"Se puede ser público y administrar bien"

Entrevista con Federico Sturzenegger, presidente del Banco Ciudad 23 de Agosto 2010

Federico Sturzenegger no oculta el entusiasmo que le genera estar al frente del Banco Ciudad. Dice que tiene presente las reglas de management que aprendió de Roberto Monti, ex CEO de YPF, cuando era economista jefe de la petrolera, hace más de 10 años (delegar con objetivos claros y controlar luego quién cumplió las consignas), y apela rápidamente a los números para hablar de su gestión. “Estamos en una situación bastante excepcional. Seis meses antes de que llegáramos, el Ciudad había perdido $ 80 millones. Transformar el banco en uno rentable, sostenible y que pudiera crecer por sí mismo era un objetivo importante. El primer año (2008) ganó $ 140 millones, el segundo (2009), $ 350 millones, y en los primeros cinco meses de este año llevamos una utilidad de $ 270 millones”, señala.

¿Por qué se produjo la reversión?
Básicamente, por una reconversión de activos financieros líquidos con baja rentabilidad en créditos, que el banco da muy bien porque tiene un departamento crediticio muy sólido y maneja segmentos como el hipotecario, donde somos líderes. En el bottom line, pasar de un instrumento líquido al préstamo comercial tiene un impacto muy fuerte. Trabajamos muchísimo por el lado de los costos, y sobre todo, en el aumento de la cartera. Por ejemplo, la hipotecaria creció $ 900 millones, la de PyMEs pasó de $ 170 millones a más de $ 500 millones, y la de grandes empresas, de $ 900 millones a unos $ 2200 millones. El Ciudad pasó de ser el número 12 del sistema al número 8, y en hipotecarios, del 5° al 2° puesto, detrás del Nación.

¿Qué hizo el Ciudad en materia de costos?
La reducción de costos tiene un punto ideológico: demostrar que una empresa pública también puede estar bien administrada. No todas tienen que ser Aerolíneas Argentinas. Hemos sido muy austeros. Al invertir, a veces, se termina ahorrando. El ejemplo más contundente es el proyecto de la nueva sede central de Parque Patricios: poner los cuatro edificios centrales del banco en estado óptimo era más caro que construir uno nuevo. También redujimos costos en el proceso de compras. Por otro lado, el Ciudad salió de un negocio donde había comprometido muchos recursos, el de la recaudación, para poner más energía en préstamos comerciales. Creemos que la contribución del banco está en dar hipotecarios y préstamos PyMEs, no en cobrar una factura de luz. El cambio se dio hasta en el lay out de las sucursales: hoy estamos colocando la parte comercial adelante, y las cajas atrás.

¿Cómo afecta la inflación la actividad de los bancos?
La pregunta es por qué un depositante deja la plata en un banco al 9 por ciento de tasa anual en pesos cuando la inflación es más del 20. Como el argentino tiene la sensación de que el dólar está muy controlado y controlable, porque el Banco Central tiene reservas, hay buena cosecha de soja y superávit en la cuenta corriente, piensa que va a estar más o menos planchado. Y ese 9 por ciento en pesos es como si fuera en dólares, lo cual, en cierto sentido, le genera una cierta rigidez al Gobierno en su política cambiaria. El Gobierno tiene que ser muy cauteloso, porque si en algún momento piensa que hay que recuperar competitividad vía tipo de cambio, puede tener un cimbronazo en el sector financiero. Ese es, quizás, el interrogante del sistema en este momento.

¿Y qué puede pasar?
Para mí, el Gobierno va a mantener el dólar bastante planchado de acá a fin de año. No avizoro en los próximos 12 o 14 meses problemas en ese sentido. Hay muchísima liquidez en el mercado y competencia de tasas. Los márgenes cayeron muchísimo en los últimos meses.
El otro gran tema es que la alta inflación hace que el fondeo de los bancos esté corto. Por eso tienden a prestar a corto al consumo, porque no pueden tolerar un descalce de plazos tan grandes. Es una debilidad, pero no tiene que ver ni con la regulación del sector financiero ni con el ahorro de los argentinos, que es sólido y aumentó, sino con una tasa de inflación alta que hace imposible financiar a largo plazo en tasa fija. El sesgo hacia el corto plazo es muy nocivo.

¿Cómo está el sistema, en este contexto?
Con la experiencia argentina, es el sector financiero que hoy podemos tener, bastante regulado, lo que implica que termina siendo un poco más pequeño de lo que podría. Pero, así, encorsetado, el crédito sólo se desaceleró un poco el año pasado, cuando la historia típica de la Argentina era otra frente a una crisis. Los argentinos en la post convertibilidad ahorran más, pero el sector financiero es más chico. Está en línea con nuestra incertidumbre institucional y nuestro muy débil gobierno corporativo. La debilidad principal es que si en algún momento, con estos niveles de inflación, se necesita un ajuste cambiario, el sector financiero lo va a sentir, porque le cambiará la ecuación al depositante. Es la amenaza más concreta. Pero no la veo materializándose en los próximos 12 meses.



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