Un dúo que supo darle otro giro a la ropa interior

Un dúo que supo darle otro giro a la ropa interior

La marca de diseño de pijamas y ropa para dormir nació en 2008, de la mano de un matrimonio que quería desarrollar un proyecto en común. Hoy, planifican la expansión, a través de franquicias y el fortalecimiento del canal mayorista. 19 de Enero 2012

Sonia Bunge y Germán Vinuesa crearon Bathinda al poco tiempo de casarse. Se conocieron cuando la vida los cruzó en el área Comercial de Falabella -él es ingeniero industrial, ex Techint, y ella, administradora de empresas, pasó antes por la consultora Hermes Management- y allí nacieron dos historias: la de su pareja y la de Bathinda.
Como suele suceder con los emprendimientos de quienes deciden dar el salto de la vida corporativa al proyecto propio, el negocio fue creciendo lentamente y durante algún tiempo la pareja mantuvo la relación de dependencia. Sonia fue la primera en dejar la compañía donde trabajaba, en 2008, para dedicarse full time a Bathinda. Gemán siguió en Jumbo, como gerente Comercial, un tiempo más. Ambos rondaban los 30 años, no tenían hijos todavía y compartían las ganas de emprender un proyecto en común.

El inicio
"Cuando dejé Falabella tenía ganas de hacer algo por mi cuenta; no sabía bien qué pero tenía claro que sería en la industria de la moda. Hicimos una pequeña investigación de mercado, con desarrollo casero pero cada uno desde su profesión y vimos que había un nicho con una necesidad insatisfecha", cuenta Bunge. Lo que decidieron, entonces, fue diseñar ropa para dormir y estar en casa. "En la Argentina, había mucho desarrollo de corsetería, pero no en el área de pijamas", dice.

La experiencia adquirida en el área de Compras les ayudó a desarrollar proveedores. Por eso, la parte más compleja del proyecto fue definir la producción. "Como en ese momento no había tantas restricciones a las importaciones, a través de un proveedor indio hicieron contactos para comenzar a fabricar parte de las prendas en la India (shorts y pantalones). La confección del resto, remeras y camisones, se resolvió con una empresa local. La inversión para lanzar la primera temporada fue de u$s 10.000. Los diseños estuvieron -y siguen estando- en manos de Lorena Nuñez, aunque Bunge participa también activamente de esta etapa.

La primera colección (unas 1.500 prendas) se vendió en ferias de diseño, de Navidad y en su propia casa. "Fue una prueba piloto para ver si la moldería y los diseños funcionaban", cuenta la emprendedora. Pero, además, les sirvió para conseguir dos o tres clientes mayoristas que les dieron el primer empujón para crecer en ventas.

En octubre de 2008, el matrimonio se presentó en Buenos Aires Emprende y obtuvo como premio un aporte no reembolsable de $ 40.000 que destinó a la apertura del primer local. Con la asistencia de la Fundación Endeavor, en julio de 2009, abrieron las puertas en el barrio porteño de Recoleta, con una inversión total de $ 100.000 (el resto fue completado con ahorros propios). "Desde que nos acercamos al Gobierno de la Ciudad, encontramos una red de apoyo de emprendedores que no sabía que existía. Hay muchas herramientas a las que no accedemos por falta de tiempo", admite.

Producción condicionada
Durante dos temporadas, produjeron en la India. Luego, cambiaron a Myanmar (antigua Birmania), en busca de mejor calidad de los productos. Hasta que, en 2011, ante el fortalecimiento del modelo de licencias no automáticas para la importación, tomaron la decisión de comenzar a producir localmente, pero con telas importadas.
Utilizan algodón Pima peruano para remeras, camisones y batas (Nota de Red.: junto con el egipcio, este algodón es considerado uno de los de mayor calidad en el mundo), que compran a través de Yersyplast Iteva, un proveedor local. El resto de los pijamas se hacen en telas como poplín, voile y viyela. En el último año, vendieron alrededor de 20.000 prendas, comentan los emprendedores.
"No nos quedó otra alternativa que pasar de lo importado a producir localmente. Uno se tiene que adaptar a lo que el país te lleva a hacer. Al principio, no estaba tan contenta. Si existen restricciones y hay apoyo para el desarrollo de la industria local, me parece lógico. Pero, a veces, los proveedores no hacen inversiones de largo plazo en maquinaria y el nivel de informalidad de la industria textil local es importante. Lo bueno es que como cada vez hacemos más unidades, tenemos un mayor poder de negociación y somos más eficientes. A nivel producto, fuimos mejorando y, hoy, estamos satisfechos con los resultados", analiza la empresaria.

El futuro
Actualmente, la fabricación está tercerizada en una selección de proveedores socialmente responsables. "Trabajamos con talleres serios y grandes, que están en blanco. Cada tanto, hacemos una fiscalización para chequear que los talleres estén regularizados", asegura Bunge.
Otro hito de Bathinda fue la participación en la feria Puro Diseño, en mayo de 2010, que los colocó en una gran vidriera. "Nos trajo alrededor de 10 clientes por mayor, una parte importante de los 45 que tenemos actualmente", dice. En noviembre de ese mismo año, inauguraron su segundo local en Palermo, con una inversión de $ 80.000, salidos de rentabilidad y aportes familiares. Hoy, sus productos están en todo el interior, en locales multimarca. Y, a partir de diversas consultas recibidas por potenciales inversores, los emprendedores analizan la expansión de la marca a través de franquicias. Para eso, acaban de incorporar a la organización una persona que se dedica exclusivamente a desarrollar el canal mayorista. En ese canal, está puesto el foco de la firma para este año. También en la apertura de un tercer local en el barrio de Belgrano.

Perfil
- Inversión inicial: u$s 10.000
- Comercialización: el 60% se vende en locales multimarca. El resto, en locales propios.
- Empleados: 6 (en relación de dependencia)
- Facturación estimada a febrero de 2012: $ 1,6 millón
- Locales propios: 2



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