"Si gana, Alfonsín va a necesitar del respaldo de otras fuerzas para gobernar"

El ex ministro y senador radical le augura al triunfador de octubre serias dificultades en su gobierno, por lo que reclama a la oposición anudar un plan de coincidencias mínimas antes de un eventual ballottage. Plantea políticas fiscales y monetarias para combatir la inflación y una cuidadosa salida de los subsidios. 10 de Junio 2011

Rodolfo Terragno es un político que no necesita de grandes preámbulos para saber de quién se trata. Su nombre remite indefectiblemente a la historia reciente del radicalismo, a saber: fue ministro de Obras y Servicios Públicos durante el gobierno de Raúl Alfonsín, presidente de la UCR entre 1995 y 1997, uno de los principales impulsores del experimento de la Alianza y el primer jefe de Gabinete de Fernando De la Rúa, además de diputado y senador nacional.

Hoy, no reniega de su condición de boina blanca, aunque insiste en mirar a la política desde una perspectiva más abarcadora. Acaba de presentar su nuevo libro Urgente, llamado al país, desde donde convoca a los candidatos a suscribir una serie de acuerdos mínimos para enfrentar un futuro que, de lo contrario, dice, traerá “enormes dificultades a quien gobierne” la Argentina a partir del 10 de diciembre.

Abogado, periodista y escritor, a Terragno nunca le preocupó demasiado nadar contra la corriente. Por eso, en tiempos donde el kirchnerismo se regodea con la posibilidad de un triunfo que muchos ya dan por descontado, él dispara: “No creo en absoluto que sea imposible que una fuerza de oposición gane en octubre”. 

En su libro habla de un plan de coincidencias básicas para cambiar la Argentina. ¿Cuáles son?
- La primera ya se dio, porque a mi juicio hay una condición sine qua non para avanzar, que es un compromiso de todas las fuerzas políticas de asegurar la gobernabilidad, gobierne quien gobierne. Es también importante el compromiso, no solo de respetar sino de perfeccionar las instituciones y el estatuto de la inversión, la idea de que hay que asegurar continuidad de las condiciones bajo las cuales se invierte porque -también está dicho en mi libro-, si nosotros creciéramos al 5% anual sin parar, en 2025 tendríamos el ingreso per cápita que Eslovaquia tiene hoy. No es un objetivo desmesurado. Para eso está calculado que hacen falta 22.000 millones más de inversión anual. Esos tres acuerdos, gobernabilidad, calidad institucional y estatuto de la inversión fueron firmados en diciembre por Alfonsín, Duhalde, Macri, Binner, Stolbizer, Maria Eugenia Estenssoro, entre otros. (N de R: A instancias de Terragno, una veintena de dirigentes nacionales firmaron el año pasado un acuerdo de gobernabilidad y políticas públicas y se comprometieron a respetarlas con vistas al próximo período presidencial, ya sea desde el gobierno o la oposición) . De modo que se logró, en un momento preelectoral, el acuerdo de gente que hoy día está compitiendo y que va a competir fuertemente. Ahora hacen falta otros pasos más.

¿Hay plafón para que ese acuerdo derive en un compromiso concreto de cara a octubre?
- Hay necesidad, necesidad compartida, porque dada esta situación, lo peor que le podría pasar a muchos candidatos es ganar. Porque si no hay un plan vinculado a las necesidades coyunturales y estructurales, y no hay una vocación de quienes queden en la oposición de apoyar esas medidas, el próximo gobierno va a tener enormes dificultades. Los próximos años van a ser, desde el punto de vista económico y comparados con los últimos, bastante difíciles. Si hubiera reelección hay una posibilidad de desencanto de quienes han valorado el crecimiento de los últimos años, con un agregado; que a los dos años terminaría el poder real de la Presidenta, porque ya se iniciaría la sucesión. Y si ganara Alfonsín u otro opositor, una situación económica desfavorable se le adjudicaría al cambio. Además, el nuevo gobierno va a estar en minoría en el Congreso y va a tener factores de poder muy pesados, como el movimiento sindical. Y si es un gobierno de la oposición, va a tener como opositores a los actutales oficialistas.

En el caso de que ganara Alfonsín, ¿el sindicalismo puede obstaculizar la gobernabilidad?
- Los obstáculos son para cualquiera que gobierne. Ahora, si por ejemplo Alfonsín llega con el sustento de un acuerdo de gobernabilidad, va a tener una fortaleza distinta que si está solo frente a una realidad difícil. Cualquiera que se sienta con posibilidades de ganar, de llegar a la segunda vuelta, tiene que comprender la necesidad de los acuerdos y de la continuidad. De hecho, en la presentación de mi libro estuvo Alfonsín escuchando mis propuestas, y Duhalde, que no podía ir, estuvo representado por su think tank, el Movimiento Productivo Argentino.

Duhalde dijo que en un ballottage apoyaría a Alfonsín...
-No dudo. Y creo que Alfonsín apoyaría a Duhalde también en segunda vuelta, pero -y vale tanto para Duhalde como para Alfonsín, pensarán lo mismo-, siempre y cuando haya un acuerdo previo sobre qué cosas hay que hacer después de octubre. Perdería legitimidad un acuerdo entre dos candidatos que han mantenido un desacuerdo hasta el momento de la primera vuelta y después, por una especulación electoral, hicieran un pacto.

¿El pacto debe ser previo a la segunda vuelta?
- Sí. Tiene que ser claro en cuáles son las medidas en que se va acordar. En el caso de Alfonsín y Duhalde, ambos son conscientes de que en caso de ganar van a necesitar el respaldo de las otras fuerzas que están compitiendo, pero no solo para ganar la elección, ¡para gobernar! Quien aspira a gobernar y tiene vocación de poder debe pensar, más que en octubre o en la doble vuelta, en el 11 de diciembre. Suponer que ya ganó y que ha asumido el gobierno; ¿qué hace? El próximo gobierno va a tener dificultades.

¿Cuáles?
- Tenemos la inflación, que es la segunda del continente y una de las más altas del mundo. Una cosa que no se puede hacer, porque ya hemos experimentado con la tablita y con el uno a uno, es combatirla con medidas cambiarias. Si usted recurre al dólar barato se produce una invasión de productos importados que hacen bajar los precios y la industria nacional, si quiere y puede competir, tiene que achicar sus márgenes, pero eso después lleva a la destrucción del aparato productivo. ¿Qué hay que hacer? Hay que adoptar medidas fiscales y monetarias. Eso es una política restrictiva que va a desacelerar el crecimiento y a tener dificultades sociales. Si a eso se agrega que hay una oposición en bloque que no comprende o simula no comprender..., las dificultades son potenciadas. Después están los subsidios, que representan $ 11 millones por hora, y que si uno los quita provoca un incendio. Y si no los quita compromete la situación fiscal, que ya está comprometida porque hay déficit enmascarado.

¿El modelo K de superávits gemelos caducó?
- Creo que no hay algo que pueda llamarse modelo. Por supuesto, la devaluación, la irrupción de China en el mercado mundial, el hecho de que en los ‘90 hayamos adoptado las semillas transgénicas, la multiplicación del precio de las materias primas por una demanda de alimentos tan fuerte como la de China hizo que toda América Latina creciera y la Argentina también, por efecto de la devaluación, creció mucho. Cuando se habla de superávits gemelos, si entra un alud de recursos por estas vías se tiene la balanza comercial muy favorable y recursos fiscales. Esto no significa desmerecer lo que puede haber hecho el Gobierno. Una de las cosas que contribuyó a la mejora fiscal y, en general, a la mejora de la economía fue la renegociación de la deuda. Tuvo mucha importancia, pero hay un contexto internacional muy favorable que no se va a mantener indefinidamente, y hoy ya tenemos un retraso cambiario por efecto de la inflación. Si aumentan los costos internos y el dólar se mantiene más o menos fijo, hay una apreciación de la moneda y eso conspira contra la posibilidad de exportar. Por eso, poner trabas a las importaciones no son medidas irracionales. Moreno es el ejecutor, folclórico si se quiere, de una política inspirada en el hecho de que no se quiere o no se puede devaluar.Ç

¿El próximo gobierno sí debería devaluar?
- Hay una dificultad para devaluar. Usted puede devaluar cuando tiene capacidad ociosa, como en 2002. Veníamos de cuatro años de recesión, había fábricas paradas, 22% de desempleo, en esas condiciones usted devalúa y no se produce el overshooting, que es una corrida de los precios que en pocos meses anula las ventajas de la devaluación. Hoy no hay capacidad ociosa y hay que medir muy bien cómo se maneja la situación cambiaria. Para eso tiene mucha importancia el manejo del gasto público, la idea de ir modificando gradualmente la paridad, con una paridad administrada por el Banco Central.

¿Cómo tomó la designación de González Fraga como compañero de fórmula de Alfonsín? ¿El radicalismo optó por el centro?
- No voy a intervenir en la campaña, por tanto no voy a abrir juicio, porque me impediría cumplir el papel que estoy cumpliendo. ¿Por qué yo puedo hoy hablar con Alfonsín, Macri, Duhalde? Incluso con quienes no están de acuerdo con esto tengo una relación muy próxima, Filmus, Pino Solanas. Si yo fuera candidato presidencial o estuviese involucrado en la campaña no lo podría hacer.

Pero sigue siendo radical.
- Claro, no renuncio a mi identidad, nunca me fui del radicalismo, nunca fundé un partido terragnista, nunca busqué acceder al poder por fuera, no reniego de eso. Pero tengo una posición que me permite el diálogo. Si estuviera compitiendo directa o indirectamente y planteara esto, los otros podrían decir, “está tratando de llevar agua para su molino”.

Usted ha sido un promotor de acuerdos electorales. ¿Cómo analiza el acuerdo de Alfonsín y De Narváez en la Provincia?
- No de los acuerdos electorales. En el momento en que todo el radicalismo y el Frepaso estaba en contra, impulsé el acuerdo que terminó en la Alianza. Finalmente el partido se inclinó por De la Rúa, que prometía “conmigo un peso, un dólar”, mientras que yo sostenía que había que salir del uno a uno. Desde mi perspectiva, el resultado fue que la Alianza fue un extraordinario éxito político. Se planteó, se consolidó, ganó las elecciones parlamentarias del ‘97, ganó la Presidencia, no fue solo un acuerdo electoral de circunstancia. Hubo un gran éxito político y después ocurrió una catástrofe en el gobierno. Y eso es precisamente por pensar cómo se gana y no cómo se gobierna. Alfonsín tiene concepción, y además piensa que hay que formar una base amplia, entender que para gobernar hay que hacer concesiones, llegar a acuerdos que significan ceder posiciones, conservando un principio general. Binner sostiene que, aunque se pierda, hay que mantener una congruencia entre los distintos elementos y Duhalde piensa desde su lugar que hay que tener también una base amplia. Espero que cada uno de los actores explique qué va a hacer y cómo.

¿Alfonsín está pensando en cómo ganar o en cómo gobernar cuando acuerda con De Narváez y elige a Fraga como vice?
- Espero que sea en gobernar. Me parece que el que comanda un operativo de esta naturaleza es el que fija las reglas. No podemos juzgar a alguien en virtud de quiénes lo acompañan. Hay que entender que el que acompaña se sujeta a un liderazgo, pero es necesario que se defina muy bien qué se va a hacer y cómo. Otra cosa que hay que definir durante este proceso es qué coincidencias tenemos con los rivales, qué cosas, en el caso de llegar al gobierno, no vamos a discutir. Ése es el punto, esta discusión que se hace de las ideologías de los personajes, estas etiquetas que se ponen, a mí no me dicen nada.

¿Se le puede ganar al kirchnerismo en octubre?
- Creo que sí, depende lo que haga el kirchnerismo y lo que haga la oposición. Está instalado (que gana Cristina) y hay previsiones que a veces se cumplen y a veces no. En cualquier circunstancia, la realidad es dinámica y yo no creo en absoluto que sea imposible que una fuerza de oposición gane. La elección se va a polarizar necesariamente, no sólo por la doble vuelta, sino porque va a haber una parte de la población que quiere seguir con este gobierno y otra que no.



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