Daniel Burman: “Nunca tuve que militar para filmar”
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Daniel Burman: “Nunca tuve que militar para filmar”

El director estrena El misterio de la felicidad, con Guillermo Francella e Inés Estévez, una película que ahonda en los muy actuales conceptos de fidelidad y traición cuando los pactos se vencen.

Por Alejandra Canosa 09 de Enero 2014



Vamos a tener que pasar la nota para otro día”, explica, con tono amable, una de las asistentes de Daniel Burman, productor, director y guionista cinematográfico. “Daniel está a full con la posproducción de la peli, viajando a Brasil en las próximas horas, así que les pide reprogramar la entrevista para la semana próxima”, aclara, al tiempo que invita a una exhibición del crudo del filme esa misma tarde en las oficinas de la productora. Así fue como Clase Ejecutiva vio, en exclusiva absoluta, El misterio de la felicidad, que se estrenará el 16 de enero próximo, protagonizada por Guillermo Francella e Inés Estévez. “Disculpen el desorden, estamos con mucho trabajo y está todo movilizado. ¿Qué gustan beber?”, preguntan dos colaboradores al mismo tiempo que acomodan gacetillas y dvds mientras nos deleitamos contemplando algunos de los premios exhibidos como parte de la escenografía de la oficina, austera, del talentoso realizador de las taquilleras El abrazo partido y El nido vacío. Finalmente llega el día pactado y rápidamente ponemos REC antes de que cualquier imprevisto interrumpa la charla postergada.

Su película tiene, de arranque, el mérito de reunir a Francella y Estévez, quien estaba alejada de la actuación...
La admiro mucho como actriz: hace tiempo le acerqué el guión y, aunque no estaba en actividad, me prometió leerlo. Tiene una sensibilidad y una gran belleza en el sentido amplio de la palabra. Guillermo, por su parte, es el gran comediante argentino y, cuando apareció este proyecto, sentí que era el indicado: lo admiro como actor y por la mirada que tiene respecto de la dramaturgia y la composición de los personajes. Trabajar con él fue una experiencia extraordinaria.

El mundo entero se mueve en busca de la felicidad. ¿Dónde la encuentra Burman?
La felicidad son intenciones. Uno vive sobrevolándola y, en ese vuelo, se anima a aterrizar en su propia vida. Por ahí va. Me resulta difícil hablar de la felicidad fuera de la película, porque trato de comunicarme a través de lo que hago. En este caso, quería contar una historia sobre cómo muchas veces seguimos viviendo en función de pactos vencidos, vacíos, nos mantenemos fieles o leales a ciertos contratos que hacemos con alguien porque existe un sentimiento y, cuando eso desaparece, vivimos atados a esa formalidad. No tiene que ver con un relativismo ético, sino todo lo contrario.

BURMAN UNOEn acción. Burman (a la izquierda) en pleno rodaje. Foto: Clase Ejecutiva. 

Su filmografía (El abrazo partido, Derecho de familia, El nido vacío, Dos hermanos, La suerte en tus manos) repasa las distintas etapas de la vida familiar. ¿Todavía le quedan cosas por decir sobre los vínculos?
¡Sí! La relación entre los dos socios que plantea la película tiene un condimento muy especial. Quienes tienen socios de mucho tiempo lo saben. Y no tiene que ver con la amistad porque, en ese caso, el dinero siempre es un tabú, una fuente de conflicto; mientras que en una sociedad comercial muchas veces es lo único que cohesiona a esas personas, lo que motiva su unión. Tenía en la cabeza la duda de cómo convive una relación de socios con una relación marital, y desde ahí empecé a proyectar la historia.

Su hipótesis es que uno nunca termina de conocer del todo al otro...
Coincido. Fijate que el personaje de Eugenio (Fabián Arenillas) tiene triple vida: con su mujer, con su socio y con un tercero que va a ir descubriendo. Y hay otro aspecto que me interesaba: que dos buscan a un tercero y, al mismo tiempo, se dan cuenta de que no lo quieren encontrar. En psicoanálisis se dice que el deseo se defiende de ser consumado porque sabe que así desaparece definitivamente. Y con la búsqueda de las personas ocurre lo mismo. En ese sentido, creo que la película reconforta: reflexiona sobre cuestiones que son íntimas por un lado, pero también muy universales. La búsqueda de la felicidad es un tema recurrente que no tienen resuelto ni los ricos ni los pobres.

¿Cómo ve la movida cultural en Buenos Aires?
Creo que desde hace unos años existe una mayor federalización de la cultura y hay una gran efervescencia dentro de ese espacio, algo que vivo con mucha alegría. Aquí, la cultura no es un lujo de la clase alta sino que atraviesa todas las capas sociales para cumplir con su función de amalgamar extractos sociales o geográficos que de otra manera vivirían dispersos.

¿Y de la avanzada del narcotráfico en el país?
Hay un aspecto que es casi naif en nuestra sociedad y que se da cuando los medios instalan que un problema es problema. ¿Acaso el narcotráfico no era un problema 6 meses atrás? Es un drama mundial que no se soluciona filmando un documental o una película: lo resuelve una acción de Estado, desde el municipio más pequeño hasta lo más elevado institucionalmente. No es un tema sobre el que hacer debate o política en sentido electoral. Para mí, la política no es una mala palabra, pero hay cosas con las que no se jode: la educación, la salud, la indigencia y el narcotráfico no deberían ser cuestiones de aprovechamiento político sino, como en muchos países del mundo, lugares sagrados porque tienen que ver con la vida.BURMAN DOS

Brasil. Con las playas cariocas de fondo, Burman dirige la escena. Foto: Clase Ejecutiva. 

Tras 30 años de democracia, ¿cómo ve a la clase política argentina?
Hay de todo, pero lo que noté en las últimas elecciones es que muchos políticos son mucho mejores de lo que se muestran y suelen hacer un gran esfuerzo provocado por quienes los asesoran haciéndoles creer que son productos de góndola. Los políticos no tienen que demostrarse heroicos sino trabajar para intentar cambiar las cosas. Cuando, en su momento, leí las declaraciones de Jaime Durán Barba pensé: “¡A él nunca se le habría ocurrido asesorar a un político para que nombre a Hitler como ejemplo de nada en una nota!”. En vez de mostrarse tan guionados, los políticos deberían salir más desnudos: sentarse sobre una silla y, con el fondo blanco, decir quiénes son y qué quieren hacer con todos nosotros.

¿Cómo financia sus películas en este contexto?
El cine argentino es una industria privilegiada porque tiene un apoyo muy fuerte del Estado y de capitales extranjeros desde hace mucho tiempo. En este caso en particular, produzco con Brasil. Hace 20 años que me dedico al cine y he pasado por distintas etapas económicas, pero siempre conté con el apoyo del Instituto Nacional de Cine. Nunca tuve que militar en ningún partido político, ni en este ni en ningún otro gobierno. Tampoco nunca nadie me preguntó qué y cómo quiero contar una historia.

¿Qué le parece la transformación del espacio público porteño?
Me parece bien privilegiar el transporte público. Pero hay un fenómeno que es complejo y común a todas las grandes ciudades: como el acceso a la vivienda es casi imposible, la clase media compra automóviles. Pero la infraestructura no está preparada para sumar más caudal de gente con ese mínimo confort que tiene que ver con la dignidad humana. Los colectiveros, los automovilistas, los taxistas y los ciclistas parecen enemigos porque en el espacio calle se potencian todas las mezquindades que tenemos como sociedad: nos peleamos por un metro cuadrado... Y eso habla de qué tipo de sociedad somos.

¿Qué opina de los pases de factura ideológicos en las entregas de premios culturales?
En cierto momento tendremos que tener una visión meramente coyuntural sin dejar atrás lo que pensamos y de dónde venimos. Creo que vamos a tener que cambiar la actitud y congelar la situación: no tiene que ver con el olvido, sino con encontrar la manera más corta de llegar a un determinado punto. La felicidad es un bien común y todas las políticas tienen un costo. A mí me entristece muchísimo cuando en una entrega de premios se divide tanto, porque ahí pierden todos. Hay un hastío ante esta ansiedad desmedida de colocarte en un lugar o en el otro que, en muchos casos, genera apatía e inhibe la posibilidad de accionar. Pero tengo la esperanza de que todo comience a fluir. 

¿Cuál es su balance de la década K?
Hay un montón de temas que ahora existen en la agenda y en la discusión pública, más allá de estar de acuerdo o no, y eso es un paso importante. Si bien hay cosas que me gustaría que fuesen diferentes, no se si son posibles. De la misma manera que no le pondría muñequitos a una película, tampoco lo haría con el kirchnerismo: no entraría en ese juego de calificación. Este gobierno aún no terminó y hay muchísimos temas de los que tengo opiniones muy variables e incluso contradictorias, todavía.

¿En qué ámbito le sugeriría a la presidenta ver El misterio de la felicidad?
Sola, tranquila, en su habitación... ¡Y comiendo un cuarto de helado sin que nadie la moleste!

Además... Con 10 taquilleras películas en su CV, es uno de los cineastas más exitosos de los últimos 15 años. El misterio de la felicidad es un ejemplo claro de cómo el cine nacional está ampliando sus horizontes: tras firmarse un acuerdo entre la productora de Burman y su socio Diego Dubcovsky (BD Cine) y la brasileña Total Filmes, ha reconocido que “fue una gran experiencia. Venimos de mercados diferentes pero, sin dudas, somos aliados naturales en la producción cinematográfica”.



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