Sucursales del paraíso

Sucursales del paraíso

Costa do Sauipe y Tibao do Sul encabezan los proyectos que el país del samba espera ver crecer en esta temporada. Dos destinos con novedades y mucho para ofrecer a sus visitantes. 01 de Octubre 2010

Cada vez más vuelos internacionales aterrizan en el aeropuerto Luis Eduardo Magalhaes de San Salvador de Bahía. Los años pasaron y el crecimiento del turismo más una serie de inteligentes emprendimientos hicieron que hoy sean muchos los aviones que apoyan sus ruedas en la cuarta ciudad más importante de Brasil. Parte de esto, sin dudas, nació junto al proyecto llevado adelante por el Banco do Brasil -con una inversión de u$s 200 millones-, el estado -gastó 30 millones en infraestructura- y varias empresas privadas del sector, que dejaron brillando unos años atrás a Costa do Sauipe, situado a 60 kilómetros de la capital del estado.

La combinación resultante entre playas paradisíacas, hotelería de lujo y un entorno agreste auguraron un rápido crecimiento para este complejo que cuenta con más de 4000 camas, campos de golf de 18 hoyos, canchas de tenis, numerosas piletas, un centro ecuestre y varios kilómetros de costa. Entre las cadenas hoteleras que pusieron su estampa en este sitio se destacan Accor, SuperClubs y Marriott (tiene 2 hoteles), entre otras.

A unos cientos de metros del centro hotelero se despereza un pequeño pueblo típico llamado Vila Nova da Praia, donde tiendas de artesanías, bares, locales gastronómicos y un centro cultural crean un genuino lugar de encuentro con un ambiente sereno y cordial. Tanto este emplazamiento como los mismos hospedajes son puntos de partida de excursiones que recorren desde zonas selváticas hasta circuitos nocturnos que permiten contemplar a las tortugas desovar en la playa, haciendo de la naturaleza agreste la principal atracción del nuevo destino.

En dirección nordeste
Otro sitio que espera sumar adeptos es Tibao do Sul, en el extremo noreste del país, a 70 kilómetros de Natal. La ciudad de menor población de este sector (700.000 habitantes) presenta a la encantadora Praia da Pipa (el sitio turístico estrella) como una menuda aldea que se monta sobre un golfo cerrado, verde y espeso, sumergido en la vegetación. Atrae también desde estas costas ásperas la repetida imagen de playas vírgenes como santuarios ecológicos, rodeadas de cocos fríos y surfistas, con el sonido de los birimbao animando la atmósfera.

Desde allí algunos modestos barcos parten para Bahía dos Golfinhos (bahía de los delfines), donde los mamíferos demuestran sus habilidades con soltura. Otras embarcaciones, algo más provistas de infraestructura, llegan hasta la piedra que otorga el sobrenombre de Praia da Pipa a toda esta zona. Costeando el golfo hacia el norte, Praia do Curral ofrece la más agreste de las escenas, especialmente si se llega hasta allí por agua. Aquí las dunas empiezan a ganar altura y son el destino inevitable para los buggys que resbalan en las laderas y dejan ver las panorámicas más inquietantes. Cuando cae el sol, la imagen del horizonte naranja y el galope de los caballos en la orilla es quizá la más tentadora de las opciones en los llanos que se estiran hacia el sur del pueblo. Alguna caipirinha en los puestos que reposan en la arena es otro placer típico que cualquiera puede darse por sólo un par de reales.



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