Tomás Abraham:

Tomás Abraham:"A los K les importa poco la ideología. Son maníacos del poder"

El filósofo Tomás Abraham reflexiona acerca del modo de ejercer el poder del matrimonio Kirchner. Sin pelos en la lengua, lo acusa de “totalitario” y de trabajar con la “intimidación” para someter a sus adversarios. También pone la lupa sobre el problema de la corrupción y asegura que nadie puede gobernar la Argentina sin el control de “la caja”. Sobre la oposición dispara: “Su principal problema es ella misma”. 05 de Abril 2010

“¡Uy! ¡Me olvidé de que venían hoy! Pero pasen, ya vuelvo, me voy a arreglar un poco. Al final, van a creer que soy filósofo en serio”, suelta a media sonrisa Tomás Abraham, apenas abre la puerta de su estudio de Palermo, un loft algo caótico y repleto de libros. Lo cierto es que este pensador porteño nacido en Rumania, que vivió su juventud en París durante el Mayo Francés, se aleja -y mucho- de ese personaje estereotipado, heredero de Platón y Aristóteles, que en el imaginario colectivo aparece completamente dedicado a la contemplación y al pensamiento, sin anclaje con la actualidad. Todo lo contrario. El autor de Los senderos de Foucault, entre otros libros, no tiene inconveniente en “meter los pies en el barro” de esta convulsionada Argentina para advertir que los Kirchner “juegan con fuego”. “Esto ya lo vimos en el país. Es gente (por la pareja presidencial) que crea climas. Ahora, el día que se enciende una mechita, hay incendio” dispara. Se refiere, claro, a las brasas todavía ardientes de la interminable pelea entre el Ejecutivo, el Congreso y la Justicia por el uso de las reservas del Banco Central, que mantuvo en vilo a los argentinos durante el último verano. Para este filósofo moderno, que viste de negro de pies a cabeza y lleva puesta una remera con el rostro impreso de Michel Foucault, su maestro de Filosofía en París, esta “agitación” tiene una función. ¿Cuál? “Ocultar lo mal que está la sociedad y disimular que en los últimos 25 años, los argentinos no nos movimos un centímetro”.

Analítico, crítico, punzante, Abraham también afirma que la corrupción en la Argentina “es un problema de la sociedad en su conjunto”.“Hasta que no haya un estado con personal gubernamental más o menos confiable y exista un estado con un personal gubernamental del "roba pero hace", toda la sociedad va a obrar en consecuencia”.

Usted ha reflexionado mucho sobre la relación entre los intelectuales y el Poder. ¿Le sorprende el apoyo de algunos intelectuales al gobierno de los Kirchner?
¿Por qué no va a tener adhesiones el Gobierno de parte de intelectuales si les da lo que les gusta? ¿Por qué hay que asombrarse tanto de que haya gente de la cultura que apoya a los Kirchner? Hay otra gente a la que le parece absolutamente asombroso que haya quienes estén a favor de lo que se llama entre comillas "la oposición", a la que califican de golpista y conservadora. El kirchnerismo, por llamarlo con algún "ismo", le dio cierta importancia a valores que la gente de la cultura, ahora oficial, aprecia. El Gobierno supo calibrar la necesidad que tenía la sociedad de rescatar algún valor positivo, un resto de dignidad. El kirchnerismo desde 2004 en adelante, desde la inauguración del Museo de la Memoria en la Esma, armó su estrategia para conquistar y seducir a amplias capas de la cultura con sus políticas de los derechos humanos, con su asociación a las reivindicaciones de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, con la reinvindicación de los setenta...

Sorprende cuando sectores progresistas pasan por alto ciertos rasgos preocupantes de los Kirchner. Por ejemplo, el aumento exponencial de su patrimonio. ¿Hay ingenuidad en esos sectores?
Ingenuidad no hay ni la hubo. La posición del ingenuo en la Argentina es una posición acostumbrada.

Y los mea culpa siempre llegan tarde...
No es un mea culpa, es un acomodo a la situación presente.

¿Con qué beneficio?
El beneficio es bastante grande, es estar siempre limpio, no ser responsable de las decisiones pasadas, es poder culpar siempre a otro, al de afuera, es el de no asumir la complejidad de los temas y por lo tanto ser un maniqueo del bien y del mal y estar siempre del lado del bien. ¡Hay tantos beneficios!

Confunde ver a las Madres de Plaza de Mayo defendiendo el pago de deuda con reservas...
Yo no ando buscando una viga en el ojo ajeno. Me interesa pensar qué pasa en la Argentina. Digo esto para que la política no se transforme en una especie de botonería, todo el mundo va a ser botón de lo que hace el otro. Hablemos de los temas más importantes.

¿De cuáles?
No tocamos los temas de las inversiones en infraestructura necesarias para un desarrollo sustentable porque no sólo son complejos sino que aburren a la gente. Pero es crucial. Hablemos de la corrupción. Es cierto que es un problema, no sólo para los kirchenristas que apoyan, es un problema para la sociedad en su conjunto. Pero no es un problema de cantidad, es un problema de calidad. Toda la plata que se roba es plata que alguien la trabajó, es plata real, plata que puede volver a la sociedad, plata con la que se puede hacer cosas. No hay un centavo en la Argentina que alguien no lo haya sudado. No es una cuestión de ética republicana en general, sino de una visión de la sociedad.

¿Y esa visión cómo se cambia?
Si yo supiera cuál es el cambio sería un profeta. Hasta que no haya un estado con personal gubernamental más o menos confiable y exista un estado con un personal gubernamental del “roba pero hace”, toda la sociedad va a obrar en consecuencia porque el estado es el espejo de la sociedad.

¿Cómo explica la incapacidad de la clase política argentina de tirar todos para el mismo lado para alumbrar consensos básicoS cómo hacen Chile, Brasil, Uruguay?
No es sólo un asunto de clase política. Bachelet tiene 80% de aprobación social, más allá de lo que puede significar una encuesta y cómo se hace. ¿Por qué? ¿Por qué Tabaré se fue con tanta adhesión? ¿Acaso tuvieron logros económicos mucho más grandes que en la Argentina en los últimos siete años? No. Argentina creció a tasa china, Chile no. Uruguay, ahí nomás. O la popularidad de Lula. Brasil tuvo sus caídas, sus subidas. Parece que a algunas sociedades les gusta tener personal gubernamental que no roba. Les gusta en Chile, no desconfían de bolsillo de Bachelet ni en Uruguay del de Tabaré, o en Brasil del de Lula. Creen que se retiran con el mismo contenido en los bolsillos que cuando asumieron.

¿Por qué somos tan distintos?
Tomemos en cuenta que de los tres gobiernos constitucionales que hubo, dos se tuvieron que ir antes de tiempo y el tercero es de un innombrable. Y que en 2001 en un mes tuvimos cinco presidentes, y después uno de facto que fue Duhalde, que se tuvo que ir antes de concretar su propio proyecto. Y después Kirchner que ganó como ganó y ahora le sigue su esposa. Es una dinastía familiar. ¿De qué nos vamos a sorprender? ¿Cómo desconocemos nuestra historia inmediata? Ya no estoy hablando de la dictadura militar ni de peronismo-antiperonismo ni de una historia para viejos. Hablemos de nuestra generación o de la generación de los jóvenes. ¿Qué pasó estos 25 años?

¿Cómo ve el conflicto por las reservas del Central en el que estamos inmersos desde hace tres meses?
Imaginemos que la oposición, por medio de los radicales, de Morales, de Cobos, y del PJ disidente se pongan de acuerdo con el Gobierno por una ley de uso de reservas para el pago de la deuda. ¿Qué estuvimos discutiendo durante 3 meses? No tiene sentido, pero sí una función.

¿Cuál es?
Ocultar lo mal que está la sociedad. El síndrome maníaco-depresivo: euforia-depresión. Estos son estados eufóricos, de permanente agitación, siempre estamos al palo. Siempre algo terrible está por pasar. Sale la Carrió y dice “esto se va al diablo”, sale Cristina y dice “no pasarán”, la cruzada contra los medios, los DNU, luego viene un Rossi a lanzar la consigna de atacar a los jueces, y después hay manifestaciones en el Congreso por Marcó del Pont, ¡por una presidente del Banco Central! ¡Hasta la Iglesia se preocupa por las reservas del BCRA! Entonces, todo esto es agitación. ¿Cuál es la función? Disimular que no nos movemos. Después tomamos un trozo de 25 años y no nos movimos un centímetro.

Hay quienes diferencian dos etapas en el kirchnerismo: una virtuosa, hasta 2006, y otra defectuosa, que arrancaría con Cristina en 2007. ¿Lo entiende así?
No. A mí en 2003 me pareció que Kirchner estaba haciendo algo interesante respecto de lo que había heredado de Duhalde, con Lavagna. Terminó con el Museo de la Memoria. Ahí me di cuenta de que era un demagogo. Estaba buscando poder y legitimidad. Lo que pasó en 2001 fue una crisis muy grave. Si vos no creés más en la dictadura, porque la mitad del país durante años pedía golpes de estado, y después no creés más en el régimen del "84 que era republicano, ¿en qué creés? No se creía más en los jueces, en la Policía, en el Ejército, en las instituciones, en los políticos...

Digamos que Kirchner logró reconstruir autoridad....
No sé si autoridad..., poder, que no es lo mismo. Construyó poder. Para construir poder, él necesitaba cierta legitimidad, porque lo que da autoridad es la legitimidad y la autoridad es también moral.

¿Y la caja? ¿Los Kirchner pueden gobernar sin la caja?
Nadie. Ni Cobos. Acá sin caja no se puede gobernar. El poder es dinero y después inventamos la ideología: kirchneristas, cobistas, macristas..., se necesita caja.

La ideología de los Kirchner es un tema de constante debate...
Para mí no son progresistas. Lo que pasa es que del progresismo, ha quedado "el progre", que es una palabra despectiva, con connotaciones de hipocresía en lenguaje políticamente correcto.

¿Y los Kirchner son "progres"?

Sí, absolutamente. A ellos les importa bastante poco todo tipo de ideología. Son maníacos del poder.

¿Hasta dónde puede escalar el conflicto entre el Ejecutivo y la Justicia? Es paradójico que todo el mundo le reconozca a los Kirchner la renovación que hicieron de la Corte Suprema y sean ellos los que hoy parecen renegar de esa acción...
No es que reniegan, hay contradicciones. Está bien que hayan renovado la Corte. Lo que pasa es que ellos no pueden parar. ¿O pararon en Santa Cruz? No pueden hacer en la Argentina lo que hicieron en Santa Cruz. Son totalitarios. En Santa Cruz no pudo pasar lo que pasa acá. No había medios de comunicación opositores, eran de ellos. No estaba Carrió, toda esta gente molesta. La Argentina es más compleja que Santa Cruz, tiene poros, es fragmentada, la fragmentación no impide avanzar, pero tampoco permite con tanta facilidad que alguien se apropie de todo.

¿Es una estrategia inventarse todos los días un enemigo distinto?
Sí, ellos juegan con fuego, esto ya lo vimos en la Argentina. Gente que crea climas, ahora, el día que se enciende una mechita hay incendio. En la Argentina hay un mal clima, hay clima de guerra, sin guerra. ¿Les rinde a los Kirchner o no? No tengo ni idea, las cuentas las hacen ellos.

¿Y la oposición?
Para mí el principal problema de la oposición son ellos mismos. Por el contrario, Kirchner les permite estar juntos.



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