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Bilardo: "A nivel narcotráfico, hoy la Argentina se parece a Colombia en el ‘75"

Sin anestesia. El técnico campeón de México ‘86 sigue de cerca a la Selección argentina desde su cargo en la AFA. Fiel a su estilo, opina de todo: política, economía, inseguridad y Educación. Por qué votaría a Scioli como presidente.

Por Andrea del Rio e Ignacio Federico 27 de Febrero 2014




Lo que sabemos: Carlos Salvador Bilardo vistió las camisetas de los clubes San Lorenzo, Deportivo Español y Estudiantes de La Plata, equipo con el que ganó el Torneo Metropolitano (1967) y tres veces consecutivas la Copa Libertadores (1968, 1969 y 1970), además de la Intercontinental ante Manchester United (1969). Como técnico de la Selección argentina fue campeón en el Mundial de México 1986 y subcampeón en Italia 1990. También dirigió a Estudiantes de La Plata, San Lorenzo, Boca, Deportivo Cali (con el que fue subcampeón de la Libertadores en 1978), Sevilla y las selecciones de Colombia y Libia. Es médico egresado de la Universidad de Buenos Aires, periodista deportivo y miembro de la Comisión de Fútbol de la FIFA. Actualmente, ejerce como coordinador de Selecciones Nacionales de Fútbol de la Argentina. Desde hace 18 años conduce La hora de Bilardo, por radio La Red.

Lo que esperamos: Carlos Salvador Bilardo y su honestidad brutal, polémica, atrapante. Compartimos una charla sin filtro, ni respiro, en una heladería ubicada frente a su departamento de toda la vida, en Caballito.

Bilardo UNO copiaLo que no vimos venir: Que el lugar del encuentro con el hombre que construyó su carrera en base al lema de “ganar, ganar y ganar” se llame nada menos que... El podio.

¿Ya vio los diarios de hoy? ¡Qué lío se armó con Fútbol para Todos!
Siempre va a haber problemas. Vaya quién vaya, alguien va a decir: “Vino por esto”. Siempre, en el fútbol, vos querés dar un paso más y hacia arriba: querés ser presidente de la FIFA. Y todo lo que se hace es para llegar a lo máximo, como en toda actividad. Entonces, entrás al fútbol en la B, C, J, lo que quieras, pero el objetivo es llegar a presidente de la FIFA...

¿Quiere ser presidente de la FIFA?
No, primero presidente de la AFA.

¿Quiere ser presidente de AFA, entonces?
No, no, no. No me gusta.

¿Quién sería el sucesor natural de Grondona?
No tiene. ¿Sabés lo que es Julio en la FIFA? Él firma los cheques (NdR: Es vicepresidente senior de esa federación). Cada dos meses, va y firma los cheques. Es decir, está en la parte contable... ¿Sabés lo que es que te den eso?

¿Y qué va a pasar cuando Grondona se canse y se retire?
No se cansa. No se va a retirar.

Bueno, tampoco es eterno...
La Argentina no tiene quién lo pueda suplantar.

Se hablaba de Marcelo Tinelli...
No, en la Argentina no se lo puede suplantar.

Pero la AFA no va a quedar acéfala...
No, tiene que poner a uno. Habrá elecciones, no sé quién se va a presentar, va a ganar uno y después va a tener que hacer la misma carrera que Julio: va a tener que ganar campeonatos mundiales, va a tener que hacer durante cinco, 10, más de 20 años, buena letra en la FIFA. Yo estoy hace 20 y me dan hasta ahí, me dejan pisar hasta acá. Al principio, no te confían. Pero Julio lleva muchos muchos años ahí, vio pasar a muchos presidentes. Lo sabía Havelange (NdR: João, presidente entre 1974 y 1998), lo sabe Blatter (NdR: Joseph, presidente desde 1998), lo saben todos. Es difícil entrar en la FIFA, tenés que estar muchos años hasta que te den calce.

Usted puede aspirar a hacer carrera en la FIFA: fue campeón, lleva más de 20 años ahí, está en una comisión estratégica.
No, no me gusta. Tenés que tener mucha consecuencia y te tiene que gustar. Y a mí no me gusta esa parte del fútbol.

¡Qué raro! Siendo tan ambicioso...
Es que a mí ser dirigente no me gusta.

¿Y volvería a ser técnico?
No, tampoco, ya está.

Leyendo otras secciones de los diarios, ¿cómo ve la economía del país?
Con la economía, nadie sabe qué va a pasar. El Gobierno no tiene ni idea.

El año pasado dijo, en su programa de radio, que se volvería a postular para presidente, como en 2003. ¿Lo dijo en serio?
Mirá, en aquel momento estábamos bien, teníamos buenos apoyos: Italia, España, que eran fuertes, a mí Berlusconi me apoyaba. También Colombia y Uruguay. Acá también teníamos buena gente en el Partido Unidad Nacional (UNO), como el dueño del Sanatorio Otamendi, también industriales... Un día me fui para Tribunales: cada vez que iba presentaba una carpeta así de alta. Llegamos a tener 4 mil firmas. Y un día me llamaron y me dijeron: “Mire, Bilardo, tenemos que comunicarle que se perdió su expediente”. Y bueno, me paré, les dije unas cosas, y me fui. Ahora me mandaron una nota para avisarme que me quedaban 800 firmas y me las iban a quemar. Les dije que no, que esperen un poco.

¿Porque quiere volver a juntar apoyos para lanzarse a la política?
No, pero que esperen. Es que en ese tiempo teníamos buen apoyo. Y dinero, que es importante.

Sin dinero no se puede hacer política...
No, no podés... Me da pena porque en ese momento el país estaba bien y nosotros también. Teníamos buenos apoyos, firmas que eran auténticas, no de directorio telefónico. 

“El 16 de enero de 2001 lancé mi candidatura a presidente por el Partido Unidad Nacional UNO, que había formado junto a un grupo muy selecto de abogados, profesionales y empresarios. Me acompañaba como vicepresidente Denis Pitté Fletcher, un prestigioso jurista. Queríamos hacer algo por un país que nos había dado todo. Sentíamos que la Argentina llevaba varios años en caída, con una fuerte pérdida de los valores morales, que es lo peor que le puede pasar a una nación. Los niveles de corrupción eran alarmantes. Yo creo firmemente en los premios y los castigos. Y que la corrupción se evita con la cárcel. ¡Chau! Doctor y campeón. Autobiografía de Carlos Salvador Bilardo (Editorial Planeta)

¿Esa experiencia fallida con la política le sirve para su cargo actual en AFA?
No, en la AFA es distinto. Vos en el fútbol tenés que saber por dónde viene la mano porque hay muchos, muchos intereses. Entonces, por ejemplo, tenés que saber cómo es cada uno de los jefes de los periodistas deportivos, porque el resto de los muchachos capaz opinan un poquito, pero el que pega fuerte es el jefe, siempre. Y después, tenés que saber para dónde va el diario. Yo a un presidente le dije: “Te voltea Clarín”. “No, Carlos, estás loco”. Le dije: “Te voltea”. Y lo volteó.

¿Hablamos de un presidente de un club o...?
No, de la Nación. Y lo volteó.

Está hablando de Alfonsín.
Siempre supe que alcanza con leer tres palabritas en los diarios y ya sabés a quién van a matar. Yo lo entendí porque en el ‘84, ni bien asumí en la Selección, me querían echar... Me golpearon mucho. No teníamos ni un periodista a favor...

Se acerca el Mundial, ¿no le da nostalgia?
No, porque fueron 8 años en la Selección... Una vez escuché una canción buenísima de Julio Iglesias, que me hizo llorar: Me olvidé de vivir. Eso. Me puse a llorar porque me olvidé de vivir durante 8 años por ser el técnico de la Selección. Las presiones, los viajes: un día el equipo tiene que estar en España, al otro día en Japón, después en Italia. Tenés que estar donde están los jugadores.

Hoy, quizás, sería más fácil gracias a la tecnología. Ya no sería necesario hacer lo que hizo después del sorteo del ‘90, cuando se fue a África a grabar unos videos y se los llevó después a Maradona en Italia.
Mirá, los videos... Primero que todo, te lo digo y me importa un pito: hoy no saben grabar los partidos. El ‘Negro’ Ávila (NdR: Carlos, empresario fundador de Torneos y Competencias) me había pedido que le diera unas charlas a los muchachos que transmitían, los técnicos, porque les faltaba un montón. Hoy están bien, ahí. Pero también les falta mucho a los que relatan.

¿Quién le gusta como relator?
Hay muchos. Víctor Hugo es uno de los que más saben. Mariano Closs también relata bien.

¿Estaba bien el recambio que se había planteado para FPT o le parece mejor que siga la vieja guardia?
No, porque hay gente que sabe. Marcelo Araujo sabe mucho, estudió. Y también sabe cómo armar la transmisión, la parte más de dirección. Y los muchachos de TyC son los mejores, lejos, para la producción de las transmisiones. Me tocó trabajar con ellos en dos o tres mundiales, y te digo que son los mejores para producir.

Como DT campeón y subcampeón, ¿qué le parece la actual Selección?
Están bien. Ahora, después, depende de cómo lleguen los jugadores. En el ‘86, jugamos como quisimos. En el ‘90, jugamos como pudimos: a Valdano no lo pude poner en la lista, a Verón tampoco, después se me lesionó Maradona y eso me fue matando. Ahora están bien, pero todo depende de cómo lleguen físicamente 10 días antes del Mundial.

¿Pero el equipo está mejor que en los dos mundiales previos?
Estamos bien. También Alemania y Brasil están bien. Estuve hace poco allá y ya están tooooodo el día hablando de fútbol. Es que tienen el fracaso del Maracaná, que no se lo olvidan más. Va a ser difícil jugar en Brasil, porque el local grita como loco y eso es a favor, influye. En Japón y en Sudáfrica sí, bueno, alentaban. Pero en estos países futboleros, es una locura.

¿Se anima a dar su formación ideal para la Selección de cara a Brasil 2014?
No, hay que esperar un poquito.

¿Carlos Tévez debería estar?
Eso lo decide Sabella, para eso es el técnico. Siempre va a haber dos o tres jugadores que la gente puede querer y el técnico, no. Mala suerte. Es la parte más difícil del trabajo. Pero los muchachos saben que uno por ahí tiene 30 jugadores en vista pero después tiene que elegir. Lo importante es encararlos. Yo siempre me sentaba y les decía que los dejaba afuera por esto, esto y esto. Pero el director no está para dar la lista y nada más. Eso es lo más duro: decidir solo.

En mis tiempos de estudiante, el jefe de cardiología del Hospital Alvear nos asignaba a cada practicante un paciente para que lo examináramos e hiciéramos un diagnóstico. Una mañana, cuando me tocó a mí, ausculté al paciente y encontré todo normal: el pulso, la respiración, el corazón. Acto seguido, el médico jefe también lo revisó. Con cara de preocupación, me dijo: ‘Bilardo, no está todo normal. El paciente tiene un soplo’. Me pidió que repitiera la exploración. Cuando terminé, le señalé al profesor que tenía razón: ‘Aquí está, hay un soplo’. Entonces, con tono cordial pero severo, me replicó: ‘No, no es cierto. No hay nada en el corazón, está todo normal. Recuerde siempre que el enfermo es suyo. Puede hacer una consulta con otro colega, pero el que decide es usted. No confíe en nadie’. Esa enseñanza me sirvió para el fútbol .


¿Tanto pesan esos 8 años, en los que logró su máximo objetivo profesional, en los 75 que está por cumplir?
Es que no viví. No podía ni salir a la calle. Ya en la época de Estudiantes venía mal parido. Éramos mala palabra: ganábamos, pero no le convenía a nadie, ni a la gente, ni al periodismo, ni a la televisión. Por ejemplo, daban 5 pesos por transmitir a Estudiantes y 10 por transmitir a Boca. Y nosotros dale, dale, dale. Así tres años. Estaba todo mal.

¿La familia le pasa factura?
No, jamás. Pero pensá que nunca pude ir a un acto de la escuela de mi hija, nunca. Siempre me llevé bien con ella, pero nunca fui a una fiesta de fin de año, no podía ir. Antes de México no podía salir a la calle. Viví solo mucho tiempo: me fui a una casaquinta que tenía en Moreno. Acá, en mi departamento de Caballito de toda la vida, ni paraba. Después del ‘89 cambió. Pero con lo del ‘90 me volvieron a pegar. Ojo, no digo que no se puede opinar de fútbol, pero hay tipos que son sistemáticos y ¡pam, pam, pam!

Un profesional tan convencido de su método y sus metas, ¿no debería haber aprendido a blindarse frente a las críticas?
No podés. Hay un termómetro que es la peatonal Florida: vos caminás desde Diagonal hasta Lavalle y, si te putean dos o tres por cuadra, doblá en Corrientes porque estás en peligro. Ahora voy y es todo “hola, hola, hola”. Pero antes ni eso podía.

En su autobiografía, dice que Osvaldo Zubeldía fue tan importante como su papá en su vida. ¿Qué le enseñó?
En fútbol, todo. Hoy, voy a los congresos de técnicos y Osvaldo todavía es más que todos. Lo que sabía él, no lo han alcanzado.

¿En términos de fútbol pero también de liderazgo?
Bien, lo que vos decís. De llevar un equipo, de llevar a los jugadores, cómo entrenar.

¿Y él sabría cómo dirigir a los chicos hoy? Porque a Bianchi le cuesta, a Ramón también...
Los chicos de ahora son buenos. Es distinto, nomás. Nosotros tenemos a los juveniles en la Selección, pibes de 17 y 18 años que vienen en el micro que sale de AFA y capaz que un año después te caen a entrenar con autos que miden 8 metros de largo. Es así, uno tiene que acostumbrarse.

¿Hoy las camadas nuevas se bancarían ver horas y horas de videos de otros equipos como la generación que dirigió?
Sí, les gusta. Les tenés que insistir, pero aprenden. Es uno el que tiene que entender que cambió todo. Lo de los videos lo aprendí en Colombia. Había un tipo que era un fenómeno: grababa las películas que pasaban en la televisión y las vendía, grababa y vendía, tenía un montón. Y ahí fue cuando compré una camarita y empecé a filmar, filmar, filmar. Todavía debo tener unos 10 mil videos, me parece. Me ocupan toda una oficina en la fábrica de muebles de mi hermano. Es una lástima, están ahí... Los quise pasar a digital. Se los di a un señor para que me hiciera el trabajo hasta que un día fui a una charla de fútbol y vi un video que era mío. Y después con otro tipo me pasó lo mismo, así que ahí paré. Y me cobraban, eh, pero hacían una copia para ellos y otra para mí. Entonces, tengo los VHS ahí guardados, porque no tengo tiempo para sentarme al lado del tipo a controlarlo. Tengo desde la final de Benfica-Manchester en el ‘67, en la Eurocopa: de ahí para acá, están todos. Lo que pasa es que no aguanto más verlos, están todos sucios, duros. Para limpiar eso, me vuelvo loco. En casa tengo pocos, los que uso para dar charlas.

¿Son charlas sobre liderazgo?
Sí, eso, igual. A veces me llaman para charlar con directores, a veces con empleados, a veces con directores y empleados. Y les hablo de cómo se forman los equipos exitosos.

¿Cuál es su consejo principal?
El que quiere tener éxito, tiene que vivir de eso y nada más. No tiene vacaciones, no tiene nada. Para mí, las vacaciones no existen. Eso es algo para cuando te estás por morir: listo, ahí te tomás vacaciones. Pero a los 20, 30, 40 años... ¿Qué vacaciones querés? Tenés que vivir para el éxito.

¿Qué tienen en común el fútbol y el mundo de los negocios?
Cuando me llaman de las empresas, les pregunto adónde quieren llegar. Si me dicen que arriba, bueno, entonces hay que armar un buen equipo. ¿Y qué es un buen equipo? Gente que no te venga con que la señora se quiere ir de vacaciones, con que no quieren trabajar un domingo. Además, un equipo tiene que tener personalidad. Y tiene que haber disciplina para que, lo que dice el jefe, salga. La forma en que se trabaja cambió mucho. Yo me agarro la cabeza: ahora son las 6 de la tarde y muchos tipos ¡pum! se van a la casa. Yo creo que hay que dedicarse.

Un don debe ser desarrollado con trabajo, disciplina, compañerismo, humildad, interés por enseñar y aprender, defensa del bien común. Tener la conciencia de que una persona es apenas uno de los engranajes de una maquinaria mucho más importante llamada equipo, con una cabeza que debe preocuparse por cuidar todos los detalles para alcanzar un único objetivo: ganar. Al resultado se llega con trabajo, trabajo y más trabajo.

¿Aún a costa de llegar a la conclusión de que se olvidó de vivir?
Y sí, tenés que elegir. Yo ni se hace cuánto que no me voy de vacaciones. No me importa, pero la que sufre es mi señora. La mujer de uno vale mucho, muchísimo, para poder hacer todo esto. Uno se da cuenta con el tiempo...

El bilardismo es sinónimo de gestión orientada a los resultados. ¿Sigue pensando que sólo sirve ser el número uno?
Sí, lo único que importa es el resultado. Pero, bueno, ahora la gente quiere otras cosas. Pensar que nuestros abuelos trabajaron toda su vida...

¿Cuándo se torció el rumbo?
Y, hace unos 20 años, me parece. Ahí empezó a cambiar todo. Es cuestión de educación.

bilardo FOTO DOS¿Qué otros temas del país le preocupan?
La educación es fundamental. Nada más. Con eso ya está. Progresamos una barbaridad en muchas cosas. Pero lo que nos falta hoy es trabajar más.

¿Entonces falta cultura del trabajo?
Falla que los pibes no están educados para trabajar ni para hacer un sacrificio. Pero hasta la gente grande está en la misma: en junio ya piensan adónde se van a ir a veranear. Toda la vida dije que hay que trabajar desde pibe. ¿Sabés qué peligroso es que un pibe, con 17 o 20 años, esté sin nada que hacer?

¿Qué opina de los subsidios para la juventud anunciados recientemente por la Presidenta?
Los pibes tienen que trabajar, no cobrar subsidios. Mi padre me ayudó mucho para que estudiara, pero a costa de trabajar de lunes a sábado hasta las 6 de la tarde: el domingo iba a ver a San Lorenzo y el lunes otra vez a laburar. De una barra de 50 amigos, fui el único que pudo ir a la universidad.

Y además de la educación, ¿qué más le preocupa? ¿La inflación, por ejemplo?
Mirá, a la inflación ya la viví tantas veces... Igual, con la economía no me llevo. No entiendo nada y me fue siempre mal.

¿Cómo ve a este gobierno desde el punto de vista de los resultados?
Y, hay gente que sí, y gente que no. Como en todo, hay gente que trabaja y otros que se fueron solos. Es muy difícil: vos lo ponés en un cargo y de repente el tipo tiene que manejar muchas cosas. Yo, por ejemplo, estuve en Deportes, en la provincia (NdR: Fue secretario del área en 2007). ¡Y me peleé con todos! Había gente que venía varias veces y me quería convencer de que lo que valía 20, lo pusiéramos por 30. Todo eso te hace estar peleándote siempre con alguno.

¿O sea que la corrupción lo alejó de la política?
No, no, no. Fue porque me llamaron de AFA. Con Scioli hubiera seguido.

El gobernador le dejó la puerta abierta...
Sí, la verdad que trabajábamos bien.

¿Lo votaría si se postula para presidente?
Sí, sí, sí.

¿Y lo acompañaría en la gestión?
No, trabajar en política no. Ya estuve un año, basta.

¿Se fue desencantado?
No, pero entendí que si en política querés hacer las cosas bien, te tenés que pelear con medio país.

¿Cómo está su relación con Maradona?
No nos hablamos. Con Claudia, sí. Pero con Diego hace como un año que no hablamos.

¿La ruptura es definitiva?
Siempre lo entendí a Maradona. Siempre, siempre, siempre. Hasta que un día me cansé.

¿Qué significa Maradona en su carrera?
Y, fue muy importante. Pensá que nadie lo quería. Dante Panzeri me dijo que un buen periodista es el que tiene un buen archivo. ¡Ahí empecé a guardar todo! (risas). Todavía tengo todo, pero está apolillado, amarillo. A veces me fijo lo que decían los diarios en esa época de Diego: había mucha gente que no lo quería, pero yo lo sostenía. Después del segundo partido de México, empezaron a cambiar de opinión. Ahí decidimos que, con ciertos periodistas que nos pegaban, no hablábamos más. Entonces, algunos diarios mandaron de vuelta a sus muchachos y pusieron a otros a seguirnos en México.

¿Cree que Maradona también reconoce la importancia de Bilardo en su carrera?
No sé, no tengo idea. Con Diego nos agarramos como 6 u 8 veces fuerte, fuerte, fuerte.

BILARDO TRES copia¿Messi y Diego son comparables?
No se pueden comparar. Han cambiado los tiempos y los jugadores también. Pelé fue el mejor en su momento. Diego fue el mejor en su época. Y Messi es el mejor de ahora.

¿Y el mejor de la historia quién es?
Es imposible decirlo.

¿Le gusta el planteo táctico de la Selección?
La Argentina juega parejo, y eso que hay muchos cambios, muchos chicos que se van. Vos hoy hacés un equipo y se te van dos muchachos a cada rato. Es un problema... En la época nuestra no se iba nadie: cuando yo jugaba en Estudiantes, ganábamos más que los del Milan, los del Barcelona, los del Real Madrid. Nadie se iba. Después, empezaron a irse de a uno. Y ahora se van en banda.

¿Cómo ve al fútbol argentino?
Lo veo bien por la cantidad de chicos que saca. Ahora, si tanto talento se te va, pasa otra cosa. En la época nuestra, la televisión pagaba fortunas e iba mitad y mitad con el club, por eso ganábamos bien. Después fue cambiando. Y ahora ya está. Además, había apenas dos canales que transmitían, el 9 de Romay y el 7. Y después llegó gente que se fue avivando con el tema del cable, empezaron a comprar derechos de partidos del exterior y se quedaron con todo. Hay que aplaudirlos: se avivaron primero.

¿Le parece que, en su momento, FPT fue un mero cambio de manos?
Se los dije 20 veces a los periodistas que transmiten en televisión: hagan reuniones, aunque estén enojados entre ustedes, y escuchen a los técnicos de fútbol para saber cómo les gustaría ver los partidos. Porque, al final, ¿quién digita la transmisión? Un director del canal. ¿Y qué sabe ese tipo de fútbol?.

¿Le molestó que con FPT se politizaran las transmisiones de los partidos?
No, a mí me importa un pito eso. El que pone la plata, que haga lo que quiera. El asunto es ver el partido. Ahora, después, como siempre: hay gente que defiende a unos periodistas, y gente que defiende a otros. Es normal.

Siempre rescata que, cuando era muy resistido por cierta prensa, quienes lo apoyaron fueron Víctor Hugo Morales, Adrián Paenza, Marcelo Araujo. Hoy, ellos están muy identificados con el gobierno K. ¿Qué le pasa con eso?
Nada, porque yo al Gobierno, a ningún gobierno, nunca le pedí nada. Ni un caramelo.

¿Y ellos a usted?
Y... yo fui (risas). Cuando asumió Carlos Menem, me llamó. Cuando asumió el doctor Kirchner, fui a la Casa de Gobierno y salí en la tapa del diario con él y la señora. Y después de eso, nada más que un “hola, hola”, “chau, chau”.

¿Fue una visita protocolar o le ofrecieron sumarse al proyecto?
No, hablamos de fútbol. Uno va porque piensa que le puede ir bien al país. Qué se yo, Menem vino con nosotros al Mundial de Italia... Con eso no tengo problema: apoyo al que me parece que hace las cosas bien. Después, ¿qué querés que le haga? Porque un gobierno no es uno solo. Ese día, en la foto salimos Cristina, el doctor y yo, los tres: pero a todos los que estaban con ellos, no los conocía.

Volviendo al Mundial, ¿cómo cree que le irá a la Argentina?
Tenemos muchas posibilidades. El único que está ahí, es Brasil. Es un país al que es difícil ganarle, más siendo local.

Estuvo a cargo de elegir las instalaciones del Atlético Mineiro, en Belo Horizonte, como búnker de la Selección. ¿Está todo a punto?
Y, creo que llegan. Qué se yo. Vas ahora y te parece imposible que lleguen a terminar tanta obra, tanta autopista, tanto estadio. Pero bueno, a todos los países les ha pasado algo parecido: parece que no, pero siempre llegan. El problema general creo que va a ser el traslado, por la cantidad de tránsito. Estoy yendo una vez o dos por mes, para ver cómo viene la mano en el lugar donde vamos a concentrar: el transporte, la cocina, todo.

¿Vive con la misma expectativa Brasil que otros mundiales?
Igual. Soy como esas figuras que hace 60 años hacen televisión y, cada vez que terminan el programa, se obsesionan con el resultado del ráting. Cuando uno vivió fútbol, el fútbol no se le va de la cabeza. Es de lo que vivís, no económicamente, eh.

Empezó en San Lorenzo, ¿qué lugar ocupa hoy el club en su corazón?
Importante, porque mi mamá me llevaba cuando tenía 5 años a practicar dos veces por semana. Y después mi padre me llevaba a la cancha a ver los partidos con su barra de amigos. Estuve ahí de los 5 a los 20 años, soy socio, incluso.

¿Festejó el campeonato del año pasado?
No fue una alegría ¡uh, uh, uh! A mí me gusta que gane Estudiantes.

¿Y qué significa Boca en su trayectoria?
El club me ayudó mucho. La hinchada me ayudó mucho: si me puteaban los diarios, ellos me aplaudían más fuerte. Sin conocerme, me ayudaron mucho. Es más: salí testigo de ‘El Abuelo’ (NdR: José Barrita) y otros barras más cuando lo necesitaron...

¿Por qué es de los pocos que reconoce cierto trato con los barrabravas?
Es que me llamó el juez y le dije la verdad. “¿Lo conoce?”. “¡¿Y cómo no lo voy a conocer, si somos 10 en el club?!”. El resto pasaban por el juicio y decían que no lo conocían. Fui sincero: “Lo conozco a él, lo conozco al papá, la conozco a la mamá, tienen negocio en Ramos Mejía. ¿Cuál es el problema, juez? Si ustedes no arreglan el tema, ¿quieren que lo arregle yo?”.

¿Le gustaría ser presidente de Estudiantes?
No, no. Mirá, el otro día vinieron unas pibas que están con el tema del fútbol femenino, y me contaron que les faltan camisetas, pelotas, viáticos. Hablé con los muchachos del club para que pongan unos pesitos. Ayudo así.

Soy como esas figuras que hace 60 años hacen televisión y, cada vez que terminan el programa, se obsesionan con el resultado del ráting.

¿Cómo quedó la relación con Macri?
Está bien.

¿Siguen en contacto?
No. Pero está todo bien. Lo veo y “hola, qué tal”.

¿Lo votaría para presidente en 2015?
No, ni me puse a pensar en eso todavía. Igual, con Mauricio... Depende qué cosa. Con Daniel me entendía mejor. Igual, con Macri en ese momento era sólo fútbol. Y con Scioli ya había otra jerarquía, era política. Pero los dos me trataron bien siempre. El problema es cuando los mangueás: ahí quedás pegado. Pero como no le pedí nada nunca a nadie, no tengo ningún problema. Duermo tranquilo y puedo opinar.

¿Es cierto que ya no tiene las medallas de México e Italia?
Sí, la primera la tiré a la miércoles porque en la final nos hicieron dos goles de córner. Estoy arrepentido: cada vez que lo veo a Blatter, le quiero pedir una (risas). Y la de subcampeón, ni idea ni me interesa. No soy de juntar recuerdos: mirá que hemos cambiado camisetas, pero se las regalé al utilero.

Cuando lanzó su plataforma presidencial, dijo que lo primero era garantizar una justicia independiente. Si se postulara para 2015, ¿iría con la misma idea? ¿Le preocupa la inseguridad?
Ni salgo a la calle. A la noche, voy a la radio en taxi. Acá en el barrio todos los días pasan cosas. Cuando salgo de la radio, no tomo el taxi que está en la puerta. Ya van tres veces que me subo y saben dónde vivo. Está muy jodido. Antes iba con el coche, lo estacionaba en la puerta. Lo que estoy viviendo acá, lo viví en Colombia en el ‘75.

¿Vincula la inseguridad al narcotráfico?
Acá somos unos salames. No tenemos idea lo que es el narcotráfico. Ni las autoridades saben o tienen idea lo que es el narcotráfico. A mí me tocó vivir una época difícil mientras trabajé en Colombia, del ‘75 al ‘82, más o menos (NdR: Además de Deportivo Cali, dirigió a la Selección colombiana para su clasificación a España ‘82). Acá ahora se están dando cuenta de lo que pasa y cómo se parece el país a Colombia por el programa ese de televisión (NdR: La miniserie El patrón del mal, sobre Pablo Escobar Gaviria, creador del cartel de Medellín).

¿Es cierto que estuvo a punto de reunirse con los jefes del cartel de Cali y de Medellín?
Sí, pero no pude.

¿Y cómo se le cruzó por la cabeza?
No se me cruzó: me llamaron. Pero bueno, nunca lo quise contar bien porque no quiero líos.

¿Sintió temor alguna vez?
No, a mí me respetaban. Igual, me tantearon. Miguel (NdR: Rodríguez Orejuela, líder del cartel de Cali) me quiso regalar 10 mil hectáreas en los llanos orientales. “¡Pero no, Miguel! ¿Qué hago yo con eso, cómo voy?”. Y me dijo: “Entonces, le regalamos también el avión al doctor”. “¡Pero si usted sabe que yo no voy a ningún lado, Miguel!”.

¿Y por qué dice que en la Argentina no tenemos idea de lo que es el narcotráfico?
Porque esos tipos venían acá, en esa época, cada dos meses. Y no se daba cuenta nadie. ¡Qué pedazo de salames! No aprovechamos la oportunidad, teniendo a los capos acá. Ellos a España no podían ir, a Italia no podían ir, a Estados Unidos menos. Y entonces, cada dos meses, se venían para acá: si hubiéramos cuidado a esos jefes, hoy acá no pasaría nada con la droga. Pero a esos tipos los corrieron, se metió Estados Unidos, fueron todos en cana y ahora hay mil jefes de segunda, tercera, cuarta y quinta.

¿Está diciendo que la Argentina tendría que haber protegido a los capos colombianos de la droga en los ‘80, Bilardo?
¡Claro, quedate con ellos y manejalos! Hablales para que acá no vendan. Ahora son miles, y ya no se puede acordar nada. En cambio, cuando eran apenas dos y no podían entrar a ningún lado... Tuvimos una oportunidad y nos manejamos mal por no saber. Acá venían porque les gustaban las chicas. Se quedaban en los mejores hoteles en el centro, año ‘75. Hablé con algunos gerentes, medio preocupado, y me decían: “Carlos, estos tipos gastan 5 mil, 10 mil pesos sólo en teléfono. Dejémoslos tranquilos”. En el fútbol conocés de todo. Si hasta me llamaba por teléfono Silvio Berlusconi (NdR: Presidente del AC Milan desde 1985) para saber qué jugadores podía comprar. Esa es otra de las cosas que me da orgullo: a mí me tocó recomendar más de 100 jugadores, y todos saben que nunca toqué una moneda.

¿Cómo está hoy el tema de las transferencias de jugadores?
Mirá, el otro día estaba en una reunión en la FIFA, con Blatter y otros 15 de la comisión, porque están viendo de que haya un empresario por club nada más. Y la verdad que tomé la palabra y dije: “Me arrepiento de haber estudiado Medicina, de haber jugado al fútbol, de haber dirigido. Tendría que haber sido empresario”. Se reían. Pero es así. Porque si los empresarios tienen 5 jugadores acá, 5 allá y 5 en otro lado, empiezan los arreglos y, con el tiempo, te manejan el fútbol. Igual, no haberme metido en la compra-venta de jugadores me ayudó a no perder autoridad.

¿Y cómo maneja su economía personal? Se sabe que es muy austero...
Soy un desastre. Siempre. Ahora tengo un coche bueno, bah, lindo, que me eligió mi hija. Me dijo: “Dale, papá, que es el último que te vas a comprar”. ¡Me quiere matar! (risas).

No es pilchero, no se va de vacaciones, no colecciona relojes. ¿En qué invierte su dinero?
Siempre que invertí, me fue mal. Ya a los veintipico, cuando era jugador de Estudiantes, fui a Misiones y me agarró el ataque de forestar: compré hectáreas y puse plata, plata, plata. Pero cada vez que iba notaba que, de 100 árboles que había pagado, había 80. Viajaba en un Valiant 3, eran como 14 horas, para controlar. Y siempre me encontraba con ese disgusto. Así que chau. Después, me metí en la construcción en Mar del Plata... Uy, ¿sabés quién me saludó en el aeropuerto el otro día? Moreno. Yo no lo reconocí. Me dijo: “¿Te acordás las patadas que me pegabas en la playa?”.

¿Guillermo Moreno, el exsecretario de Comercio Interior?
Sí, ese. Resulta que él también paraba en el balneario 5, donde estábamos el ‘Indio’ Solari, Griguol... Te hablo de la época de Estudiantes. Yo ni me acordaba de él... Ahí enfrente empecé a comprar, construir dos dúplex y quedarme con uno. Un día, alguien me dijo: “Mire, Carlos, que lo están afanando. Usted paga 30 bolsas del cemento y del camión le bajan 20”. Igual, me fue muy bien. Era como robar la plata: vendía un dúplex y me quedaba el otro de ganancia. Un día estaba en la playa y me dicen: “Vení, Carlos, que te quieren comprar la casa por u$s 70 mil”. Y yo dije: “No, dejá, que mañana le saco u$s 100 mil”. Y al otro día... ¡pum, se cayó todo y con suerte me daban u$s 30 mil! Mirá lo que es la vida... Ahí me cansé. Y me dio el ataque de edificar acá, en Buenos Aires. Hasta que el dólar, como siempre en este país, ¡a la miércoles, me volvió a agarrar!

¿Y ahora cómo se lleva con el dólar?
No sé, no entiendo nada. No saben ni ellos lo que van a hacer. Ya no invierto más. La que sigue construyendo es mi hija, Daniela. Ella estudió Abogacía, pero la hice largar.

¿Cómo que la hizo dejar su profesión?
Es que hacía Penal, y eso es muy difícil para una mujer. Encima, le tocó justo el caso del ‘Gordo’ Valor (NdR: Luis, líder de una superbanda de ladrones de bancos y camiones blindados). Y estaba ‘La Garza’ Sosa, que paraba ahí en Quilmes. Un día lo fui a buscar porque había ido a apretarla al estudio, en Morón. Fui y le dije: “Ojo”. Nada más.

¿Cómo se lleva hoy con su hija?
Bien, muy bien. Tengo dos nietos, además: una nena de 12 y el varón de 5. Estoy contento porque ahora le dio el ataque de la pelota. Yo lo veía siempre con cochecitos, muñequitos... Y ahora está todo el día hablando de la pelota y las camisetas.

¿Y a los actos escolares de los nietos va?
Sí, en diciembre fui por primera vez. Nunca había ido a una fiesta de fin de año. No quería que supieran que era mi nieta. Pero me convencieron y fui, porque la piba se recibía del primario. Y me puse a llorar.

¿Ya está en paz?
Sí. Mi único enemigo es Clarín.

(En 1984) A los poquitos días de haber asumido, los periodistas de Clarín me citaron al diario para hacerme una entrevista. Yo accedí y, al llegar al lugar, solo, descubrí que me esperaban como 10 redactores y jefes de sección alrededor de la mesa larga. Me abarajaron de entrada: 'Queremos decirle, Bilardo, que no estamos de acuerdo con su sistema de juego ni sus métodos de trabajo'. 'Bueno', les contesté. Me paré y me fui. Desde entonces, mi relación con Clarín fue nula.

¿Cómo vivió la disputa por la Ley de Medios, que parecía apuntarle directamente al Grupo?
Con los temas comerciales nunca me metí, no entiendo. Pero, te confieso: si en aquel momento me hubieran dicho: ‘Hay que incendiar Clarín’... ¡Se los incendiaba! Así nomás. La sección deportiva, entendeme. Aunque en los chistes también me pegaban, ahora que me acuerdo.

¿Con César Menotti sigue enemistado?
Sí, no me hablé nunca más.

Son los dos únicos técnicos que nos sacaron campeones y no se hablan. ¿Por qué cree que los argentinos tendemos a esa polarización: Menotti o Bilardo, Vilas o Clerc, K o anti-K?
No se ni me interesa averiguarlo. Las cosas son así. Y no se cómo se arreglan.



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