Martina Gusmán: “Parece que, si no sos K o anti-K, no sos nada”
Lifestyle

Martina Gusmán: “Parece que, si no sos K o anti-K, no sos nada”

La protagonista de Carancho y Elefante blanco, comprometida artísticamente con las problemáticas coyunturales, confiesa sentirse incómoda frente a una realidad política que define como “caótica y agobiante”. Jurado del Festival de Cannes 2011 junto a Robert De Niro y Uma Thurman, la actriz apuesta al cine como motor de cambio social.

Por Jesica Mateu 06 de Noviembre 2013




Joven, bella, talentosa. Martina Gusmán es, además de la productora ejecutiva de la compañía Matanza Cine, la actriz que supo destacarse en los roles protagónicos de Leonera, Carancho y Elefante Blanco, las películas del director Pablo Trapero quien es también su socio, pareja y padre de su hijo. Esta espléndida morocha alcanzó un lugar de prestigio en la industria del cine a partir de un trabajo que lleva años de consolidada construcción.

No por nada dejó huella en el Festival de Cine de Cannes en varias ediciones. Primero, como coproductora de La libertad, de Lisandra Alonso, junto a Trapero, cuando todavía eran meros colegas; luego, como productora de Géminis, de Agustina Carri, y El bonaerense, de Trapero; más tarde, ya como figura de la trilogía dirigida por su compañero sentimental; y, en 2011, nada menos que como miembro del jurado que premiaría a El árbol de la vida (de Terrence Malick, con Brad Pitt y Sean Penn) con la Palma de Oro.

En esa oportunidad, Gusmán compartió “dos semanas con personas increíbles con las que me había criado, mirando sus películas, y a las cuales admiraba, como los actores Robert De Niro, Uma Thurman y Jude Law y directores como el francés Olivier Assayas y el chino Johnny To. Fue un sueño encontrarme con ellos, como pares, para discutir sobre cine. Fue un momento de constante aprendizaje”, valora esa experiencia que, además de estimulante, significó un espaldarazo internacional.

Conocida en el mundillo del séptimo arte por llevar a cabo profundas investigaciones antes de encarnar un rol —suele armar un Power Point con la imagen del personaje y propone un vestuario acorde a su personalidad— es, también, especialmente reconocida por interpretar mujeres complejas, inmersas en realidades sociales difíciles. Sin embargo, como toda profesional con inquietudes, se atreve a otros desafíos.

Actualmente, por ejemplo, se la puede ver en Sólo para dos, la comedia romántica española con coproducción argentina y venezolana que se ríe de los absurdos del amor y que Gusmán protagoniza junto a Nicolás Cabré. “Me encantó romper con mi imagen, participar de un género y un formato diferentes. Animarme a esta experiencia fue hermoso”, concede. También se la puede ver en La casa de Bernarda Alba, el clásico de Federico García Lorca reversionado por el provocador director José María Muscari, en cartel en el Teatro Regina. Allí interpreta a Magdalena “uno de los personajes más desdibujados de la obra pero, al mismo tiempo, el que grita todas las verdades en la cara”.

—Luego de filmar películas de fuerte contenido social ¿permanece con cierto desgaste emocional?

—Leonera, Carancho y Elefante blanco fueron experiencias muy intensas. Pero siempre intento hacer catarsis dentro del mismo proceso, tal vez a partir de explayar en el personaje todo lo que me provoca la información que voy acumulando durante la investigación previa. La posibilidad de contar esas historias, de encarnar esos personajes, de que mucha gente conozca realidades que de otra forma quizás desconocería, es catártico. Siento que es el granito de arena que puedo aportar para que esa realidad se muestre. Y eso me gratifica, me calma, me modifica y me enriquece. No me quedo ni cargada ni agobiada.

—¿Puede el cine ser un motor de cambio social?

—A veces se logra. Nos pasó con Leonera: después de todo el revuelo que se armó, salió una ley que estaba súper cajoneada y que permite, a nivel nacional, la prisión domiciliaria para madres embarazadas una vez que un juez lo evalúa en función de la carátula por la que está procesada y de las condiciones sanitarias de su domicilio. Fue uno de los premios más grandes que tuvo para nosotros la película. Y a partir de Carancho, si bien no se llegó a promulgar, una senadora de Neuquén propuso la ley anticarancho que, principalmente, está orientada a que cualquier documento que firmes en los momentos posteriores a un accidente de tránsito, cuando uno aún estás en estado de shock, no tenga validez legal. De todos modos, creo que los grandes cambios sociales llegan en función de las reflexiones individuales. Hacer una peli que deje a la gente pensando y con algunas preguntas es un primer germen.

—¿Cómo vive el hecho de que la comunidad artística se vea de algún modo presionada a asumir públicamente su posicionamiento político?

—Cada uno es libre de lo que quiera hacer. En lo personal, no me gusta expresar mis pensamientos políticos, más en este momento tan polarizado porque no me considero ni K ni anti-K y parece que, si no sos K o anti-K, no sos nada. Lo que más me perturba de la situación tiene que ver con la rigidez y con la poca capacidad de diálogo, cuando precisamente el intercambio y las diferencias construyen. Hay cosas del Gobierno que me parecen buenas y otras que no. Pero pienso que está bueno ablandar la mirada... La rigidez que hay no está buena. Al mismo tiempo, creo que cada uno puede decir lo que quiera, más allá de si sea o no artista. Es respetable y es lo que posibilita una democracia. No me interesa hablar de política porque prefiero que hagan políticas los que saben hacerlo. Siempre intento e intentaré colaborar en todo lo que tenga que ver con los cambios sociales, independientemente del gobierno de turno. Pero a mí me preocupan cuestiones más profundas. Entonces, prefiero hablar de construcciones o cambios sociales antes que de momentos políticos concretos que se transforman en algo más parecido a un Boca-River.

—¿Cree que la polarización de los opinadores desdibuja cuestiones de fondo?

—Por momentos me parece que sí. Creo que, si todos pusiéramos un poquito más de energías en analizar cuestiones de fondo, independientemente de quién esté jugando en ese momento, tal vez sería un poquito mejor.

Creo que los grandes cambios sociales llegan en función de las reflexiones individuales.

—¿Y cuáles son las áreas que, a su criterio, deberían recibir mayor atención?

—La educación es una de las cuestiones principales, porque te da la posibilidad de pensar, y pensar te da la posibilidad de elegir. También el tema del hambre, porque cuando alguien no tiene la panza llena no puede pensar ni educarse. Al mismo tiempo, si solamente llenás la panza pero no ofrecés las herramientas para pensar, es complicado, porque para seguir avanzando en la vida también necesitás poder reflexionar.

—¿Cómo ve las campañas políticas de cara a las elecciones legislativas de octubre?

—Está todo tan polarizado que siento que hay mucha irritabilidad, desconcierto y descreimiento. Es un momento político muy raro, muy revolucionado en el mal sentido: caótico, desordenado y con mucho agobio, que impide pensar con claridad. No sé quién espera tan armoniosamente tener que ir a votar. Parece más una contrariedad por el clima político que hay.

—¿Qué piensa de la elección de un papa argentino?

—No me genera nada particular el hecho de que sea argentino. Sí me parece muy interesante que sea un cura con una orientación social tan fuerte. Eso es lo revolucionario, y un cambio admirable. Genera mucha expectativa a nivel mundial. A mí también me genera mucha expectativa.

—¿Llegó a conocer a Bergoglio a propósito de la filmación de Elefante blanco, que puso el foco en el trabajo de los curas villeros?

—No llegamos a hablar con él concretamente, sí con el padre Pepe, pero la firma final de autorización para filmar en las villas las dio Bergoglio. 



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos

Notas Relacionadas