Bill Gates, al frente de un mercado poco altruista
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Bill Gates, al frente de un mercado poco altruista

Por Pablo Martín Fernández 05 de Diciembre 2013




Peter Singer, uno de los eticistas más reconocidos del mundo, dice en su libro La vida que puedes salvar que todos nosotros, que no pasamos hambre, tenemos la obligación moral de donar parte de nuestros ingresos. A lo largo de su texto, el especialista australiano destaca a dos empresarios por sobre el resto. Uno es Warren Buffett, el ‘oráculo de Omaha’ reconocido no sólo por sus millones, sino también por la gran porción de su riqueza que ha donado. El otro es Bill Gates, líder de una industria tecnológica que genera nuevos ricos a una velocidad mucho mayor que otros sectores más tradicionales.

Singer dice que se necesitan más Gates: más multimillonarios que hagan el click necesario para comenzar a ver más allá de su ombligo. Incluso considera valioso comunicar que uno dona, aunque pueda ser leída como una estrategia de márketing porque, sea por empatía o competencia, otros pueden empezar a hacerlo también. En la liga de los que deberían donar, sin dudas, cae el ‘enemigo íntimo’ del fundador de Microsoft: el ya difunto Steve Jobs, criticado en vida y post mórtem por evitar hacer donaciones públicas. Mientras lideraba Apple y manejaba una fortuna personal de miles de millones de dólares, el creador del iPhone no sólo no era conocido por abrir la billetera para causas solidarias, sino que, como destacó en 2011 The New York Times, evitó sumarse a Giving Pledge, la organización comandada por Gates y Buffett que insta a las familias más ricas de Estados Unidos a donar, al menos, la mitad de su fortuna.

Carlos Slim, otro gigante del mundo de la tecnología y las telecomunicaciones, también se negó a sumarse diciendo que los hombres de negocios deben ayudar a resolver los problemas relacionados con la pobreza pero a través de sus productos, no de la caridad.

bill_gates_CARTAS_crop_1383315579819.pngFilántropo. Bill Gates es reconocido por su labor solidaria. Foto: Bloomberg. 

Volviendo a Jobs, si a su rechazo a Giving Pledge se le agrega lo mal parado –humanamente, ya que nadie discute su visión y el impacto de Apple en el mundo– que lo deja la biografía de Walter Isaacson y Jobs (la película protagonizada por Ashton Kutcher), se entiende cómo empezó a gestarse en el imaginario colectivo la idea de que era un innovador desalmado. Sin embargo, no fue tan así... Aunque Gates le sacó varias cabezas de ventaja, Jobs tiene defensores de la talla de Bono. El cantante de U2 dijo que, aún sin comunicarlo públicamente, el fundador de Apple había ayudado mucho en la lucha contra el sida. Con el paso del tiempo, tras su muerte, la viuda, Laurene Powell Jobs, declaró que nunca quisieron contar que donaban dinero porque la pareja no estaba de acuerdo en pegar su nombre a esas causas aunque las apoyaran con efectivo. De hecho, armaron su brazo filantrópico de manera que la caridad pudiese mantenerse anónima. También Tim Cook, actual número de Apple, dijo que su predecesor había donado u$s 50 millones a hospitales de California. Aún así, todo parece indicar, aunque no hay manera de saberlo, que Gates ha desembolsado mucho más dinero que su competidor.

Por su parte –y mucho de esto se le debe a la tendencia de que cada empresa multinacional tenga un área de responsabilidad social–, las grandes tecnológicas del mundo tienen un sector dedicado a dar parte de lo que obtienen. Desde IBM hasta Google y Facebook, todas tienen áreas dedicadas a ese tema, e incluso personajes como Mark Zuckerberg han donado una porción de lo que obtienen a caridad (aunque fue criticado por hacerlo días antes de que se estrenara la película La red social, que no lo deja bien parado).

Pese a esto, Bill Gates lidera a la industria si de donaciones se trata. Pero vale recordar que él fue visto –y aún lo es, ya que una cosa no quita la otra–, como el líder de una empresa cuasi monopólica en mercados como el de los sistemas operativos, donde tuvo una pelea personal con Jobs por copiarse mutuamente.

Siguiendo la línea de pensamiento de Singer, es necesario dejar ese análisis en manos expertas (las áreas de defensa de la competencia, en este caso) y enfocarse en que el dinero generado por estos magnates no se quede en los bancos sino que impacte en aquellos a los que un dólar le cambia la vida. Para eso, la industria tecnológica necesita, cuanto menos, un update a una nueva versión menos aislada del mundo que la rodea... Y la hace multimillonaria.

*Editor jefe de apertura.com, infotechnology.com y clase.me



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