Tasas para no romper el chanchito

Tasas para no romper el chanchito

En carrera dispar contra la inflación, cuáles son los intereses con mejor rendimiento que ofrece la plaza local. Un análisis de los instrumentos. 20 de Octubre 2010
Los inversores conservadores no tienen un escenario fácil si lo que, lógicamente, desean es, al menos, resguardar sus ahorros de una inflación proyectada en torno al 25 por ciento anual. El mapa de tasas de interés que ofrecen las opciones financieras “seguras” (o mejor dicho, de bajo riesgo) lejos está de permitir que el dinero no pierda poder adquisitivo, medido contra la inercia alcista que muestran los precios.

Aldo Abram, director de CIIMA/Eseade, es claro en ese sentido: “Para ganarle a la inflación y mantener el valor real de los ahorros, habrá que conseguir rendimientos mayores al 24 por ciento anual y subiendo a más del 30 durante 2011. Pero la contrapartida deberá ser asumir, de seguro, crecientes niveles de riesgo o acostumbrarse a ser más pobre”.  
Ahora bien, contra el dólar y su tendencia, la batalla entre tasas y devaluación parece hoy, en principio, más pareja. En los últimos meses, de hecho, la evolución de estas variables fue, en parte, contrapuesta: las tasas, finalmente, comenzaron a levantarse gradualmente, desde pisos mínimos de un dígito, presionadas, justamente, por la inflación, aunque el alto grado de liquidez existente dentro del sistema hace que las proyecciones de mayores subas sean más bien contenidas a futuro. Y el billete estadounidense, contra el peso, moderó sus expectativas alcistas, de la mano del contexto actual. Entonces, la pregunta para aquellos que no se animen a asumir riesgo puede encontrar una respuesta poco amigable, ya que ni las tasas en pesos ni el dólar, son positivas en términos reales.
 “La actual coyuntura es paradójica porque obliga al inversor a convalidar tasas de rendimiento real negativo, lo cual es antieconómico, desde el punto de vista intertemporal.

Pero la lógica, igual, está en que este rendimiento nominal, al menos, amortigua la suba de los precios”, afirma Federico Desprats, economista de Intervalores. A su vez, agrega: “En dólares, el rendimiento negativo es el precio que se paga por cubrirse del riesgo cambiario. Y la realidad es que, en los últimos años, el tipo de cambio real se apreció, es decir, que la inflación local le ganó a la depreciación del tipo de cambio nominal y esta tendencia parece continuar, en principio, hasta las próximas elecciones. Por ende, la inversión en moneda dura no contrarrestaría el fenómeno”.

Diego Martínez Burzaco, de Corsiglia Bolsa, coincide en gran parte: “Las tasas de interés, en términos reales, son fuertemente negativas, lo que alimenta el consumo y no el ahorro. Este mayor consumo, a su vez, retroalimenta las expectativas de inflación. En tanto, el dólar se encuentra estable, con una leve tendencia a la devaluación administrada por parte del Banco Central”.

En este marco, claramente, lo que debe jugar son las expectativas. Con respecto al dólar, los futuros, según el Rofex, se ubican en torno al $ 4,10 para fin de 2010 y de $ 4,55 por dólar para diciembre de 2011. Esto presume una devaluación calculada directa de entre 4 y 11 por ciento hasta fines del año próximo. Mientras que la tasa Badlar a 30 días para el sector privado –sirve como referencia del mercado– reaccionó desde mínimos del orden del 8 por ciento y se ubica en niveles del 10,5 anual, con proyecciones del 11,5 por ciento a fines del año y del 13,5 para el siguiente, según el Relevamiento de Expectativas (REM) del Banco Central. Pero, sobre estas variables, claro está, impactan varios drivers, como, lógicamente, el devenir de la política monetaria.

Para David Mermelstein, economista en Jefe de EconViews, los agregados monetarios crecen a un ritmo superior al previsto en el programa monetario. “Esto último hace que, para que el BCRA pueda cumplir el programa monetario hacia fin de año, las tasas de interés tengan que subir, ya sea por aumentos de encajes, o bien por mayor necesidad de colocación de Lebacs, para esterilizar excedentes monetarios”, diagnostica. A la vez, el analista destaca: “Es lógico esperar un deslizamiento de unos centavos hacia arriba del tipo de cambio nominal hacia fin de año, lo que, normalmente, imprime presión sobre las tasas pasivas que los bancos deben pagar para retener plazos fijos. Incluso, también ayudaría a cumplir el programa monetario que cierta proporción del stock de cuentas a la vista se traspase a plazos fijos, lo que también requeriría de algo de suba de tasas pasivas” De esta forma, Mermelstein concluye que, en este contexto, la elección remanente para el BCRA es o bien aceptar nuevas aceleraciones de la inflación, o bien utilizar los instrumentos que aún dispone favoreciendo una gradual suba de tasas. “Seguramente, la elección estará en algún punto intermedio entre ambas alternativas”, aventura.

Las alternativas son así más bien limitadas. Y el inversor que no esté dispuesto a asumir riesgo, nuevamente, sabe que deberá afrontar rendimientos reales negativos aunque, al menos, tendrá que tratar de minimizar esta pérdida. Para ello, en consecuencia, puede ser útil elaborar un mapa de tasas de los activos en pesos más conservadores que pueden, quizás, ganarle al dólar, según el contexto. Pero, como ya se dijo, tienen una batalla perdida contra la inflación. 

Menú de opciones
Por ejemplo, si se comienza por el instrumento más característico del ahorrista, lógicamente, se debe mencionar al plazo fijo. Los rendimientos actuales rondan entre el 8,5 y el 10 por ciento anual a 30 días, según sea banco público o privado, como de primera o segunda línea. Las expectativas de mayores alzas son pocas e, incluso, no se obtiene mucho mayor rendimiento extendiendo el plazo de colocación. “Los depositantes a plazo fijo tenderán a perder dinero, en términos de poder adquisitivo local. Este es el resultado necesario de un Gobierno que usa, para financiarse, cada vez más, el impuesto inflacionario”, afirma Abram.

Pero, desde Capital Markets, Noelia Lucini comienza a ampliar un poco más el horizonte. Aunque aclara, ante todo, que siempre dependerá de qué tipo de inversor, la analista destaca que un mix de instrumentos a devengamiento como letras, cheque o bien fideicomisos, y algo de Bonar 2011 –bono en dólares–, que rinde un 6 por ciento, “parecen una combinación interesante”.

Los cheques de pago diferido, por ejemplo, operan en un mercado, cada vez más fluido, en la Bolsa de Comercio porteña. De esta forma, tienen un mercado secundario líquido. Sin embargo, nobleza obliga, las tasas no son mucho más altas de lo que otorga un plazo fijo. Con sólo una mínima reacción al alza en los últimos meses, ofrecen rendimientos del 9,5 por ciento a octubre y de entre el 10 y el 11 por ciento anual, si se habla de plazos de 60 y 90 días. Recién, la pantalla muestra ganancias del 13 por ciento para plazos hacia abril del año próximo. No obstante, el inversor debe tener presente que, a esta tasa, debe restársele entre medio y un punto de comisión.

Siguiendo con el mapa de alternativas, en tanto, se encuentran las letras. Desde el Banco Central, con la licitación semanal de las Lebac y Nobac, en pesos, a tasa fija o variable –tasa Badlar, más un spread–, hasta las de la Ciudad de Buenos Aires y de la Provincia, que tienen un cronograma determinado, con, generalmente, una o dos subastas mensuales.  A las primeras, el inversor ya las conoce y, aunque el mercado secundario de las mismas se amplió, para el minorista, aún es muy limitado. Ahora bien, la necesidad de esterilizar oferta monetaria para evitar aún mayores presiones inflacionarias impulsó –y, de seguro, lo seguirá haciendo– al BCRA a emitir un monto bastante mayor al que vence cada semana. Esto, positivamente desde el punto de vista del ahorrista, llevó al Central a acortar los plazos de las colocaciones y hasta a reconocer un poco más de tasa. Así, volvieron las letras promedio a 30 días, con un rendimiento del orden del 11,3 y el 11,5 por ciento que, con un riesgo claramente mínimo (riesgo BCRA), permiten obtener una tasa entre 1 y 2 puntos por arriba de un plazo fijo. Mientras que, a 90 días, asciende al 12,2 por ciento anual y, a un año, se obtiene entre el 13,5 y el 14 por ciento anual. 

Por su parte, las letras de Ciudad de Buenos Aires son bastante más recientes y, de a poco, ganan espacio entre las recomendaciones para diversificar una cartera. Algo, no obstante, que presionó a la baja su tasa, ante una mayor demanda. En cuanto a su estructura, es igual a las del Banco Central, aunque no hay, prácticamente, un mercado secundario y las emisiones son por montos muy inferiores. Lo mismo, básicamente, para las letras de la Provincia, que Daniel Scioli incorporó también a su financiamiento desde hace unos meses. Se trata de tasas del 11,3 y del 11,5 por ciento anual, a 40 días de plazo promedio, y de entre un 12 y un 12,25 por ciento anual a, aproximadamente, 90 días. 
De hecho, no son pocos los analistas que comienzan a ver en estas licitaciones una opción para los más conservadores en corto plazo.

Otro instrumento son los fideicomisos financieros. La gradual suba de las tasas, en las últimas colocaciones, hizo que varios los vuelvan a mirar. Incluso, a diferencia de los activos anteriores, los resultados de las colocaciones aumentaron gradualmente en las últimas semanas, mostrando una paulatina respuesta al incremento de las tasas del sistema. Actualmente, los FF con una duration de entre 2,5 y 4 meses obtienen una tasa de corte que se encuentra en un rango de 12,5/13,5 por ciento, dependiendo de cada emisor en particular. Para tener como referencia, durante la primera quincena de junio, las colocaciones de los mismos emisores tuvieron rendimientos de entre 11,4 y 11,7 por ciento.
Ahora bien, visto esto, es claro que el escenario no es fácil, si el riesgo que se esta dispuesto a asumir es bajo. Desprats, de hecho, afirma: “Al margen de que hoy conviene más endeudarse o consumir que colocar en tasas, la sugerencia, en los que es posible asumir riesgo de mercado, es que es interesante volcarse hacia acciones de buenos fundamentals, en las que, entiendo, el costo de oportunidad es muy bajo”. Casi la misma lógica vuelca Martínez Burzaco. “Si es propenso al riesgo, a un inversor minorista le recomiendo invertir en acciones o en lanzamientos cubiertos para buscar rendimiento que puedan igualar a la inflación”.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos