Veranito para los ladrillos de Punta

Veranito para los ladrillos de Punta

Con desembolsos de US$ 810 millones, Punta del Este es imán para los inversores. Los players amplían la oferta con productos desde US$ 2200/m2. 16 de Febrero 2010
La costa esteña levanta la temperatura de sus ladrillos. Hoy, con 540.000 metros cuadrados (m2) en desarrollo, Punta del Este tiene US$ 810 millones en inversiones. Apenas 140.000 m2 están terminados, lo que prueba la posibilidad de invertir en proyectos en fase preventa. “Hoy, la demanda está por encima del 100 por ciento, en comparación a la temporada pasada”, cuantifica Juan Carlos Sorhobigarat, director de Terramar.

Superada la etapa de desencuentros entre oferta y demanda, en la que los inversores esperaron, en vano, una baja de precios, ahora, ambas partes ponen toda la carne al asador. “Lo que sella la venta es que no hay otras opciones de inversión. Además, las propiedades son una reserva de valor, en un país que brinda seguridad jurídica”, agrega Sorhobigarat, quien, en 60 días, vendió la mitad de Esturión de Montoya, un reciclaje de un edificio de 36 unidades.

En Punta, el precio promedio del m2, con vista al mar, ronda los US$ 3000. Pero, en el mercado, anticipan que, a mediano plazo, las propiedades aumentarán. “En cinco años, las utilidades de algunos proyectos pueden alcanzar el 50 por ciento”, analiza Igor Martínez, gerente de Tizado Propiedades Punta del Este. A eso, se suma la posibilidad de obtener rentabilidades del 30 por ciento durante el proceso de obra para quienes compran desde el pozo. Un ejemplo fue el proyecto de Sergio Grosskopf, Le Jardin: entre 2003 y 2005, el m2 de la torre pasó de US$ 1600 a US$ 2500. Otro caso es el de Imperiale Tower, que se revalorizó de US$ 2000 el m2 a US$ 4000.

Susana Giovinazzo, directora Comercial de Raghsa, la desarrolladora que está en plena ejecución de la segunda torre Le Parc, un proyecto de US$ 75 millones, cuenta su experiencia: “El valor promedio del m2 en la segunda torre es de U$S 2800. En la primera, hace tres años, prevendimos a un promedio de U$S 1600/1700”, compara.

Pero, como siempre, a medida que el mercado se consolida, se dificultan las posibilidades de conseguir buenas oportunidades. Las incidencias de los terrenos en la primera línea de mar ya alcanzan los US$ 800/m2, con excepciones, como tierras en el puerto, que orillan los US$ 1000/m2. A lo que se suma el aumento del costo de la construcción, que, en Uruguay, en el último año, creció 15 por ciento. Hasta ahora, lo absorbieron los desarrolladores. De todas formas,  durante 2009, los precios subieron entre  5 y 10 por ciento. “Se tuvieron que ajustar los costos en dólares porque esa moneda, en Uruguay, cayó cerca del 25 por ciento: de 24 a 19 pesos”, explica Martínez.  

En cuanto a las oportunidades, la clave parece estar en armar productos que escasean. “Se está reemplazando suntuosidad por espacio”, explica Néstor Sztryk, director de Atijas Weiss, desarrolladora que presentó One, un proyecto de dos torres eco-friendly, de más de US$ 25 millones –incluyendo el terreno– sobre Roosevelt, emplazadas dentro de una reserva de 30 hectáreas. La primera torre tendrá 25 pisos y se ofrecerá a US$ 2200 el m2. Atija Weiss también levanta la tercera torre Imperiale, en la que desembolsará US$ 25 millones, con un m2 en preventa que cotiza a US$ 3000.

“Hay mucha oferta de departamentos premium de US$ 500.000 y faltan los de US$ 250.000, más fáciles de vender y alquilar”, explica  Rubén Beccacece, director del Grupo Edisur. La desarrolladora cordobesa pondrá más de US$ 25 millones en dos torres, en las que el m2 cotiza a un promedio de US$ 2000, con unidades de hasta 130 metros y amenities premium.  Terminado, Beccacece dice que se venderá a US$ 2700/m2.

Otro ejemplo pensado para un target un escalón más abajo es el lanzamiento de la segunda torre Ocean Drive, sobre Roosevelt, con unidades de 70 m2, desde los U$S 148.000. En cuanto a las zonas, las segundas y terceras líneas perfilan buenas posibilidades, con incidencias de US$ 250/m2. Un diferencial que se traduce en los precios de venta, con brechas del 30 por ciento entre la primera y la segunda fila. Otra área con potencial es la antigua zona de La Pastora, en la parada 2, de La Mansa. También Aidy Grill, en los alrededores del Conrad, y el backstage de la ciudad: la zona de las campiñas, sobre la ruta 60, que une el Pan de Azúcar y Minas. 

Además de las torres, los emprendimientos de tierra se multiplican. En Manantiales, está Pueblomio Chacras de Manantiales, que demandará US$ 15 millones e incluirá un resort sobre 160 hectáreas, con m2 cotizante en US$ 50. En el corazón de La Barra, Barra Verde, proyecto de US$ 8 millones sobre 26 hectáreas. Además, los Sutton –dueños del Hotel Alvear– y el grupo inversor europeo Le Sapins inauguraron el túnel subterráneo de acceso a la playa de Veramansa, el emprendimiento de más de US$ 30 millones.    

José Ignacio es la niña mimada de europeos y brasileños de alto poder adquisitivo, con vedettes como The Setai, el emprendimiento de Michael y Johnathan Breene, de más de US$ 40 millones y cuyas villas sobre el mar se venden desde US$ 5 millones. También en José Ignacio, los Camps lanzaron un fideicomiso al costo para la construcción de 76 casas, en Quartier Anastasio. La costa esteña afila sus dotes de seducción con proyectos para complacer a su exquisito target.



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