Qatar: cómo es el emirato árabe que quiere conquistar Cristina

Qatar: cómo es el emirato árabe que quiere conquistar Cristina

El creciente poderío económico de esa nación, que será sede del Mundial de Fútbol 2022, es un imán para la Argentina y los gobiernos de la región sedientos de inversiones. La Presidenta lo eligió como su primer destino internacional de 2011, en una gira que también la llevará a Kuwait y Turquía. Las claves de un país que nada en petrodólares. 14 de Enero 2011

La presidenta Cristina Kirchner emprendió ayer una gira que arrancará oficialmente en Kuwait el lunes próximo, seguirá en Qatar (martes y miércoles) y finalizará en Turquía (jueves y viernes), junto a una delegación de 100 empresarios en busca de inversiones y de aumentar el comercio en esos países.

La idea de que hay mucho por ganar y poco (o nada) que perder es quizá la principal premisa que rige este acercamiento al mundo árabe “sin intermediarios”, como lo definió días atrás el canciller Héctor Timerman, en referencia a los dos primeros países.
Varias naciones árabes en pleno proceso de expansión (Qatar es un claro ejemplo) están testeando regiones en el mundo para invertir los denominados “fondos soberanos de inversión”, conformados por los millonarios ingresos que tienen del petróleo y el gas. Y Sudamérica es foco de atracción.

El desembarco de capitales árabes en Brasil comenzó hace un par de años y es cada vez mayor. Sólo para dar una idea, Qatar Airlines (la línea de bandera qatarí) tiene un vuelo diario entre San Pablo y Doha y pretende el año próximo sumar otro más. La Argentina no quiere quedarse afuera de la captación de inversiones: de allí el fuerte acento económico que tendrá la gira.

Hasta ahora, el comercio con los dos países árabes (Kuwait y Qatar) es casi nulo, mientras que con Turquía el intercambio se sitúa en apenas US$ 230 millones promedio en los últimos cinco años con un saldo favorable para la Argentina.

Entre los grandes empresarios que acompañarán a CFK en la gira se encuentran Eduardo Eurnekian (Aeropuertos Argentina 2000), Carlos Bulgheroni (Bridas), Eduardo Elsztain (IRSA) y Federico Nicholson (Ledesma y representante de la UIA). Decenas de empresas medianas y pequeñas, la mayor parte del sector alimentario, también se sumarán a la misión.

Bajo la idea general de un “mundo multipolar”, Cristina Kirchner impulsó el diálogo con los países árabes desde su llegada al poder, tras el mandato de su marido, donde la política exterior no tuvo tanto peso. Las giras presidenciales por Egipto, Marruecos y Túnez fueron parte de esto. Pero fue Brasil, en su carrera por convertirse en un nuevo actor global, el verdadero promotor de la relación a nivel regional del eje Sur-Sur. En 2005, Lula da Silva inauguraba las primera cumbre ASPA (América del Sur-Países Árabes), que incluye hoy a 34 países, 22 de ellos de Medio Oriente y el norte de África.

Un emirato que busca trascender
Uno de los destinos prioritarios de la gira de Cristina es Qatar,un pequeño emirato de apenas 11.000 kilómetros cuadrados (la mitad de la provincia de Tucumán) que se ubica en la costa oeste del Golfo Pérsico. Según informó la Cancillería, CKF será recibida oficialmente por el emir de ese país, Hamad bin Khalifa Al-Thani, en Doha, la capital, donde reside casi el 70por ciento del 1,5 millón de habitantes que tiene el emirato.

El escenario de las calles de Doha, especialmente en el centro financiero, impacta. Si no fuera por las mujeres que visten de pies a cabeza de negro con sus abayas y los hombres con sus impecables túnicas blancas, bien podría pensar uno que camina por Chicago o la Wall Street de Nueva York. Enormes rascacielos con vidrios espejados y edificios de arquitectura ultramoderna se mezclan entre decenas de máquinas excavadoras y grúas, parte ineludible de la geografía a lo largo y ancho de la ciudad.

Difícil encontrar alguna persona que no hable inglés con fluidez, con esas erres arrastradas propias del acento árabe. Los hoteles (todos 5 estrellas) son merecedores del llamado “lujo asiático”, aun cuando el turismo comienza a ser una industria incipiente y una visita en camello al desierto, a menos de una hora de Doha, parece ser la única excursión por la que vale la pena pagar. La mayoría de los extranjeros que llegan lo hacen para hacer negocios.
Las grúas por doquier tienen su explicación. Si hasta los años “40, la principal fuente de ingresos fue la pesca y el cultivo de perlas, todo eso quedó sepultado.

Qatar es desde la década del “60 miembro de la OPEP y es el tercer país en reservas de gas en el mundo (con 26 billones de metros cúbicos cuadrados), solo por detrás de Rusia e Irán.

Las altísimas rentas petroleras y gasíferas le permitieron a este emirato minúsculo levantar sobre el desierto -literalmente- un país en apenas décadas, una idea casi inconcebible para un latinoamericano. Y el crecimiento acelerado continúa, por lo cual, cuando uno recorre Qatar, tiene la sensación de que todo lo que ve es pasajero, transitorio. Que en 10 años (o en 2022, cuando se realice el Mundial de Fútbol) este país será definitivamente otro.

“Hasta hace 10 años esto era prácticamente un desierto. Sólo había dos edificios grandes, el Sheraton Hotel y la Post Office”, explica Sha, un taxista paquistaní que, instalado hace quince años en Doha, fue testigo de cómo el emirato cambiaba su fisonomía. “Ahora los turistas empiezan a fijarse en este país gracias a que nos acercamos a Occidente y a los Estados Unidos”, comenta.

Apenas el 20por ciento de la población es qatarí, la gran mayoría de los cuales son millonarios y/o con vínculos con “la realeza”. El resto son trabajadores llegados de la India, Pakistán, Sri Lanka, Irán, Filipinas y países africanos que trabajan en la construcción o el sector servicios por un salario relativamente cómodo.

El dinero es poder, dice la frase. Y nunca mejor dicha en este caso. Qatar se ha propuesto ser un país de peso en la región y en el mundo, y no escatima en gastos para ello. En los últimos seis años el PBI creció un 300por ciento, a US$ 118.000 millones. Y se jacta de tener la tasa de PBI per cápita más alta del mundo, de US$ 83.000 anuales.

Las ganancias provenientes de sus recursos energéticos le permitieron en estos últimos años aumentar su presencia en varios países del mundo, y -de repente- empezar a “sonar” como país. La elección del emirato como sede del Mundial 2022, más allá de los rumores de compra de votos en la FIFA vía petrodólares, es apenas una muestra del rol que empieza a jugar.

Consciente de que tarde o temprano la oil-era llegará a su fin, el gobierno trazó el plan estratégico “Visión 2030”, cuyo objetivo es utilizar los ingresos energéticos para diversificar la economía. El instrumento central es la Autoridad de Inversiones de Qatar (QIA), que maneja activos por US$ 60.000 millones. El Fondo de Infraestructura y la Qatar Foundation, dedicada al desarrollo educativo y científico, completan las tres patas de este plan.

El QIA, que a través del Qatar Holding compró en octubre pasado un 5por ciento del Banco Santander en Brasil, tiene su mira puesta en los países emergentes. Con ese fin, el emir qatarí Bin Khalifa Al-Thani visitó, en enero del año pasado, la Argentina, Venezuela, Brasil y Bolivia en busca de oportunidades de inversión.

Más inversiones
Al igual que Qatar, Kuwait también cuenta con un fondo soberano millonario de inversión, que la presidenta Cristina Kirchner buscará conquistar. El primer ministro de Kuwait, el jeque Nasser Al Mohammed Al Ahmad Al Jaber Al Sabah, visitó Buenos Aires en agosto del año pasado.

En cuanto a Turquía, las expectativas son altas también ya que, a diferencia de los otros dos países, tiene una población de 120 millones de habitantes, lo cual implica un consumo de alimentos importante en términos de volumen.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos