Carlos Páez Vilaró: “Mis amigos temen decir lo que piensan”
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Carlos Páez Vilaró: “Mis amigos temen decir lo que piensan”

Es uno de los grandes artistas del Río de la Plata. Militante de “una izquierda humana”, confiesa que le sorprende que en la Argentina se esté creando una nueva división de clases. Y aún más que Uruguay haya superado a nuestro país en exportaciones de carne.

Por María Paula Zacharías 17 de Diciembre 2013




Son las 10 de la mañana de un sábado de sol y Carlos Páez Vilaró está con su traje ya presto, el pañuelo de seda anudado al cuello y un sinfín de pulseras de cuero que resguardan su gesto rebelde de pintor. Satisfecho, acaba de dar un giro a su obra con una serie de fondos blancos más sosegada que su mundo de tonos saturados. Explica que blanco es el color de los recuerdos. Seguramente por eso exhibió estos cuadros recientemente, en el Museo de Arte de Tigre, bajo el título El color de mis 90 años.

Páez Vilaró es artista: pintor, ceramista, cineasta y poeta. “Veo el prestigio en un gris azulado, la aristocracia en un violeta, la pobreza en un ocre pálido, la estridencia en un colorado fuego, la nostalgia en un azul colonial. Veo en el blanco la ansiedad de ser color y en el negro, la oscuridad. En el amarillo, el alarido; en el rosado, el amanecer del amor; en el verde, la vida”. Así se dio a la tarea de recordar junto a Clase Ejecutiva, y frente a cada bastidor, algún pasaje de su vida de fábula, que incluye peligros selváticos en Nueva Guinea, revoluciones japonesas, noches de amor en la Polinesia y pilas de fotos con personajes clave del siglo XX, como Marlon Brando, Pelé, Picasso, Lech Walesa y Brigitte Bardot.

Vilaro - IMGPez en el agua. En su taller, Páez Vilaró trabaja incansablemente. Foto: Clase Ejecutiva. 

Páez Vilaró es uruguayo. Y tigrense. Entre Casapueblo y La Bengala, sus dos moradas, sólo hay un río de distancia. Y él dice ser del medio del charco. Ni de aquí ni de allá. O de los dos lugares a la vez. Su casa en Tigre tiene la misma factura artesanal que su ya legendaria nave blanca en Punta Ballena: muebles amasados con la misma argamasa que las paredes, esculturas amuradas y vidrios de colores. Pero ahora se le adosa una estructura nueva, el recién inaugurado atelier que levantó en el terreno vecino, donde pinta y exhibe su obra, amontona libros, pinceles y tarros de pintura. Son apenas las 10 y Carlos Páez Vilaró deja la carta que estaba escribiendo en su computadora para abrir una botellita de espumante y convidar unas masas, sentarse en un sillón y ponerse a charlar.

¿Por qué su taller se llama Sergio Massa?
A este muchacho, al que doblo en edad, lo veo con la garra de los jóvenes que quieren llegar. Lo veo sano. Me transmite felicidad su cara. Me visitó en Casapueblo para invitarme a exponer en el Museo de Tigre. Me parece tan positivo todo lo que dice... Creo que la bandera de su éxito fue ser respetuoso de lo que hicieron los gobiernos anteriores, que también fueron muy buenos. Tigre parece una república aparte porque le han tocado unos gobernantes de primera. Y no se queda en promesas. Tengo fe en la nueva gente de la política. Sería lindísimo formar un nuevo gobierno de juventud. Hay talento por todos lados. Me gusta el futuro. Todo lo demás está muy desgastado.

¿Lo dice por la Argentina o por Uruguay?
Me escapo de ese detalle... Creo que a los argentinos les falta unirse en un gran abrazo. El Uruguay es un milagro, porque tiene partidos políticos pero hay confrontación de las ideas y abrazo al final de la elección. El uruguayo sabe abrazarse en el triunfo y en la derrota. Acá, en cambio, hay un solo partido. Y una pelea muy continuada. Pero es muy difícil hablar de un país al que quiero tanto.

¿Conoce personalmente a José Mujica?
Sí. Pepe es un auténtico. Dirá cosas que muchas veces molestan a los oídos cultos por la forma campechana en que se expresa, pero es un auténtico. Basta verlo en su cachilita toda rota, acariciar su perro de tres patas... Vive en un rancho y descarta el lujo de la Casa de Gobierno. Y habla como habla, con sentimiento, como un payador salido del Martín Fierro. Basta saber que ha sido un hombre que ha sufrido 14 años en prisión y llega al poder sin revanchismo. A un ser así le tomo cariño. Como a Tabaré Vázquez, quien seguramente será nuestro próximo presidente. Siendo presidente iba todos los días al hospital a cuidar a sus enfermos oncológicos. Esas cosas me conmueven mucho.

¿Y quién lo conmueve entre los políticos de su otra patria rioplatense?
Es una nebulosa. Los que están en la oposición se pelean entre ellos y no se unen. Quizás porque soy del medio del río me cuesta mucho hablar de este país que tiene todo. Por eso no me gustaron para nada las medidas en contra del campo. ¡No es posible, en un país que nace del campo, del caballo! El campo es la base del todo. Fijate que ahora Uruguay exporta más carne que la Argentina. ¡Uruguay, que es un cachito de tierra! Tú no lo notas quizás porque sos argentina, pero siento que se está creando una división de clases. Tengo amigos que hablan con miedo de decir lo que piensan. Les hago preguntas sólidas y no llegan a comprometerse.

Vilaron _ IMG DOSVeo fotos suyas con Fidel Castro, con el Che Guevara... ¿hoy dónde se para?
Pertenezco a la izquierda humana. Para mí, somos todos familia. Pero estoy siempre más cerca de la calle, del pueblo, del sufrimiento de la gente. Ayer entregué un caballito de calesita pintado por mí para ser vendido a beneficio de la Fundación Potencialidades (N. de R.: Crea espacios de contención, juego e inserción laboral para niños y jóvenes de escasos recursos). Me adhiero a todo porque lo siento mi familia. Mi mujer se vuelve loca y me administra la pasión porque no sé decir que no. ¡Todos los días hay un sí acá! Y creo que mucha gente ahora está muy generosa, quiere dar. Y en eso tiene que ver Francisco.

¿Está contento con el nuevo papa?
Sí. Yo, que soy un hombre que nunca va a misa, un católico que sólo sabe dos oraciones... Y este hombre nos acercó a la iglesia. Al menos a mí, personalmente. Porque lo veo con una humanidad, una honestidad... Sin herir a nadie, desliza críticas incluso al gobierno argentino, pero lo hace con una solidez extraordinaria.

La política se metió este año en la Bienal de Venecia, con los videos del gobierno K al lado de la obra de Nicola Costantino dando su versión de Evita. ¿Qué opina?
¡Qué locura, no se puede hacer eso, el artista es libre! Es terrible, es como si te pusieran un reloj arriba de un cuadro. Por eso estoy muy alejado de lo que es la pintura en competiciones como esa. La última vez que participé fue en la 8º Bienal de San Pablo, representando a Uruguay, hace 40 años... Y después desaparecí del mapa. Me transformé en un pintor del medio del río.

Pero ya hace dos años que el Museo de Arte de Tigre le dedica exposiciones...
Si no fuera por Massa, no habría vuelto a mostrar mis cuadros en Buenos Aires. Él llegó un día y golpeó la puerta: “Perdóneme, estoy interesado en ver sus cuadros”, dijo. “¿Usted es vecino?”, le pregunté. “Sí, soy el intendente”, respondió. Me emocionó, lo hice pasar y revisamos el desván. Me rezongó: “Usted no tiene derecho a cerrarle a los vecinos la posibilidad de ver sus cuadros, vecinos que lo quieren tanto. Lo comprometo a hacer una exposición en el museo”. La muestra fue muy aceptada, me entusiasmó muchísimo, enorme cantidad de público.

¿Y en Uruguay hace mucho que no exhibe?
Están organizándome una muestra homenaje allá. El Cabildo me va a hacer una recepción en el Palacio Legislativo. Y ahí me abrazaré con la gente de todos los colores políticos. Los países se salvan con la confrontación de ideas, con los partidos políticos. Está muy bien el Uruguay. Y acá nos quieren mucho. Siempre digo: el uruguayo llega, toca el timbre y las puertas se le abren. No nos cuesta nada venir.

Y los argentinos veraneamos en Punta como si fuera la única playa del mundo.
Punta del Este está inventada por los argentinos, que pusieron su buen gusto, levantaron sus casas, trajeron otra cultura turística. Primero hicieron Capurro, en Montevideo. Después hicieron Ramírez. Después hicieron la playa de Pocitos. De ahí saltaron a Carrasco, que durante años fue argentina. Después fueron a Atlántida –ahora estoy con un proyecto para cambiarle la rambla con un estilo Casapueblo– y siguieron hasta Piriápolis, donde levantaron hoteles. Cuando se cansaron, se fueron y descubrieron Punta del Este. Abandonaron el faro y se fueron a La Barra. Y ahora ya están por José Ignacio. El argentino es nómade.

¿Y eso es bueno?
La ambición inmobiliaria es muy grande. Todos quieren estar en el ruido, pero se olvidan que en una manzana hay 6 edificios y cada uno con 100 autos... ¿Cómo pueden todos andar por Gorlero? Hay que cuidar las áreas, la estética, la altura de los edificios.

¿Y Punta Ballena?
Cuando inventé Casapueblo, era extraordinario: estaba solo. Una soledad maravillosa. Sólo tenía diálogo con algunos pescadores que se aventuraban a vivir en las rocas. Hoy en día no conozco ni a los vecinos. Impresionante lo que ha crecido. Antes, me dolía cuando alguien construía. Pensaba: “¿Cómo lo hacen sin pedirme permiso?”. Me sentía dueño como de 40 hectáreas. Ya no. Pero fui el culpable. Espero, al menos, que no autoricen a construir en altura porque me muero. Sería una ofensa al sol.u

 



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