Lugares de trabajo compartidos, la nueva tendencia
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Lugares de trabajo compartidos, la nueva tendencia

Dividir los costos de los espacios son una costumbre que crecen entre los emprendedores. Pero no sólo ellos se suben a la movida. 

Por María Gabriela Ensinck 13 de Diciembre 2013




Cuando no está de viaje por el país o en el exterior, Victoria Ferreyra (36), productora audiovisual y fundadora de la ONG Pinta Argentina, trabaja desde la estación de coworking Urban Station en Palermo. “Tuve una oficina y también probé trabajar desde casa, pero estar en un espacio compartido es mucho mejor, no sólo por el ahorro de costos sino porque el contacto con otras personas genera una sinergia y una onda creativa muy interesante”, afirma desde su puesto de trabajo –siempre el mismo– frente a una gran ventana. Victoria creó hace 6 años este proyecto, enfocado en la integración de personas (con y sin discapacidad) a través del arte. Lo hizo como un homenaje a su hermana menor, Beba, quien es dibujante con síndrome de Down, y desde hace tres años se dedica full time a él. “Mi actual trabajo es como un sueño que realizo todos los días –describe– y venir acá me inspira. Hay cosas que no podría hacer estando aislada”. 

Son las 11 de la mañana en esta estación palermitana de coworking que, literalmente, hierve de profesionales, creativos y emprendedores que conversan en grupo o trabajan individualmente desde sus laptops y teléfonos inteligentes. Un operador de bolsa compra y vende títulos desde su pantalla mientras bebe un café; una selectora de personal entrevista a un candidato; los productores de un grupo de rock revisan un contrato y hablan por skype, el equipo comercial de una empresa mantiene una reunión en un rincón con mullidos sillones.

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A pocos metros de ellos, Ernesto Tagwerker (31), ingeniero en Informática y emprendedor tecnológico, ajusta unas líneas de código de Ombushop, la plataforma de e-commerce para tiendas de indumentaria y diseño que creó hace dos años. “Me gusta este ambiente, me motiva mucho más que si me quedo en casa. Y, por otra parte, me ayuda a organizarme y a no quedarme trabajando hasta la madrugada”, confiesa. Para Ernesto, las estaciones de trabajo son “ideales para start-ups, ya que no requieren invertir en oficinas. Con algunos emprendedores nos cruzamos casi todos los días y salimos a comer o tomar algo, se forma un grupo de amigos más allá del trabajo”, dice. 

El trabajo del futuro
“Cada vez más, la gente quiere trabajar en forma autónoma y cerca de su casa. Y cada vez más personas se juntan para compartir espacios y recursos. Estas tendencias son la génesis del coworking”, apunta Paula Molinari, de la consultora en recursos humanos Whalecom. “Hoy ya no interesa tener una linda oficina como símbolo de estatus. Lo que importa es la calidad de vida, tener menos tiempo de traslados y armar redes de contactos”, define.

Al principio, esta modalidad se enfocó en la industria tecnológica, pero hoy “cualquiera que sólo necesite una conexión a internet y una computadora o dispositivo móvil puede beneficiarse de una situación de cotrabajo, ya se trate de alquilar una oficina completa, un puesto de trabajo o una mesa compartida”, afirma Víctor Feingold, director de Contract, compañía que se dedica a diseñar y construir oficinas. “El objetivo es ser parte de una comunidad de personas que trabajan juntas y comparten valores similares, aunque cada uno desarrolle su propia tarea”, describe. 

Tuve una oficina y también probé trabajar desde casa, pero estar en un espacio compartido es mucho mejor, no sólo por el ahorro de costos sino porque el contacto con otras personas genera una sinergia y una onda creativa muy interesante. Victoria Ferreyra (36), productora audiovisual y fundadora de la ONG Pinta Argentina


Fundada en 2009, Urban Station fue una de las primeras estaciones de trabajo en la Argentina. Hoy tiene cinco sucursales (tres en Buenos Aires, una en Mendoza y otra en Pilar), y franquicias en Colombia, México, Chile y Turquía. Según el sitio Coworkingargentina.info, hay más de 50 espacios en el país, incluyendo Formosa, Tucumán, La Plata, Mar del Plata y Rosario. Área Tres, también inaugurada en 2009, es otra de las pioneras locales de este movimiento. Sus fundadores, el emprendedor argentino-estadounidense Martín Frenkel y el creador de la tienda Manifesto, Sergio Cantarovici, explican que el nombre responde a “ese tercer lugar que reúne lo mejor de tu casa y tu oficina”. Con dos espacios de 500 metros cuadrados a la calle en Palermo, la firma está inaugurando un piso de 200 metros cuadrados, el Área Tres Labs, que albergará exclusivamente a start-ups techies. “Ofrecemos un ambiente agradable, buena conectividad y networking para que los emprendedores tengan serendipity (innovación a partir de dejar fluir las ideas)”, define Frenkel. A diferencia de otras estaciones, ésta funciona 24x7. “Hay gente que trabaja en equipos con diferentes husos horarios, y las ideas no siempre ocurren en una oficina del Microcentro entre las 9 y las 18”, justifica el entrepreneur.

Sebastián Uchitel (33), fundador del sitio de crowdfunding Idea.me y de la plataforma para organización de eventos Evendoo, es uno de los primeros usuarios del nuevo espacio-laboratorio. “El coworking es un formato ideal para crear e impulsar una empresa. Ya lo experimentamos con Idea.me y ahora venimos de estar incubados en el espacio Wayra (del Grupo Telefónica) durante 6 meses”, cuenta. Para Uchitel, “las ventajas pasan más por una cultura del compartir y hacer amigos, que por el ahorro de costos”.

Pero no sólo los emprendedores y profesionales independientes aprovechan las ventajas del coworking. Algunas empresas y marcas ya se sumaron a la tendencia. En Buenos Aires, Blackberry mantiene un centro de innovación en un espacio de trabajo compartido: “Está destinado tanto a desarrolladores de aplicaciones como a empleados de la empresa que quieren experimentar esta modalidad de trabajo y, así, estar en contacto sin necesidad de agendar reuniones”, detalla Bryan Tafel, Developer Evangelist de la compañía de móviles.

Seres gregarios
“Cada vez que nos juntamos, surgen un montón de ideas y proyectos. Si trabajamos juntos todos los días, podemos hacer un festival de la innovación”, asegura el mendocino Emiliano Fazio (38), co-fundador de N’Jambre, una incubadora de empresas sociales que creó junto a Federico Seineldín, en Rosario, y Paula Cardenau, en Buenos Aires. El espíritu de N’jambre es apoyar el surgimiento de organizaciones y empresas cuyo foco esté en la solución de problemas sociales y ambientales y no sólo en la rentabilidad. La primera de estas comunidades comenzó a funcionar en Mendoza, la segunda en Rosario, y próximamente desembarcará en el Distrito Tecnológico de Buenos Aires... Con una particularidad: compartirán el espacio con otras 8 organizaciones, una escuela de circo y un centro cultural. El lugar elegido para hacer coworking es el edificio de una exfábrica de goma y amianto en Parque Patricios, donde funciona el centro cultural Che.La (Centro Hipermediático Experimental Latinoamericano).

“Elegimos este espacio por su magia y amplitud, pero lo que más nos convoca es poder co-crear juntos nuevos proyectos”, dice Cardenau (43). Una decena de organizaciones y emprendedores ya confirmó su traslado a este espacio compartido. Es el caso de Matías Kenny (36), director de Ashoka Argentina, quien cambiará su oficina en el barrio de Retiro por una mesa larga, como la de los antiguos almuerzos familiares, en la que cada uno usará su computadora portátil. También lo hará Jorge Yoyo Riva (29), creador de SociaLab, una plataforma web para emprendimientos sociales y generadora de proyectos para gobiernos y empresas, junto a Malena Temerlín (28) y Fátima Ochoa. Y también será de la partida Virgina Pittaro (31), directora ejecutiva de Sistema B Argentina, una consultora que asesora y certifica a las empresas que quieren contribuir al bienestar de las personas y el planeta. Representantes de Plant for the Planet Argentina, Advertisers without Borders, Impact Economy, Mamagrande y Amagi son algunas otras organizaciones y empresas sociales que compartirán un ámbito donde no habrá, como en las oficinas convencionales, espacios de trabajo ni horarios asignados.

Porque todo lo que para un esquema laboral tradicional significa ser improductivo y perder el tiempo, como las charlas de pasillo, resultan disparadores de ideas y proyectos en la era del coworking.

Coworking en cifras
-62 % de los usuarios aseguran que la calidad de su trabajo mejoró al utilizar estos espacios
-64 % afirma que esta modalidad los ayuda a organizarse y terminar sus tareas a tiempo.
-50 % de los coworkers se definen como trabajadores móviles.
Fuente: Encuesta anual de la revista Deskmag



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