Desde el placard: Timerman, el mejor vestido del Gabinete
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Desde el placard: Timerman, el mejor vestido del Gabinete

Es el funcionario K con mayor exposición internacional. Y, en términos de dress code, no defrauda: rankea siempre entre los mejores lookeados en cumbres y misiones diplomáticas. ¿Su secreto? La sastrería americana de origen italiano y las gafas trendy. ¿Su punto débil? Los mocasines setentistas.

Por Lorena Pérez 19 de Mayo 2014

 

Ministro de Relaciones Exteriores desde 2010, Héctor Timerman es uno de los funcionarios de mayor exposición del gabinete. Comenzó su carrera diplomática con los Kirchner, primero como cónsul general en Nueva York y luego como embajador en Estados Unidos, cargos estratégicos que potenciaron su notoriedad pública junto con su verborragia cibernética.

Hijo de Jacobo Timerman –empresario que revolucionó la industria periodística argentina con las revistas Primera Plana y Confirmado y el diario La Opinión, en los años ‘60 y ‘70–, el canciller ejerció el mismo oficio, antecedente que sin dudas le permitió revolucionar el modo de comunicación diplomática en plena era digital cuando hizo uso de la red social Twitter para expresarse tanto a título oficial como personal de modo poco diplomático. Así, con especial enjundia entre 2010 y 2012, se involucró en peleas mediáticas, contestó a otros usuarios invitando a “que la comunicación sea directa con ustedes, sin Magnetto de por medio” en plena disputa por la Ley de Medios y hasta involucró a la vedette Luciana Salazar en el marco de su diatriba tuitera contra su pareja, Martín Redrado, expresidente del Banco Central.

El mejor vestido. Con su look, el Canciller le ganó la pulseada a sus compañeros. Foto: Clase Ejecutiva.

En abierto contraste con su falta de etiqueta 2.0, el guardarropas de Timerman es sumamente prolijo, políticamente correcto, diplomáticamente intachable. Su dress code evoca, sin dudas, el estilo más clásico de la alta sastrería estadounidense, acaso herencia de los años en que se exilió en la Gran Manzana, donde no sólo participó activamente de la exclusiva agenda de la high society sino que también se codeó con sus miembros más encumbrados mientras cursaba un máster en Relaciones Internacionales en Columbia. Así, el outfit del Canciller encarna el respeto por la moldería tradicional sin resignar la funcionalidad moderna: en sus elecciones se aprecian los más altos valores sastreros americanos, en tanto cruce entre la sofisticación italiana y el corte certero británico.

En este mix se potencia la silueta de Héctor Timerman, vestido estrictamente con ambo de dos botones, maquillado en tonos azules y negro y acompañado por camisas que no conocen arrugas. Las corbatas siempre establecen diálogos fluidos con el conjunto, realzando armónicamente el look con una paleta de colores que admite los tonos vibrantes (del naranja al turquesa). Los mocasines de antifaz también son un guiño al código del buen vestir en Estados Unidos, donde rankean como el modelo masculino más popular desde su lanzamiento en los años ‘30. ¿Otro dato? Vistos en detalle, coinciden con el modelo de Casa Guido que usaba el expresidente Néstor Kirchner.

Pero hay otro ítem que apuntala el estilo de Timerman: los anteojos. Si bien de uso imprescindible para el Canciller, su elección no está exenta de coquetería, ya que funcionan como un accesorio que le aporta espíritu trendy. En general, lleva lentes de lectura que pasan inadvertidos cuando de forma se trata –algunas veces redondos, otras rectangulares–, pero que adquieren mayor relevancia cuando, por ejemplo, se apunta a las patillas flexibles o los marcos de colores, que iluminan su rostro. Hasta ahora, su momento de fetiche total se dio cuando lució un modelo con cristales fotocromáticos y armazón grueso azul, cual early adopter de los Gloogle Glass. 

*Autora de www.blocdemoda.com



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