Verano en San Sebastián

Verano en San Sebastián

En las playas de esta elegante bahía, los veranos templados como el que comienza en junio brindan el marco perfecto para disfrutar del mar, de la cultura y de una oferta gastronómica única en España. 28 de Mayo 2010

Donostia o San Sebastián, ése es el nombre de la antigua y bella ciudad de 180.000 habitantes que se recuesta sobre las aguas tranquilas de una bahía que se abre hacia el Mar Cantábrico. Sus orígenes se pierden en el tiempo y el primer documento que la menciona data del año 1014. Sin embargo, San Sebastián, lejos de ser una ciudad museo, se muestra dinámica, moderna y con la mirada hacia delante. Así lo certifican las combinaciones únicas que da su costa, en las que un geométrico Kursaal compite en belleza con clásicos como el recuperado Teatro Victoria Eugenia. Y seguramente, lo mejor de todo es que durante el verano plácido y de temperaturas agradables que propone la capital guipuzcoana, estos edificios emblemáticos también están llenos de vida.

Playas con estilo
No son tan amplias como las del Caribe, ni solitarias ni alejadas; aquí las playas forman parte de la ciudad. Como si la defendieran del mar, o como si fueran una plaza más pero de arena. La más famosa es, sin dudas, la Playa de la Concha, que ocupa el sector Este de la bahía. Es el sitio elegido para dejarse ver y observar a los demás; para sentarse en sus cafés y restaurantes a pasar el rato; pero también para adentrarse en las aguas a practicar kayak o navegar a vela. Al atardecer, la playa se ilumina con luces blancas de la costanera, lo mismo que una gran estatua de Jesús que corona la ciudad en lo alto de una loma.

La otra mitad de la bahía está ocupada por Ondarreta, que significa “playa pequeña” en Euskera. La terraza del café Ondarreta es el atalaya perfecto para sentarse a ver a los veleros que entran y salen de la zona. Desde esta azotea se vislumbra la esquiva Isla de Santa Clara, con su playa que aparece y desaparece al vaivén de las mareas. Es que sus playas, a minutos de la costa, solo se ven durante algunas horas en que la marea está baja.
Las playas locales también son escenario para diversas actividades. En el calendario de verano, agosto trae consigo eventos como la Fiesta Mayor o Semana Grand: siete días en los que se realizan numerosos eventos entre los que sobresale el Concurso Internacional de Fuegos Artificiales. Casi toda la ciudad va a la Playa de la Concha para ver las performances de los competidores que sorprenden con verdaderos espectáculos coreográficos a base de pólvora, solo comparables con las mascletas valencianas. Mientras, los conciertos al aire libre en la parte vieja y en la Playa de la Zurriola son dos de los imanes para los más jóvenes.

Septiembre, por su parte, despide el verano con un evento menos movido pero más glamoroso como es el Festival Internacional de Cine, que se celebra en el Hotel María Cristina. Este tradicional alojamiento abrió sus puertas en 1912 y aún hoy es sinónimo de elegancia y hospitalidad. En lo que a gastronomía se refiere, para probar la cocina local basta acercarse hasta el Kursaal para leer una carta firmada por el genial chef Martín Berasategui.

Historias detrás del nombre
Una visita a San Sebastián debe servir además para conocer de primera mano esos lugares que parecen ya mitológicos. Como el Akelarre de Pedro Subijama. Ciento treinta y cinco euros es lo que cuestan las dos opciones de menús de siete pasos llamados Aranori y Bekarki. Platos como pichón asado con un toque de mole y caco, o cochinillo asado con bolao de tomate y emulsión de ibérico hablan de una innovación que toma lo mejor de diversas partes del mundo.

Y por supuesto, San Sebastián y buena mesa van de la mano con el gran Juan Mari Arzak, el padre de la nueva cocina vasca. Y aquí vale la pena hacer un alto antes de pensar en cualquier plato de alto vuelo. Tanto repetir un nombre hasta convertirlo en marca registrada a veces hace perder de vista otros valores no menos importantes. Arzak no es ni de lejos un producto de la moda. La historia del restaurante es también la historia de su familia. Porque su comedor selecto funciona en la casona que construyeron sus abuelos en 1897 con la idea de montar una bodega y taberna en el pueblo de Alza, hoy integrado a San Sebastián. Con el tiempo, los padres de Juan Mari, Juan Ramón Arzak y Francisca Arratibel, elevaron la taberna a casa de comidas y el rumor fue expandiendo la fama del restaurante. En 1951, cuando el pequeño Juan Mari tenía nueve años, su padre murió y su madre, lejos de amilanarse, le dio al restaurante más prestigio y brillo. Recién en 1966, hace más de 40 años, el hoy consagrado cocinero vasco ingresó como trabajador en la empresa familiar. De la mano de su madre fue descubriendo secretos que perfeccionó con el estudio y otros que desarrolló junto a su compañera Maite Espina. En los ‘70 comenzaron los premios y el prestigio y en 1989 llegó la tercera estrella Michelin. Hoy, Arzak padre discute en la cocina con su hija Elena, que ya es la cuarta generación detrás de los fuegos. Es que así es todo en San Sebastián, la historia está presente, pero nunca detenida como en un museo.

Datos útiles
Cómo llegar
Un vuelo ida y vuelta en clase turista desde Buenos Aires a San Sebastián, con escala en Madrid, se paga desde u$s 1500 en el verano boreal.

Dónde dormir
Hotel María Cristina
hmc@luxurycollection.com,
www.luxurycollection.com/mariacristina

Hotel Barcelo Costa Vasca
costavasca@barcelo.com, www.barcelo.com
Hotel Mercure Monte Igueldo
monteigueldo@monteigueldo.com, www.hoteligueldo.com

Hotel NH Aránzazu
nharanzazu@nh-hotels.es, www.nh-hoteles.com



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