"Siempre que se anticipa quién gana una elección, ese candidato pierde"

Para el ecuatoriano, gurú político de Mauricio Macri, la pelea en 2011 será entre vieja y nueva política. Cristina, el PJ Federal, la UCR y, por supuesto, su cliente estrella, bajo la lupa. 29 de Diciembre 2010

Hablar una hora y media de política con Jaime Durán Barba es más que eso. Es hacerlo de filosofía, historia, sociología, psicología y de antropología. Pero sintonizando en un tono, ese “en el que uno es todo y todo es uno”, como canta Robert Plant en el extático final de “Stairway to Heaven”.

“Uno de mis autores favoritos, Bertrand Russell, escribió que la política es la actividad humana en la que más personas inteligentes hacen estupideces. Una frase buenísima. Y real: la política es pasión disfrazada de ideología. Si a usted le cae mal Cristina Fernández, no la votará. En cambio, si es su partidario, lo hará, digan lo que digan”, sentencia, distendido en su oficina, un refugio de tranquilidad escondido en una colorida galería de la calle Libertad. “Nadie leyó todos los programas antes de votar, ni todos los libros sagrados antes de elegir una religión. Menos, para casarse. Uno se enamora. Todo lo importante en la vida es así: los seres humanos somos simios enormemente sentimentales, que nos creemos racionales. Pero somos muy pasionales. Y la política es así”, define, sobre aquello que convirtió en su oficio, 24x7x365, hace ya 30 años.

Asesor de una decena de mandatarios latinoamericanos, el gurú ecuatoriano confía en que su actual cliente estrella, Mauricio Macri, lo será. “Es un hombre inteligente, muy ágil. Se maneja bien. Sería un muy buen presidente”, opina.

¿Cuál será la demanda social en 2011?
En América latina, hay un cansancio juvenil con el estilo de la política. Entonces, personas que hacen política desde otras formas tienen éxitos importantes. Brasil mostró los dos extremos: una candidata con mucho contenido, como Marina Silva, y Tiririca, un payaso de la calle, analfabeto. No es un problema de contenido. La forma se convierte en algo más importante. Las ideologías están en agonía. El conjunto desordenado de ideas del coronel Chávez lo demuestra. Las viejas ideologías, entendidas como historias o relatos teóricos que ordenaron el mundo, se agotaron. El elector actual es mucho más ilustrado. Busca algo en intercambio de su voto: trabajo, electricidad. También, el gusto de ver cómo patea a los ricos, que es el secreto del voto de Chávez y Correa. Cada voto tiene su valor y cada elector siente que puede negociar esa pequeña cuotita de poder.

¿La Argentina tiene esos “candidatos del cambio”?
Marina Silva lo fue en Brasil. Como Obama en los Estados Unidos. Al cambio se lo ve. La política antigua se hacía con palabras, que transmitían ideas. La contemporánea, a través de imágenes, que muestran sentimientos. Si uno no sabe inglés, bastaba con bajar el volumen y distinguía entre McCain y Obama quién era el cambio. En ese contexto, en la Argentina, la repetición de ciertos ritos hace que no parezca que venga el cambio. En la medida que se haga campaña con bombos, se llene el Luna Park… Eso se hace desde hace 60 años y se llama peronismo. La nueva política se expresa por actitudes de los nuevos líderes. Y, de los presidenciables, el único que las tiene es Macri. Uno de los secretos de mi profesión es nunca mentir ni inventar: cada candidato debe mostrar lo que es. Macri es así: un tipo espontáneo, al que le divierte subirse a la bicicleta, saltar el bache. No le gusta dar discursos, ni comportarse como político tradicional, también, porque no militó en un partido desde pibe. Cobos, por ejemplo, está dentro de los parámetros de un radical. Clarísimo. Como que Cristina, Aníbal Fernández y Kunkel son peronistas. Tienen una forma de actuar, de moverse, de ser peronistas. Macri no es radical, ni peronista. Ni político. No sabe dar discursos... Los políticos nuevos rompen tradiciones y esquemas. Y la gente los aprecia como líderes.

¿Le alcanza a Macri sólo con eso para 2011?
Es su as de espadas. Además, tiene algunas cosas interesantes. Demostró que sabe gestionar. En la Ciudad no hicimos el gobierno deslumbrante que muchos esperaban pero sí uno bueno. En Boca –para muchos argentinos, es más importante que Buenos Aires–, hizo algo descomunal. Entonces, si el candidato es distinto, demuestra eficiencia, tiene credibilidad… Macri posee buenas credenciales. Es un hombre muy inteligente, muy ágil. Se maneja bien. Sería un muy buen presidente.

¿Tiene futuro inexorable con el PJ Federal?
Macri debe diferenciarse de la política tradicional, en general. No sólo del peronismo. También, del radicalismo. De todo ismo anterior. En esa medida, identificarse con el PJ Federal no es lo más interesante. ¿Qué es el duhaldismo? Un Papa sin Colegio de Cardenales. ¿Cómo puede pensarse un peronismo sin la CGT, las gobernaciones, ni intendencias? ¿Cuántos gobernadores tiene el PJ Federal? Dos: Das Neves y Rodríguez Saá, de provincias que, tampoco, son las más gravitantes. No puede existir un peronismo sin el movimiento obrero. Es la columna vertebral sobre la cual Perón armó esto. Entonces, debería gobernar sin el peronismo.

Es difícil pensar en una Argentina en la que uno diga que no tiene nada que ver con el peronismo, si el peronismo significa la clase obrera. Cuando alguien me dice que, para gobernar, hay que negociar con el peronismo, digo que sí. Ahora, si me indican que hay que hacerlo con Romero, pregunto: “¿Qué poder tiene en la CGT y las gobernaciones?”. Ninguno. Hay que negociar con el movimiento obrero, con las gobernaciones, con los poderes locales. Un gobierno con nuevas ideas no puede reprimir a la clase obrera. Debe ver cómo sus ideas son compatibles con los intereses gremiales. Un país democrático tiene que ser de diálogo. De grandes acuerdos. Como Chile y Brasil. Los que tienen líderes que creen que fundan el mundo –como los señores de Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Bolivia– van a la hecatombe. Nadie refunda el mundo. Hay cosas que no eran tan obvias cuando yo estudiaba. Hoy, sí: los experimentos socialistas no funcionaron. Vivimos vidas menos apocalípticas ahora.

Néstor y después 
“En la vida, las cosas se ganan peleando”. Con esa cita –lema de campaña de Néstor Kirchner en 2009–, Durán Barba inicia la introducción de su último libro, “El arte de ganar”. “Hubo que sacar algunas frases porque habían sido escritas cuando Kirchner estaba vivo. Por ejemplo, que la política es una enfermedad que sólo se cura con la muerte”, cuenta. Refiere que no llegó a conocer a Kirchner. Pero que, por inquietud del ex Presidente, pocos días antes de su deceso, existió la posibilidad. “Me habría encantado”, se lamenta.

¿El kirchnerismo murió con Kirchner?
El término kirchnerismo es equivocado. Kirchner fue un gran dirigente peronista. Ese era el peronismo: la CGT, las obras sociales, los gobernadores, los intendentes. La creación de Perón. Si alguien es Papa pero no tiene las finanzas del Vaticano, ni los cardenales, ni los obispos, ni las órdenes religiosas, entonces, no es Papa. Kirchner manejaba eso. Fue el dirigente peronista más importante después de Perón. Cuando le ganamos con De Narváez –yo estuve muy metido en esa campaña–, todos lo daban por muerto (políticamente hablando), menos yo. El peronismo es demasiado complejo. En la medida que Cristina logre articularlo, seguirá bien. Irá a segunda vuelta.

¿La ve con capacidad para hacer esa articulación?
Sí, sí. No es Isabel. Fue dirigente política toda la vida. Y está rodeada de gente con mucho oficio: estuvieron con Menem, con Duhalde... Saben hacer política. Tienen buena chance de hacer un gran papel. Ahora, ¿ganan? No. Siempre que se adivina con anticipación quién gana, ese candidato pierde. Están en una muy buena posición. Pero, como decía El General, hay que desensillar hasta que aclare. Ver si el peronismo sigue unido. Porque hay fuerzas que pueden dividirlo. Moyano tiene su propio juego. Aunque es normal: en todos los partidos laboristas –el británico, el Socialista alemán–, el brazo sindical mantiene independencia del ala política.

Hay un elemento nuevo: hubiera sido difícil imaginar a Lorenzo Miguel aspirando a un cargo ejecutivo.

Le tocó convivir con El General. Y donde manda General… Después, acumuló tanto poder que no necesitaba más. Ser jefe de las 62 Organizaciones era más importante que un ministerio. El peronismo es un partido de sindicatos, de gobernadores, de intendentes… Por eso, es tan poderoso. Kirchner fue un gran líder de este peronismo, al que remasterizó un poco con sus propias ideas. A su muerte, sentimos un vacío enorme. Porque él ordenaba toda la política argentina. También, a la oposición. Era la brújula.

¿A partir de qué se ordena el escenario ahora?
A partir de un peronismo que puede, o no, seguir unificado. Si es en torno a Cristina, y no se divide como en 2003, habrá un factor de enorme fuerza. Una candidata mujer tiene buenas chances. Ahora, en muchos estudios que hicimos, encontramos que un enorme porcentaje de argentinos quiere un cambio. Están cansados del viejo peronismo, del radicalismo… Para un elector de 20 años, Perón es un personaje histórico. Como San Martín. Y muchas cosas en el siglo XXI cambiaron radicalmente: las formas de comunicación, los intereses… Vivimos en un mundo con muchas más oportunidades de placer. El campo de atención de la política se redujo mucho.

¿Era iluso esperar un cambio en CFK?
Espero que se abra un poco más. Pero el estilo del peronismo siempre fue de confrontación: ser rudos, dialogar poco. Desde los tiempos de Perón. En democracia, uno tiene que entender que el adversario es alguien con quien se compite, no a quien se debe matar. Esa idea está bien en Corea del Norte pero no en las democracias, donde debemos tener más diálogo y, sobre todo, menos seguridad en nuestras verdades. El poder produce una enfermedad terrible, de posesión de la verdad, y una ilusión, un delirio de eternidad. Hay que oír a la gente y, en eso, Macri es un gran político. Sus campañas siempre fueron hablando y mezclándose con la gente. Una frase divina del Tao Te Ching, de Lao Tsé (el libro más sabio que se haya escrito sobre poder) es: “Cuando un árbol tiene sus ramas rígidas, se rompen con el viento porque está muerto. Cuando está vivo, se mecen. Saben ceder y, por eso, no se rompen”. Es una alegoría del poder. Hay que saber moverse con el viento.

Ya que volvió a mencionar a Macri, ¿cómo se manejó en el escándalo de las escuchas y en la crisis de los colegios?
Relativamente bien. La crisis de los colegios fue complicada. Duró demasiado. Ahora, lo de las escuchas es la cosa más inverosímil… La expuse en México y, pocas veces, se rió tanto un auditorio. Conté que, en la Argentina, al jefe de Gobierno de Buenos Aires le están haciendo un juicio político porque un policía, al cual él nunca vio, escuchaba a mucha gente, entre la que estaba un cuñado chiflado y, por eso, lo acusan de armar una organización criminal. Por lo menos, si hubiera espiado a Cristina, a Alfonsín… Dentro de estas locuras, Macri se manejó bien.

¿A Cobos se le agotó la nafta de la 125?
No creo que haya logrado hacer nada demasiado importante después de la 125. Además, que le hayan prohibido ir al sepelio de Kirchner les refrescó a muchos argentinos la acusación de traición, en un momento muy sensible. Y, en el partido radical, Alfonsín sube. Habrá una interna difícil de predecir. Como tampoco se puede anticipar mucho qué pasará con Cristina. De momento, ella salió mejor del sepelio. Macri quedó igual. Cobos, un poquito golpeado. Y el PJ Federal…

¿Desencajado?
Sí, sí. La sensación es: ¿éstos quiénes son? De Narváez no es el mismo que hace un año. En carrera, quedan sólo Macri, los radicales y Cristina.

¿Duhalde también perdió sin Kirchner?
Hizo mucho por la Argentina. Asumió la Presidencia en un momento crítico, en el que se caían presidentes a cada hora. Pero no tiene una imagen muy sólida, ni gran popularidad. Y los argentinos a los que les gusta el peronismo antiguo tienen un gran exponente en Cristina Fernández. Como lo tuvieron en Néstor Kirchner. O en Moyano. En esa forma de hacer política. Y a los que no les gusta esa vieja noción tampoco estarán, fácilmente, con Duhalde. Quien quiere innovación busca a alguien distinto, más joven.

¿Duhalde sólo crecía como contrapeso de Kirchner?
Se angostó. Habría tenido espacio real si su irrupción traía una división efectiva del peronismo. Con dos CGTs, una de Duhalde y otra de Kirchner, habría que ver. Diez gobernadores de un lado, 10 del otro. Pero no ocurrió.

¿Y Scioli?
Es un hombre muy hábil, muy inteligente. Tiene una enorme habilidad para reponerse. En este momento, es un candidato con enormes posibilidades para la gobernación de Buenos Aires.

¿No presidencial?
Si el peronismo se divide, y quedan su candidatura y la de Cristina Fernández, será complejo para ambos. Si Cristina no va, sería un gran candidato. Es una persona muy simpática. Un peronista con el “discreto encanto de la burguesía”, diría Buñuel. Pero habría que ver qué pasa. Si se divide entre Scioli y Cristina, ambos quedarán en una situación muy grave.

¿Cómo analiza los volantazos de Reutemann?
Son muy locales. Si, en otro momento, cuando estaba con más fuerza y mejores posibilidades, no enfrentó la candidatura, menos, ahora. Reutemann es un hombre con su vida hecha, muy santafesino. Vive en su provincia. Además, ¿cómo entra en la presidencial? ¿Candidato del peronismo? ¿Quién lo apoya? Una campaña es dinero, es posicionamiento, un montón de cosas. Y todos esos espacios propios del peronismo están bien copados por Cristina Fernández.



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