Soluciones para cortos de vista, made in Argentina

Soluciones para cortos de vista, made in Argentina

Gabriel Maissonave diseña, produce y comercializa una línea de dispositivos para personas con baja visión. Las videolupas permiten leer textos en un tamaño hasta 100 veces mayor. Comenzó fabricando un dispositivo hogareño para un familiar. Hoy recibe pedidos para exportar sus productos. 12 de Agosto 2010

La vocación de inventor de Gabriel Maissonave apareció temprano, a los ocho años, cuando desarmó su primer X-calectric para sacarle el motor a los autitos y ponerselo a los Rasti. Más tarde se recibió de técnico electrónico en un colegio industrial, y de ingeniero en sistemas en la UTN. Y luego de trabajar varios años en el área de Informática de una empresa de medicina prepaga, a mediados de 2000, decidió que era momento de emprender un negocio por cuenta propia. Siempre se había dado maña para arreglar y mejorar todo tipo de dispositivos y pequeñas máquinas. Por entonces, un tío suyo que padecía retinosis pigmentaria (una enfermedad hereditaria que provoca la pérdida progresiva de la visión), le pidió que “inventara algo para poder seguir leyendo el diario”. Así nació la videolupa, un dispositivo que ya tiene varias versiones. La última ganó el premio Innovar 2009 en la categoría “producto innovador”.

La videolupa para el tío era, en realidad, un dispositivo metálico algo tosco que permitía agrandar la imagen de un texto siempre que se mantuviera fijo, y verla en una pantalla (del televisor o la computadora). Cuando dejó su trabajo en relación de dependencia, Maissonave se dedicó a perfeccionarlo y tras crear varios diseños con la computadora en 3D, invirtió $ 8.000 en mandar a hacer una matriz y tramitar una patente, asesorado por la Asociación Argentina de Inventores, de la cual es miembro. Luego, encargó una pequeña producción de 100 unidades en un taller. Publicó su oferta en Internet. Comenzaron a llegarle pedidos, que se sumaron a otros por el boca en boca. Pronto tenía más demanda que capacidad de producción.

“Mi emprendimiento es a pulmón, invertí fondos propios y de familiares”, cuenta el ingeniero-inventor. “La producción está tercerizada en pequeños talleres metalúrgicos y de inyección, y a medida que voy vendiendo, reinvierto y voy aportando mejoras a los productos”, explica. Maissonave recurrió al Centro de Tecnologías para la Salud y la Discapacidad del INTI para hacer pruebas de materiales y de calidad de sus productos. Así surgió el “videolector” en sus versiones color y blanco y negro. Un paso más allá de las lupas, este dispositivo tiene su propia pantalla electrónica de 7” o 9” (algo más pequeñas de una netbook) que al deslizarse sobre el texto en cuestión (la página de un libro, revista, diario o una etiqueta de un producto), agranda la imagen cuantas veces se requiera y puede cambiar el contraste (mostrar las letras blancas sobre el fondo negro). También diseñó una versión posterior de la videolupa que estéticamente es similar a un mouse (se desliza sobre el texto en papel y se elige la zona a aumentar mediante clicks) y los “videoanteojos” de uso individual, que se asemejan a las lentes de realidad virtual y permiten aumentar textos e imágenes sin utilizar la pantallas de la PC o el televisor.

De inventor a empresario
El uso de las videolupas y videolectores no se limita a personas con disminución visual, sino que tiene aplicación en el ámbito profesional en cosmetología (para ver los poros de la piel y hacer limpiezas profundas), peluquería científica (implantes pelo por pelo y otros tratamientos capilares), y para verificación de autenticidad de firmas, billetes y obras de arte, entre otros, por el poder de aumento y gran precisión de las imágenes.

Los dispositivos que produce Maissonave sustituyen y aportan algunas mejoras a productos importados que se han vuelto prácticamente inaccesibles a partir de la devaluación. El videolector portátil de 9” se comercializa a $ 3.100, cuando su similar importado no se consigue por menos de u$s 3.000. “Algunos componentes se traen de afuera, pero el ensamblado se hace íntegramente en el país”, dice el emprendedor. Lo que cuesta un poco es conseguir un taller que esté dispuesto a hacer partidas pequeñas de producción, ya que normalmente trabajan para compañías más grandes que hacen pedidos de miles de unidades.

Por el momento, se trata de un emprendimiento unipersonal. Maissonave, con ayuda de su esposa, se ocupa de la comercialización de sus propios productos, a través de Internet o en forma telefónica. Dentro del radio de Capital y Gran Buenos Aires, el emprendedor ofrece un servicio de instalación y asesoramiento sobre el uso de las videolupas y videolectores. “Son dispositivos muy sencillos de usar e instalar, pero muchos de quienes los compran son personas mayores poco afectas a la tecnología, entonces yo les explico cómo hacerlo. Se quedan más satisfechas y lo recomiendan”, explica.

Las videolupas también pueden comprarse online, con envío a través del correo y pago contra entrega. En estos casos, se acompañan de un manual de uso e instalación. Cada día crecen los pedidos de usuarios del interior y de Uruguay. Y próximamente Maissonave hará envíos a Brasil y Estados Unidos, donde ya ha patentado su invención. Su próximo objetivo es conseguir financiación para poder instalar un taller propio de producción, no solo de videolupas. Inventor al fin, Maissonave tiene varios proyectos en carpeta. Desde un llavero detector de billetes falsos hasta una versión argentina del Kindle (el dispositivo para leer libros electrónicos de Amazon). “Así como se están fabricando celulares y netbooks en Tierra del Fuego, también se podrían fabricar lectores de e-books en el país”, concluye el inventor.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos