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Rockwell Automation prevé un 2010 de crecimiento, tras una retracción del 20 por ciento el año pasado. Es por la recuperación de las industrias. 26 de Mayo 2010
Es como andar en bicicleta. Podés dar algunos tumbos. Pero siempre recordás cómo se hace”, explica Bob Becker, presidente de Latin America de Rockwell Automation, cómo maneja las frecuentes crisis de la región. La compañía –una multinacional de 19.000 empleados y presencia en más de 80 países– está especializada en la automatización de procesos industriales, con una gama que incluye productos, software y servicios. En el año fiscal 2009, facturó US$ 4500 millones, una caída interanual de más del 20 por ciento, por la crisis internacional.

“Este año, el objetivo es crecer 6 a 8 por ciento”, anticipó Keith Nosbusch, su CEO, en Automation Fair, el evento anual que realiza la compañía en Anaheim, California. Los drivers, según el ejecutivo, serán los nuevos procesos y productos, el énfasis en la sustentabilidad y los mercados emergentes, entre los que destacó a Asia y América latina. Prevé, para 2013, obtener el 60 por ciento de los ingresos fuera de los Estados Unidos (hoy, son 50). 

La industria de manufactura, el core business de Rockwell, sufrió el embate del Credit Crunch. Aunque se espera que, entre este año y 2011, las principales industrias comiencen a recuperarse. Entre ellas, la automotriz, electrónica, maquinarias y metales, según Manufacturers Alliance/MAPI, una organización de research económico fundada en 1933. Con estas perspectivas, Rockwell avanzaría, estructurada en tres ejes: optimización de las plantas industriales, mejora en la performance de construcción de máquinas y sustentabilidad. Este último, uno de los puntos de mayor impulso. 

“Los mercados emergentes son críticos para nuestro éxito a largo plazo”, dice Nosbusch a APERTURA. En América latina, las principales industrias para Rockwell son Petróleo y Gas y Minería. La región presenta aristas propias, vinculadas con su inestabilidad política. “No podemos controlar los riesgos. Así que viajamos mucho para conocer las realidades y tratamos de prevenir”, reconoce Becker. Y añade: “Somos players de largo plazo. No podemos tomar acciones como irnos de un país ante un conflicto”.

En América latina, hay 15 subsidiarias y plantas de producción en México, Brasil –los dos principales mercados– y República Dominicana. En total, más de 4000 empleados. En la Argentina, Rockwell está desde 1995 y trabajan 70 personas. Los sectores más importantes: Petróleo y Gas, Alimentos y Bebidas, Minería y Automotriz. “Como en todo régimen industrial, nuestro negocio depende de un componente de nuevas inversiones de los clientes y otro de mantenimiento de las plantas –explica Carlos Múscolo, Country manager de Southern Cone de la compañía–. Y el primero se redujo muchísimo”.

Como estrategia, salió a buscar nuevos clientes, entre ellos, PyMEs. “Entre la Argentina y Chile, iniciamos relaciones con alrededor de 500 empresas. Por supuesto, son lazos incipientes”, asegura Múscolo. Así, la filial mantuvo la actividad el año pasado en niveles similares a los de 2008 y, para el año fiscal 2010 –que comenzó en octubre–, las expectativas son positivas. “Desde agosto, el nivel de ventas se mantuvo estable, incluso, con una ligera tendencia a la suba”, asegura. Sin embargo, atrás quedó el período de los últimos cinco años, cuando creció más del 20 por ciento promedio: “Se nota que las empresas no hacen o anuncian inversiones como antes: los proyectos eran de US$ 500 millones y, ahora, son de US$ 50 millones. Todo está más dosificado”.

De a poco, la Argentina pierde protagonismo. “Chile tiene niveles de crecimiento altos y sostenidos, con un nivel de inversión importante en el mundo minero, con horizontes de más de 10 años, lo que da mucha capacidad de planificación y proyección”, cierra el CEO local.
   



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