Un pragmático que apuesta fuerte al euro

Un pragmático que apuesta fuerte al euro

El italiano asumió esta semana al frente del Banco Central Europeo (BCE), en reemplazo del francés Jean Claude Trichet. Con una sólida carrera en el mundo financiero y la fama de duro que lo hizo acreedor del apodo de “Súper Mario”, Draghi se enfrenta ahora a su mayor desafío: mantener al euro en funcionamiento y salvar a la Eurozona de su peor crisis. 04 de Noviembre 2011
"Es tiempo de “Súper Mario". Así anunciaba The Economist la llegada del nuevo presidente del Banco Central Europeo (BCE), el italiano Mario Draghi, que a sus 63 años tomó el mando de la institución, uno de los trabajos más difíciles que hoy por hoy ofrece el mundo económico. "Será muy difícil estar en los zapatos de Jean Claude (Trichet, el presidente actual). Es tan bueno que será muy difícil sucederlo", dijo, en una conferencia de prensa, luego de su nombramiento. Su apodo, sin embargo, habla de su reputación. Lo consiguió a raíz de su desempeño como gobernador del Banco de Italia, su cargo inmediatamente anterior, que ejerció con éxito desde fines de 2005. A Draghi se adjudica la responsabilidad por la situación relativamente buena de la economía italiana en los últimos años. Pero su papel fundamental en el gobierno de su país fue durante los ‘90, como director general del Tesoro, puesto que ostentó durante la década entera, hasta 2001. El resto de su carrera tiene un perfil internacional: ha estado al frente del Banco Mundial y la norteamericana Goldman Sachs. Draghi sube así un nuevo peldaño en su trayectoria, con una amplia experiencia en instituciones macroeconómicas de primer nivel.

Hay que decir que la economía corre por la sangre de la familia de Draghi. Su padre, Carlo, ya había trabajado en el Palazzo Koch, sede del Banco de Italia, en Roma, en la organización de la impresión del dinero italiano durante la posguerra. Por otro lado, Giacomo, uno de los dos hijos que tiene con su esposa, descendiente de los poderosos Medici, es trader de tasas de interés en Morgan Stanley y, casualmente, su trabajo depende de las decisiones de los bancos centrales respecto de las tasas de interés. Parte de esas decisiones pasarán a ser tomadas ahora por su padre.

Por su parte, Mario, luego de ser educado por los jesuitas del Instituto Massimiliano Máximo, que en sus palabras le dieron "espesor cultural, equilibrio y coherencia de pensamiento", estudió economía en la Universidad de La Sapienza, en Roma, la más grande de Europa, la mejor de Italia y una de las más prestigiosas del mundo. Se graduó con la nota más alta de su curso. De ahí, fue al Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde en 1976 consiguió su doctorado bajo la tutela de Franco Modigliani y Robert Solow, ambos ganadores del Premio Nobel.

Draghi inició su carrera en el mundo académico. Primero fue profesor de Política Económica y Financiera en la Universidad de Trento, entre 1974 y 1978; luego pasó por la de Padua y Venecia enseñando Macroeconomía y Economía Matemática respectivamente; y por último llegó a su cargo más importante como profesor ordinario de Economía Política y Monetaria en la Universidad de Florencia, entre 1981 y 1991.

En ese entonces ya era director ejecutivo en el Banco Mundial, donde estuvo entre 1984 y 1990. En 1991, pasó al sector público de su país como director general del Tesoro. Ahí se convirtió en el responsable de las privatizaciones más importantes de Italia durante los ‘90, una década marcada nada menos que por 10 cambios de gobierno. Draghi resistió a todos, siempre con un perfil alto. En 1993, pasó al frente del Comité de Privatizaciones, y en 1998, fue autor de la ley sobre las Ofertas Públicas de Adquisición (OPA), conocida simplemente por su apellido como "ley Draghi", que instituyó la normativa referente a esa cuestión. De hecho, Telecom Italia fue la primera empresa fruto de esa legislación.

Draghi se alejó del sector público en 2001, justo cuando Silvio Berlusconi llegó al poder. En 2002, asumió como vicepresidente para Europa en Goldman Sachs. Es éste el puesto que le ha valido a Draghi más sospechas y reproches. Goldman Sachs está acusada de haber ayudado a Grecia a ocultar su déficit presupuestario para conseguir un mejor precio para los bonos cuya emisión tenía a su cargo. Todo esto sucedió precisamente durante el período en el que Draghi era vicepresidente. Una y otra vez, el italiano ha rechazado toda responsabilidad en la materia y negado conocimiento del asunto. "Los acuerdos entre Goldman Sachs y el gobierno griego fueron acordados antes de mi gestión. No tuve nada que ver con estos tratos, ni antes ni después", se defendió hace poco en una conferencia de prensa, visiblemente molesto. "No estaba a cargo de vender cosas a los gobiernos; de hecho, trabajaba con el sector privado, y aunque Goldman Sachs esperaba que trabajase con el sector público cuando me contrató, le dije que, francamente, habiendo estado antes en el sector público, no tenía ningún interés ni gusto por trabajar en él".

Con todo, Draghi volvió al sector público como gobernador del Banco de Italia en diciembre de 2005. Su misión era justamente restaurar la credibilidad de la institución, cuyo gobernador anterior, Antonio Fazio, acababa de dimitir, luego de las escandalosas ofertas públicas de adquisición de los bancos Antonveneta y Banca Nazionale del Lavoro. Además de este inconveniente, a Draghi le tocó lidiar con la crisis internacional de 2008, durante la que tuvo que evitar el hundimiento del sistema bancario. Y cumplió con éxito.

Por lo demás, poco se sabe respecto de la vida privada de Draghi. En general, se lo señala como alguien discreto e introvertido, pero en sus entrevistas asoma claramente un carácter duro y determinado. Fulvio Conti, director general del Ente Nacional de Energía Eléctrica italiano, que estudió con Draghi en La Sapienza, asegura que es una persona "de gran competencia, extrema seriedad y, al mismo tiempo, tolerante y respetuoso". "Siempre es muy independiente, muy reservado y técnicamente excelente", ha dicho, por su parte, el ex ministro de Finanzas alemán, Peer Steinbrück.

Esa independencia tiene que ver con otros dos rasgos que quienes mejor lo conocen suelen destacar: su intuición política -con la que, según algunos, ha conseguido su nuevo cargo- y su pragmatismo, que puede ser considerado una señal de heterodoxia. De hecho, el pragmatismo es una de las características que el propio Draghi ha dicho admirar en su antecesor Trichet.

Lo cierto es que su asunción no supone ningún cambio radical en la conducción del BCE. Draghi es alguien profundamente formado en el mundo de las finanzas internacionales de las últimas décadas y sus convicciones acompañan sus lineamientos generales. "Me honra ser considerado un candidato para el BCE porque creo que la Unión Europea, con el euro en su centro, ha sido un gran éxito. Ninguno de los acontecimientos recientes, incluida la crisis global, ponen esto en duda", dijo al conocerse su nominación.

Si bien aún no se sabe mucho sobre el rumbo que tomará su gestión, ha dado algunas pistas: "Comparto la posición del BCE que dice que no está a favor de reestructuraciones o recortes. Deberíamos excluir todo concepto que no sea puramente voluntario o que tenga cualquier elemento compulsivo. Buscamos evitar defaults". En esto replica la línea trazada por Trichet.

"Toda la clase financiera internacional lo apoya", afirmó recientemente una poderosa fuente de Bruselas al Financial Times Deutschland. "Draghi es el mejor hombre que puede ofrecer Europa".



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