Tejidos marplatenses a todo el país

Tejidos marplatenses a todo el país

La fábrica de sweaters Onna produce, con su marca y para otras firmas, más de 80.000 prendas al año. La empresa transita la segunda generación, con una apuesta a la innovación tecnológica y el diseño. 10 de Junio 2010

Nicolás Berardo es italiano y la historia de su empresa es también la de su familia. Llegó a Mar del Plata a los 16 años y empezó a trabajar en el sector textil. Conoció a su esposa, con quien fundó hace más de cuatro décadas una fábrica de sweaters. La empresa creció. En los ‘80, lograron importar la primera máquina eléctrica. El modelo de negocio continuó funcionando hasta que, en los años ´90, la pyme familiar se enfrentó al dilema: reconvertirse o desaparecer.

Entonces, fue cuando entró en escena la segunda generación, encarnada en el único hijo, Daniel Berardo. “Decidimos incorporar nueva tecnología y comprar máquinas nuevas. También comenzamos a vender al público (hasta entonces eran mayoristas) y a trabajar con algunas marcas”, cuenta el joven.

Onna Sweaters tiene una red de negocios exclusivos y también produce para marcas locales, como Jazmín Chebar, Mistral, Ossira y Paula Cahen D’Anvers. “Sabemos que lo de las marcas es circunstancial, la mayoría compra básicamente a China”, sostiene el dueño de la fábrica que se especializa en prendas para mujer con hilados naturales.

Experiencia exterior e interior
En 2005, con el auspicio de la Fundación Exportar y el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, la empresa fue invitada a formar parte de un consorcio de exportación. El objetivo fue salir como grupo y, también, como empresas individuales. Así, se desarrolló una colección con productos autóctonos (algodón, lana merino, lana pelo de conejo) de cinco firmas complementarias. “La región no es exportadora textil, hay experiencias muy puntuales y localizadas. Son productos naturales que resultan relativamente caros”, admite Berardo. Ya han realizado ventas a Chile, Estados Unidos, España e Italia. Por esta razón, el fuerte de la firma es el mercado local, en particular el interior. Tienen tres sucursales propias ubicadas en San Isidro, San Miguel y Monte Grande. Además, sus prendas están en una serie de locales multimarcas en todo el país.

Esta presencia en las provincias argentinas los hizo palpar en forma directa la crisis del campo, en 2008. “Se sintió mucho. Veníamos con ventas ascendentes y eso se revirtió ya que el interior vive del campo. Las ventas en unidades cayeron el 17%. El último año vivimos una mini reactivación cuando el campo empezó a gastar a cuenta ante las expectativas de una cosecha de soja récord y precios en alza. Ahora se volvió a frenar y contraer a partir de las trabas a las exportaciones a China”, dice el empresario marplatense que maneja un termómetro muy actualizado sobre los humores que se perciben en el resto de la Argentina.

A los dueños de Onna Sweaters -la marca fue lanzada en 1996 tras un vuelco en el marketing- no les interesa hacer pie en el mercado porteño. “La Capital es un lugar de paso y nosotros apuntamos a un cliente estable, a afianzar la relación y fidelizarlos. Además, los lugares con mucha concentración de gente tienen alquileres muy altos. Hay que competir a muy bajo precio, mientras que nosotros apuntamos a otro tipo de público. Por eso, el Gran Buenos Aires es mejor”, apunta Berardo. Bajo esta misma lógica, tampoco tienen locales en Mar del Plata, donde la temporada de trabajo dura apenas 60 días: “En los ‘90, empezamos a ver que Mar del Plata era un gran outlet; no tenía sentido tener locales allí”, dice, con pragmatismo.

Con la salida de la convertibilidad, el modelo de negocios de Onna volvió a mutar. “Armamos talleres externos y ahora tenemos 20 empleados”, cuenta. Tienen tercerizados algunos procesos de producción como acabados y algunos cosidos. Las prendas se ubican en un rango de precios de $ 90 a $ 140.

Innovación permanente
En esta típica fábrica de Mar del Plata, donde se trabajan seis meses para la colección de verano (con materiales muy finos) y seis meses para la de invierno, la innovación tecnológica es permanente. “Obedece a cuestiones de competitividad y de costos. Siempre nos financiamos con recursos propios y a través de los representantes locales de maquinarias. Conseguimos financiación a 8 o 9% en dólares. Con un dólar estable, podemos hacer previsiones”, sostiene el joven que por estos días está buscando volver más integral a su marca, con la incorporación de una línea de remeras.

Berardo no trabajó siempre en la empresa familiar. Vivió en Buenos Aires, donde estudió comercialización y la carrera de contador. Hoy vive con un pie en la Capital (donde está su familia) y otro en la ciudad costera, para hacerse cargo del negocio junto a los fundadores que siguen presentes, aportando su experiencia en la formación de gente. “Este es un negocio muy rentable si se maneja de forma profesional. Tenemos una empresa ágil y que puede funcionar si estoy o no”, concluye, minutos antes de tomar el vuelo de la tarde rumbo a Mar del Plata.

Ficha
Locales exclusivos: 3 (en Gran Buenos Aires)
Empleados: 20
Producción: 80.000 sweaters anuales
Facturación 2009: $ 1,7 millones
Facturación 2010: + 7-10%



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