Una ventana a la obsesión

Una ventana a la obsesión

El film argentino El hombre de al lado aborda un conflicto entre vecinos. Una abertura sobre la medianera de la casa proyectada por Le Corbusier en La Plata conecta dos mundos antagónicos. 23 de Septiembre 2010

La Casa Curutchet en La Plata, la casi sola escenografía donde transcurre la película y el único proyecto de Le Corbusier en toda América, es apenas un anzuelo en la trama. "Es una gema. Es la casa más desconocida del arquitecto más famoso, entonces ahítodo se torna más dramático porque están arruinando una obra maestra de la arquitectura moderna", dispara Andrés Duprat, guionista del film y director de Artes Visuales de la Secretaría de Cultura de la Nación, además de arquitecto.

Una ventana en la medianera, símbolo fetiche del voyeurismo, dispara el conflicto entre un posible psicópata y un paranoico obsesivo. De un lado y del otro de la pared, dos mundos antagónicos reflejados en la vida de Víctor (Daniel Aráoz) y Leonardo (Rafael Spregelburd). Un vendedor de autos carismático, caradura y prepotente versus un prestigioso diseñador que miente para zafar de situaciones de las que no puede hacerse cargo. Lo cool versus lo grasa, según el propio texto: "El tipo es un grasa convencido. Con su locura destraba cualquier situación incómoda. ¿No me digas que no es un genio? Me lo tomé como un ejercicio antropológico", le dice Leonardo a un amigo (Juan Cruz Bordeau). "Me gusta la complejidad de cada uno. Acá no hay personajes maniqueos, no hay ni buenos ni malos", sostiene Duprat. "Porque Leonardo tiene actitudes buenísimas, como cuando no quiere llamar a la policía a pesar de la insistencia de su mujer. Y Víctor que lo avasalla y lo maneja con la culpa", ejemplifica. La mayor carga del diseñador es la desigualdad entre ellos: uno no tiene luz y al otro le sobra. "Necesito atrapar unos rayitos, quiero un poquito del sol que a vos te sobra, que vos no usás", insiste Víctor.

La idea original surgió a partir de un problema real entre el guionista y un vecino. "Si bien no fue tan exagerado, me abrió un agujero en la medianera para hacer una ventana. Yo tenía competencia y autoridad, pero el tipo me desmanteló el discurso. Fue muy eficaz e intimista. Me llevó a un lugar donde yo quedaba casi como un facho", dice Duprat. Y así surgió el personaje de Víctor, que hasta le regala a Leonardo una escultura hecha con balas de escopeta y alambre de púa y le manda flores a su mujer para conseguir lo que quiere. "El tema es la imposibilidad de entenderse con el otro. Los dos son argentinos, viven en el mismo barrio, tienen la misma edad…", sigue.

La película transcurre entre las negociaciones con el vecino y las discusiones con su mujer, que se muestra mucho más intransigente con Víctor, a quien llama troglodita. Pero la ventana no solo desata un conflicto sino que destapa otros prexistentes: la mala relación de Leonardo con su esposa, y de ambos con su hija adolescente. "Y también el tema es cuando se atraviesa esa línea. Leonardo cree, ilusoriamente, que desapareciendo Víctor, desaparecerá también la ventana y sus problemas", agrega el guionista. Pero es irreversible, aunque la tapen. Porque lo que se abre, en este caso, no se puede volver a cerrar.

¿Quién mira a quién?
La posibilidad de que otro lo mire (o lo espíe) desvela al diseñador. El conflicto de la ventana hace estallar todo lo que sucede en la casa y la guerra fría se instala entre los convivientes. "En un momento, Leonardo va a la casa del vecino y desde ahí mira su casa, su vida. La vista de su realidad es tristísima", acota Duprat. Pero, finalmente, los roles se invierten y esa ventana se convierte en la posibilidad de espiar al vecino y conocer más de la vida de ese extraño. Al punto de levantarse de madrugada, despertar a su mujer e ir en penumbras a ver qué hace Victor. Entonces, el hombre de al lado se convierte en una pesadilla donde la locura de uno es la obsesión del otro. Y viceversa, como diría Benedetti.

La Casa Curutchet, única en su especie
"El respeto por la obra es cultural. Uno lo tiene y el otro no", asegura Duprat. Por eso para Víctor es posible abrir una ventana y ponerle un marco de madera que nada tiene ver con el estilo de la casa, mientras que Leonardo se niega a ponerle rejas y es incapaz hasta de decidir dónde colocar el botón antipánico, que se ve obligado a instalar por el temor que le causa el vecino. "Y… habría que consultarle a Le Corbusier dónde lo pondría", dice el personaje.

Duprat, oriundo de La Plata, conoce a la perfección esa casa. "Ver la vida ahí es impactante, cómo funciona, cómo la viven. Eso fue posible gracias a la ficción", agrega. Construida entre 1949 y 1953 a pedido del médico cirujano Pedro Curutchet, la casa es la única obra en toda América de Charles Jeanneret, conocido como Le Corbusier. Ubicada en el 320 de la calle 53, hoy es visitada por estudiantes y arquitectos de todo el mundo. En la película esto también se refleja cuando tocan el timbre para poder pasar y conocerla. "Wikipedia le hace mal a la gente", minimiza Leonardo.

La casa, de 345 metros cuadrados, tenía como fin ser la morada del médico, su mujer y sus dos hijas, mientras que la parte de adelante funcionaría como consultorio, sala de espera y gabinete. La dirección de la obra estuvo a cargo del arquitecto argentino Amancio Williams.



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