Romper el molde

Romper el molde

Alfredo Casaubón fundó Cala Pizza, que cuenta con tres locales propios, una franquicia y una media franquicia. Proyecta facturar US$ 1,5 millón este año. 15 de Octubre 2010
El rubro gastronómico era conocido para Alfredo Casaubón. Lo había abordado a los 20 años, cuando se pagaba la estadía en Pinamar como mozo y vendiendo vajillas grabadas en bares y restaurantes. Después, hizo carrera en la cadena Romario, como encargado de la apertura de locales durante cinco años. También fundó El Cielo, un boliche en la Costa Atlántica, y hasta fue dueño de un lavadero en Del Viso.

Pero, hace una década, en plena crisis, fundó Cala Pizza, que hoy tiene tres locales propios, una franquicia y una media franquicia, y cerca de 80 empleados. Por mes, recibe unos 20.000 comensales y entrega 4500 pedidos. En 2009, facturó US$ 1,1 millón y espera crecer a US$ 1,5 millón este año. Con US$ 5000 prestados, Casaubón alquiló un local en Pinamar, una ex cervecería con dos años de persiana baja. Barra, mesas y sillas ya estaban. La mayor inversión fueron la vajilla y el horno. “Era primordial construir el horno pizzero de material y a la vista”, asegura. Ese verano, un familiar le propuso replicar el formato en Buenos Aires. En 2003, abrió el primer local, en Recoleta. Hoy, también está en Plaza San Martín y San Isidro. 

“Mi idea fue cambiando. Primero, quería abrir varios puntos. Pero, cuando tenía cinco, me di cuenta del problema cuando uno no está todo el día en el local. Entonces, decidí crecer con franquicias”, explica. Cada una demanda una inversión de US$ 80.000/100.000, con retorno de 18 a 24 meses, afirma. Ya tiene una en Pinamar, que adquirió una ex empleada, y un restaurante en el barrio cerrado Santa Bárbara, que se llama Papicalo, que cuenta con empanadas y pizzas by Cala.  Con producción propia, el menú cuenta con pizzas –tradicionales y especiales–, empanadas, mazzazos–sándwiches con pan recién horneado–, ensaladas y un menú diario con distintos platos.  Su esencia de hombre familiero lo llevó a incorporar a su mujer al negocio. Ella maneja la división Eventos, que trabaja con casas y empresas. “Es un servicio de catering, con nuestros productos y agregando barra, bebidas, tragos, de acuerdo a los que pidan los clientes”.  

“Le puse Cala porque es una flor que se transformó de adorno de entierro a estar en todas las fiestas”, asegura. Se define como un “buscador serial” de locales. “No sé por qué no choco cuando manejo... Más que zonas, quiero la esquina estratégica”, explica. Hoy, dice mirar por Devoto y Caballito.  “Esas primeras temporadas en la Costa hicieron que le tome el gusto a la gastronomía. Y te vas enamorando”, asegura. Ahora, quiere cumplir un sueño: España. Para ello, asistirá a una exposición de franquicias, en Valencia.



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