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Inversiones

La historia del emprendedor que durmió en el piso de su negocio y hoy es un éxito

El creador de la cadena de panaderías Le Pain Quotidien contó los retos que tuvo que enfrentar en sus inicios como emprendedor. Desde pasar la noche en bolsas de pan hasta alcanzar el reconocimiento internacional.  Por Cecilia Filas 01 de Junio 2015

 

Bélgica, 1990. Alain Coumont era un chef obsesionado porque no podía encontrar la calidad de pan que pretendía para su restaurante. Fue ahí cuando tuvo la idea de poner una pequeña panadería casera y fabricarlo él mismo. Pero Coumont empezó a hacer cuentas –“un buen horno de pan pesa alrededor de tres toneladas y cuesta entre US$ 30.000 y US$ 40.000”- y se dio cuenta de que hacer el pan solo para el restaurante era algo excesivo. Entonces decidió poner un local en el centro de Bruselas para poder darse el gusto sin que resultara “un hobby demasiado caro”. En ese momento ya sabía desde el tipo de pan que quería cocinar (orgánico, simple y algo rústico), hasta el color beige de las paredes del negocio.

El primer Le Paín Quotidien era tan sencillo como los productos que vendía, tenía 33 metros cuadrados y una antigua mesa comunal. A partir de una inversión de US$ 10.000, un alquiler barato y un crédito con el que financió el horno, la batidora y la mesa, Coumont creó una cadena de panaderías con más de 200 sucursales (dos en Buenos Aires), con una facturación anual aproximada de US$ 240 millones. La historia de éxito con la que todo emprendedor puede soñar, sin embargo, no todo fue tan fácil como parece. Incluso teniendo “una fila de cien personas esperando 20 minutos en la lluvia para comprar pan”, pasaron seis años antes de que Coumont lograra ganancias y hasta llegó a dormir en el piso de su panadería. Estaba mal pero venía bien. 

Ahora, como parte de la Experiencia Endeavor 2015, saca a la luz su historia, una historia de sacrificio pero, también, de alegría. 

¿Cuál fue el momento más difícil?

Básicamente, pasé varias noches durmiendo en una bolsa de pan sobre el suelo, no sé si hay algo más duro que eso. Pero lo bueno de este negocio es que nunca se pasa hambre o frío, cuando dormís cerca de un horno de pan hace calor, obviamente, y siempre hay un pedazo de pan para comer. Está bien, ¿qué más se puede necesitar?

¿Cómo sobrevivió esos primeros seis años?

Aparte tenía mi propio restaurante así que me iba bien. Pero en un momento lo vendí, fueron tiempos difíciles a nivel financiero. Además, cuando se crece muy rápido los bancos no te prestan dinero porque necesitan evaluar el historial crediticio para tomar una decisión, y es complicado cuando empezaste hace pocos meses y quieren ver los resultados de tus últimos dos años. Necesitás comprar otro horno y tenés que pagarlo en efectivo, y llega ese punto donde hay que elegir entre quedarte con las ganancias o comprar el horno. Es una decisión difícil a veces, balancear la vida personal con el negocio.

¿Fue muy difícil empezar un negocio de cero?

Hay que estar motivado y abierto a los desafíos. Y en mi caso, también era un hobby así que no tenía la impresión de estar trabajando. Además, cuando me inicié en este rubro yo venía con un enfoque de consumidor: sabía exactamente qué tipo de pan quería hacer. No estaba pensando en hacer dinero, mi objetivo no era comenzar una cadena de panaderías o hacer una fortuna con esto, solo quería hacer un buen pan.

¿Cuál es la fórmula para manejar una empresa tan grade?

Pienso que el éxito en muchos países es que la compañía está bastante descentralizada. Nosotros aportamos las recetas de la marca, el entrenamiento técnico y nos aseguramos de que la calidad de la comida sea la misma en todos lados. Pero dejamos que cada sucursal maneje el resto del trabajo: la contabilidad, recursos humanos, esas otras cosas. Creo que es una manera inteligente de organizar un negocio, hay que delegar muchas responsabilidades en otra gente y tenés que confiar en ellos, en vez de concentrar todas las decisiones en la cabeza de tres personas. Y cuando el negocio está tan descentralizado, los equipos locales también son dueños del negocio, esa sensación es un factor clave para la gente que trabaja con nosotros.

Si tuviera que darle un consejo a los emprendedores, ¿Cuál sería?

Cuando tenés una idea y la gente dice “es una locura, nunca va a funcionar”, esa es tu oportunidad. Porque si algo es obvio, lo más probable es que otras personas ya lo hayan hecho antes. Otra cosa es que uno tiene que ser su primer cliente: yo sabía exactamente el pan que quería cocinar y hubiera estado dispuesto a pagar un poco más por esa calidad. Por último, uno no tiene que tener miedo de fallar porque muchas veces eso sucede. Y, lamentablemente, uno aprende más cosas de los fracasos que de los éxitos. Cuando se empieza un emprendimiento, te puede ir genial o te puede ir mal. En ese caso, sumas experiencia y te preparas para tu próxima aventura. Así que siempre se gana, pase lo que pase.



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2 Comentarios

Marcelo Jure Reportar Responder

Una pregunta que puede sonar rara pero al momento de iniciar su emprendimiento con la panaderia el tenia familia la cual mantener en ese momento ?(Hablando en clase salio esa pregunta)

xentrogar aragone Reportar Responder

la clave esta en la ultima respuesta si te dicen que no funciona te abre el camino para ser unico

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