“Volver a los mercados es un error”

Aldo Ferrer, el gurú de la economía K, a fondo. Defensor a ultranza del modelo, asegura que, con la reapertura del canje, duda que el Gobierno tenga “un diagnóstico claro”. 07 de Abril 2010

Asegura que el Gobierno no lo consulta. “Lo que sí, parece, me leen”, dice. También, afirma haber visto esporádicamente a Néstor Kirchner. Una, cuando lo designó director de Enarsa –cuestionada bandera de la política energética K– “y dos o tres veces más, en situaciones circunstanciales”. No obstante, su nombre fue prenda de paz con Techint a la hora de nombrar un representante estatal en Siderar, merced al botín de acciones de la siderúrgica que la ANSeS heredó de las AFJPs.

De filiación radical, Aldo Ferrer encontró, a los 82 años, su reivindicación intelectual en las gestiones de dos mandatarios que, a inicios de los ’70, pertenecían a la “juventud maravillosa” que luchaba contra el régimen de facto que mantenía proscripto al peronismo y del cual él fue ministro de Economía (1970/1971). “Este Gobierno merece un reconocimiento por cosas que hizo y que produjeron un cambio positivo en la economía argentina”, defiende el predicador de “vivir con lo nuestro”. El gurú de la economía K.

“Hay un cambio profundo en la economía argentina. Durante 70 años, el sistema operó con fuerte déficit de pagos internacionales y un fuerte desequilibrio fiscal, lo cual dio lugar a la inflación, el desorden y la volatilidad. En el transcurso de esta década, se levantaron esas dos restricciones. La situación fiscal mejoró sustancialmente, entre otros motivos, porque se aumentó la presión tributaria, llevándola a un nivel razonable de un país de ingreso medio como es la Argentina. Hoy, está en el 26 por ciento, contra 16 de 2002”, precisa.

Mejora de la recaudación, de la actividad económica y una reforma previsional, “que le dio al Estado acceso a una masa de recursos muy importantes”, enumera las palancas que, a su juicio, levantaron la restricción fiscal, mientras los últimos rayos de sol se filtran a sus espaldas.

Cae la tarde en Palermo y así lo refleja la ventana del primer piso de ese departamento de estilo clásico, sobre Libertador, entre Austria y Tagle. Ferrer se apoltrona en el blanco sillón. Continúa con su análisis: “Aún, después de la expansión del gasto público en los últimos dos años, en el marco de la crisis, la situación se mantiene básicamente equilibrada. Es un escenario distinto: un país que se recuperó de la crisis 2001/2, con recursos propios”.

“Hay un tercer elemento, que era otra restricción: la institucional. La Argentina era un país en el que, cuando las tensiones eran inmanejables, se quebraban las instituciones. Lo que demuestran los acontecimientos recientes (la crisis internacional, el conflicto del campo, el Indec, el debate sobre las reservas), que generaron un clima de tensión política, es que la economía se mantiene en pie. Y las instituciones resisten: todos los conflictos se resuelven conforme a la Constitución. Cuando el Poder ejecutivo toma una iniciativa, es contestada por el Legislativo y, eventualmente, el Judicial. Los tres actores están sobre la mesa y juegan según las reglas. En nuestra experiencia histórica, es un progreso fenomenal. Es una condición indispensable de la seguridad jurídica que el sistema opere conforme a las reglas”, enfatiza. Observa que la situación está en el límite de la crispación, porque “ningún actor puede patear el tablero”. “Por eso, sólo se puede marchar hacia un mayor diálogo”.
Ferrer celebra que la economía argentina “está parada en sus propios recursos”. Que tiene alta tasa de ahorro, fuerte superávit externo y que levantó sus restricciones históricas. “Por lo tanto, tiene condiciones favorables a futuro para elaborar políticas más concertadas, que eliminen lo que, aún, es una cuarta restricción: la desigualdad social y la pobreza”, diagnostica.

Sin reservas
Los ejemplares de Buenos Aires Económico –diario del que Ferrer es director editorial– están prolijamente apilados sobre la mesa ratona. También, Diagonales al Sur, título de la misma editorial, y alguna publicación de las Madres de Plaza de Mayo. La actualidad, entonces, se introduce en el diálogo. “Observo un panorama enrarecido por el debate político. Pero en un trasfondo de un país que cambió en el buen sentido. Ahora, hay que ver cómo evoluciona el debate. Porque se pueden cometer una acumulación de errores que nos hagan volver al pasado. Por ejemplo, esta idea de volver a los mercados. Ya estuvimos, con consecuencias catastróficas. E ignora el hecho fundamental de que el país se recuperó con recursos propios”, insiste.

Atribuye la reapertura del canje a que tanto Gobierno como oposición continúan rigiéndose con la imagen de las viejas restricciones fiscal y de balanza de pagos. “En esa lógica, la salida era el financiamiento externo. Y la realidad es que esas restricciones ya no están”, critica. Aporta su alternativa: “Probablemente, el Gobierno quiera curarse en salud, pensando que, eventualmente, le faltará dinero cuando, creo, los recursos están. Porque la Argentina tiene, hoy, una tasa de ahorro interno del orden del 30 por ciento del PBI, que equivalen a más de US$ 100.000 millones. Y opera con un superávit de cuenta corriente superior al 3 por ciento, un superávit comercial de casi US$ 20.000 millones”.

“Está claro que un país no puede pagar sus cuentas de largo plazo con reservas. Porque las reservas se agotan. Son un instrumento de una vez. Dos, eventualmente. Tiene que pagar con el flujo corriente de recursos. Con el ahorro y los excedentes que genera en su actividad económica”, amplía. “Si entre la segunda mitad de 2007 y la primera de 2009, salieron del país más de US$ 40.000 millones, el 20 por ciento del ahorro nacional, ¿a dónde hay que buscar la plata? ¿Afuera? ¿O evitar que se vaya? ¿Convencer a la gente de que el lugar más rentable y seguro para invertir el ahorro argentino es la Argentina?”, se pregunta. También ofrece la respuesta: “Hay que fortalecer el sector financiero, los mecanismos de financiamiento, bajar la tasa de inflación y generar un mejor clima político”.

Retener el ahorro interno para fortalecer la solvencia fiscal, su fórmula. Esta segunda variable es clave en su ecuación. “Con la crisis y la baja de la demanda efectiva, el Gobierno tuvo buenas razones para expandir el gasto. Es lo que hicieron todos los países del mundo”, justifica. No propone recortes, sino “morigerar” el crecimiento del gasto. “Sin duda, algún ajuste hay que hacer. Con eso, en un sistema de dinámica recaudatoria importante, se recupera a corto plazo un superávit primario confortable”, afirma. Completa su receta con tipo de cambio competitivo y señales fuertes que contribuyan a “frenar esta inflación inercial”.

Según Ferrer, la actual suba de precios no tiene orígenes en los factores clásicos: suba de costos ni exceso de demanda. “Es una inflación inercial. De alguna manera, la sociedad incorporó una tasa implícita en el sistema, del orden del 20 por ciento. El problema, además, está agravado por todo este debate sobre el Indec, que fue un embrollo innecesario”, dictamina. De todas formas, no la cree “descontrolada”.

La solución, dice, pasa más por fijar una política de ingresos. “La inflación actual no tiene nada que ver con la de otras épocas. Pero es un aumento de precios incómodo, que conviene encuadrar. Porque, además, se corre el riesgo de pretender frenarlo clavando el tipo de cambio. Eso haría perder competitividad. La recuperación argentina, en la década última, en gran parte, fue por la modificación cambiaria”, razona. Pierde la vista en los anaqueles que pueblan las cuatro paredes del ambiente, tapizadas de libros. Retoma, casi como conclusión: “Hay una serie de variables, que requieren una coordinación estrecha entre la política fiscal, monetaria y tipo de cambio. Y está todo al alcance de la mano. Eso es lo notable: ya no se requiere la bendición del Fondo, ni de los mercados internacionales. El país es absolutamente responsable de lo que pasa. Para bien y para mal, aunque los errores propios siempre fueron menos graves que los inducidos desde afuera”.



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