Cinco mitos muy actuales sobre las fiestas
Lifestyle

Cinco mitos muy actuales sobre las fiestas

Como cualquier otro rito, las celebraciones de fin de año están compuestas por tradiciones, simbologías y creencias heredadas. Y, aunque nos cueste advertirlo, hasta las más mundialmente compartidas guardan siempre un origen polémico o cuestionado en su momento.

Por Delfina Krüsemann 23 de Diciembre 2013




1) El festejo de Año Nuevo es...viejo
La civilización tardó varios milenios en ponerse de acuerdo en que cada año estaba compuesto por 365 días, 6 horas, 9 minutos y 9,76 segundos. Y, en rigor de la verdad, aún hoy hay disparidades: los judíos tienen su calendario lunisolar y los musulmanes también rigen sus festividades religiosas según su propio almanaque lunar. En cambio, determinar el inicio de cada año fue un poco más simple. Aunque no del todo, claro. Es que, por mucho tiempo, Europa marcó ese puntapié cada 25 de marzo, por el día de la Anunciación cristiana. Curiosamente, esta costumbre fue derrotada por una fecha pagana: en 1582, debido al estudio generalizado del Derecho romano, el Año Nuevo se instauró definitivamente el 1º de enero, imitando al antiguo anuario del desaparecido imperio occidental. Sin embargo, en algunos países protestantes, como Inglaterra, esta nueva fecha no se aceptó hasta casi 200 años después.

2) La Navidad, una cuestión de fe
Durante siglos, la Iglesia no marcó en su calendario el nacimiento de Jesús. Sin embargo, hubo dos razones por las cuales tuvo que reconsiderar la idea. Por un lado, algunos grupos habían empezado a desestimar la dimensión humana de Cristo y se hacía necesario remarcar que su dios verdaderamente se había hecho hombre: para eso, nada mejor que la imagen de su llegada a la Tierra como la de cualquier otro bebé. Por otro lado, existía una fiesta pagana muy celebrada, marcada por el solsticio de invierno, el día más corto en el hemisferio Norte: se llamaba Saturnalia y significaba el renacer del sol. ¿Ya adivinó cuándo era? Precisamente, el 25 de diciembre. Todo esto hizo que, en el año 336, la Iglesia promoviera el nacimiento del Niño Jesús en esa misma fecha. Y no fue hasta el siglo IX que el festejo se popularizó entre los fieles.

3) Papá Noel versus Santa Claus
Es común creer que ambos son el mismo personaje con su nombre en diferente idioma, pero la realidad histórica es bien distinta. Papá Noel está inspirado en San Nicolás, el obispo de Mira que realmente existió en la actual Turquía: un religioso muy bondadoso con los pobres, especialmente con los niños, que se hizo famoso tras su muerte, cuando le adjudicaron numerosos milagros. De a poco, la figura de San Nicolás fue reemplazando a otros personajes paganos de la antigüedad que supuestamente llegaban en Año Nuevo a repartir regalos, como el hada Befana, en Italia, y el dios anglosajón Woden.
En cambio, Santa Claus deriva de un patrono holandés llamado Sinterklaas, que los colonos importaron a Nueva York cuando llegaron desde el Viejo Continente. Gracias a poemas, novelas y dibujos de la época, Sinterklaas se transformó en Santa Claus. Hasta que, a mediados del siglo XIX, Sinterklaas y Papá Noel se fundieron en una sola identidad. Fue Coca-Cola quien, en una publicidad de 1931, dio el toque final y lo convirtió en el abuelo barbudo, gordito y bonachón que hoy compartimos en el inconsciente colectivo internacional.

Papa noel claseMito o verdad. Las historias detrás de la fiestas son comunes en nuestra Nochebuena. Foto: Clase Ejecutiva.

4) El árbol de la vida, ¿o del pecado original?
Decorar el hogar para celebrar una fecha especial es un ritual casi tan antiguo como la humanidad misma. En el caso de los árboles, se trata de una costumbre antiquísima, incluso anterior al nacimiento de Cristo. Desde los egipcios con sus palmeras y las tribus germánicas con sus pinos, los hombres siempre vieron en las especies de hojas perennes un significado muy especial, relacionado a un poder mágico, porque el verde que no muere –aún ante las inclemencias del invierno– simboliza la vida eterna. Una vez más, el cristianismo se habría apropiado de estos antiguos símbolos para traducirlos a nuevos ritos relacionados con el nacimiento de Jesús.
Pero también hay otra teoría, que tiene sus raíces en las obras de teatro medievales que mostraban a Adán y Eva en el paraíso. En ellas, se ponía en el escenario un árbol para representar aquel del cual los personajes bíblicos comieron el fruto prohibido. Las manzanas de este árbol también se mantuvieron para la celebración de la Navidad, y con el tiempo se convirtieron en las esferas multicolores que hoy seguimos usando para decorar nuestras casas en diciembre.

5) ¡Boom tracatraca chin-chin!
Que los fuegos artificiales fueron un invento (y un arte) chino ya no es ninguna novedad. Pero lo que quizás no sea tan popularmente conocido es su origen. Resulta que no son más que la evolución de las antiguas fogatas que el hombre prehistórico encendía para asustar a las bestias y a las fuerzas oscuras que rondaban durante la noche. Por eso, los estruendos de luz y sonido que diseñaron los chinos con tanta técnica y espectacularidad se disparaban cada nuevo año para ahuyentar a los malos espíritus de la flamante etapa que comenzaba. Cuando los árabes y los europeos llegaron al Lejano Oriente, quedaron maravillados con la costumbre y la adaptaron a sus propias fiestas. En cambio, la tradición de celebrar con opíparos festines y bebidas alcohólicas se las debemos a los romanos quienes, además de emborracharse, participaban en multitudinarias orgías. Su excusa: que semejante desborde no era más era una representación del estado del mundo y el cosmos antes de que los dioses ordenaran el caos.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos

Notas Relacionadas