Qué hay detrás de la obsesión por la balanza comercial

Qué hay detrás de la obsesión por la balanza comercial

El aumento de las exportaciones trae más recaudación por retenciones y reservas. Éstas, a su vez, permiten una mayor discrecionalidad al momento de definir el gasto. Las trabas a las importaciones son la medida de corto plazo para mantener el superávit, coinciden los especialistas. Pero nada es para siempre: este año se reducirá en un 20%. 30 de Julio 2010

La agenda del 2010 puso, casi sin quererlo, a la balanza comercial en el centro de la escena. Primero fue por las trabas a las importaciones, luego por el debate en torno a las retenciones. Desde el inicio de la gestión de los Kirchner, la idea de mantener los superávits gemelos se convirtió en una obsesión. Obsesión que redunda en el crecimiento de reservas y también en la mayor caja para repartir discrecionalmente la torta.

“A partir del saldo comercial positivo se acumulan reservas y eso le permite al Gobierno gestar un colchón ante cualquier eventualidad”, explica Mauricio Claverí, especialista en comercio exterior de la consultora abeceb.com. Y agrega: “Para la Argentina, esto es más importante aún porque está afuera del mercado internacional de capitales y puede conseguir los dólares del superávit comercial. No hay otra alternativa”.

Para mantener la relación, existen hoy dos caminos bien claros: incrementar los ingresos por exportaciones y tratar de restringir las importaciones. “La nueva convertibilidad que existe en la relación peso-dólar lleva a que muchos empresarios opten por importar productos que antes no traían. De ahí que Moreno interviene para evitar que esto afecte la producción, pero no es una solución de largo plazo”, comenta en off the record un empresario supermercadista.

Por otra parte, la economista Alicia Caballero señala que “el mercado potencial de un país que exporta es también un importante anzuelo al momento de conquistar inversiones.

Según la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Argentina tuvo en 2009 un superávit de u$s 16.979 millones. Ese número representa más de la mitad del superávit japonés y es once veces menor al saldo comercial de Alemania. Pero en un año donde los Estados Unidos tuvo un déficit de u$s 546.873 millones, este dato positivo incidió en la economía del país. Los últimos datos del polémico Instituto de Estadísticas y Censos (Indec) para este año muestran un saldo que se mantiene alto, con un superávit en junio de u$s 1600 millones; una suba del 1,7% interanual.

No obstante, las proyecciones privadas arrojan una balanza que este año se ubicaría por debajo de la de 2009. Para abeceb.com, el saldo comercial argentino será de u$s 13.500 millones en 2010, lo que representa una contracción del 20% con respecto al año pasado. “No es preocupante, pero tampoco es un tema menor, sobre todo por la necesidad de divisas que tiene el Gobierno”, asegura Claverí. Si bien considera que las exportaciones se comportarán en niveles similares a los de 2009, el aumento de las importaciones fue el factor sorpresa, “con un nivel más alto del que preveíamos a fines del año pasado”.Con un barril del petróleo que ronda lo u$s 80 y una restricción a la producción interna, los combustibles y lubricantes cruzan con mayor vigor las fronteras hacia la Argentina. El crecimiento de las importaciones se explica también por el aumento de la demanda del sector industrial y de bienes de capital. Como producto de la recuperación de la economía, el consumo masivo tuvo un crecimiento del 5,8% en el primer cuatrimestre de 2010.

Desde el Gobierno, la contracción del superávit comercial del país se intenta frenar con decisiones que, hace pocos meses, tuvieron gran repercusión en el mercado internacional. “Se establecieron medidas discrecionales de control de las importaciones que causaron mucha disconformidad en los principales socios comerciales de la Argentina: China, Brasil y Europa.También se ejerció presión sobre ciertos sectores para que compren insumos nacionales y no afuera”, expresa Claverí. “Como el Gobierno no tiene capacidad para afectar las exportaciones en el corto plazo, seguirá con la intención de controlar las importaciones”, añade. Contrariamente, Diana Tussie, directora del Programa de Instituciones Económicas Internacionales de la Flacso, opina que las restricciones a esos países son “ínfimas”, pues sólo “corresponden al 7% de las importaciones totales. No hay que olvidar que la Unión Europea es la región más proteccionista, con aranceles del 700%”.

Made in Asia
En la reunión del G-20 en junio de este año en Toronto, la presidente colocó al país a la par de dos naciones orientales, al destacar que, dentro del grupo, existen tres países emergentes con superávit comercial: China, Indonesia y la Argentina.

El gigante asiático desbancó a Alemania como potencia exportadora. En diciembre de 2009, las ventas al exterior de China aumentaron un 17,7% con respecto al mismo mes de 2008. Así, sus exportaciones llegaron a los u$s 1,2 billones, y el país alcanzó un saldo comercial de u$s 195.846 millones. El año pasado le quitó a los Estados Unidos el orgullo de ser el mayor mercado de automóviles, y hoy día le sigue los pasos a Japón para ocupar el puesto de la segunda mayor economía del globo.

Más conocida por su economía de escala, en los últimos años este país oriental ha diversificado sus exportaciones hacia otros sectores. A los juguetes, plásticos y textiles se sumaron las producciones tecnológicas. “Los productos de la industria liviana son más del 20% del total de las exportaciones. Se produjo una importante evolución de su perfil exportador hacia actividades de tecnología intensiva, sectores de comunicaciones, equipos y materiales de transportes, ciertos químicos y farmacéuticos”, asevera José Alberto Bekinschtein, economista y ex director de la española Indra en China.

Principalmente como joint venture o de Wholly Foreign Owned Enterprise (empresas con un 100% de capital extranjero), las empresas multinacionales instaladas en China refuerzan su permanencia, pues son responsables del 60% de las exportaciones. Aunque la participación de ejecutivos extranjeros en los puestos más altos de las compañías sigue siendo muy alta, Bekinschtein sostiene que en la segunda línea de las empresas existe “mucha participación de ejecutivos locales”. ¿El motivo? “Son razones básicamente comerciales”, apunta el economista.

La importancia de las empresas extranjeras en las relaciones comerciales hace que el aumento de las exportaciones sea acompañado por un incremento de la inversión extranjera directa (IED) en el país, que en 2009 fue de u$s 95.000 millones, según el World Investment Report de las Naciones Unidas. “China recibe una gran cantidad de divisas y su moneda doméstica se revalúa constantemente; sería lógico que sus productos se encarezcan. Pero eso no sucede, ya que su moneda se esteriliza al enviarse al exterior como inversión extranjera”, explica Gustavo Girado, director de la consultora Asia & Argentina. Según el economista, “no son estrictamente políticas chinas las que definen lo que se vende y se compra, sino lo que hacen las multinacionales radicadas en el país. Y China deja instalarse a empresas como Ford, Motorola y Volkswagen en su territorio porque van a atraer más divisas de las que sacaron”. A su vez, China se presenta como un gran exportador de capitales: sus inversiones hacia el resto del mundo fueron de u$s 48.000 millones en 2009.

Además de incluir a la Argentina en el grupo superavitario que integra un país de la talla de China, la presidente Kirchner nombró a Indonesia, una lejana nación que se torna noticia en esta parte del globo por sus grandes sismos. La economía del cuarto país más poblado del mundo tuvo en 2009 un superávit de u$s 28.056 millones, es un productor de especies y caucho e históricamente ostenta una importante riqueza petrolera y gasífera. Pero la economía del sudeste asiático retrocedió a fines de 2008, cuando anunció que dejaría la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) al bajar su nivel de producción y convertirse en importador neto de petróleo. Actualmente produce más de 850.000 barriles por día, pero comenzó a importar petróleo de países como Kuwait, Arabia Saudita e Irán por el crecimiento de la demanda de crudo.

El gobierno indonesio ha aumentado la oferta de incentivos para que las empresas extranjeras inviertan en el sector, pero las firmas aún se muestran preocupadas por la falta de controles legales en el país. “Fue uno de los que más sufrió la crisis económica asiática de 1998, y está tildado como una de las naciones con más alto nivel de corrupción”, afirma Sergio Cesarín, investigador del Conicet. Sin embargo, el especialista en estudios asiáticos destaca que en la última década el país “confirmó su rumbo hacia una democracia, mejoró la administración bancaria y de las instituciones”. Con un PBI que aumentó un 5,7% en el primer trimestre de 2010, Indonesia logró atraer inversiones de multinacionales como Unilever, Google, Nissan y Panasonic, para ampliar su presencia en el país.

Ventajas del superávit
Al comparar a la Argentina con China e Indonesia, Cristina Kirchner obvió a su vecino más importante: Brasil. La economía verdeamarela alcanzó en 2009 un superávit comercial u$s 2.400 millones más grande que el de la Argentina. Y como su socio del Mercosur, la consultora abeceb.com proyecta una disminución en el superávit brasileño para 2010, pasando de u$s 19.386 millones a u$s 15.000 millones. En consecuencia, su balanza se contraerá un 25%.

Para Tussie, las economías emergentes mostraron un importante superávit comercial después de la crisis por la combinación de dos factores: “los favorables precios de los commodities y la baja de las importaciones, como consecuencia de la caída de la tasa de crecimiento en los distintos países del globo. Esta combinación generó un escenario favorable” para los países emergentes.

Por distintos motivos, los gobiernos de China y la Argentina se benefician por mantener sus exportaciones más altas que sus importaciones. En el caso de China, no sólo el aumento de reservas explica su abultado superávit comercial. Según Bekinschtein, el modelo basado en las exportaciones se desprende, en mayor medida, de la estructura demográfica un país con más de 1300 millones de habitantes. “China tiene el 50% de la población en las ciudades y el otro 50% en el campo. Como hay una gran masa que no tiene acceso al consumo, tiene que existir necesariamente una búsqueda de los mercados externos para la salida de producción”, amplía. Mantener un superávit positivo será todo un desafío para el futuro de China, que lentamente se sigue urbanizando y en consecuencia, aumenta su consumo local. “¿Cómo se evita otro Tian’anmen?”, se pregunta Girado. “Haciendo que la gente esté mejor. Que las exportaciones chinas se redujesen es un contrasentido económico, porque implicaría que las trasnacionales comenzaran a irse de China. Y eso también es un contrasentido, pues no van a encontrar lugar más barato para producir”, concluye.

El ABC del comercio
• Balanza comercial: cuenta de la balanza de pagos que refleja el movimiento de las exportaciones e importaciones de bienes de un país con el resto del mundo.

• Superávit comercial: se da cuando las exportaciones de una nación superan a las importaciones.

• Déficit comercial: contrariamente al superávit, identifica la situación en que el monto de las exportaciones de un país resulta inferior a sus importaciones.

• Sustitución de importaciones: política consistente de reemplazo de las importaciones por producción nacional.

• Balanza de pagos: contabiliza y registra las operaciones comerciales, de servicios y movimientos de capitales de un país con el resto del mundo.

• Superávit/Déficit financiero: es la diferencia (positiva o negativa) que resulta de la comparación entre el ahorro o desahorro en cuenta corriente y el déficit o superávit en cuenta de capital. Expresa los requerimientos crediticios netos de las entidades involucradas.



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