De qué hablamos cuando hablamos de parto respetado
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De qué hablamos cuando hablamos de parto respetado

Crece el movimiento de concientización respecto de la importancia de elegir cómo transitar el embarazo, parir y elaborar el período posterior a la gestación. Relatos de empoderamiento en primera persona.

Por Lorena Obiol 12 de Noviembre 2013




Hablar de parto humanizado o respetado es mucho más que un epíteto como sangre roja, nieve fría o todos esos calificativos redundantes aprendidos en la escuela. Parir es un acto que conlleva respeto en sí mismo. Esto que hoy se muestra como una creciente tendencia que incluye a celebrities (Luciana Lopilato fue acompañada por una doula y Carla Conte volverá a parir en su casa), no es otra cosa que volver al origen.

“Las doulas acompañamos emocionalmente a las mujeres en el embarazo, parto y puerperio. Somos el soporte para que lleguen empoderadas al parto que desean. Entre otras cosas, les decimos que la sabiduría está en el propio cuerpo. Hoy hay más trabajo por esta conciencia y porque estamos muy solas, vivimos lejos de nuestra madre, de nuestras hermanas, primas y tías. Antes, eran las mismas mujeres de la familia quienes cumplían este rol”, comenta Viviana Briongos, quien luego de tener a su segundo hijo en su casa (con una partera, un obstetra y un neonatólogo, hace 9 años) hizo la formación en Doulas de Argentina (Dar) al mismo tiempo que con Laura Gutman, y completó luego con la del pope francés del parto respetado, Michel Odent.

parto CLASE copia“Respetar el parto es acompañar lo que va necesitando la mujer que va a parir. No se trata de imponer un modelo de atención, sino todo lo contrario: estar abierto sobre todo a posibles cambios. A veces se trata de un masaje, de una palabra, de poner música. El respeto tiene que venir por esa adaptación a lo que está sucediendo, entendiendo la cultura, ideología y creencias de esa familia o de esa mujer”, agrega Francisco Saraceno quien, con apenas 32 años, ya acompañó cerca de 2 mil partos, incluyendo instituciones primero y luego domicilios. Fue el primer licenciado en Obstetricia recibido en la UBA, junto con otro varón. Aunque todos lo conocen como Fran, el partero. “En estos 10 últimos años creció la opción de las parejas por el parto en casa. Hay grupos formados netamente por parteras, tenemos equipos con médico, partera y neonatólogo y otros donde participan doulas. El abanico hoy es bastante grande y esa riqueza se adapta al imaginario de la pareja o de la mujer. Vamos camino a que sea una opción para todos los sectores, que no sea una moda ni una cuestión elitista. Y es importante aclarar que esto no es una pelea entre el hospital versus la casa. El respeto tiene que surgir en todos lados”, define Saraceno quien, a pesar de atender entre 6 y 8 partos por mes con su equipo, a partir de noviembre dejará por un tiempo la profesión para ocuparse de la llegada de su propio hijo.

Así en la clínica como en la casa
Gabriela Acevedo se enteró de qué significaba el parto respetado luego de haber atravesado con Delfina, su primera hija, una césarea innecesaria. “Para cuando llegó Luciana ya me había informado y conectado con otras mujeres. Con Marce, mi marido, elegimos el Hospital Austral, en Pilar, por muchas razones: no había casi intervención, no había pinchazos, ni siquiera había cama en la sala. En la semana 26 empezamos a ir juntos al taller de preparación. Ahí conocimos a los cuatro equipos, siempre conformados por una doula y una partera”, relata. parto respetado CLASE

Su segunda hija nació el 21 de octubre de 2011: “Esa mañana amanecí con contracciones, fuimos hablando a cada rato con una de las parteras y decidimos la internación pasado el mediodía, creyendo que había tiempo. Hice el trabajo de parto en el auto y llegué con 8 de dilatación. Al verme, mi doula y mi partera me abrazaron. Me quedé tranquila. En la habitación tenía la música que había elegido y el hornito con aromaterapia, que no llegué a usar: Lu nació 15 minutos después y en apenas dos pujos. Marce vivió todo al lado mío. Me la pusieron en el pecho ni bien salió y, llorando, le dije: ‘Te parí, te parí’. Cuando el cordón dejó de latir, le preguntaron a mi esposo si quería cortarlo, pero no reaccionaba por la emoción. A los 40 minutos alumbré la placenta, mientras Lu tomaba la teta. Nadie nos vino a molestar: la pesaron como a las tres horas, le tomaron la temperatura en mi pecho, pero nunca se la llevaron, estuvo los dos días encima de mí. La primera vez que me bajé de la cama sentí una gran diferencia respecto de cuando nació Delfi. Con la cesárea me moría de dolor y esta vez me levanté como cualquier día. Comí un montón, no hubo ninguna secuela y hasta Delfi pudo dormir con nosotros, los cuatro en la habitación”.

Violeta Vázquez parió a Oliverio, su segundo hijo, en su casa, en mayo pasado: “Fue muy distinto de cuando tuve a Catalina, sola y con muchos miedos. Ya sabía sobre la ley de parto respetado, por eso pude pedir algunas cosas. Me dejaron parir en vertical en lugar de acostada, pero no en el piso. Me pusieron suero y me hicieron algunas intervenciones, cuando yo jamás había estado ni internada. Cuando nació Oli, ya estaba convencida del parto en casa porque el institucionalizado me daba miedo: allí, una mala intervención sólo se arregla con mayor intervención. En este embarazo tuve contracciones desde la semana 28 y estuve en reposo hasta la 37. Pero mi hijo nació pasada la semana 41 y con 4,5 kilos en la pileta de partos que alquilamos, en casa, con dos amigas que fueron puericultoras conmigo en la Maternidad Suizo Argentina, mi marido y mi amiga Susa, que fue mi doula. También tuve una guardia pasiva con Gabriela Kozyra, una ginecóloga ayurveda que entra a la Trinidad y al Anchorena. Fue piola porque, si bien yo no quería médicos, tampoco llegué al fundamentalismo de no tener plan B. Pero no quería que mi plan B fuese una guardia así que, si necesitaba ir al hospital, ella venía conmigo y tenía asegurado un traslado respetuoso. El parto en casa no es para todo el mundo, sino para quien lo siente con el corazón, con el alma. Si una no se siente protegida, es mejor no elegirlo. Trabajamos para que haya libertad de elección: no para que tengamos más partos en casa, porque cada una tiene que sentir qué le va mejor, pero sí por el parto respetado”.

 



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