Publicidad:

Publicidad: "Hay que olvidarse del ´86"

Nike presentó su nueva campaña. Busca reflejar el sentimiento de los hinchas más jóvenes: la necesidad de vivir una nueva gloria, porque la del ’86 pasó hace demasiado tiempo. 03 de Marzo 2010

"Hay que olvidarse del ’86. Queremos que Argentina tenga nuevos héroes y se puede repetir esa historia". Curiosa frase la de Diego Armando Maradona. Dicha en la misma conferencia de prensa en la que la palabra de D10s había manifestado que quería ungir a sus elegidos con el mismo espíritu de los campeones de 1978 y 1986. Sorprendió, también, porque, en los principales diarios nacionales, la cobertura de su conferencia de prensa estuvo escoltada por la nueva campaña de Nike, cuyo leit motiv es, precisamente, superar la añoranza de la gloria pasada y mirar hacia delante para recuperarla.

“Una vuelta olímpica no puede durar 24 años: dejemos atrás el ’86 y hagamos historia en 2010”, encabeza el bautizado “Manifiesto Nike”. Desarrollado por BBDO, pregona: “Pasaron 24 años desde el ’86. Cinco planteles, 10 presidentes, pasamos del austral al peso. Apareció Internet, llegaron los celulares, cambió el clima, cambió el mundo. Lo que no cambió es mi país, que sigue levantando una copa que está guardada en una vitrina. Basta del ’86. Basta de seguir hablando de goles a Alemania en el último minuto. Más de un tercio de la población argentina nació después del gol a los ingleses. No le interesa el ’86 porque está pensando en salir campeones este año. Dejemos al pasado ser pasado y démosle al presente la importancia que se merece. Dejemos de comparar planteles y démosle a nuestro equipo la confianza que necesita. Lo que importa no es sólo lo que se hizo, sino lo que podemos hacer ahora. Tenemos a 23 hombres que van a dejar la vida para hacer historia. Una historia que tenemos que escribir ahora, para no tener que andar mirando lo que ya está escrito”.

Adrián Cueto, director de Marketing de Nike para el Cono Sur, lo describió como un mensaje “fiel al estilo Nike”: “disruptivo, irreverente y joven”, en sus palabras. Irrevente, sin dudas, es. En el panqueso global que las marcas de indumentaria deportiva hicieron del Planeta Fútbol, Nike es, desde 1996, fabricante oficial de la camiseta de Brasil. De acuerdo con el último contrato, renovado en 2008, pagará unos US$ 12 millones anuales para enhebrar la histórica verdeamarela hasta 2018. Por el contrario, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) mantiene (con un par de interrupciones) desde 1977 su vínculo con Adidas. Primero, a través de su ex licenciataria, Gatic y, a partir de 2001, en forma directa con la marca alemana. Conocedores de los libros contables de la AFA, deslizan que el convenio le reporta unos US$ 10 millones anuales –girados directamente desde Herzogenaurach– a la casa cuyo cabeza de familia es Don Julio Grondona.

Nike es cultora de la conmoción: odiadas o exaltadas, sus iniciativas –de negocios y, sobre todo, publicitarias– nunca pasaron desapercibidas. Esta vez, le invadió la cancha a su rival. Le mojó la oreja. Se metió a jugar en su propio patio. Y, dicen los que saben, que contó con la mejor zurda con la cual tirar paredes.

Algún insulto en germano se escuchó contra Maradona. Y no por algún recuerdo de la final del Mundial de México. Desconfiadas mentes sospechan que las palabras del hoy Gran DT no fueron ingenuas. Que alguna intencionalidad escondían. Recuerdan que el Diego fue de la gente, pero nunca de Adidas. Cuando su juvenil estrella deslumbró en la primera de Argentinos Juniors, Puma se movió con agilidad felina para sumarlo a su jauría. La prima de las tres tiras –las empresas fueron fundadas por dos enemistados hermanos– proveyó los pinceles con los que el Diez desplegó su arte en 21 años de carrera. Que fue su cara global. Y que, una vez finalizado ese amor, rápidamente, Maradona lo encontró en la proveedora de su pasión.

Había arrancado mal la relación entre Maradona y Nike. Sponsor de Boca Juniors a partir de 1996, la estadounidense desembarcó en la Ribera a pura polémica. Dos sacrílegas líneas blancas zanjaban la franja dorada del fondo azul en la camiseta. “Nunca la voy a usar”, tronó D10s. Un año después, no sólo la vistió: fue la casaca que lució por última vez como futbolista profesional, en octubre de 1997. El odio evolucionó a romance. Desde entonces, nunca faltó el icónico swoosh en la ropa del habitué del palco más célebre de la Bombonera.

Por eso, en estas horas, hay quienes, más que alemanes, se sienten ingleses: víctimas de La Mano de Dios.

 



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos