Se aprovechan de su nobleza

Se aprovechan de su nobleza

El ex Palacio de Correos y Telecomunicaciones y futuro Centro Cultural del Bicentenario fue uno de los dos hitos arquitectónicos de la reciente celebración. Si bien se inauguró el área noble y el edificio se mostró al público durante la semana de los festejos, su refuncionalización aún no está concluida. 17 de Junio 2010

Restauración, remodelación y obra nueva. Este es el camino que el antiguo Palacio de Correos y Telecomunicaciones recorrió, recorre y recorrerá para convertirse en el Centro Cultural del Bicentenario. "El edificio tiene muchos elementos de nuevo uso que se incorporan a lo existente: una sala de música de cámara para 600 personas, la sala para la orquesta sinfónica nacional con capacidad para 2.000 espectadores, un centro cultural y la terraza que será un nuevo espacio público para ver la ciudad, con gastronomía y eventos culturales al aire libre y la recreación de la cúpula en un mirador diurno y nocturno. Esto es lo que está concluido en esta primera etapa, además del restauro", cuenta el arquitecto Claudio Ferrari del estudio B4FS, ganador del concurso internacional para diseñar el proyecto. "En 2006 obtuvimos el primer premio y después nos contrató el Estado para hacer la documentación ejecutiva. Fuimos más de 100 personas porque es un trabajo muy complejo", agrega. De hecho, el estudio montó su oficina de proyecto en el mismo Correo y el equipo trabajó allí durante dos años.

La convivencia de lo noble y lo nuevo
De máxima protección histórica, el Salón de los Escudos y el Salón de Honor en el primer piso así como el hall de acceso en la planta baja conforman el área noble del edificio, que fue restaurada y se inauguró el 24 de mayo pasado. "La cúpula es una intervención sobre un espacio existente, pero con nuevas tecnologías y con el tema del material de vidrio que reemplaza la pizarra. Eso lo hace visible desde afuera", anticipa Ferrari antes del recorrer la obra.

La otra parte, el área industrial, es la que ahora se está comenzando a construir."En esa zona se manejaban todos los paquetes de cartas y las encomiendas. Estaba tratado casi como un edificio rústico por dentro", señala. Por eso, a juicio de la Comisión Nacional de Monumentos, era el único lugar donde se podía intervenir. "Lo que produjimos ahí fue un gran agujero que tiene 50 metros de lado por otros 50 metros. Le quitamos una parte al edificio y en ese espacio apilaremos todas las nuevas funciones", explica Ferrari. La conexión entre lo noble y lo nuevo se irá dando en cada piso. "Por ejemplo: en la sala sinfónica, el gran Salón de los Escudos funcionará como foyer. La convivencia es permanente entre lo nuevo y lo viejo. Y en cuanto a lo formal, a lo estético, es un contraste muy fuerte entre las dos cosas. Esto es lo que le da la riqueza interior al edificio, sin perder el carácter original", añade. En este momento se está haciendo la demolición que permitirá construir las nuevas funciones. "Curiosamente se sacan muchos metros. Pero con lo que se agrega, el edificio queda casi con la misma superficie original de 90.000 m2 aproximadamente", señala.

La restauración
Ya en el hall de acceso, Ferrari se refiere a la complejidad de la tarea debido a la escala de la obra. "Acá se restauró todo lo que es la piedra París interior, todas las luminarias y un tema muy complicado fueron estos pisos calcáreos con mucho desgaste", sostiene.

Esquivando el colorido de la exposición de trajes de la época, los mostradores circulares de roble se imponen en el movido paisaje. "Acá te parabas a poner las estampillas o a escribir una carta, pero también funcionaban como elementos de calefacción", agrega, y comenta que en el subsuelo habrá un museo donde se exhibirán todos los muebles que se rescataron, como piezas emblemáticas de lo que fue el Palacio de Correos y Telecomunicaciones. "Es increíble que no faltara nada. Todo estaba muy bien inventariado, desde los picaportes hasta los escritorios. El trabajo de conservación es producto del cariño de la gente del correo", opina Ferrari.

El tratamiento para toda la estructura fue el mismo: se estudiaron todas las patologías y se conservó al máximo lo existente. "Salvo que hubiera algún revoque caído, producto de las humedades", acota. Con respecto a la funcionalidad, el arquitecto de B4FS asegura que "era muy difícil de mantener un edificio como este, que todavía seguía con el programa de hace 100 años y era muy obsoleto para la lógica de un correo actual. Lo que lo mantiene vivo es un programa masivo de mucho impacto cultural y con mucha gente. De otra manera estos edificios se mueren".



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