Andy Cherniavsky, fotógrafa:
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Andy Cherniavsky, fotógrafa: "Ser madre es el trabajo que más me fascina"

Desde su lente retrató a personajes del rock nacional como Fito Páez, Charly García y el Indio Solari. Cómo combinó su rol de mamá con los flashes.

 

Por Jesica Mateu 15 de Octubre 2013




Esta es la historia de una madre y su hija. De dos mujeres que se aman, que se cuidan y que crecen a la par. Aunque, claro, sea la madre, la fotógrafa Andy Cherniavsky, la encargada de guiar a Liza, su hija adolescente, por un camino que a veces es sinuoso, otras cuesta arriba, pero mayormente sin tropiezos. Una ruta, que sin dudas, transitan mientras intercambian matices y colores de pensamiento, sensaciones y visiones de un mundo en común. En esta relación, que en diciembre cumplirá 19 años, hay una tercera mujer que también sabe acompañarlas. La madre de la madre. “Mi vieja es mi mano derecha. Hay muchísimas cosas que le agradecería: haber estado conmigo en todos mis emprendimientos y confiar en mí”, destaca.

Quizás sea por esos lazos estrechamente amorosos que cada año celebran el Día de la Madre juntas. El punto de encuentro suele ser la casa de la abuela, donde el sushi es el menú elegido, o el hogar de la propia Cherniavsky, donde se preparan suculentos asados. Es sólo un ejemplo del presente invalorable del trío de féminas.

Andy CLASEBackstage. “Pasaron las peores cosas que pueden sucederle a una primeriza: tuve calambres, vómitos y mucho sueño. ¡Porque Liza no durmió, desde que nació y hasta los 6 años!”, cuenta Andy. Foto: Archivo Clase Ejecutiva. 

Pero, ¿cómo comenzó el cuento? Quien hoy tiene “muchas ganas de hacer un libro de rock de los ‘80 para el año que viene” y quien, mientras tanto, forma parte de una muestra en Patio Bullrich -junto a Gabriel Rocca, Machado Cicala Morassut y Charlie Mainardi- en que se exponen imágenes conceptuales que interpretan la temporada con prendas de distintas marcas es también quien, a principios de los ‘90, organizaba desfiles mientras su vientre acunaba una nueva vida. “Trabajé hasta el último momento del embarazo. Lo recuerdo como si hubieran pasado apenas dos días”, revela Andy, quien retratara a músicos como Fito Páez, Charly García e Indio Solari, entre tantos referentes del rock nacional.

Por entonces no fue fácil soportar las contracciones que se sucedían, intensísimas, en plena labor. Tampoco fue sencillo, una vez que Liza nació, alejarse de ella para retomar la actividad. “Me tomé muy poco tiempo de descanso: al mes y medio volví a trabajar. Claro que, como estaba a sólo cuatro cuadras de casa, podía ir y venir. Pese a todo, siempre fui una madre culposa”, admite la fotógrafa que, actualmente, además de hacer campañas, participa del primer Encuentro Latino de la Moda en la Universidad de Palermo.

La culpa, a veces inevitable, no es el único sinsabor que marcó su maternidad de estreno. Cherniavsky asegura que le “pasaron las peores cosas que pueden sucederle a una primeriza: tuve calambres, vómitos y mucho sueño. ¡Porque Liza no durmió, desde que nació y hasta los 6 años!”. Pese a todo, no duda de que ser madre “es el mejor trabajo, el que más me fascina”, exclama, efusiva. Y revela que siente que “mi hija es mi evolución. Es mi versión corregida, aumentada y mejorada”.

Son muchos los momentos que comparten Cherniavsky y su hija. Además de viajar e ir de compras, cocinan juntas galletitas, tortas y masitas. Este presente que aprovechan al máximo hace pensar en un futuro en el que “continuemos siendo como somos. Nuestra relación va cambiando, siendo más natural y sólida. Me gustaría que a Liza le pasara conmigo lo mismo que a mí me pasa con mi vieja: que cuente conmigo y yo con ella”.

Mientras tanto, Liza se halla en plena adolescencia, en esa etapa tan particular en que las personas suelen forjar su personalidad y necesitan de cierta sana distancia de sus padres. En ese juego de construcción de identidad surgen conflictos y enfrentamientos. “A ella, como a cualquier otra adolescente, le hinchan cosas de su mamá”, ríe Cherniavsky. Y se explaya: “En un determinado momento, las madres parece que tenemos la culpa de todo. Pero es parte del desarrollo de los hijos. Yo era igual con mi vieja. De todos modos, nunca falta un ‘te amo’ entre nosotras que hace que todo valga la pena”. Asimismo, señala que su propia madre, “cuando quedé embarazada, me dijo: ‘Ahora vas a probar de tu propia medicina’. Y creo que sí, que no parás de tomarla nunca”.

En ese sentido, también reconoce que muchas de las cosas que solían ser motivo de queja en su juventud hoy son las mismas por las que protesta su hija. Por otra parte, sincera y divertida, señala que “siempre digo que, si bien fui adolescente en otra época, no me gustaría que Liza hiciese la mitad de las cosas que yo hice por entonces”.

Así, a pesar de asumirse como una madre cuida, está tranquila y orgullosa de que su hija sea “súper segura de sí misma. Sabe lo que quiere, va adelante con lo que le gusta, no pierde el tiempo y, de alguna manera, diseña su vida. Eso me parece alucinante”. A su vez, Cherniavsky asegura que lo que más le interesa transmitirle a Liza es que “confíe en ella misma, en sus sentimientos y en su manera de pensar. Y que el amor es lo más importante”. También admite que aprende “mucho de ella, que es, por ejemplo, más osada que yo”. La adolescente, por cierto, es inquieta y creativa: se interesa por el arte, la fotografía, el modelaje y hasta el canto. Pero son pasiones muy privadas de ella. Por si fuera poco, estudia inglés, dibujo y, en la universidad, Psicología. Es una persona que necesita estar aprendiendo todo el tiempo”.



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