Segunda cucharada

Segunda cucharada

Después de una primera experiencia local en los ’80, el yogur helado va por la revancha en el mercado argentino. Por qué las cadenas vuelven a apostar. 02 de Diciembre 2011
No es la primera vez que el yogur helado prueba suerte en el país: en los ’80, la cadena Yogurt Time se mantuvo ocho años y llegó a tener 18 franquicias. El local más recordado estaba en la esquina de Rodríguez Peña y Santa Fe. Aldo Galante, el dueño, se asoció con Mastellone, compañía a la que terminó vendiéndole la marca. Ahora, la propuesta volvió. Pero, esta vez, bajo un concepto cool y saludable.

El objetivo de las nuevas cadenas es posicionarlo como alternativa dentro del universo de los snacks. “El problema que pueden tener las marcas es más de estrategia marcaria que de producto. Hay que vender algo más que volumen”, explica el consultor comercial Fernando Moiguer. 

La oferta tiene un precio promedio de $ 15, según la cantidad de “vueltas” del yogur y los toppings (las opciones para poner por encima, como frutas frescas o secas, cereales, golosinas y salsas). Además de los sabores tradicionales, algunas incluyen propuestas estacionales, como maracuyá y frutilla en verano, o avellanas en invierno.

El origen del yogur helado es de Corea del Sur, donde se popularizó como una propuesta alternativa al helado y aterrizó en Estados Unidos en 2005, donde lideran marcas como Pinkberry, con más de 120 locales en 19 países, y Red Mango (más de 100). Allí, el mercado de postres helados mueve US$ 6000 millones al año, según datos privados. En Europa, también hay oferta: la marca Llaollao, por ejemplo, cuenta con más de 40 sucursales en España, donde también hizo pie la francesa Danone, con cinco tiendas.
Danone, luego, aplicó esa experiencia para abrir, en el shopping DOT, Yogurtería La Serenísima, en un acuerdo con el grupo gastronómico local New Delicity. La marca sumó propuestas de smoothies y batidos, asociados a sus propias líneas de producto, como Cindor, Danette y Serenito.

La multiplicación de cadenas ya se cobró la primera víctima: Yogurberry, que tenía un local en el Alto Palermo que, ahora, ocupa Zog. Esta marca se instaló primero en los cines Village, los gimnasios Megatlon y el Tentissimo de Diagonal Norte y Florida. Luego, abrió su primer local en Palermo Soho. “La elección fue porque, al ser un producto nuevo en el país, necesitábamos el tráfico de extranjeros”, asegura Mariana Peluffo, su fundadora. Espera, para fin de año, tener tres locales y empezar a franquiciar. 

El formato de venta de este producto también permite montar corners. Por ejemplo, Top It tiene un local en Palermo y corners dentro de dos Open Kitchen, locales de comida del Microcentro. “Invertimos US$ 100.000 para abrir el primer local y con las ganancias sumamos los otros dos puntos”, cuenta Ilana Messing, co-fundadora de la empresa, que proyecta facturar $ 800.000 en su primer año de operaciones. “Vimos una demanda de alimentos funcionales”, explica el por qué del emprendimiento. “Es verdad que hay algo de estacionalidad. Pero hasta el helado ya lo es menos. Además, el frozen yogurt es menos frío”, distingue. 

Otra cadena es Pinkfrost, con dos locales (La Imprenta y Tortugas Mall). Por su parte, Mr. Yogs abrió este año su primera tienda en Recoleta, que también ofrece productos de panadería, y tiene programadas inauguraciones en ciudades del interior, como Mendoza o Mar del Plata. 

Los desafíos, hacia adelante, están en consolidar un producto que es nuevo para el consumidor argentino, combatir la estacionalidad –bien conocida por el segmento de helados– y enfrentar la competencia, que podría ser, incluso, internacional. En el mercado, se comenta la llegada de Yogen Früz, una marca canadiense que ya está en Chile, Colombia, Venezuela, Bolivia y América Central, y que abriría en la Argentina y Perú.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos