RSE en formato pequeño y mediano

RSE en formato pequeño y mediano

La práctica se instaló en el universo de las pequeñas y medianas empresas. Cuáles son los sectores más desarrollados y qué áreas son las preferidas para su abordaje. Las claves para tener en cuenta, según expertos y casos de éxito para seguir. 11 de Agosto 2011

Agosto de 2009, Olavarría, provincia de Buenos Aires. Sobarzo, una pequeña empresa familiar de 18 empleados, dedicada al mantenimiento y pintura de piezas metalúrgicas, incorpora por primera vez en su historia tecnología limpia en su proceso de producción. El cambio modifica el perfil y el rumbo de la empresa para siempre. No sólo beneficia a la competitividad, al mejorar la calidad del servicio y aumentar en un 20% la productividad. También repercute positivamente en el personal, que ve mejorar sus condiciones de trabajo, y en la comunidad y el medio ambiente, al disminuir los residuos y la contaminación en un 90%. La decisión fue madurada mientras los dueños participaban de una capacitación en Responsabilidad Social Empresaria (RSE), a la que asistían como invitados de su principal cliente, Ferrosur Roca (Grupo Camargo Correa). “Aceptamos porque nos pareció interesante y porque queríamos estar alineados con la visión de nuestro cliente, pero no sabíamos qué era exactamente la RSE. A medida que avanzamos, nos fuimos comprometiendo cada vez más y definimos una estrategia de negocio sostenible”, recuerda Jorge Sobarzo, dueño de la empresa que tiene una facturación anual de $ 3 millones.

Como Sobarzo, cada vez más pymes en la Argentina dan sus primeros pasos hacia la RSE, un modelo de gestión sustentable que tiene en cuenta el impacto de las operaciones de la organización en la sociedad, el medio ambiente, sus recursos humanos, clientes y proveedores. Su máxima indica que las mejoras en la relación con los diferentes grupos de interés redundan en un mejor desempeño y un crecimiento sostenido a largo plazo.
Se trata de un fenómeno que comenzó a despuntar hace sólo dos años. “Una década atrás, la RSE era un tema reservado a las grandes compañías. Pero en 2009, explotó en el universo de las pequeñas y medianas, por dos razones: las empresas grandes evolucionaron en el concepto y lo bajaron a su cadena de valor; y las capacitaciones, conferencias y cursos especializados, una vez saturado el nicho de grandes compañías, se volcaron de lleno a las pymes”, explica Celina Kaseta, coordinadora del Programa Valor, un proyecto conjunto del BID, el FOMIN y la AMIA para difundir la RSE en las pymes.
Aunque no hay relevamientos exhaustivos, algunos ejemplos pueden dar cuenta del crecimiento de la RSE. En el último año y medio, sólo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, fueron asesoradas 400 pymes, dentro del Programa de Construcción Ciudadana del Gobierno de la Ciudad, que depende de la secretaría de Inclusión y Derechos Humanos porteña. En tanto que por el Programa Valor ya pasaron más de 70 pequeñas y medianas empresas proveedoras de compañías como IRSA, Novartis, Invap, Santander Río y Banco Galicia, entre otras.

A grandes rasgos, coinciden los especialistas, la mayoría de las pymes argentinas socialmente responsables son empresas que integran la cadena de valor de otras más grandes. Un segundo grupo está formado por pymes exportadoras, más permeables a las tendencias internacionales, y un tercer grupo lo conforma una generación joven de pymes, que nacen con la RSE inscrita en su ADN. Casi todas cuentan con el apoyo de un consultor en el nuevo camino. Las dimensiones de la RSE privilegiadas son la de medio ambiental, que permite bajar costos, disminuir riesgos y generar un impacto más directo en la comunidad. Le sigue la dimensión de gobierno corporativo, que ordena y establece cuáles serán las directrices que guiarán a la empresa.

No es filantropía
Si la RSE está en la agenda empresaria desde hace más de 10 años, ¿por qué tardó tanto en desembarcar en el universo pyme? La explicación, coinciden los expertos consultados, está en la falta de información. “Muchos empresarios nunca escucharon hablar del tema o creen que está relacionado con la beneficencia. Lo asocian a un costo más y lo descartan de antemano”, indica Kaseta. De hecho, existen empresas que trabajan con un modelo equívoco de RSE. “Muchas veces se observan acciones superficiales. Un caso típico es juntar tapitas para el hospital Garrahan o separar el papel en la oficina. Esas son acciones de empleados, no de la empresa. Para que la RSE sea positiva debe atravesar todas las áreas de la organización, no debe ser un departamento aislado”, advierte Lucas Campodónico, socio de Nuevos Aires, una organización sin fines de lucro dedicada a la difusión de la RSE y el desarrollo sustentable.

“Otra cara de la falta de información es que existen varios miles de pymes que hacen una gestión socialmente responsable de sus negocios desde hace tiempo, pero son pocas las que saben que aplican RSE a su estrategia”, dice el director del Instituto Argentino de RSE (IARSE), Luis Ulla.

Es el caso de Tantal, una fábrica de piezas de metal duro con sede en Córdoba: comenzó a trabajar en el tema 20 años atrás, con un fuerte acento en su público interno. Desde comienzos de los ‘90, distribuye aproximadamente el 30% de las ganancias entre el personal, impulsa programas de capacitación para completar la educación formal y terciaria y financia sin costo la construcción de viviendas, entre muchas otras acciones orientadas a los recursos humanos. “Una crisis en el mercado local nos obligó a cambiar de producto y de mercado: pasamos de ser un proveedor de materias primas a ser fabricantes de piezas. Un factor clave para el éxito del nuevo proyecto era que nuestros empleados, en ese entonces 25 personas, se sintieran socios de la empresa y altamente motivados. Así, decidimos trabajar con la idea de que si al personal le iba bien, a la empresa también le iba a ir bien”, recuerda Mariana Taglioretti, miembro del equipo directivo de Tantal. No se equivocaron. La empresa factura $ 30 millones al año, emplea a 80 personas y exporta a Brasil.

Pero el caso de Tantal es atípico. El grueso de las pymes que aplican la RSE a su negocio son integrantes de la cadena de valor de una gran empresa que impulsa y exige estos cambios, y cuenta con el apoyo de un consultor para la planificación de las acciones y su desarrollo. Así comenzó a dar sus primeros pasos en la RSE Thermodyne Vial, una concesionaria de camiones y comercializadora de repuestos que emplea a 26 personas y el año pasado facturó más de $ 9 millones. Convocada por Loma Negra a capacitarse en el Programa Valor, eligió empezar a desarrollar la RSE por el principio, el gobierno corporativo: el organigrama de la empresa, el protocolo familiar, y los principios que hoy guían su accionar. “Con la ayuda de un profesional, definimos nuestra misión, visión y valores, los grupos de interés, redactamos un código de ética al que adhirieron los colaboradores y comunicamos nuestra política de sustentabilidad a nuestros proveedores estratégicos”, resume Eduardo Tarazaga, socio de la empresa junto con sus hermanos Luis y Alejandro. De esta manera, pueden comenzar a trabajar en las mejoras de los recursos humanos y el resto de las áreas de la empresa. “Los valores funcionan como vectores que marcan el rumbo. Fija cuáles son los negocios que la organización está dispuesta a hacer y cuáles no, porque van en contra de esos principios”, indica Ulla. En el caso de Thermodyne, esta primera acción, además, la acercó con sus clientes, permitió sumar uno nuevo (Proyecto Bolivia) y contribuyó a concretar operaciones que elevaron las ventas en un 15% respecto del año pasado, indica Tarazaga.

Además de las empresas de cadena de valor, un segundo grupo de pymes llevan la delantera de la RSE en la Argentina: las exportadoras. “Al trabajar de acuerdo a estándares globales, están más en contacto con la RSE y a la altura del desafío que las pymes orientadas al mercado interno, donde no se exigen determinados valores y, por lo tanto, no lo ven como algo urgente y necesario”, opina Ulla.

Las exportadoras
Uno de los casos emblemáticos entre las pymes exportadoras es el de la bodega Finca La Celia, una empresa mendocina que factura $ 22 millones anuales y emplea a 150 personas. Después de varios años de trabajar la RSE con su público interno (entre otras acciones, impulsó una guardería para los hijos de sus empleados, que ascienden a 300 durante las vendimias) y con la comunidad (desde 2005 es sede del Banco de Alimentos del Valle de Uco), obtuvo la certificación FairTrade (Comercio Justo). Se trata de una norma internacional que garantiza, entre otros factores evaluados, que las condiciones de contratación de los trabajadores son justas y que la prima adicional obtenida por la venta de productos certificados se invierte en obras para la comunidad. “Este dinero retorna a los trabajadores de la viña y de la bodega para proyectos comunitarios. En Asamblea General se seleccionan las acciones de mejora social en las cuales se va a invertir el dinero; que no sólo impactan en su beneficio sino también en la comunidad del Valle de Uco”, explican en la empresa.

RSE en el ADN
Además de las pymes de cadenas de valor y de las exportadoras, existe una tercera generación. “En los últimos años empezaron a surgir pymes y micro emprendimientos que nacen con la dimensión de la sustentabilidad ya inscrita en su estrategia. En su mayoría, son conducidos por emprendedores jóvenes y las áreas que se privilegian son la ambiental y la social”, afirma Alejandro Langlois, director de la consultora ComunicaRSE.

Una firma que representa a esta nueva camada es Chunchino, un emprendimiento de ropa para bebés que es sustentable de punta a punta, desde la materia prima utilizada hasta el packaging. “El objetivo era ofrecer un producto socialmente responsable, algo novedoso en el mercado textil, en el que abundan los talleres ilegales. Investigamos y nos fuimos contactando con diferentes proveedores clave”, recuerda su fundadora, Ileana Paz Lacabanne. Así fue como encontró a la Asociación Civil “Otro Mercado al Sur”, que le provee el algodón agroecológico cultivado en Chaco, libre de pesticidas y químicos contaminantes perjudiciales para la piel del bebé, la salud de los trabajadores y el medio ambiente. La confección de las prendas es encargada a la cooperativa 20 de diciembre La Alameda, que tiene una trayectoria importante en la lucha contra el trabajo esclavo, infantil y la trata de personas, mientras que el packaging es elaborado con materiales reciclados por redACTIVOS, un grupo de trabajadores con discapacidad organizados por la asociación civil La Usina. “Hoy participamos de encuentros de RSE, damos charlas y somos miembros de IARSE y Pacto Global. Nunca imaginamos que íbamos a ser referentes en el tema cuando empezamos, allá en 2008”, opina Lacabanne. Su empresa facturó $ 40.000 el año pasado.
“Lo que hoy es tendencia, es esperable que sea adoptado por el 100% de las pymes en unos años. Las empresas que hoy se suman voluntariamente a la RSE, están trabajando a su propio tiempo y con gran soltura aspectos que el día de mañana deberán ser absorbidos de manera traumática y de un día para otro por aquellas que desoyen estas tendencias. Se preparan para tener un alto desempeño en los negocios del futuro”, concluye Daniel Lipovetzky, secretario de Inclusión y Derechos Humanos de la Ciudad.



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