Sin cuerda para rato

Sin cuerda para rato

El PBI cierra el año con un alza del 8 por ciento, pero los desequilibrios –encabezados por la inflación– aumentan. Hasta cuándo hay margen para eludir las correcciones. 29 de Diciembre 2010

Los pronósticos se quedaron cortos. Así como el Gobierno subestimó todos los indicadores del Presupuesto ‘10 –una vez más–, y se alzó con $ 50.000 millones adicionales de recaudación para distribuir discrecionalmente, las proyecciones iniciales de crecimiento de los estudios privados resultaron inferiores a la realidad. La economía argentina cerrará este año con una expansión en torno al 8 por ciento, cinco puntos por encima de lo que preveían los especialistas en los primeros meses de 2010, y las perspectivas indican que en 2011 el alza del PBI puede alcanzar otro 5 por ciento. ¿Qué pasó? ¿El “modelo” tenía más reservas de las previstas para pegar semejante salto? ¿O fue, nuevamente, el venturoso contexto internacional el gran responsable de esa performance?

Las voces oficiales enfatizarían la primera explicación, pero la verdad de fondo es que la segunda razón terminó por inclinar la balanza. Como viene sucediendo en los últimos años, la Argentina disfruta de condiciones externas casi inigualables –según califican los economistas– que empujan su nivel de actividad. Y este año se conjugaron varios factores para que el Producto gire a altas revoluciones. A saber: la recuperación del comercio mundial fue mucho más rápida e intensa de lo previsto, aun en los países desarrollados; los precios de las commodities, con la soja en lugar estelar (US$ 450 la tonelada al cierre de esta edición), volvieron a sus niveles más altos de 2008, lo cual mejoró los términos de intercambio para el país; las tasas de interés en los Estados Unidos siguieron por el piso, cercanas a cero; a la abundante liquidez global se sumó un nuevo paquete de estímulo de la Reserva Federal estadounidense de US$ 600.000 millones, que no estaba en los cálculos de nadie; y Brasil –principal destino de las exportaciones industriales locales– atravesó un año formidable, con un crecimiento del orden del 7 por ciento.

En el plano doméstico, hicieron su especial aporte la excelente cosecha de 90 millones de toneladas, y el propio Gobierno, que –a pesar del ritmo que ya mostraba el PBI– mantuvo su política expansiva del gasto público en torno al 35 por ciento anual, por encima del crecimiento de los recursos genuinos. Como producto de esta sumatoria, el consumo volvió a transformarse en el principal motor de la economía, con un alza del 4,5 por ciento en volúmenes (de acuerdo con datos de consultoras especializadas) y fuerte empuje en rubros como electrodomésticos, que se dispararon hasta 50 por ciento en la primera parte del año. Pero, como en una película que se proyecta una y otra vez, las debilidades macro subsisten, disimuladas por el escenario mundial favorable, advierten los economistas. Y el tiempo pasa, sin que sean enfrentadas por la política oficial. El primer desequilibrio, conocido por todos, es la inflación, que cerrará 2010 en torno al 25 por ciento anual –según el consenso de las mediciones privadas–, y proyecta trepar al 30 en 2011. Como efectos colaterales, se agudizan la distorsión de precios relativos y el atraso en tarifas de servicios públicos, y empieza a arrojar señales de alerta la apreciación real del tipo de cambio. En ese sentido, hablar de un retorno a los tiempos de la convertibilidad en 2011 ya no es un alarmismo infundado.

Falso dilema
“El año deja un sabor agridulce, porque la economía creció, pero la inflación se recuperó al mismo ritmo que la actividad y sigue siendo un problema irresuelto”, señala Luciano Laspina, economista Jefe del Banco Ciudad. “En contraste, la experiencia de los países vecinos muestra que se puede tener altas tasas de crecimiento con baja inflación”, agrega, para refutar el planteo de que atacar la suba de precios es incompatible con el crecimiento, como dejó entrever en más de una ocasión el Gobierno. Laspina prevé que la economía se expandirá un 7,5 por ciento este año, y entre 4 y 5 en 2011.

“La foto es buena y los indicadores de consumo son favorables. Sin embargo, en el largo plazo, los desequilibrios se acumulan”, sostiene Ricardo Delgado, director de la consultora Analytica, quien proyecta un crecimiento del 7 por ciento para 2010, y del 5,3 por ciento para el año próximo. “La conformación de la economía 2011 va a ser muy parecida a la actual, con alto crecimiento y consumo en alza, pero desequilibrios fiscales y comerciales externos in crescendo”, vaticina.

De los componentes del viento de cola internacional que impulsa a la Argentina, Delgado rescata los precios de las commodities. “Son los mejores términos de intercambio de los últimos 20 años”, dice. Y calcula que unos dos puntos de crecimiento están explicados por el efecto Brasil. Laspina aporta que la gran cosecha, luego de la sequía de 2009, es responsable de otros dos puntos.

“Los mercados internacionales sufrieron un vuelco a partir de septiembre, que resultó muy favorable para el país. En el segundo semestre hubo ingreso de capitales, al revés de lo que pasó en el primero”, completa el cuadro Camilo Tiscornia, socio de C&T Asesores Económicos. El economista recuerda que el año comenzó con el conflicto por las reservas del Banco Central –que terminó con la salida de Martín Redrado de la entidad– y luego se sumó, en abril, la crisis griega, que generó ruido en los mercados mundiales. Después, la dinámica positiva fue obligando a revisar las proyecciones hacia arriba.

Tiscornia calcula un alza del PBI del 9 por ciento para este año (en 2009, había medido una caída de casi el 4), y en torno al 5 por ciento para 2011. “El paquete adicional de estímulo de US$ 600.000 millones de los Estados Unidos  garantiza que la tasa de interés seguirá baja durante el año que viene”, apunta. 

Expectativas ignoradas
Si todo indica que las condiciones de 2011 serían muy parecidas a las del corriente año, surge una pregunta: ¿queda espacio para continuar eludiendo las correcciones gracias a la ayuda externa? ¿Hasta cuándo puede seguir creciendo la economía con una inflación de más del 20 por ciento y desequilibrios ignorados? Nadie espera en el mercado que el Gobierno encare los problemas y, menos, en tiempo electoral.

“El Gobierno va a seguir estimulando la demanda, lo cual conduce a una tasa de inflación más elevada. La situación social será más compleja y a eso se sumarán las tensiones políticas”, prevé Juan Miguel Massot, director del Instituto de Economía de la Universidad del Salvador, quien no descarta que el oficialismo intente colocar deuda voluntaria si llega a un acuerdo favorable con el Club de París, dado el deterioro del frente fiscal. “El problema central de corto plazo es el inflacionario. Pero hay otros, como el fiscal, tapado por la inflación. El 75 por ciento de la recaudación es aumento de precios. Un número no menor”, alerta Delgado. “Y el gasto público va a crecer más fuerte en 2011, por las elecciones”, completa. Para el director de Analytica, en el 25 por ciento anual de inflación ejerce un peso “no menor” el factor expectativas que, ante la inacción oficial, se retroalimenta. La última medición de la Universidad Di Tella, correspondiente a noviembre, arrojó un 30 por ciento de expectativa de incremento de precios para los próximos 12 meses en la mediana de las respuestas, y del 34 por ciento, en el promedio.  “Los grandes problemas se siguen barriendo debajo de la alfombra”, asegura Laspina, y los pone en orden: inflación, dinámica de apreciación real del peso y distorsiones tarifarias, que representan más de tres puntos del PBI, en ascenso. Luego, menos urgente a su juicio, ubica el desequilibrio fiscal creciente de Nación y Provincias. “Creo que la próxima administración asumirá con un déficit consolidado de cuatro puntos del Producto, en una economía que tiene un acceso escaso al mercado de capitales. Esa brecha se fue cerrando con el uso de cajas públicas”, afirma, en referencia a la ANSeS y las utilidades del Banco Central.

Hasta octubre, el superávit primario (antes del pago de intereses de la deuda pública) acumulado alcanzó los $ 24.011 millones, pero si se descuentan los recursos extraordinarios provenientes de la ANSeS y el BCRA, la cifra cae a casi un tercio ($ 8000 millones), según un informe del Banco Ciudad. Y el superávit financiero de $ 5853 millones del mismo período, directamente, se transforma en un déficit de unos $ 10.000 millones sin esos aportes.

“Me preocupa menos 2011 que la tendencia de mediano plazo – advierte Tiscornia–. En 2008, con los mismos precios de las commodities que hoy, el superávit primario fue del 3,4 por ciento del PBI. En 2009, bajó al 1,6 por ciento, y este año dará 1,6, pero con las utilidades del BCRA adentro. Si no, sería cero”. El superávit fiscal, uno de los pilares sobre los que se edificó el modelo K, ya fue carcomido por completo.

Y el otro bastión de la política oficial en los primeros años, el tipo de cambio competitivo, sufre el mismo proceso. “Hay atraso cambiario, desde fin de 2008, con problemas crecientes de competitividad en algunos sectores. Sólo atenúa la situación los términos de intercambio”, sostiene Massot. Según Delgado, por la política de mantener el dólar planchado –único recurso antiinflacionario oficial–, el tipo de cambio real multilateral está hoy un 50 por ciento por encima de los niveles de 1998, pero gracias al “súper real” (US$ 1= 1,70), en buena parte. “El bilateral, en cambio, estaría a fines de 2011 levemente por debajo del nivel de 2001. Seríamos, en dólares, una economía un poquito más cara que los Estados Unidos”, subraya. Laspina también calcula que, para fin de 2011 y dada la inflación proyectada, el tipo de cambio real peso-dólar estará, de nuevo, en el uno a uno, con un billete verde en $ 4,10/4,15.

Inversión, ¿dónde estás?
La inversión (decisiva para resolver el alza de precios) tampoco termina de arrancar, afectada por el clima enrarecido que producen los de-sequilibrios, dicen los economistas. Según Delgado, la Argentina sigue invirtiendo poco a nivel agregado, y sólo relacionado con sectores que están teniendo una rentabilidad internacional favorable. “No se ven sectores nuevos, ni a las PyMEs en el proceso de inversión”, indica. Para que la economía crezca en forma sostenida al 5/6 por ciento, se requiere un nivel de inversión superior al 25 por ciento del PBI, cuatro puntos por encima de lo actual. “Y el año que viene, por la incertidumbre electoral, será igual o más baja que en 2010”, añade Massot.

¿Cuánto hilo le queda al carretel de esta estrategia? “Dado el contexto externo, tiene recorrido para un año más, al menos, y no hay una crisis al final del camino, siempre que las condiciones internacionales –y lo recalco– sigan siendo auspiciosas”, resume Laspina. “Pero al próximo gobierno le deja poco margen para evitar una corrección, lo cual no significa que asuma en una situación de crisis. Llegará con los fundamentals al límite”, describe. “No hay un iceberg por delante, pero se debe ir corrigiendo el rumbo. Si la inflación y las distorsiones no se corrigieran, y el contexto mundial se da vuelta, la Argentina correría el riesgo de entrar en una fase estanflacionaria”, alerta.

Para Delgado, el gobierno que viene probablemente enfrente un cambio de contexto mundial, lo cual no implica una crisis, pero sí un reacomodamiento de los desequilibrios que están repercutiendo en este momento (países superavitarios y deficitarios, problemas fiscales en Europa y falta de crecimiento del empleo en los Estados Unidos). Esa situación obligaría a acelerar un plan de estabilización para poner en caja la inflación y acomodar el resto de las variables. “Todo dependerá del escenario internacional. Si es favorable, se podrá hacer en forma gradual”, sostiene.

El mundo sería, otra vez, un elemento determinante. Pero que algo habrá que hacer, nadie lo pone en duda a esta altura.



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