"Sin estado de bienestar, Europa perdería su razón de ser y su seña de identidad"

El embajador de España en la Argentina, Rafael Estrella, justifica la histórica derrota del PSOE en las elecciones del domingo en el estrecho margen de maniobra del gobierno de Zapatero y el acuciante desempleo. Afirma que la salida a la crisis pasa por crear una autoridad político-financiera fuerte en el seno de la UE y sostiene que las medidas que se vienen planteando como solución, “sin horizonte de crecimiento, no ofrecen luz al final de túnel”. Advierte: “Un gobernante tecnócrata sin arma política está condenado al fracaso”. La relación con la Argentina. 30 de Noviembre 2011

Lleva cinco años como embajador de España en la Argentina y le tocó lidiar con las etapas más turbulentas de la relación bilateral que -hay que decir- no fueron pocas, a lo largo de todo ese período. Hoy que el vínculo entre los dos países transita por carriles más tranquilos, primero, porque se fueron despejando los nubarrones que ensombrecían la relación -léase el remanido conflicto por las tarifas, la polémica expropiación de Aerolíneas al Grupo Marsans y la estatización de las AFJP, por citar los casos más emblemáticos- y, segundo, porque España enfrenta su propia tormenta interna, Rafael Estrella está cerca de cumplir su ciclo diplomático en estas tierras. Con el cambio de gobierno que se avecina en La Moncloa, tras el contundente triunfo electoral de Mariano Rajoy (PP), sólo le resta esperar la designación de su reemplazante, armar sus valijas y regresar a Madrid, seguramente en los primeros meses de 2012.

En una entrevista exclusiva con WE a escasos días del comicio que desembocó en una histórica derrota del PSOE, su partido, Estrella analiza las razones del voto castigo a José Luis Rodríguez Zapatero, da su visión sobre la crisis que atraviesa la Unión Europea y las opciones para salir de la debacle y, claro, también pasa revista a la relación bilateral. 

¿Qué lectura hace del resultado de la elección en España y en qué condiciones deja el gobierno Rodríguez Zapatero?
Ha sido una clara victoria del Partido Popular, que ha obtenido el mejor resultado de su historia, y el Partido Socialista ha obtenido el peor resultado de su historia, son los dos elementos de referencia. En cuanto a cómo se traduce eso en la composición político-parlamentaria habría que señalar que ha habido una abstención importante, más de dos millones de abstencionistas más que en elecciones anteriores, que cabe presumir que son ex votantes del PSOE. Ha habido un trasvase, un millón, millón y medio de votos del PSOE al PP que, a su vez, ha perdido también votos a favor de otras fuerzas. El PP ha tenido una leve subida, lo que pasa es que con la dispersión del resto de los votos eso le ha dado un crecimiento bastante importante en el número de diputados. Y el malestar con el PSOE, el voto de castigo, se ha ido en beneficio de otras opciones, como Izquierda Unida, que ha tenido un crecimiento espectacular, o a otro partido de ideología difícil de encuadrar que es Unión para el Progreso y la Democracia, que ha conseguido cinco diputados.

Zapatero había prometido una salida de la crisis con principios progresistas, pero llevó adelante un ajuste que le costó esta elección. ¿No supo cumplir la promesa o las decisiones que se toman en la UE lo dejaron sin margen de maniobra?
Son varias de estas cosas y algunas más. En primer lugar, parece evidente que los ciudadanos han querido castigar una gestión que se asocia con una situación en la que España tiene no sólo el ataque y la inestabilidad de los mercados financieros, sino un aumento muy importante del desempleo. España antes de la crisis era un país modélico, estaba creciendo al 3,5%, tenía el mayor crecimiento, casi la mitad del empleo que se creaba en la UE se estaba creando en España, su deuda estaba a niveles de la mitad de la de Alemania, del Reino Unido y la tercera parte de la de Italia. Lo que pasa es que la coincidencia del estallido de la crisis con el estallido de la crisis de la burbuja inmobiliaria provocó que salieran al desempleo varios millones de personas y eso ha tenido un efecto cascada en otros sectores como el consumo, etc. Eso explica en gran medida el malestar de los ciudadanos. 

¿Equivocó Zapatero el camino para hacer frente a esa situación?
¿Cómo se afronta una crisis de esta naturaleza? Para un gobierno progresista, que quiere preservar la protección local a los más débiles y mantener el estado de bienestar, en primer lugar, recortando gasto que se hace caer sobre los funcionarios, que tuvieron un primer recorte de sus sueldos. En segundo lugar, haciendo también economía selectiva, por ejemplo en pensiones, de tal modo que las pensiones más bajas han seguido creciendo y, sin embargo, sí se han reducido las pensiones más altas. Se han abordado otras medidas que son más estructurales en las que ha habido acuerdo entre sindicatos, empresarios y gobierno para, por ejemplo, reformar la negociación colectiva. Pero no ha habido reducción en el estado de bienestar, sí generación de ahorro. Por ejemplo, se ha producido una legislación para impulsar los genéricos, lo cual favorece un abaratamiento de los costes de los medicamentos en el sector sanitario.

Parece que no fue lo que percibió la sociedad que votó como votó...
Claro, la sociedad no es que percibiera tanto que se había hecho una política no progresista, sino que el malestar tiene que ver con el hecho de que no hay español que no cuente con una persona en su familia que ha perdido el puesto de trabajo. Es un malestar que está vinculado a una preocupación más que justificada y que en muchos casos se ha traducido en indignación. Todo eso acumulado, con un margen estrecho de maniobra, en la medida en que España forma parte de un entramado más complejo que es la UE, todo eso ha limitado el margen de maniobra que tenía el Gobierno. Y la situación española por la incapacidad para frenar el crecimiento del desempleo ha llevado a unas reducciones de gastos mayores, lo cual ha llevado a una inactividad. El debate que se va a plantear en los próximos meses será qué medidas se toman: si hay medidas para reactivar la economía, recuperar la senda del empleo y el crecimiento o si, por el contrario, todo el menú va a ir dirigido a los recortes, reducción del gasto, que puedan interpretarse como ajustes.

Tanto en Grecia como en Italia, como consecuencia de esta crisis, sus gobernantes han sido reemplazados por tecnócratas. ¿Cómo evalúa esta situación?
Un tecnócrata, por definición, es alguien que se supone conoce mejor las variables técnicas. Un tecnócrata al frente del gobierno y sin arma política está condenado al fracaso. Estoy convencido de que se están asumiendo las responsabilidades. Tanto en Grecia como en Italia, en primer lugar, van a tener que contar con el respaldo o no de un parlamento soberano. Y en segundo lugar, pronto verán que necesitan crear acompañamiento de la propia sociedad, para lo cual tienen que ofrecerle luz al final del túnel. Y esas medidas tal como están planteadas ahora, sin un horizonte de crecimiento, de recuperación del empleo, no ofrecen luz al final del túnel.

¿La lección en España es que no es posible hacer un ajuste sin volverse impopular?
Lo que pasa es que esto ha sido un proceso muy intenso. Creo que cualquier gobierno que intente equilibrar sus cuentas puede producir economías en determinadas áreas sin que eso sea percibido como una agresión a los derechos adquiridos. Pero ha sido tal la intensidad, que eso ha calado en los ciudadanos como que estaba en peligro lo que tanto nos había costado, estaba en peligro el estado de bienestar. Eso plantea debates como quién debe pagar la crisis. La crisis se paga a base de recortar prestaciones del estado de bienestar, de privatizar, por ejemplo, la salud, o la crisis se financia con contribución de quiénes han estado ganando dinero, los bancos... Hay quienes sostienen, desde una visión neoliberal, que una reducción de impuestos basta por sí sola para generar una dinámica inversora y de crecimiento. Son los debates que vienen.

¿Se imagina una Europa en la que desaparezca el estado de bienestar?
Perdería entonces la razón de ser Europa y su seña de identidad. Creo que se puede mantener una salida pública de excelencia y de calidad con eficacia en los servicios, en la gestión, pero naturalmente tienes que tener también una base de población empleada que con sus contribuciones está permitiendo el funcionamiento de ese sistema. No veo ese peligro. Me preocupa más la otra dimensión, que en realidad es el escenario donde nos estamos jugando todo y en el que su fragilidad es lo que está favoreciendo estos ataques de los mercados. Me refiero a la Unión Europea. Vemos como países como el Reino Unido, que tienen una situación en algunos aspectos peor que la de España, en deuda, por ejemplo y, sin embargo, no son objeto de ataques tan brutales por parte de los mercados.

¿Y a qué se debe?
Pues sencillamente porque tiene una autoridad que dirige la política financiera. Y eso hace que ante cualquier intento de ataque, el Banco Central de Inglaterra salga en defensa de su moneda. La ausencia de una autoridad de política financiera en la UE, porque no hubo la voluntad de establecerla cuando se creó el euro por parte de Alemania y por parte de Inglaterra que se quedaba afuera, favorece que ahora cualquier decisión está en manos de un banco central cuyo estatuto le da el mandato de cuidar la inflación, pero al final, con las decisiones que está tomando, está yendo más allá. Es una entidad que tendría que haberse anticipado a la crisis. Si el BCE hubiese intervenido en la crisis griega en los primeros seis meses, el coste para el resto de la UE hubiera sido cinco veces menor. Hay una falta y un vacío de decisión y no hay la dimensión política de esas decisiones. Cada vez que la UE ha tomado una decisión de respuesta a la crisis se han tenido que reunir los máximos gobernantes y eso supone que cada gobernante tiene un ciclo político y de política interna, donde, por ejemplo, las primeras decisiones tardaron cerca de seis meses porque había elecciones en el Reino Unido y en Alemania y nadie quería perder en su electorado. La conclusión de todo esto es hay que profundizar Europa, hay que crear una autoridad fuerte política sobre las finanzas europeas, tiene que haber una respuesta firme, directa del BCE con la creación de eurobonos, por ejemplo, para lanzar un mensaje a los mercados: “Déjese de atacar a este país porque va a perder la apuesta y perderá su dinero”.

¿Esta crisis puede terminar en una reducción de la eurozona como plantean algunos?
Creo que desde el momento en que se apuesta por una unión a 27 nos estamos creando el problema, porque (la UE) es muy diversa, difícilmente equilibrada. Hay unos mecanismos financieros de la UE que permiten favorecer la convergencia a niveles de renta, desarrollo, y eso ha funcionado en parte. No es posible en la UE, con los tratados actuales, crear dos Europas, una con eurogrupo y otra del que salgan otros países. No sería posible, pero sí es posible avanzar en la integración a dos velocidades: si hay países que quieren avanzar en un área, defensa, por ejemplo, en todo aquello que no afecte a la libre circulación y al mercado interior. Cualquier intento de acuerdo que afectase al mercado interior, y esto yo creo que afectaría al mercado interior, está prohibido por los tratados. Eso creo que son fuegos de artificio y lo que hace falta es una Europa con los impulsos políticos como los que vimos en los momentos de mayor potencia de la integración, cuando estaba (Helmut) Khol, (Francois) Mitterrand y Felipe González y hubo una concertación entre dos grandes países y un tercer país que entonces estaba saliendo del subdesarrollo pero que tenía la apuesta política, con Felipe González, para profundizar la integración europea.

¿Rajoy apostará al consenso, pese a que cuenta con amplia mayoría en el Congreso?
En una situación como la que se encuentra España, cualquier gobierno inteligente, y creo que Rajoy lo va a hacer, va a buscar el mayor acompañamiento.Que algunas pueden ser decisiones de recorte de gastos, pero también de apuestas políticas con relación a Europa. Creo que el Gobierno va a buscar el mayor acompañamiento, no lo necesita en términos de aritmética parlamentaria, pero sí en términos de credibilidad de las medidas, de respaldo político e incluso ante los propios ciudadanos y va a buscar ese diálogo. Estoy seguro de que por parte del PSOE va a haber voluntad de entendimiento y de cooperar en una situación que afecta a los españoles.

Al compás de esta crisis han venido creciendo las protestas sociales. ¿Qué mirada tiene sobre el movimiento de los indignados?
Es un movimiento que surge espontáneamente, no está movido por fuerzas políticas, no tiene líderes carismáticos, tiene plataformas más o menos genéricas. Muchos de los elementos hacen que cualquiera pueda simpatizar con ellos. Por ejemplo, que la política sea más transparente, más directo el sistema de elección, que la crisis no la paguen los más pobres, hay reivindicaciones que son fácilmente asumibles y hacen a la simpatía de buena parte de la sociedad española. Creo que el movimiento ha tenido un efecto no directo: no es el número de personas que han salido a la calle y que al final ha trasladado su voto, pasado de una opción a otra, sino que han servido como caja de resonancia para un malestar que estaba latente, ya instalado en la sociedad española, y eso contribuye a explicar el castigo tan fuerte al PSOE, porque era el que tenía la responsabilidad de gobernar.



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