Winners & losers de la era K

Winners & losers de la era K

¿Ganancias con Néstor? ¿Pérdidas con Cristina? Qué es lo que dicen los números de las compañías. 19 de Mayo 2010

El modelo K, en sus dos versiones –Néstor y Cristina–, dejó su huella en las empresas argentinas. Algunos sectores se beneficiaron más con el pingüino, como siderurgia y construcción. Otros, en cambio, fueron más rentables con la pingüina. Entre estos últimos, por ejemplo, los bancos. También, claro está, existieron perdedores. Y, en esa categoría, se destacan las empresas de servicios públicos, en cuyos resultados se combinan, explosivamente, la falta de actualización de sus tarifas, con un marco regulatorio obsoleto y costos en continuo ascenso.

A continuación, un detallado repaso sobre quiénes fueron los winners & losers de esta década, según reflejan los balances de las compañías locales.

Si bien las cosas no fueron del todo fáciles en ninguno de los dos períodos, en ambos hubo oportunidades de buenos negocios. Sin ir más lejos, tanto al contexto externo como al interno, se sumaron factores a favor y en contra de la rentabilidad empresaria. Sin embargo, de optar por una de las dos fases del modelo, todo parece indicar que, durante la primera presidencia K –entre mediados de mayo de 2003 y fines de 2007–, las ganancias fluyeron más cómodamente. Sobre 25 sectores, con poco menos de 100 compañías cotizantes argentinas (Tenaris y Petrobras Brasil no ingresan en esta clasificación) en el mercado local, los beneficios sumaron más de $ 41.800 millones.

Según un informe del Instituto Argentino del Mercado de Capitales (IAMC), del MerVal, la industria de petróleo y gas sumó unos $ 24.820 millones (YPF, en su gran mayoría), seguido por la actividad siderúrgica, con unos $ 6260 millones, y el sector bancario, con poco más de $ 3000 millones. Detrás, se ubican telecomunicaciones y holdings (casos Clarín y Pampa, entre otros).

¿Quiénes perdieron? Los vinculados con actividades inmobiliarias y de editoriales e imprentas. En tanto, el sector de papel y celulosa fue el que menor ganancia acumuló. “En lo estrictamente cuantitativo, los mayores beneficios corporativos parecen responder a la presidencia de Néstor, ya que las empresas se beneficiaron del overshooting que se dio tras la crisis 2001-2002. Sin embargo, el análisis por sectores arroja resultados bien heterogéneos. Por ejemplo, el abrupto cambio de reglas y la fuerte recuperación de la actividad observada benefició a algunos pero también perjudicó a otros, como, por ejemplo, los bancos”, sostiene Juan Pablo Vera, de Tavelli Bolsa.

Lo primero a tener presente para analizar esos pocos más de cuatro años de los Kirchner en el poder es el contexto interno. Se salía de una Argentina quebrada, luego de la crisis de 2001 y 2002. Muchas empresas estaban en la misma situación que el país: con fuertes rojos en sus balances –o mínimas rentabilidades, en el mejor de los casos–, serias dificultades financieras e, incluso, reestructuraciones de deuda en el horizonte de corto plazo. Por ende, ya hundidas en el fondo, las que salieran a flote tendrían todo para ganar.
Luego de la salida de la convertibilidad, y devaluación mediante, el país recuperó la senda del crecimiento, con tasas del 8 por ciento, promedio anual. Se restauraron gradualmente la normalidad y la confianza, a la vez que sobresalió, en esos primeros años, una política macroeconómica prudente. Un escenario que ayudó a generar un clima de negocios positivo para el sector privado.

En lo soberano, a principios de 2005, sobrevino el primer intento por salir del default. Tuvo relativo éxito: una aceptación del orden del 70 por ciento de la deuda impaga. En lo corporativo, también avanzaron las reestructuraciones de pasivos empresarios, como Telecom (US$ 3200 millones). La mayoría, con propuestas mucho más amigables para los acreedores que la del Estado Nacional.

“Durante  la gestión de Néstor, se podría decir que hubo más cantidad de buenas noticias que de malas. Se volvió a crecer y generar empleo, se calmó la volatilidad en el mercado de cambios ,y se observaron importantes recuperaciones del sector agropecuario y del superávit fiscal”, afirma Leandro Verrier, de Bull Markets. 

Incluso, el contexto externo fue mucho más benigno en los primeros años de su gobierno. Los analistas destacan como clave el viento de cola que soplaba desde el exterior. “Existía un marco de crecimiento general del mundo y de fuerte recuperación de las commodities, que provocó un interesante escenario para todos los mercados. Y la Argentina también lo aprovechó”, explica Verrier.

En el mismo sentido, se enfoca Ignacio Corsiglia, de Corsiglia Sociedad de Bolsa: “Los precios de las materias primas fueron un factor determinante que ayudó al desempeño económico”.

Empresa por empresa, dentro del abanico doméstico, YPF es la que mayor ganancia acumuló durante la primera presidencia K, con cerca de $  21.200 millones. Por debajo, pero también con excelentes rentabilidades anuales, le siguen Siderar (ganó más de $ 5470 millones), Petrobras Energía ($ 3660 millones), Banco Hipotecario ($ 1667 millones), Banco Macro ($ 1550 millones) y Grupo Clarín ($ 1079 millones). Completan el ranking de las 10 compañías con mayores beneficios durante la etapa Néstor Telecom Argentina, TGS, Aluar y Telefónica. 

“El contexto macro del gobierno de Néstor favoreció la sustitución de importaciones, la construcción, la industria automotriz, el turismo y la tercerización de servicios para empresas multinacionales”, analiza Nicolás Bridger, de Prefinex. Federico Desprats, de Intervalores, coincide. “Néstor Kirchner encontró al mundo en pleno crecimiento y al país con un tipo de cambio real muy alto. Había un fuerte gap entre producto potencial y real –alto  desempleo y baja utilización de la capacidad instalada–, lo que posibilitaba crecer a altas tasas, sin generar inflación descontrolada”, precisa. Para el economista, los ganadores fueron las compañías vinculadas a productos transables, mientras que las más rezagadas fueron las de utilities. 

Aunque no todos, claro está, festejaron. Entre quienes no tuvieron buenos años figura Comercial del Plata, que acumuló una pérdida de $ 238,3 millones. También, Petrolera de Cono Sur (un rojo de $ 157,3 millones), IRSA ($ 96,3 millones), Grupo Financiero Galicia ($ 65,4 millones) y Edesur ($ 35,3 millones), entre otras.

Segundas partes...
Pero, ya hacia fines de 2007, varios factores positivos que rigieron en gran parte la presidencia de Néstor comenzaban a desdibujarse. Luego de los primeros años de crecimiento fuerte, no existía el empuje de venir “del fondo” y se necesitaba otro tipo de políticas económicas. 

La inflación empezaba a acelerarse y una de las soluciones (poco felices) fue la intervención del Indec, con la consecuente pérdida en la credibilidad de las estadísticas del organismo. Hoy, la suba de precios ya es un claro problema. También sobrevino la crisis con el campo, que ocupó gran parte del primer semestre de Cristina Fernández y, no mucho después, la estatización de las AFJP, que agravó la incertidumbre y provocó una fuerte fuga de capitales (US$ 37.000 millones) durante, prácticamente, la primera mitad del segundo gobierno K. 
La crisis internacional hizo que el viento externo, ahora, fuese de frente. Esto entorpeció el crecimiento y erosionó las cuentas fiscales. Pero también la desproporción entre el incremento de los gastos con los de los ingresos del fisco presionó fuerte los números, lo que llevó a una política de auto-financiamiento muy ajustada y, sobre todo, cuestionada. No obstante, las ganancias también dieron presente. En total, sumaron unos $ 22.611 millones, si se analizan los resultados de las empresas cotizantes desde principios de 2008 hasta diciembre pasado. Nuevamente –y gracias a YPF–, la industria petrolera y de gas es el sector líder, con $ 8680 millones. Pero cambia el orden del top-5. Bancos se ubica en segundo lugar, con $ 5302 millones. Completa el podio telecomunicaciones ($ 3081 millones). Cierran el listado metalurgia ($ 2283 millones) y holdings ($ 839,4 millones). Hasta el momento, la era de la pingüina se diferencia de los años del pingüino en que más sectores acumulan pérdidas en sus resultados. Tales los casos  de transporte de pasajeros y peajes, papel y celulosa, construcción y transporte y generación de energía eléctrica. Estos cinco rubros suman un rojo de poco más de $ 325 millones. 

“Durante los últimos dos años, la rentabilidad de la mayoría de los sectores económicos, especialmente los ligados a rubros de consumo durable e inversión, empeoró. Pero, como siempre, hay excepciones. Entre ellas, las empresas de telecomunicaciones, que se beneficiaron del boom del negocio celular. O bien el sector bancario”, describe Bridger.  Para Desprats, durante la presidencia de Cristina, también se deterioró la rentabilidad de todos los sectores. No obstante, apunta que finanzas y telcos emergieron como los menos afectados. 

Una mirada por compañía refleja que, entre las que más ganancias acumulan en estos dos últimos años, encuentra a YPF en la cima. Pero, hacia abajo, el ranking cambia, comparado con el período de su marido y antecesor. Hay empresas como Telecom ($ 2366 millones), Siderar ($ 2081 millones), Petrobras Energía ($ 1700 millones) y entidades financieras como Macro, BBVA Banco Francés y Patagonia. Por el contrario, entre las que suman pérdidas, se ubican Autopistas del Sol ($ 305 milones), Comercial del Plata ($ 201 millones), Endesa Costanera ($ 143 millones), Socotherm ($ 129,7 millones) y más firmas de servicios públicos, como MetroGas y TGS.

“Las empresas de este sector fueran las más perjudicadas ante la falta de adecuación en sus tarifas”, apunta Eduardo Fernández, de Rava Bolsa. Cita entre las perjudicadas a Transportadora Gas del Norte (TGN) y MetroGas. La primera, intervenida por el Gobierno desde hace más de un año. La segunda, actualmente, enfrenta una situación financiera delicada. 

En resumen, en lo que va del gobierno de Cristina, sobre 91 empresas, el 76 por ciento presentó ganancias, en tanto que el resto (unas 22) reportó pérdidas. En cambio, durante la primera presidencia K (la de Néstor), los porcentajes fueron de un 83 y 17 por ciento, respectivamente. 

Lo que vendrá
No obstante, el tramo final del mandato de Cristina parece, al menos, un poco más tranquilo que la primera mitad. “La perspectivas de mejores condiciones en la economía mundial y los mercados financieros, con estimaciones de crecimiento elevado para Brasil, China y la India, serán beneficiosos para el país, al sostener el valor de las commodities”, proyecta Corsiglia. Y diferencia: “En el corto plazo, los factores políticos y el déficit fiscal pueden limitar algo las expectativas. Pero, a mediano, la economía goza de excelentes condiciones para superar varios de sus problemas y retomar el crecimiento sostenido”.

De hecho, la última presentación de balances de las compañías cotizantes (correspondiente al período enero-marzo 2010) fue favorable, con mayoría de mejoras en los resultados operativos e incrementos de márgenes. Desprats sostiene, en tanto, que el principal driver de cara al futuro para la economía argentina está en el plano de lo institucional. “Sólo con reglas claras y consistentes, que otorguen previsibilidad y confianza, se revierte la salida de capitales, se abarata el financiamiento público y privado y se fomenta la inversión, permitiendo crecer sin presiones inflacionarias”, destaca. Además, la reapertura del canje (inminente al cierre de esta edición) es un paso positivo para que el Estado retorne a los mercados de capitales.

Cénit y ocaso del modelo K  
Rogelio  Frigerio (n),  presidente  de la consultora  Economía & Regiones. 

Hacia fines de 2001 y principios de 2002, la Argentina atravesó una de las peores crisis de su historia. Implicó la caída de la convertibilidad, producto de una mega devaluación del peso, y sentó las bases del nuevo “modelo económico kirchnerista”. 

Los principales rasgos fueron un tipo de cambio real elevado, apoyado en un sistema cambiario variable pero fuertemente administrado; un superávit fiscal –generado, en gran medida, por la licuación de los gastos en pesos, producto de la devaluación– y un superávit de la cuenta corriente. Por su parte, la política monetaria, producto del ingreso neto de capitales, tuvo un efecto expansivo importante. 

Entre 2003 y 2006, el modelo funcionó de manera adecuada y la economía experimentó un fuerte crecimiento, con inflación moderada. Coincidió con una suba sostenida de los precios de exportación. 

Paralelamente, el nivel de ahorro primario alcanzó en 2007 el 2,8 por ciento del PBI. El stock de deuda pasó del 139, en 2003, al 56 por ciento. Se destaca la reestructuración de la deuda en default, en 2005.

Durante la presidencia de Néstor Kirchner, mientras se mantuvo una baja utilización de la capacidad instalada en el mercado de bienes y servicios y con desempleo en el mercado laboral, las políticas fiscales y monetarias de estimulación de la demanda generaron un fuerte crecimiento económico. Sin embargo, el escenario comenzó a cambiar ya en sus últimos años. La capacidad ociosa empezó a declinar a partir de 2005, por lo que estas políticas expansivas forjaron una marcada aceleración inflacionaria, que apreció el tipo de cambio real. Así, la inflación se convierte en el principal de los males que arremete contra la economía. Genera fuga de capitales, achica el horizonte de predecibilidad, frenando inversiones, reduce el consumo y la demanda de pesos, erosiona el poder adquisitivo y aprecia el tipo de cambio real.

Lo que comenzó como un incipiente enfriamiento, se profundizó el primer año de gestión de Cristina Fernández, deviniendo en una recesión en 2008. 

Pero, a su vez, continuaba el “modelo K”, que llevó a expandir el gasto público hasta el 29,9 por ciento del PBI frente al 20,9 observado en 2003. Además, dio lugar a un fuerte debilitamiento del ahorro primario: pasó del 3,4 por ciento del PBI en 2005, al 1,4 en 2009. Ahora bien, superado el piso de la crisis externa y controladas las expectativas de devaluación, la economía comienza a recuperarse para fines de 2009. Incluso, se verifica para 2010 un nuevo período de crecimiento con entrada neta de dólares vía balanza comercial. Sin embargo, el Gobierno enfrenta un contexto muy diferente al de 2003-2007.

Las políticas expansivas de gasto público hicieron crecer las erogaciones muy por encima de los ingresos, erosionando el ahorro público y comprometiendo los pagos de deuda de 2010 y de los años venideros. Por el otro, con una capacidad instalada cerca del límite y sin inversiones genuinas destinadas a la esfera productiva (capaz de expandir la frontera de posibilidades de producción), la inflación vuelve a amenazar la incipiente recuperación que atraviesa la economía local. Tal es así que se espera una tasa anual mayor al 23 por ciento (superando el máximo alcanzado en 2007), en tanto que las expectativas (percepción que tienen los agentes económicos respecto del aumento de precios) se ubican por encima del 35.



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