"Si el kirchnerismo refuerza su espíritu combativo la sociedad se va a cansar"

El sociólogo Marcos Novaro advierte sobre los peligros de alimentar el mito Kirchner y sostiene que Cristina sobreactúa el “monocomando” para no mostrarse débil. El futuro del Peronismo Federal y el riesgo del “abrazo” oficial a Moyano. 19 de Noviembre 2010

"Si los kirchneristas se dedican a regar el arbolito del Néstor mártir, y creen que con eso van a ganar, puede ser un arma de doble filo, porque eso es hablar del pasado. Néstor Kirchner ya es pasado” advierte Marcos Novaro.

En una entrevista con WE, el sociólogo y director del programa de Historia Política del Instituto Gino Germani, reflexiona sobre el futuro del kirchnerismo sin su jefe y sostiene que aunque Cristina lograra su reelección en 2011, enfrentaría un escenario complicado, signado por “la guerra” por su sucesión. “Se convertiría inmediatamente en un pato cojo. Ella no tiene sucesor porque no hay un peronismo kirchnerista”. 

¿Cómo analiza la muerte de Kirchner? ¿El poder consume a los políticos en la Argentina?
Es paradójico porque Néstor aparecía como el prototipo del político impermeable a los avatares de la realidad donde muchos otros habían naufragado. Y esa apariencia era en gran medida eso, una apariencia, y en realidad era un hombre con una salud muy frágil. También habla de las instituciones argentinas, de esa situación en la cual él las reemplazaba. La pretensión de sustituir a un orden establecido. De alguna manera se beneficiaba, pero también expandía esa situación al generar más dependencia. Hacer que todo pase por él. Eso genera mucha dependencia, pero ésta al mismo actor lo carcome.

¿Su muerte construye el mito Kirchner y le da aire al Gobierno para 2011?
Es una lectura. Si convertimos esta muerte en un gran acontecimiento político que se lee como la demostración del esfuerzo que hay detrás de este proyecto, entonces podemos potenciar el proyecto. Es un poco la apuesta del kirchnerismo duro y el temor de muchos antikirchneristas. Hay mucho de sobreactuación, a favor y en contra. Si los kirchneristas se dedican a regar el arbolito del Néstor mártir y creen que con eso van a ganar, puede ser un arma de doble filo, porque eso es hablar del pasado. Néstor ya es pasado. Se pueden utilizar los mitos pero para hacer algo. ¿Qué van a hacer con ese mito? No está muy claro, porque el kirchnerismo nunca tuvo una agenda reformista. Recurrió a las innovaciones cuando eran útiles en la coyuntura. ¿En qué consisten las reformas kirchneristas? Poca cosa.

Un kirchnerista le diría en primer lugar que Kirchner recuperó el valor de la política...
Sí. La idea de la voluntad política es un gran tema en el kirchnerismo, una voluntad que ha sido muy eficazmente presentada como novedad y ha producido cambios en términos de la escena política. La figura de Kirchner y del kirchnerismo como el actor que se impone. Pero ha tenido una eficacia electoral más bien acotada. Ha ganado algunas elecciones pero también perdió otras, hasta ahora no ha formado una mayoría sólida. Lo que sí ha logrado es profundizar un proceso de crisis de las fuerzas políticas que venía de 2001. Ahora, ¿para qué se usó esa voluntad política? Para su propia celebración. Y el mito puede ser absorbido por esa misma lógica y cansar rápidamente. Si el kirchnerismo refuerza su espíritu combativo es una revolución conservadora, que no cambia. A la larga cansa. La sociedad ya estaba cansada y puede volver a cansarse en tres meses.

El funeral de Kirchner despertó un fervor popular inesperado. ¿Cómo se explica?
Hay varias capas en ese episodio. Un núcleo duro del kirchnerismo que tiene una gran capacidad de movilización, sabe salir a la calle y ocupar el espacio público. Después hay un sector más espontáneo, la gente que acompaña al kirchnerismo, no desde una posición militante, pero sí en la diferencia entre “la oposición y esto, preferimos esto”. No es menor que Kirchner lograra recuperar parte de la opinión pública en los últimos dos años, alrededor del tercio del electorado, y una parte de esa gente se movilizó. Algunos son votantes nuevos, los jóvenes no habían acompañado al kirchnerismo en votaciones anteriores. Hay otra capa, la más amplia y distante del Gobierno, donde impactó fuertemente la muerte de Kirchner y generó esta conmoción por su carácter sorpresivo, esta idea de un hombre poderoso que de golpe pierde todo. Eso provocó una sensibilización, que es lo que marcan las encuestas como un acompañamiento a Cristina. Hay que ver si eso se transforma en opinión pública favorable a la Presidenta. 

La imagen de Cristina hoy es superior a la que tenía cuando Kirchner vivía. ¿Le alcanza ese oxígeno para ganar en 2011?
Da la impresión de que el Gobierno cree que las iniciativas que venía desarrollando durante los últimos tiempos de Néstor son las que tienen que continuarse hoy. En parte se equivoca, porque éstas ya estaban agotadas. Toda la ofensiva de recuperación del Gobierno basada en ley de Medios, combate contra la agenda legislativa de la oposición, enfrentamiento a la Corte y radicalización de ciertos conflictos, esa idea de la Argentina popular frente a la de los poderosos estaba consumida. Ya había dado lo que podía dar: recuperar a un sector que es minoritario, un 25 ó 30%. 

¿Cómo leyó el apoyo público del Gobierno a Moyano? 
Estaban manteniendo un juego entre la CGT, Moyano y la CTA que hoy es imposible. Entonces, ahora están eligiendo entre dos males: se abrazan con Moyano o lo acorralan. Tratan de hacer las dos cosas a la vez, cosa muy peronista, por un lado lo abrazan y por otro dejan que algunos jueces amigos avancen en las investigaciones sobre corrupción...

Sin Kirchner, ¿es fácil contener a Moyano?
Ése es el temor de ellos. El abrazo con Moyano es una sobreactuación que en tiempos de Néstor era impensable. Néstor nunca iba a decir “ésta es mi columna vertebral”. El Gobierno tiene la suya propia y Moyano es un instrumento. Lo uso para acorralar a los barones del conurbano, pero no para que sea mi igual en la distribución de espacios en las listas. Hoy ese juego les resulta difícil. Por eso eligen entre dos males. Abrazarse con Moyano es un mal, y acorralarlo y debilitarlo también, porque difícilmente van a poder despegarse sin altísimos costos. Por ejemplo, que los caciques sindicales desconfíen y empiecen a optar por otras alternativas y le hagan pagar en público sus anteriores compromisos. Todos saben que Pedraza, Zanola y compañía no son muy distintos a Moyano. Los métodos con los que hacen negocios y política son más o menos los mismos.

¿Podría crecer la conflictividad gremial y salirse de cauce?
Por ahora las cuestiones de protesta social están acotadas. Lo que puede disminuir es la capacidad de control (del Gobierno) sobre episodios de protesta y de protesta donde haya violencia. Porque hay otros sectores que están apostando a eso, una izquierda sindical que no negocia. Hay un método Moyano que se extiende, todos saben que pueden ganar con eso y el efecto de esa intensificación de las demandas sectoriales va a ser más inflación. Ése es otro problema y no tienen una agenda para tratarlo.

O no lo ven como problema.
Hasta ahora la idea es piloto automático. Tal vez aciertan porque se ha probado que la tolerancia social a la inflación es más alta de lo que pensábamos. 

La oposición también tiene dificultades en el nuevo escenario.
Hay desorientación. Los perjuicios son desparejos. Una cosa es la situación de Carrió y el PJ disidente, los claramente afectados, y otra la de Macri, el panradicalismo, que tienen chances de sacar beneficios, sobre todo por que los otros son afectados, no porque tengan más definida una agenda frente al Gobierno.

¿Pueden complicar a Cristina las denuncias de supuestas coimas por la ley de Presupuesto?
Presiones sobre las bancadas opositoras siempre hubo, lo novedoso de este caso fue la desprolijidad con que se hicieron y el fracaso de la operación. Los opositores se sumieron en sus propias disputas y entonces tienen problemas para capitalizarlo, pero el oficialismo demostró un mal manejo del trámite parlamentario y lo poco que saben del asunto funcionarios que deberían ser duchos en eso. A la larga, el Gobierno tendrá de una manera u otra los recursos de uso discrecional que pretende, pero pagará costos políticos innecesarios.

Kirchner era el disciplinador de la dirigencia. ¿Quién es ahora?
Creo que Cristina interpreta que no necesita mediadores porque eso va a debilitarla, va a aparecer como una presidenta débil. Y está sobreactuando esta idea del monocomando. Creo que no tiene credenciales ni experiencia en eso ni le gusta. Eso puede llevar un período de reacomodamiento, pero no creo que en términos de gestión sea demasiado complicado. Los problemas pueden venir por el lado de que ese reacomodamiento coexista con una campaña electoral donde Cristina no sea la ganadora. Si Cristina hoy está en 30 y pico por ciento, si sube, todos los actores se van a acomodar al monocomando. Pero si baja, la posibilidad es que el costo que le imponen los demás actores para seguir acompañando sea más alto y tenga cada vez más cortocircuito entre su rol de gobierno, jefa de coalición y candidata. Cristina puede fortalecerse o no. Hasta saberlo, gobernadores y sindicalistas van a mantener sus opciones abiertas.

¿Cristina tiene condiciones para liderar el PJ?
Hay que ver si le interesa. Creo tiene un espíritu más transveral que peronista en su concepción. Pero no es incompatible. Si toma decisiones adecuadas y mantiene esta posición de posible no segura ganadora no va a haber cambios en el PJ. Y el peronismo disidente va a tener que optar: o se mantiene como posición minoritaria a la espera de 2015 o apuesta por Macri. No hay mucha alternativa.

¿Ve una radicalización del kirchnerismo de acá a 2011?
Cristina tiene un costado más ideológico que Néstor, le dedicaba tiempo a leer literatura sobre el populismo radical tipo Laclau, Néstor no. Lo mismo con los movimientos de derechos humanos, los intelectuales de Carta Abierta, actores que pueden tener más peso hoy e influir en las decisiones. Éstas podrían ser de radicalización de iniciativas previas o nuevas. No sé si va a funcionar y qué hará el PJ. Difícil decir si van a continuar con una celebración del mito y alrededor de él construir un kirchnerismo recargado, más cristinista. Tal vez es un gesto, pero acompañado de un abrazo con Moyano, con los gobernadores y manteniendo frentes simultáneos: un costado más populista radical y otro más tradicional y peronista clásico.



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