Sin estrenos: las lecciones que deja Blockbuster

Sin estrenos: las lecciones que deja Blockbuster

Los videoclubes se encuentran en vías de extinción y el sector busca un cambio en las reglas de juego para sobrevivir. El caso. 30 de Diciembre 2010

El negocio nació en la década del ‘80 y conquistó a las familias que, todos los fines de semana, recorrían los videoclubes y salían con varias películas. En la era del VHS, la industria sufrió la explosión de la televisión por cable en la década del ‘90, cuando la Argentina se posicionó como el tercer país, detrás de Estados Unidos y Canadá, en penetración. Es que el abono básico, que incluía las señales premium, contaba con cerca de 1200 películas por mes. Pero el desembarco de Blockbuster levantó el negocio, con un repunte que duró hasta 1999. Por aquel entonces, el DVD se instalaba en el mundo, pero, en el mercado local, la crisis de 2001 demoró la expansión unos dos años. De hecho, en 2004, Shrek 2 vendió el doble en VHS que en DVD. Esa transición revitalizó al sector: el formato implicaba menores costos de producción y un soporte naturalmente más económico. 

Hoy, es el mismo Blockbuster el que baja sus persianas. La firma pidió al gobierno estadounidense protección por bancarrota a través del Chapter 11. Aunque la compañía dejó claro que –mientras sanea sus finanzas– sus operaciones continuarán y sus sucursales en los Estados Unidos permanecerán abiertas, ya no brindará financiamiento a las operaciones en la Argentina. Desde 2007, la casa matriz sostenía la operación local, más allá de las pérdidas. De los 34 locales que le quedaban a la cadena, 18 ya habían cerrado sus puertas y, al cierre de esta edición, el resto permanecía tomado por el personal, que reclamaba el pago de salarios atrasados. 

La cadena de alquiler de videos cerró 46 locales y eliminó 564 puestos de trabajo en los últimos tres años. Los números comparativos, entre 2006 y 2009, muestran que tenía 62.027 socios activos que cayeron a 22.169 –un descenso del 65 por ciento–; alquilaba 145.117 películas al año, que bajaron a 64.199, y su facturación retrocedió un 26,5 por ciento, según datos de la Unión Argentina de Videoeditores (UAV). La firma debe más de $ 2 millones a la industria del video, según fuentes del sector. A esto, hay que sumar los reclamos por salarios y alquileres atrasados. Si bien Blockbuster se instaló en la Argentina en 1994, recién en 1998 realizó una fuerte expansión. En su mejor momento, en 1999, tenía el 30 por ciento del share. En la Argentina, hace varios años que colgó el cartel de venta.  

Sin embargo, detrás del suceso, se esconde el cierre de videoclubes independientes. Más de 2500 locales bajaron sus persianas en los últimos tres años y, en la actualidad –de manera regular– compran películas sólo unos 500, según la Cámara Argentina de Video Clubes (CAV). El negocio ilegal y la carga impositiva son los principales reclamos de un sector que, según sus protagonistas, se encuentra en vías de extinción. 

“El trabajo de los videoclubes cayó 20 por ciento comparado con el último año, que se suma a la caída de 20 por ciento entre 2005 y 2008”, explica Marcos Rago, presidente de la CAV y dueño de Blackjack Video, un local de Palermo Viejo de más de 21 años. El ejecutivo destaca que se reemplazaron 60 millones de alquileres al año por la venta ilegal.  “La solución pasa por convertir lo ilegal en legal. La propuesta debe incluir a los manteros –como denominan a los vendedores– y al consumidor”, explica Osvaldo Moreno, secretario adjunto de la Unión de Trabajadores de Sociedades, Autores y Afines, que nuclea a los empleados de la industria del video. Para ellos, hay que reducir la carga tributaria de la actividad, que son el IVA, ingresos brutos y el impuesto al video, que va para el Fondo de Fomento Cinematográfico del INCAA. “Queremos que la actividad se declare en crisis en el Ministerio de Trabajo”, destaca Moreno, que trabaja en conjunto con los empresarios del sector.

El principal enemigo
La piratería –la descarga de películas por Internet– y el comercio ilegal –la venta de soportes físicos de modo desleal– son el principal enemigo del sector. Este último evita impuestos, alquileres y demás pagos obligatorios, además de abusar del espacio público. Según datos de la UAV, el 90 por ciento de las copias en circulación son piratas y el 80 por ciento del total del mercado del video en pesos es ilegal. Así, los más de 80 millones de filmes comercializados acumulan $ 1000 millones al año en gasto del consumidor, mientras que el comercio legal recauda $ 250 millones al año. 

Como consecuencia, las ventas en los videoclubes cayeron un 50 por ciento y se produjeron cierres de los actores. Tal es el caso de la videoeditora Gativideo, que supo tener la mayor cantidad de títulos extranjeros. La firma tenía la licencia de distribución de Disney, Fox y MGM. Lo mismo sucedió con LK-Tel, que prestaba servicios a Sony, y bajó sus persianas en 2009. Ambas compañías tenían el 45 por ciento del mercado. Hoy, solo quedan cuatro empresas, que concentran el 95 por ciento del mercado total, mientras que el resto se divide entre compañías más pequeñas y especializadas en determinados segmentos.

 “El cierre de Blockbuster significa una pérdida de cerca del 20 por ciento, en un mercado que no tiene de dónde recuperarse. Nada reemplaza un canal tan específico”, explica Daniel Parise, presidente de las videoeditoras SBP y Transeuropa. La primera surgió en 1996 y, en plena debacle de 2001, absorbió a Transeuropa, con 15 años en el mercado. “En rental había películas que vendían 6000 unidades, e incluso algunas llegaban a 10.000. Hoy, una película con entre 500.000 y 1 millón de espectadores en el cine no vende más de 3000 copias, que son $ 500.000”, asegura el ejecutivo, que destaca que una película que no logra colocar más de 500 copias a videoclubes, es decir, $ 20.000, no es rentable. 

La salida que encontró la firma fue incorporar música a fines de 2008. Así, SBP cuenta con 500 películas de catálogo y 100 de música. “En el primer semestre, el 30 por ciento de lo facturado fue música y el 40 por ciento catálogo general de películas. El 10 por ciento fue rental y el resto se divide en kiosco y acciones propias”, explica Parise, cuyas firmas facturaron en conjunto $ 11 millones. De cara al año próximo, estima que los ingresos caerán cerca del 25 por ciento, a $ 8,5 millones. 

“El negocio del rental es el más afectado. Hoy, la venta directa es nuestro principal mercado, porque apunta al coleccionista o al fanático, que guarda el film, quiere calidad, packaging y exponerla”, explica Aldo Fernández, presidente de AVH, la videoeditora de capitales nacionales líder del mercado, y presidente de la UAV. AVH, que posee la licencia de Cinema Internacional Corporation (CIC) –un joint venture entre Universal y Paramount– y Warner Home Video, divide su facturación el 70 por ciento de la venta directa en canales tradicionales y el 30 por ciento en videoclubes. Cuando aún existía el VHS, el 90 por ciento venía del negocio del rental, y sólo el 10 por ciento de la venta directa.  La compañía posee una planta de replicación en la provincia de San Luis, con capacidad para 15 millones de discos al año. “El negocio empezó con una planta para duplicar VHS, que, en 2001, viró por completo a la replicación de DVD”, cuenta Fernández. Desde allí, unas de las soluciones que adoptó para amortizar la caída del mercado fue lanzarse a la región a principios de 2009. Así, exporta productos con contenidos a Chile, Perú, Colombia, Uruguay, Paraguay y Ecuador. “Este desarrollo compensa la caída en facturación del mercado interno”. 

Por su parte, la casa local de Walt Disney Company tiene los derechos de distribución de Fox, Sony y Distribution Company desde que se fueron LK-Tel y Gativideo. “La industria está pasando un momento difícil, pero, como somos una compañía de entretenimiento, nos adecuamos al cambio de hábitos: lo que antes buscaban en una película, hoy lo buscan por Internet”, explica Marcelo Gismondi, gerente Comercial de Videos de la firma. De este modo, entre los negocios en desarrollo, se destacan las inversiones en mobile y Web. “En muchos productos, lo que antes era protagonista ahora no lo es tanto. El Blu-ray creció 8 por ciento este año, pero el formato de DVD y distribución por videoclubes es clave y mantenemos nuestra apuesta en el sector”, asegura Martín Iraola, vicepresidente de Disney Latin America.

Por otra parte, la videoeditora Emerald, que gestiona las operaciones en el Cono Sur de una firma de origen brasileño que tiene las licencias para América latina, apunta a nichos como cine clásico, europeo y documental. “Decidimos ir a la venta directa, que hace al 80 por ciento de nuestro negocio”, explica Daniel Pérez, presidente de Emerald. Para la firma, el negocio de alquiler es de bajo volumen y, aunque lo va a mantener atendido, su estructura está amortizada en otro negocio. “Antes, una película de lanzamiento importante vendía 2000 ó 3000 copias, y hoy no vende más de 1000”, ejemplifica el ejecutivo, que cuenta con 500 títulos editados. 

Así, las videoeditoras se mantienen, por ahora, de la venta directa y los videoclubes que apuntan a tener un sector de venta de películas. En el caso de Transeuropa y SBP, Blockbuster era líder del mercado de venta directa, con el 23 por ciento, seguido por Musimundo (20 por ciento), Yenny (8 por ciento) y participaciones menores de supermercados. “Si bien la tasa de venta de DVD de película es positiva, se nota que mes a mes la curva de volumen se va aplanando”, explica Jorge González, director Comercial del Grupo ILHSA, que opera Yenny y El Ateneo. En sus locales, el 10 por ciento del layout corresponde a DVD y es dueño del 5 por ciento de la facturación de la compañía.



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