Tecnocracia: la receta europea para salir de la crisis

Tecnocracia: la receta europea para salir de la crisis

La llegada de los economistas Mario Monti y Lucas Papademos a los gobiernos de Italia y Grecia generó serios interrogantes sobre el futuro del Viejo Continente y la forma en la que intenta, casi con desesperación, trazar su camino de salida de la crisis. ¿Son los tecnócratas la solución a los males europeos? El triunfo de Rajoy en España también concentra el mismo interrogante. 30 de Noviembre 2011

Cuando los cambios se aceleraron, los diarios de Europa llenaron sus editoriales con el tema. "Mientras los tecnócratas gobiernan en Italia y Grecia y los economistas de la troika controlan Portugal e Irlanda, decenas de miles de personas protestan en Europa contra los expertos no demócratas", arranca un especial del sitio de difusión de medios europeos, Eurotopics. "Cuando amenaza el peligro, la tentación de hacer que la gente te aplauda señalando a los culpables es fuerte. Hasta ayer (17 de noviembre), los supuestos intérpretes de la vox populi habían demonizado a la casta de los políticos atribuyéndoles muchas más culpas de las que ya tienen. Ahora, las protestas parecen dirigirse contra las élites en general, lo que dejará a los políticos tomar un respiro; mal de muchos, consuelo de tontos", escribía La Stampa, de Italia. "Ahora entran en escena los técnicos, presentados como una especie de solucionadores de problemas más o menos asépticos, de los que se espera que ordenen el desbarajuste hasta que se convoquen elecciones", señalaba El País, de España.

Desde la izquierda liberal, Le Monde le daba voz al experto francés en Derecho Constitucional, Dominique Rousseau, quien plantea que, siendo el Parlamento Europeo la única institución elegida por sufragio universal en Europa, debería llamar a una Asamblea Constituyente continental. "Esta legitimidad le confiere la capacidad de autoproclamarse como una Asamblea Constituyente y proponer al voto de los pueblos una Constitución que podría comenzar diciendo: 'Nosotros, el pueblo europeo...'". Y el eslovaco Pravda, que mira con recelo un proceso que podría tocarles en el futuro cercano, advertía que el euro no se rescatará por la salida de jefes de gobierno "no confiables o incapaces, ni por su sustitución mediante tecnócratas, por más buena fama que posean". Para el periódico, la salida de la eurozona está en un proceso de integración que dé "un paso decisivo hacia una unión política, una federación europea".

"Asombra la rapidez de todo el proceso", cerraba ese diario.
Grecia tuvo que avanzar en una quita encubierta de su deuda, donde los bancos ya se comprometieron a no contar con el 50% de sus ex activos, deuda que hoy se empina al 165% de un PBI que este año se estima alcance los u$s 312.000 millones. El plan de ajuste propuesto por el tándem Merkel-Sarkozy fue aceptado por George Papandreu, pero el ahora ex primer ministro tuvo la osadía de hablar de un plebiscito para aprobar el paquete. No pasaron dos semanas para que dejara su cargo y fuera reemplazado por Papademos. El riesgo de tales arranques democráticos no se corresponde con la nueva cabeza del Ejecutivo heleno. Papademos, ex vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), viene a arreglar las cuentas y es eso lo que hará. Este cronista lo conoció en Buenos Aires hace tres años, cuando vino como invitado a las jornadas políticas y monetarias del Banco Central de la "era Redrado". Habló claro e hizo un análisis preciso del panorama financiero global. En una entrevista privada -en los albores de la crisis que ahora tiene a su país en el ojo del huracán- apuntó al apalancamiento como una de las principales causas de la disrupción financiera. Ya vaticinaba los problemas y las dificultades para resolverlos.
Pero Papademos, incluso desde el BCE, sufría el mismo problema que hoy ha heredado otro de los nuevos bailarines de la fiesta tecnócrata, el italiano Mario Draghi, actual cabeza de la institución: "El BCE es como un robot con software, que sólo puede pedir a sus países miembros que se ajusten a las metas de política monetaria y fiscal: no hay un ámbito político para revisar opciones", dice el analista internacional Julio Burdman (Universidad de Belgrano), apuntando a las dificultades y falta de espacio político que enfrenta Draghi.

Ahora tanto Papademos como Monti -quien debe administrar una Italia con una relación deuda/PBI del 120%, pero por un monto mucho más peligroso teniendo en cuenta que el producto italiano equivale a u$s 2,2 billones y es el tercero más grande de la Eurozona- y, aunque más político, también Mariano Rajoy en España, deberán hacer respetar los lineamientos que los políticos acordaron pero no tuvieron la fuerza llevar a cabo.

Básicamente, hacerle caso a los criterios del Tratado de Maastrich, donde los líderes europeos se comprometieron a mantener sus déficit fiscales no más allá de 3% de su PBI y la deuda pública a no más de 60% del producto. Estos acuerdos, hasta ahora, han sido incumplidos sistemáticamente por los gobiernos de la Eurozona. De haberlo hecho como se debía, "hoy su posición no sería tan cercana al abismo", escribe el investigador del Centro de Estudio de la Política Europea (CEPS) en Bruselas, Marco Incerti, en su artículo "¿Qué tienen de malo los tecnócratas?". Ahora lo duro será "convencer a los ciudadanos de la necesidad (y el buen fundamento) de las reformas y de los sacrificios. Y en este clima, los tecnócratas pueden tener más éxito con eso", analiza.

Las protestas no cesan
Por ahora los hechos no están demostrando precisamente eso. Los recortes y planes de ajuste han provocado una serie de fuertes protestas entre la población. Cada día miles de personas salen a las calles de Atenas con pancartas que dicen "la UE y el FMI, fuera". Y aunque la intensidad bajó, lo mismo pudo verse en Milán, Roma y otras grandes ciudades de Italia, donde si bien la salida de Berlusconi fue en general bien recibida, no sucedió lo mismo con su reemplazante, el ex comisario de Competencia de la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la comunidad continental. Aún así, hay sondeos que apuntan a que las protestas no son tan generalizadas como lo que vemos por televisión. El País señala que una encuesta del Instituto Piepoli de Italia revela que el respaldo popular a Monti es de 73%, adhesión similar a la que tiene Papademos en Grecia, según el CEPS.

Es que estos "golpes de Estado sin sangre" como escribió la revista inglesa Money Week, de todos modos han hecho más ruido que los cambios de gobierno en Irlanda y Portugal, donde los mercados también dieron un empujoncito a los líderes políticos de otros dos países muy afectados por la crisis y el peso de la deuda (los llamados PIIGS son Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España). Portugal, con un PBI equivalente a u$s 242 mil millones, cuenta con una deuda equivalente de 106% ese volumen. El nuevo primer ministro, Pedro Passos Coelho, electo en junio en reemplazo de José Sócrates como parte de una coalición de centroderecha, se ha comprometido firmemente a cumplir sin chistar el plan de ajuste impuesto por Alemania y Francia, equivalente a 75 mil millones de euros (unos u$s 100 millones, el default de Argentina en 2001). "Los portugueses saben que los sacrificios son el billete de salida de la crisis", dijo Passos Coelho en una entrevista.

En España el caso parece ser distinto, donde Rodríguez Zapatero se fue cocinando lento en su propio jugo, proceso que terminó con el triunfo de Mariano Rajoy el pasado domingo con el 43% de los votos.

El futuro de Europa
Y por todo esto es que no sólo se duda de la estabilidad actual del Viejo Continente, sino de todo el futuro del "proyecto europeo". Ante la pregunta de si en definitiva Europa mantiene o no un espíritu democrático en su dirigencia, Burdman sostiene que si bien los europeos son democráticos, "la Unión Europea no lo es y, por esa razón, sus instituciones carecen de plasticidad. Este es el aspecto más angustiante de la crisis: la UE tiene formato de país, pero sin contenido político. El drama europeo es haber creado instituciones económicas sin política".

En este sentido, como cierra el especial de Eurotopics, es que de todos modos "no se debe culpar a quien no toca convirtiéndolo en un chivo expiatorio". Porque hoy todos los dardos apuntan a los nuevos nombres, cuando tal vez se debería mirar a Berlín o, mejor, a Frankfurt. Monti está haciendo lo que le encomendaron y nombró en su gabinete a gente del mundo académico y empresarial, como el ministro de Industria Corrado Passera, hasta ahora CEO de Intesa Sanpaolo, el segundo mayor banco minorista local, o la nueva ministra del Trabajo, Elsa Fornero, también salida de las filas del banco.

”Los tecnócratas irrumpen debido a la profunda división del arco político", escribe Incerti. "No hubo influencia directa de la Comisión Europea, sino más bien de líderes de varios países europeos. A los mercados no les importa quién gobierna, sino quién da garantías", analiza el experto. Además, apunta, los casos de Italia y Grecia son especiales, por lo que estos gobiernos no deberían expandirse por el resto del continente, donde la clase política es más respetada y con menos quiebres internos. "No son los primeros ni serán los últimos gobiernos ‘tecnoeconómicos’ de estas características", dice Burdman. "Pero éstos están caracterizados por la actual coyuntura. La percepción de subordinación de gestiones macroeconómicas a una dirección supranacional son casos particulares", destaca.

Y sobre la evolución de estos nuevos gobiernos, el director de la Maestría en Estudios Internacionales de la UTDT, Roberto Russell, plantea fuentes del pasado de donde salgan las mejores interpretaciones de qué esperar para el futuro. "En La paz perpetua, Kant dice que no hay que esperar que los reyes filosofen ni que, viceversa, los filósofos reinen, porque el poder cambia el juicio de la razón". En ese sentido, apunta a una "contaminación" de la asepsia tecnócrata, tal vez la bandera más flameada por estos días desde Frankfurt y Bruselas. "Por ahora, lo que todo esto demuestra es que los políticos no han estado a la altura de las circunstancias. Pero también se corre el riesgo de entregar el poder a las manos equivocadas. Veamos lo que pasó en Chile, donde se confió en un gerente como Piñera por su experiencia de gestión empresarial. Ahora está atrapado en la dinámica política". El presidente trasandino cambió, en un año y medio de gestión, a la mayoría de los integrantes de su primer gabinete de técnicos por zorros viejos de la centroderecha chilena.

"Ahora lo que se debate es el futuro de la idea europea", dice Russell, un poco aludiendo al enfoque de Rousseau en Le Monde. "Se trata de una crisis existencial donde habrá que ver si los políticos están a la altura, ya que las recetas ciertamente no pasarán por expandir la tecnocracia", concluye.



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