Por qué el Merval pasó de héroe a villano
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Por qué el Merval pasó de héroe a villano

En el último mes, el principal índice accionario argentino vivió un vertiginoso ciclo en el que el cambio de humor fue protagonista. En un abrir y cerrar de ojos, el mercado pasó de celebrar la mejor racha de alzas consecutivas en 6 años a un recorte feroz que obligó a más de uno a la capitulación. ¿Qué es lo que le depara el futuro a los papeles locales?

Por Nery Persichini* 07 de Noviembre 2016

Primero, la euforia

Las ruedas comprendidas entre el 11 y 25 de octubre permitieron al Merval conseguir dos récords de forma simultánea.

Por un lado, registró una seguidilla de 11 jornadas ininterrumpidas al alza (totalizando una variación de 7,4% de punta a punta). Esto no es algo menor ya que se da muy pocas veces. Las últimas ocasiones en las que vimos 11 subas consecutivas fueron en noviembre de 2010 (terminarían siendo 12 con un incremento total de 22,9%), diciembre de 2008 y diciembre de 2003.

El otro mérito que tuvo el mercado fue romper sus máximos históricos tanto en pesos como en dólares. Antes de que se diera rienda a suelta al rally, el techo del Merval estaba en la zona de los 17.140 puntos. Tras la cadena de ruedas positivas, la cartera teórica se alcanzó nuevas plusmarcas. Finalmente, la bandera en la cima marcaría los 18.409 puntos.

Este frenético ascenso también se corroboró en la variante dolarizada del Merval, la cual se construye al dividir el índice en pesos por el tipo de cambio “contado con liquidación”. Este indicador toma relevancia para evaluar la suba de las acciones descontando cualquier efecto espurio derivado de una devaluación. De esta manera, como el tipo de cambio se mantuvo estable, el alza en pesos de los papeles líderes llegó a poner el Merval en moneda dura por encima de los 1.200 puntos.

Ahora bien, si exploramos las acciones que picaron en punta, encontramos que las empresas más dinámicas durante el rally fueron tres debutantes en la composición del Merval de octubre: Agrometal (AGRO) (+26,9%), Carboclor (CARC) (+25,1%) y Transener (TRAN) (+24,6%).

Pero, como dice el conocido adagio que se repite mucho la city, “los árboles no crecen hasta el cielo”. El cierre del mercado del 25 de octubre sería el punto más desde donde, cual montaña rusa, la bolsa iniciaría una caída fenomenal.

Luego, el pánico

Un cambio de humor en los mercados internacionales fue la excusa perfecta...

La incertidumbre por las elecciones en Estados Unidos y por la expectativa sobre la decisión de la Reserva Federal de subir las tasas fue el catalizador para el inicio de una fuerte toma de ganancias en Argentina. La sangría se extendería durante 7 jornadas.

Desde el máximo del 25 de octubre hasta el 3 de noviembre, el Merval en pesos perdió un 9,3% de su valor. En tanto, el Merval en dólares siguió el mismo camino con un descenso de 8,7%.

Las bajas en el Panel Líder fueron generalizadas (cayeron los precios de 22 de los 23 papeles). En el podio de empresas con peor perfomance en el lapso del recorte, encontramos a 2 que habían sido las mejores durante el rally: Carboclor (CARC) se hundió 17,9% y Transener (TRAN) perdió 14%. La terna la completó Mirgor (MIRG), que cayó 14,6%.

Sin embargo, la acción que más influencia tuvo en el destino del Merval en los últimos 6 días fue Petrobras (APBR). El gigante brasileño tiene una ponderación sustancial en la cartera de acciones porteña con un share 16,25%. Por eso, la contracción de 12,5% en el precio de la acción traccionó la bolsa a la baja más que cualquier otro papel.

¿Qué sigue a continuación?

Es muy difícil proyectar un sendero para el Merval en el corto plazo. Lo que sí es seguro que la volatilidad será el denominador común en los próximos meses.

Más allá de la habitual variabilidad de un mercado como el nuestro que coquetea con ser emergente, Argentina hoy es más permeable que hace un año a los cambios de humor en los mercados globales gracias a la eliminación de los controles de capitales.

Por este motivo, resulta vital que los inversores manejen los escenarios que incorporen la incertidumbre derivada de:

1) Las elecciones en Estados Unidos. Una victoria de Donald Trump el próximo 8 de noviembre podría gatillar un incremento en la aversión al riesgo internacional. Esto haría que los inversores abandonen sus posiciones en activos emergentes como los argentinos.

2) Las tasas cero están llegando a su fin. Se espera que en diciembre la Reserva Federal, el banco central de Estados Unidos, suba la tasa de interés tras un año. Sin embargo, esto no es lo que desvela a los mercados. Lo que en verdad es incierto es el ritmo con el que el alza del costo del dinero se pueda dar el año que viene. A mayor velocidad, más se resentirán los mercados como el nuestro.

3) Brasil, el aliado que no despierta. Argentina tiene elevados niveles de complementariedad y dependencia con el país vecino, especialmente en la industria automotriz. La profunda crisis política y económica brasileña demoran el despegue que ayudaría mucho a recomponer el nivel de actividad y empleo locales.

A su vez, el mercado financiero mira con un ojo el futuro, pero con el otro mira cómo marcha la economía real argentina. Y la economía doméstica todavía se muestra débil. Los brotes verdes que se ven en ciertos sectores son insuficientes para sostener las expectativas que se generaron en muchos papeles.

Así, seguiremos viendo en el Merval alzas y correcciones en los próximos meses a medida que la volatilidad siga ganando terreno gracias a múltiples eventos importados desde el mundo y producidos localmente. Es en este escenario en el que debemos entender la racha que vimos de 11 días y el abrupto descenso de 7 ruedas en línea.

Más allá de la coyuntura de corto plazo, conviene recordar que el mercado argentino está embarcado en un bull market desde mediados del año 2013. Y esta tendencia permitió una valorización de casi 30% en dólares en este 2016. Pero, hacia adelante, este tipo de retornos serán cada vez más difíciles de alcanzar a medida que los papeles sigan encareciéndose.

Esto demanda que los inversores, también se vuelvan selectivos a la hora de posicionarse en activos locales. Hoy no alcanza con elegir un sector con potencial porque las empresas son muy disímiles incluso siendo del mismo rubro. Es más, la selectividad es un mandato cuando las expectativas no reciben el guiño de que la actividad prendió sus motores.

En definitiva, tanto la incertidumbre global y la dinámica doméstica como los niveles récord del Merval le imponen un doble desafío a los amantes de las acciones argentinas: medir correctamente el riesgo y seleccionar empresas con ojo clínico.



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