Diego Frenkel: “El país arrastra injusticias, corrupciones y caciques”
Inversiones

Diego Frenkel: “El país arrastra injusticias, corrupciones y caciques”

El músico y compositor, exlíder de La Portuaria, critica que se considere a los festivales organizados por el Estado como instrumentos de propaganda partidaria, cualquiera sea el signo de la gestión que convoca. Y define: “Político es que toques en la campaña de un candidato”. Por Esteban Lafuente 21 de Octubre 2015


 

“Lo más político que hago es el arte. La vida política nunca me llamó como forma de vida”, dice Diego Frenkel, casi como en una declaración de principios. Sin embargo, la historia del guitarrista y compositor, exlíder de La Portuaria, estuvo marcada por la vida política, fundamentalmente a partir de la trayectoria de su padre, el economista Roberto Frenkel, quien estudió unos años en Venezuela, trabajó en los ministerios de Economía y Hacienda en Chile (entre 1971 y 1973) y luego en el equipo económico del expresidente Ricardo Alfonsín (entre 1985 y 1989).

“En mi primera infancia viví en Chile y Venezuela, en un mundo muy politizado e izquierdizado, que me sirvió como una forma de adquirir valores y una sensibilidad social fuerte. En Chile viví tres años de socialismo: fue una experiencia vivir fuera del capitalismo en un país democrático. Era muy raro: no había literalmente marcas, a los chicos se los educaba para vivir fuera del consumo, los valores eran totalmente otros... Y lo recuerdo como una etapa realmente feliz. Después, la vida cambió y el mundo cambió”, relata el músico, sentado a una mesa de su bar preferido en Colegiales.

Entre mudanzas, viajes y números, la música siempre fue protagonista en la vida de los Frenkel. Y así, entre melodías e instrumentos, Diego encontró su vocación: “Mi papá tocaba el contrabajo antes de dedicarse a la economía, y también la guitarra, aunque no profesionalmente. Mi mamá era una melómana. Mi papá escuchaba mucho jazz, y me crié con John Coltrane y Miles Davis. También por mi mamá escuchaba mucho rock. Esas fueron mis raíces”. Hoy, a los 49 años, el autor de canciones como Nada es igual o 10 mil kilómetros disfruta de su carrera solista y de la vida en Buenos Aires: “La posibilidad de intercambio cultural de esta ciudad es maravillosa”.

Sale de gira por el interior con frecuencia. ¿Cómo ve al país en estos últimos años?

Mi sensación es que en toda la Argentina en estos últimos años hay mucha actividad. Es un país que arrastra muchas injusticias sociales desde hace muchos años –un par de siglos, en realidad– y muchos problemas muy enraizados, como corrupciones locales, caciques en cada localidad, que son cosas muy difíciles de desactivar. Tiene problemas de pobreza no resueltos y asuntos sociales importantes, pero está bastante lindo. Ha habido muchos proyectos culturales, muchas universidades en el interior y muchas veces no se habla de eso... Pero diría que estos últimos 7 ó 10 años fueron una época muy productiva.

Suele participar en recitales a beneficio. ¿La agenda social lo moviliza?

Por supuesto: uno va creciendo y el arte deja de ser lo único que le interesa. Lo mío es el arte y la música, no la política. No tengo una posición ideológica rígida frente a nada porque no creo en las posiciones rígidas. Sí tengo una ética y una forma de ver el mundo... Y soy honesto con lo que veo. Recorriendo el interior vi diferencias enormes: el país arrastraba una situación de descontento y una desigualdad mucho más brutales de las que tenemos hoy.

¿Qué análisis hace de la gestión kirchnerista?

No hay mucha vuelta que darle... En 2001 el país estaba en una situación crítica: los valores estaban absolutamente trastocados, los jóvenes no tenían acceso a la educación, encontrabas mucha gente recogiendo comida en la calle. Frente a esa situación de bancarrota, con gente que reventó la nación, vi un país crecer, vi inversión en proyectos culturales en el interior y ni hablemos de cuestiones de libertades y valores éticos frente a la sociedad, como el matrimonio igualitario.

En ese sentido, ¿cuáles son sus expectativas para el próximo período presidencial?

Es un momento político crucial y complicado. Tengo la esperanza de que se continúe con este proyecto social, más allá de quién gobierne. Porque si volvemos atrás, si el país se vuelve neoliberal, se cierran fábricas, se quitan los subsidios, se reduce la plata para la cultura, la salud o se desinvierte en las universidades públicas, vamos a una situación complicada. No sé por qué mucha gente quiere eso, me cuesta entenderlo... Hay muchos que tal vez eran muy jóvenes en 2001 o están con bronca por cuestiones coyunturales o por desacuerdos con cuestiones que este gobierno hace, que es válido, pero estaría bueno que pensaran qué panorama posible hay a futuro. Lo que planteo va más allá de algo ideológico y menos que menos partidario. Nunca fui adepto a un partido político, pero no entiendo cómo se puede apostar a un proyecto neoliberal. Muchos están pensando la posibilidad de elegir un proyecto gubernamental que pueda ir en contra de la misma gente. Me resulta incomprensible que parte de la clase media se muestre tendiente a votar un proyecto neoliberal, porque es ese mismo sector el que se pudo fortalecer y mejorar su calidad de vida en estos últimos años. Y ni hablar de la gente con menos recursos: va a quedar en un desamparo total si un proyecto así triunfa.

“Diría que estos últimos 7 ó 10 años fueron una época muy productiva”

La participación en actividades organizadas por distintos gobiernos generó enfrentamientos entre los músicos, ¿cuál es su opinión?

Los músicos trabajamos como artistas y somos contratados por este Gobierno como por el de la Ciudad o por entes privados. En su momento, Fito Páez acababa de hacer un show para la Nación y fue criticado por el caché que cobró, pero al final es lo mismo que cobra por tocar en cualquier lugar. Eso es lo ridículo. La gente a veces no critica de la misma manera cuando viene un artista extranjero y cobra u$s 2 millones por función. Al poco tiempo, Fito hizo un show en la Ciudad, le pagaron lo mismo y no se dijo nada. Los organismos de cultura no deberían ser políticos: deberían cumplir la misma función social que un hospital o una escuela. Si a mí mañana me llama el Gobierno de la Ciudad para tocar o el Gobierno nacional y me contratan para tocar en el Teatro San Martín, voy porque es mi teatro. ¡Imaginate si un maestro se va de la escuela o un médico del hospital según el gobierno que esté! Se toma como político algo que es netamente cultural. Político es que toques en la campaña de un candidato.

¿Se inspira en la realidad para componer?

No, mis letras y mi mundo surgen de lugares inconscientes. El arte es la posibilidad de conectar con las zonas donde lo cotidiano, la comunicación y la información no llegan. Esas zonas más guardadas no son algo ajeno, sino que están entrelazadas en el día a día: es la poética que tiene la vida. El relato cronológico o literal no me interesa. Tampoco me interesa el arte cuando habla de política o la música de protesta: me interesa que el arte abra y no que cierre conceptos.

¿Le preocupa la inseguridad?

La palabra inseguridad no me gusta porque no creo que exista la seguridad. La violencia sí es un tema que me preocupa, porque forma parte de un sistema que es violento en sí mismo. La violencia es estructural en el capitalismo porque está basado en el triunfo individual, y eso siempre va a generar reacciones violentas en los que menos tienen. En un momento, esa fricción social es tan fuerte que se quiebra. Para mí, la mejor manera de erradicar o atenuar la violencia es limar esas diferencias, generar condiciones de mejor trato y crear espacios de recreación, de placer, de cultura, de lenguaje.

¿Qué lo esperanza?

Las alegrías, en general, son del orden personal: puede ser un paseo en bicicleta, una tarde de sol, una noche en un concierto y encontrarse con amigos, tomarse un rico vino, conectarse con los hijos. Es muy simple. En términos sociales, soy muy porteño: me gusta mucho Buenos Aires, circular, ver a la gente. Lo que más me gusta, en relación a hace 20 años, es que veo más libertad en general. La libertad de género trajo mucha más diversidad. Se ven chicas de la mano, por ejemplo, y eso genera una escena distinta en la ciudad. Enriquece muchísimo el mundo, lo vuelve diverso y más colorido.

En escena. A los 19 años, en 1986, Diego Frenkel formó Clap, su primera banda, que editó un álbum homónimo y se disolvió a finales de la década. En 1989 nació La Portuaria, cuya primera etapa se extendió hasta 1996, para volver a los escenarios entre 2000 y 2007. Con influencias del rock, el jazz y el R&B, el grupo editó 20 discos y se consagró con hits como Nada es igual, 10 mil kilómetros y Selva. Actualmente dedicado a su carrera solista, acaba de lanzar Ritmo, su nuevo disco de estudio.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos

Notas Relacionadas