Un edificio que vuelve a brillar

Cómo se recuperó una construcción patrimonial de 1928, ubicada en Diagonal Norte y Suipacha. El principal desafío fue rehabilitarlo sin que los inquilinos cerrasen sus oficinas. Además de las actualizaciones técnicas, la restauración de la fachada implicó quitar 88 equipos de aire acondicionado que fueron reemplazados y reubicados en plataformas que se diseñaron en el patio interior. Detalle de una obra que demandó tres años y cerca de un millón de dólares. 19 de Agosto 2010

Oscurecido por el hollín y camuflado entre casi 90 equipos de aire acondicionado, el edificio de Roque Sáenz Peña 917, construido en 1928 por el ingeniero Alejandro Enquin, pasaba más que desapercibido, salvo para quienes, al mirar hacia arriba, descubrían su imponente cúpula. Hoy, luego de una intensiva restauración que duró tres años e incluyó la puesta en valor de su fachada y la actualización técnica de acuerdo a la normativa vigente, la pequeña torre de nueve pisos ilumina de amarillo y beige la Diagonal.

"Antes que nada, hay que destacar que se hizo toda la rehabilitación con la gente trabajando adentro de sus oficinas. El criterio fue cambiar todas las instalaciones del edificio, desde las eléctricas, las bajadas de agua, las montantes de electricidad, las corrientes débiles para telefonía, circuito cerrado de televisión y seguridad. Pero el recambio fundamental fue el de los equipos de aire acondicionado de las fachadas, que se remplazaron por splits en forma interior. Los equipos se trasladaron a un patio interno, donde hicimos plataformas metálicas con salidas en cada piso para facilitar el mantenimiento", explica minuciosamente el arquitecto Armando Otero, socio del estudio Fernández Huberman Otero (FHO), quien sugiere que utilizar las instalaciones de servicio para ocultar equipos y cables, como se hizo en esta obra, podría ser una propuesta modelo para restaurar este tipo de construcciones.

Readaptar un edificio antiguo
Concebido para renta desde su origen, al principio fueron departamentos de vivienda con una gran tienda debajo. Con el correr de los años, la planta alta se fue adaptando para albergar oficinas. "El local de abajo vendía comida y utilizaba el viejo conducto del incinerador para ventilar. Ahora se reorganizó y ese conducto se hizo a los cuatro vientos. Si ese local se vuelve a alquilar para gastronomía, no afectará la seguridad", cuenta Cristina Fernández, también socia de FHO. "Es que junto con el humo y la grasa, las instalaciones eléctricas también subían por ahí", completa Otero.

Además de la recuperación de la fachada, el basamento y la cúpula, la modernización de las instalaciones necesitó una gran inversión. "A veces los patrimonialistas piensan que alcanza con arreglar la fachada solamente. Pero el dueño del edificio asumió un costo enorme. Hizo esto porque le gusta el edificio, lo quiere, pero además tiene una vertiente constructora en su empresa familiar, por eso entiende", agrega Fernández. "Cuando tomamos esto, no sabíamos en qué nos estábamos metiendo. Invertimos cerca de un millón de dólares que no se recupera", dice Héctor Leiro, quien además es dueño del Palacio San Miguel y el complejo Torres de Manantiales en Mar del Plata.

A partir de esta remodelación, cada oficina tiene su propio aire acondicionado y su tablero de luz correspondiente. "Sacamos el gas de todo el edificio porque ya no se usa, igual que las duchas. También hubo un acuerdo por los carteles y marquesinas que no están permitidos. Y fundamentalmente, recuperar la visión general que tuvo el autor. Este, junto con el Banco de Boston, es uno de los edificios más interesantes de la Diagonal", dice la arquitecta.

Puertas adentro
En cada una de las unidades que se desocupan, los arquitectos intervienen también en el interior. Refuncionalizan el espacio y hacen a nuevo el baño. "La idea es que cada semipiso se una, logrando una planta completa de 200 metros cuadrados, como en este caso", muestra Otero. Pero hoy, la mayoría son oficinas de 100 metros cuadrados. "Los splits se agregaron de una forma pensada para que si se hacen posibles divisiones, no haya que sacar un equipo afuera. Queremos evitar eso", agrega. El último piso es una especie de pent house, con una escalera interior llega que hasta el noveno y desde el balcón se accede a la cúpula. "Este edificio está en el listado de los 6.500 edificios catalogados como patrimoniales pero, a pesar de eso, la inversión fue 100% privada", insinúa Fernández. "Es que tiene una catalogación preventiva y eso es una limitación. Si al menos tuviera una definitiva se podría pedir la exención de algunos impuestos. Pero está en una especie de limbo en la que el dueño hace la inversión y no puede recuperar nada", completa Otero. Lo cierto es que, a pesar de estos inconvenientes y luego de tres años trabajando de noche o sábados y domingos, finalmente la ciudad recuperó este edificio como parte de su historia y su patrimonio.

Un poco de historia
"El ingeniero Enquin es el mismo que hizo la sinagoga mayor en la calle Libertad. Es decir: tenía este estilo y también el estilo moderno. Estos edificios son eclécticos y muchas veces los arquitectos e ingenieros, como están acaballados entre el movimiento moderno y el eclecticismo, hacían a lo largo de su vida distintos modelos", explica la arquitecta. "Era como un músico que tocaba varios instrumentos", metaforiza Otero.

Además de un edificio en la calle Sarmiento 848, en el barrio de San Nicolás, Enquin remodeló el actual Lola Membrives. Construido en 1914 para albergar al teatro Smart Palace, que al ser comprado por Alberto Ballestrini y Blanca Podéstá, fue cerrado y trasladado enfrente. Entonces el anterior edificio fue remodelado por Enquin para convertirse, en 1927, en el teatro Cómico.

Con respecto a la sinagoga, con el crecimiento de la comunidad judía, el edificio de Libertad 779 fue ampliado y modificado en 1932. Junto al arquitecto Norman y al ingeniero Gantner, Enquin estuvo a cargo del proyecto.

Ficha técnica
Ubicación: Roque Sáenz Peña 917.
Superficie: 2.800 metros cuadrados.
Arquitectos: Cristina Fernández, Pablo Huberman y Armando Otero del estudio FHO. También colaboraron los arquitectos Nicolás Tauro y Diego Zanabria.
Año del proyecto: 2007.
Construcción: 2008-2010.
- LA FACHADA: Además de quitar los 88 equipos de aire acondicionado y remendar las ventanas y mamposterías que habían sido agujereadas para esas instalaciones, se recuperó todo el basamento, el símil piedra de la cúpula, los granitos faltantes en la parte inferior del edificio y las tejas caídas. "Este símil piedra es original, es una composición de colores hecha originalmente. En todos los casos, previamente se hicieron investigaciones y pruebas de materiales para conseguir las mismas coloraciones. También hubo que tapar y reproducir la mampostería agujereada por los equipos de aire", comenta Fernández. "El revoque original se recuperó con un hidrolavado profundo que quitó la pintura que tenía encima, se limpió y se retiraron las incrustaciones y agregados, producto del paso del tiempo. No es perfecto porque la intención es que marque la edad del edificio", agrega Otero.
- LA CÚPULA: Es el último lugar donde se está interviniendo. "Se trabajó todo el tiempo con andamios móviles apoyados sobre estas terrazas. Sólo la torre tiene andamio fijo. En esa columna se está haciendo el molde para recuperar la forma original de las otras que faltan", detalla Otero. "En el remate faltaban piezas hubo que recuperar. El pináculo y los cuatro pinaculitos no estaban", agrega Fernández. "Cuando cayó uno de ellos, hace 30 años, removieron todos. Entonces, sobre la impronta que quedó en la pared se hizo el molde", explica Damián Tauro. El estudio contrató a un especialista en rehabilitación de fachadas para esta tarea. Previo al modelo original se hicieron planos de cada uno.
- RECURSO FUNCIONAL: Y original. "El patio interno se cerró y se colocaron plataformas metálicas a la altura de cada piso con acceso desde las ventanas que dan a la escalera", cuenta Otero. Los equipos antiguos se remplazaron por splits en cada una de las unidades (ver punto 6).
- LOS PALIERES: Una de las intervenciones fue volver a poner las puertas tal como eran. Solo en algunos pisos quedaban las originales. "Cada inquilino, a lo largo de los años, cambió la puerta. Había de vidrio, de lata, de nada… tuvimos que mandar a hacer varias", dice Fernández. La escalera de mármol de carrara tenía faltantes, escalones rotos y goma antideslizante. "Sólo dejamos la que pide la norma", aclara la arquitecta.
- REUTILIZANDO ESPACIOS: En el hueco del viejo conducto del incinerador se acomodó toda la instalación eléctrica y contra incendio. "Se hizo esta puerta por pasillo que permite abrirse ante cualquier dificultad, sin necesidad de romper nada, mientras los cables quedan ocultos", comenta Fernández.



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