Cómo ganar con el atraso cambiario
Inversiones

Cómo ganar con el atraso cambiario

Con un dólar planchado durante el primer semestre, según todas las proyecciones, se abren oportunidades para mover la cartera y sacar diferencias en pesos. En qué conviene invertir y a qué plazo. Por @SantiagoLilo 17 de Marzo 2017

A través de su política económica el Gobierno viene aceitando en el mercado financiero un círculo virtuoso: emite deuda soberana y subsoberana, ingresan dólares, y el exceso de oferta de divisas hace que el tipo de cambio se aprecie. Ante este escenario, el inversor local actúa a la inversa de lo acostumbrado: como las proyecciones muestran que el atraso cambiario se mantendría en los próximos meses, los analistas aseguran que el negocio está en vender los billetes verdes y apostar por los títulos en pesos, que dan mayores retornos frente a la inflación esperada. Al menos, en el corto y mediano plazo.

En este sentido, el último informe de resultados del Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM), que publica el Banco Central de la República Argentina (BCRA) cada mes, pronostica que el tipo de cambio nominal promedio esperado para los próximos cinco meses se ubicaría entre los $ 16,2 y $ 17,1, “con modificaciones generalmente a la baja respecto del relevamiento previo”. Para diciembre, la expectativa del mercado es que el dólar toque el techo de los $ 18,4, que equivale a una devaluación del tipo de cambio del 16 por ciento con respecto al registrado en el mismo mes de 2016. Para fin de año, el REM del Central proyecta una inflación del 20,8 por ciento.  

Según Rodrigo Álvarez, director de Analytica, los fundamentos que avalan al relevamiento del BCRA están ligados a un cambio de coyuntura en el mercado financiero local. “La dinámica del sector público –nacional y provincial– de fondearse en dólares y salir a venderlos genera un exceso de demanda de pesos. Los bancos también están buscando deshacerse de las divisas y, sumado a que se aproxima la liquidación de las exportaciones del agro, es probable que, hasta julio, el dólar no tenga grandes movimientos”, explica.

En consecuencia del atraso cambiario, según Álvarez, los inversores tienen en el corto plazo una oportunidad de generar mayores retornos si vuelcan sus inversiones hacia los papeles en pesos. “La inflación prevista por el Gobierno es del 17 por ciento anual, mientras que hoy la devaluación esperada es del 16 por ciento y existen rendimientos de títulos en pesos que alcanzan un 21 por ciento”, sintetiza el economista. Es decir que, en la pelea por superar a la barrera de los precios, los títulos en pesos siguen siendo atractivos frente a la moneda estadounidense. “Por lo menos, de acá a seis meses”, especifica Álvarez. Y agrega: “Si se busca una inversión más agresiva y a largo plazo el inversor debe apuntar al tramo medio y largo de los bonos en dólares”, aclara. 

Federico Semeniuk, gerente de Desarrollo de Negocios de Ecolatina, coincide en que la estabilidad del dólar favorece a los papeles en moneda local. “En lo transcurrido del año se observa una apreciación en torno al 5,5 por ciento promedio en los títulos públicos denominados en pesos. En los bonos a tasa fija, por ejemplo, el atraso cambiario, combinado con la flexibilización de los plazos de permanencia para los inversores extranjeros y la posible inclusión al índice emergente de JP Morgan, generó una fuerte demanda por parte de los fondos de inversión extranjeros, dada la posibilidad de suscribir en dólares y hacer carry- trade”, admite. 

Esto significa que la quita de las trabas a la entrada de capitales permitieron al inversor extranjero hacer una jugada conocida en la City: pedir un préstamo en su país a tasas bajas, y volcar ese dinero en títulos argentinos, que otorgan rendimientos mayores a las del crédito obtenido. Con la posibilidad de sacar las rentas del bono fuera del país sin restricciones, el inversor paga el préstamo solicitado previamente. Esta maniobra genera ganancias por la diferencia que existe en las tasas de interés entre el activo local y el pasivo extranjero. 

Asimismo, este exceso de demanda de títulos en pesos del público extranjero impulsó a los precios de estos papeles y, por lo tanto, aumentó los beneficios de los bonistas. La tendencia alcista, según lo marca un informe de FyE Consult, consultora especializada en inversiones, continuaría en el corto plazo. “Cabría esperar que el exceso de demanda global de activos se mantuviera en el futuro inmediato, lo cual debería determinar precios más elevados para los activos financieros mundiales, con derrame local”, analiza el estudio. 

Cartera pesificada
La apuesta por un papel local varía según la expectativa que el inversor tenga acerca de la inflación futura. Y, en este aspecto, el panorama está dividido en dos: los que le creen al Ministerio de Hacienda y prevén un aumento de precios del 17 por ciento para fin de año; o aquellos que respaldan sus decisiones en las estadísticas privadas, que proyectan una inflación entre un 20 y 22 por ciento interanual en diciembre.

Con la mira en la inflación esperada, para el economista Federico Furiase, las letras del BCRA (Lebac) siguen siendo uno de los activos a tener en cuenta, aunque su atractivo fue disminuyendo con los recortes de tasas de los últimos meses. “Para aquellos inversores que esperan que el BCRA siga bajando la tasa de interés de las Lebac, en un contexto de dólar tranquilo, el tramo medio de la curva puede tener sentido para fijar tasa en pesos mientras se espera que el ingreso de divisas –por las colocaciones de deuda y las liquidaciones de cosecha– mantengan las expectativas de devaluación ancladas”, asegura Furiase. 

En este sentido, el último informe del BCRA, publicado el 14 de febrero, ratificó la expectativa del mercado y mostró un nuevo recorte de las tasas de interés de las Lebac. Las letras para el plazo más corto, a 28 días, pasaron a tener un rendimiento del 22,75 por ciento anual; mientras que las tasas  del tramo largo, a 273 días, cayeron a un 21,25 por ciento anual. En los tramos medios, los retornos llegan al 22 por ciento. 

Con estos números, tanto Furiase como Semeniuk consideran que las Lebac son una alternativa conservadora. “En términos de las metas del BCRA (banda superior de 17 por ciento de inflación), así como considerando la última medición de expectativas del REM (inflación en 20,8 por ciento), las tasas reales esperadas de las Lebac continúan siendo positivas”, concluye el economista de Ecolatina. Del mismo modo, Álvarez, de Analytica, sostiene que las letras del BCRA son un activo a tener en cuenta si se busca resguardar el poder adquisitivo del ahorro, “y hacer algo de tasa” al mismo tiempo. 

En cambio, para un perfil más agresivo, los analistas ponen sobre la mesa los bonos que ajustan por inflación. Los papeles atados al Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER) ofrecen una ventaja particular: a diferencia de los demás títulos, el capital aumenta mes a mes en línea con la inflación que calcula el Indec y, además, otorga al inversor un retorno que va entre el 2 y 4 por ciento anual. Esto significa que, si las estadísticas oficiales son certeras, el bono con CER asegura, siempre, un rendimiento positivo en términos reales (por encima de la inflación). 

Por este motivo, la inflación esperada en este título juega un papel fundamental. Y, teniendo en cuenta el impacto que tendría el nuevo cuadro tarifario que oficializó en febrero el Ministerio de Energía y Minería –que prevé un aumento promedio del costo de electricidad en la industria del 54 por ciento–  sobre los precios de la economía, para Furiase los bonos con CER vuelven a la competencia. “En un contexto aún inflacionario, los títulos indexados son más atractivos respecto a la opción de tasa fija”, sostiene. 

Entra las opciones más rentables, el Boncer 2021 (TC21) aparece como uno de las candidatas principales y, a valores actuales, otorga una tasa de interés del 2,5 por ciento anual. Otra de las alternativas es el Discount en pesos (DICP) que rinde un 3,8 por ciento por encima de la inflación y, según los especialistas, tiene una gran liquidez. En el tramo medio de la curva de bonos con CER, el PR13 rinde un 2 por ciento en términos reales y vence en 2024. Cabe aclarar que, cuanto más abrupta sea la suba de precios, mayores serán las ganancias (y viceversa). Esto se debe a que la tasa de interés fija se aplica sobre el capital que se actualizó con CER.
En la pelea entre Lebac y bonos con CER, José Manuel Echagüe, gerente de Inversiones de Megainver, hace un balance preciso: “A los precios actuales, y teniendo en cuenta un horizonte hasta fin de año, el rendimiento esperado de las Lebac es igualado a un bono con CER con rendimiento superior a 1,5 por ciento”. 

Apuesta agresiva
Las decisiones de cartera a largo plazo suelen ser las más riesgosas e imprevisibles. La razón es conocida: en el corto plazo el inversor puede acertar con mayor precisión los pronósticos que condicionan un activo, mientras que, a mayor plazo, las proyecciones se nublan. Es por este motivo que, en los tramos largos, es común que la demanda se vuelque sobre los títulos de países con economías estables. El costo de esto es conocido: los bonos que emiten los de-sarrollados rozan la tasa cero. 

“Lo que está sucediendo en el mercado financiero global es que el inversor está buscando mayores retornos en un mundo donde las tasas de interés son bajas”, dice Nery Persichini, economista de Inversor Global (IG). En este contexto, los bonos soberanos y subsoberanos que viene emitiendo el Gobierno, y que alcanzan retornos del 7 por ciento anual en dólares, son una opción atractiva.
En esta clase de bonos, los efectos que pueden tener impacto sobre las rentas de sus tenedores son dos: una suba de la tasa de interés de referencia que fija la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed), y las perspectivas de una caída del riesgo país. Si la Fed sube los retornos de los depósitos en dólares es posible que las inversiones se vuelquen hacia ese país y, para ello, los agentes vendan sus bonos emergentes. Esto generaría un exceso de oferta de papeles emergentes en el mercado global, una caída de los precios de los bonos y una pérdida de capital para los vendedores. 

Hasta el momento, el organismo monetario anticipó que habrá tres subas de 25 puntos básicos en la tasas de referencia –la Fed Funds– a lo largo de este año, y así alcanzar el rendimiento de 1,375 por ciento. Para 2019, se espera que la tasa alcance el 3 por ciento. “En cuanto a las decisiones de cartera es importante ajustar la duration de la cartera de bonos frente al proceso de normalización monetaria de la Fed para moderar el impacto de una suba de la tasa de interés sobre la cartera de bonos”, advierte Furiase. 

Entonces, para disminuir el riesgo, los analistas coinciden en apostar por la curva media de los soberanos en dólares. Algunos son el Bonar 24 (AY24), que rinde un 8,75 por ciento anual; o el Bonar 2027 (A2E7), con una vida útil de pago –la duration– de siete años y retornos cercanos al 7 por ciento. “En estos bonos, si la Argentina cumple con las metas fiscales, es posible que haya una caída del riesgo país, la tasa baje, y aumente el precio de los papeles”, dice Persichini. Esto trae atado una oportunidad única: le da la opción al inversor de vender el bono antes de su vencimiento y hacer ganancia de capital. “Si se busca esta jugada es importante que el papel sea líquido, así se puede vender con rapidez”, aconseja el economista de IG.

En cuanto a los subsoberanos, debido a los desequilibrios que arrastran las cuentas fiscales y el riesgo de imposibilidad de pago, Persichini recomienda apuntar a los papeles de la Provincia y la Ciudad de Buenos Aires, con un plazo máximo de cuatro años. “Dan tasas mayores a los bonos soberanos y son jugadores que, por más que tengan números en rojo, el Gobierno no los va a dejar caer”, opina Persichini. Y agrega: “Además, son bonos líquidos: da al inversor seguridad de que, si quiere vender, conseguirá un comprador”.

En el tramo corto, los bonos de la Ciudad –el BC18, BC19 y BC20– ofrecen rendimientos en dólares que van entre el 3 y 4 por ciento. Por otro lado, Buenos Aires tiene ofertas con vencimientos en 2018 y 2021–el BP18 y BP21–, que dan retornos de más del 9 por ciento. Otro papel interesante es el bono dollar-linked de Mendoza que, según Persichini, otorga un interés de 5 puntos básicos por encima de la devaluación.  

 

El artículo original fue publicado en el número 279 de la revista Apertura.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

6 Comentarios

Liliana Polizzi Reportar Responder

Argentina: lo único seguro es encanutar dólares bajo el colchón, en un pozo debajo de la higuera, etc.

Pedro Pétreas Reportar

ESTAMOS HABLANDO DE UNA GANANCIA DE 7 %...lo que sube el dólar en un día ...todo lo que sube tiene que bajar ..hoy el peso esta altísimo

Eugenio Vazquez Reportar Responder

todo contra el país , este gobierno nos lleva a otro 2001

Marcelo Olivares Reportar Responder

El "retraso cambiario", otro verso economico, argentino como el dulce de leche, excusa para aumentar los precios sin producir ni aumentar los costos por inversion y mejoras. #NoSalimosMas

Fernando Cortes Reportar Responder

Nada de como ganar produciendo.... Asi, no vamos para ningun lado

Richy Paz Reportar

No sea egoista, que harian los jovatos y los discapacitados, pretende que se pngan un kiosco, vamos hombre que no son marginales

Videos

Notas Relacionadas