve conforme con la manera en que llegan los candidatos a mis ojos. En general, los miro y me pregunto: ¿Y este muñeco de dónde salió?

¿Le parece bien que Martín Insaurralde haya difundido que padece cáncer testicular en medio de la campaña?
Tuvo un problema, ¿no? Qué se yo, no tengo opinión al respecto. ¿Cómo está Lomas de Zamora? ¿Gestionó bien? Lo único que me parece bien es que, tanto en el caso de Massa como en el de Insaurralde, las intendencias son buenos exponentes de la gestión. Entonces, que los candidatos salgan de intendencias bien gestionadas es positivo. Es como que un jugador llegue a la primera división desde las inferiores.

¿Qué lectura hace respecto de los zapatos del papa como símbolo de austeridad y todo lo que se generó con su elección?
El papa sale de la Argentina, que en el tema de los derechos humanos es como la mejor universidad. Tratándose de un cuadro importante de la Iglesia Católica, con una posición tan discutida en esa época... No metió las manos en el barro ni las tiene manchadas de sangre. Me llena de alegría lo que está promoviendo, es interesante dentro de lo anárquica y rancia que es una institución con 2 mil años. Me llena de oxígeno la forma que elige para transmitirle cosas a la gente. Los zapatos son un símbolo, un gesto. Él toma del catolicismo la no necesidad de algo mas allá de lo básico. No es un gesto individual y cae bien. Da paz porque tiene los pies sobre la tierra.

Alguna vez, el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, se quiso ir... ¿y usted?
Muchas veces... A ver, sí, en algún momento, cuando hacía las primeras guardias de psiquiatría en el hospital y ahí, frente al paciente, atendía al mismo tiempo que aprendía la profesión.

¿Y qué opina de CFK?
Veo a una presidenta que está preocupada por resolver los problemas que aparecen a diario y que está trabajando mucho. Y eso tranquiliza.



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