Salario mínimo: no todo lo que brilla es oro

Salario mínimo: no todo lo que brilla es oro

Pese a que la Argentina es el país con el sueldo básico más alto de la región, los especialistas coinciden en que es insuficiente porque la alta inflación restringe la capacidad de compra de los trabajadores. 23 de Septiembre 2011
Si bien se llegó a un consenso, la discusión no fue fácil. La última negociación duró 11 horas. Los gremialistas pedían un aumento del 41% en el salario mínimo vital y móvil (SMVyM). Los empresarios, por su parte, defendían una postura lejana (y baja) para aquellos: un 18%. Pero junto al Gobierno, las partes llegaron a un acuerdo del 25%, ubicando así al salario mínimo en $ 2300. Con estos u$s 549 por mes que llegarán a 400.000 trabajadores fuera de convenio, la Argentina hoy se ubica con el salario mínimo más alto de la región.

Sin embargo, no todo pasa por la cantidad de dólares que entran al bolsillo de un latinoamericano. La inflación que enfrenta cada país se transforma en uno de los principales obstáculos a la hora de obtener una mayor capacidad de compra. "Este aumento no quiere decir que el trabajador argentino sea más pudiente que el chileno o brasileño, pues los precios internos son relativa y crecientemente más altos en la Argentina", sostiene Luis Leandro Schenoni, coordinador del Programa de Estudios de América Latina de la UCA.
Para Schenoni, las diferencias que se dan con Brasil y Chile no se relacionan sólo con el salario mínimo, sino con fundamentals del modelo actual. "En el caso argentino, el proceso es más vertiginoso. Las negociaciones y los aumentos de todos los salarios adquieren una velocidad creciente, lo que implicaría problemas a la hora de querer enfriar los motores de la economía", puntualiza el investigador. Y sintetiza: "Los trabajadores con un salario básico en la Argentina no son más pobres que los del resto de América Latina, pero en el contexto de una crisis o si el Gobierno desea reducir la inflación, sí sufrirán más que el resto de la región".

"Dentro de América Latina, tenemos el salario mínimo más alto. Es el 41% del salario medio de la economía, cuando la Organización Internacional de Trabajo (OIT) recomienda el 40%", sostiene Marta Novick, subsecretaria de Programación Técnica y Estudios Laborales del Ministerio de Trabajo de la Nación.

“El salario mínimo legal es una formalidad, sirve sólo para el anuncio”, explica Jorge Colina, titular del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa). “Los trabajadores de bajos salarios trabajan en la informalidad, donde el mínimo no se aplica dado que tienen bajos niveles de productividad”.

Más allá de los dólares
Según Gustavo Segré, socio y director de Center Group Argentina y Brasil, "la representatividad en dólares del salario mínimo" no es el factor más relevante a la hora de definir qué país tiene el mejor sueldo, sino "cuánto conseguís comprar con ese dinero". En Brasil, se estima que el salario mínimo crezca por encima de la suba de precios. Los 47 millones de trabajadores que cobran el mínimo recibirán 639 reales (u$s374) en 2012, y se aumentará un 13% sobre el salario actual, por arriba de la inflación del 6,5% de 2011. "La idea del Gobierno es que el poder de compra del salario mínimo le gane puntos a la inflación", amplía Segré.

Bajo la denominación de salario mínimo, el Ministerio de Hacienda chileno envía todos los años una propuesta al Congreso. La Central Unitaria de Trabajadores (CUT), uno de los sindicatos más importantes de Chile, puede participar o no de esta negociación. Pero los empresarios directamente no intervienen. "Ellos opinan, pero no son parte de una mesa formal de negociaciones", asevera Cecilia Cifuentes, investigadora de la consultora chilena Libertad y Desarrollo.

"El clima político interno de Chile es negativo, y por eso la negociación fue más peleada que en otros años", cuenta Cifuentes. En 2011, se llevó a este salario a 182.000 pesos chilenos, unos u$s 390. Con esa cifra, Chile se ubica detrás de la Argentina.

Decisión unilateral
Sin discusión alguna. Sin mesa de negociaciones de por medio. Dentro de la región, Perú y Venezuela son los ejemplos de cómo el salario mínimo se actualiza a partir de una única decisión: la del Gobierno. En el primer caso, por falta de discusión. En el caso venezolano, por ideología política.

En su primer año al frente del gobierno peruano, el presidente Ollanta Humala aprobó un aumento de 675 soles (u$s 247) en la Remuneración Mínima Vital (RMV) de los trabajadores de la actividad privada. Para Vanessa Barzola, gerente de PwC Perú, esta remuneración "siempre ha sido un tema político y arbitrario. No tiene un mecanismo para ir aumentándola, ni siquiera tiene que ver con la canasta de alimentos o la inflación". De esta forma, el mínimo se aumenta entre un 10 y 12% anual.

Cuando en 1999 llegó Hugo Chávez al poder, las negociaciones cambiaron en Venezuela. Se pasó del sistema tripartito a una decisión unilateral que no pasa siquiera por el Congreso. De 12 millones de venezolanos de la población económicamente activa, 3,7 millones cobran un salario mínimo de u$s 360 mensuales, un 26,5% más que en 2010.
La suba de precios mayor al 25% es un obstáculo para el rendimiento de este salario mínimo. "Opera una indexación del salario a la inflación, con lo cual dificulta que puedas incrementar el poder adquisitivo", analiza Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica.
El factor común que sí comparten los países sobre el salario mínimo es que no alcanza para vivir. En la Argentina, la traba principal se centra sobre los niveles de inflación, que es de dos dígitos, según las consultoras privadas. “Para una familia que tiene como único ingreso ese monto ($ 2300), no alcanza”, dice Colina.

La canasta básica alimentaria del Instituto Nacional de Estadística venezolano es un 90% del salario mínimo. En Chile, Cifuentes asegura que el salario mínimo es “limitante" para algunos segmentos, básicamente jóvenes y mujeres de los quintiles bajos. "En los jóvenes hay una tasa de desempleo que se acerca al 50% en el quintil más bajo".

“El que gana menos de 1000 reales en Brasil sufre mucho”, dice Segré. En Perú, sobre los 276 soles por mes se descuenta un 13%. “No alcanza, no es suficiente”, concluye Barzola.



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